lunes, 28 de noviembre de 2016

Recordando al mejor compatriota

Por Giraldo Mazola, embajador de Cuba en Namibia

Tendré que continuar desde la distancia leyendo las noticias de la repercusión en el mundo de su desaparición física y sintiendo nostalgia por no estar allá, en mi tierra, para como uno más, en las colas interminables de los que pasen a despedirlo donde reposan las cenizas del ser más extraordinario de estas dos centurias.

Tuve que hacer, como hice, un esfuerzo cuando convoqué a los funcionarios de la embajada y los jefes de brigadas de la colaboración para organizar lo que aquí nos correspondía hacer en esas circunstancias: informar y orientar a los colaboradores dispersos en todo el país  y preparar el libro de condolencias que abriremos para recibir a los hermanos namibios que desde las primeras horas nos llaman por teléfono o vienen a nuestra sede para compartir el dolor junto a nosotros.

No logré hacerlo como me propuse. Quise como preámbulo a la noticia que iba a dar, aunque todos ya la conocían, leer sus palabras en la última ocasión que habló en público en la clausura del VII Congreso del Partido y varias veces la voz se me entrecortó, balbuceé, y no pude contener algunas lágrimas.

Su vaticinio de que a todos nos llegará nuestro turno, que entonces no lo quise asociar con la realidad que hoy es inexorable, lo eludí aferrándome ahora a sus subsiguientes palabras cuando afirmó que quedaran las ideas de los comunistas cubanos – empezando por las suyas agregaría yo- como prueba de que si trabajamos con fervor y dignidad podremos producir todo lo que necesitemos y nos instaba a luchar sin tregua para obtenerlo, finalizando con su mensaje optimista, lleno de confianza en el futuro, en nuestros jóvenes, afirmando a todos los hermanos de América Latina y el mundo que el pueblo cubano vencerá.

He leído en Granma, Juventud Rebelde y Cubadebate y visto por Cubavisión testimonios fabulosos de muchos compatriotas y de relevantes personalidades de todo el mundo. Algunos aunque conocidos antes, como la entrevista a Almeida, no menos emotivos y contentivos de tantas facetas de su vida que me parece que aún está acá, entre nosotros.

 Y he estado en estas interminables horas meditando en silencio y recordando todas las ocasiones en que pude constatar personalmente su grandeza.

Fidel es Fidel porque logró realizar los sueños inconclusos de Martí y nos devolvió la dignidad que quedó trunca de nuestros mambises.

Ante la convocatoria de algunos de esos medios he intentado reeditar esas memorias ahora con casi 80 años de cuando era un joven de 21 y me asignó la tarea, para mi inmensa, de dirigir un organismo recién concebido por él, el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, no para recabar solidaridad, pues ésta surgía espontáneamente por doquier, sino para mostrar al mundo cómo era posible hacer una revolución profunda a pocas millas del imperio y dar, siempre dar, lo que podíamos dar y seguimos dando, nuestra experiencia y apoyo a otros.

Rememoraba las gratas e interminables conversaciones de madrugada para demostrar que sí se podía con dirigentes de todas latitudes; africanos como Amílcar Cabral, americanos como Allende, y Turcios Lima, árabes como Arafat, Boumediene y Bouteflika, asiáticos como Aidit y a hermanos vietnamitas así como a numerosos dirigentes obreros o estudiantiles.
Cuánto aprendí en esos encuentros. Su delicada forma de explicar la importancia de la unidad de las fuerzas revolucionarias, de encontrar plataformas de amplia base para lograr objetivos comunes, entre ellas el antiimperialismo, de evitar el sectarismo.

Y todo ello sin indicar a nadie lo que debía hacer en el contexto peculiar de su país o entorno, sino a partir de evaluar lo que logramos nosotros en nuestras circunstancias. Jamás escuché decirle a nadie como indiscutible jefe victorioso de un proceso complejo y más que heroico como el nuestro, en tu país de debe hacer esto o aquello.

Recientemente el presidente namibio en una entrevista en VOA  recalcó esta virtud que lo marcó para siempre.

También pasé revista a íntimos recuerdos ulteriores de su sagacidad estratégica, de su visión política de hechos del convulso quehacer internacional  en los que convirtió a nuestro pequeño país, en un protagonista de gran potencia para contribuir a atenuar o resolver conflictos de magnitud universal. La agresión contra el naciente estado argelino, la defensa de la soberanía siria y la épica asistencia a Angola, Namibia, Etiopía y Sudáfrica para consolidar o conquistar sus independencias. Eso sin obviar los ejércitos de médicos, constructores y maestros que recorrieron y recorren el mundo ayudando a otros que lo necesitan.

Cuanta grandeza en sus reflexiones explicada con tal humildad y cuánto le debe África a sus empeños felizmente agradecidos con creces entre los pueblos que gracias a sus atinadas concepciones militares y políticas lograron derrotar a la poderosa maquinaria militar del Apartheid. Las declaraciones de Netto, Mandela y Nujoma lo atestiguan. 

Bouteflika con su brillante forma de testimoniar lo definió de forma imperecedera cuando dijo: “Hemos tenido el inmenso privilegio de tener como amigo al compañero Fidel, que nunca nos ha fallado. Fidel viaja al futuro, regresa y lo explica.”

Muchas anécdotas se me superponían y me hacían recordarlo como si la realidad que ahora nos acongoja no pudiera ser cierta.

Algunas las he escrito y otras no y lo lamento pero eso no es la esencia de lo que pretendo hoy decir y escribir.

En estas meditaciones y en la lectura de muchos de los artículos que con su impronta dejó en numerosos compatriotas y amigos que se publican en estos días, me acerco al hecho inexorable que más que sus cenizas nos deja un país y un pueblo forjado con su férrea voluntad de luchar contra las adversidades más inverosímiles afincándose en la unidad irreversible que nos inculcó.

Un país y un pueblo distinto al que despertó alarmado con los disparos de aquel 26 de julio y capaz de reeditar mil veces el entonces casi inconcebible ataque a una fortaleza militar.

Y vuelvo a su afirmación categórica en el VII Congreso, a que venceremos, ahora sin su presencia física, pero con su legado que nos insta a cumplirla para honrarlo como merece.

No podemos soslayar el triste hecho de que ya no nos acompañe físicamente pero debe ser nuestro empeño, el de todos nuestros compatriotas, a  pesar de todas las dificultades actuales y las que puedan venir, garantizar que el pueblo cubano, su pueblo, vencerá.

Namibia, 28 de noviembre de 2016


Y FIDEL NUNCA TRAICIONÓ A SUS COMBATIENTES

Por Manuel E. Yepe

“Transmítele a todos los combatientes nuestros de la provincia de Matanzas que yo les garantizo que Fidel no les traicionará. Fidel no traicionará jamás a Abel ni a Boris, ni a ningún revolucionario cubano porque llevará la revolución hasta el final. ¡Pueden sentirse seguros!”

Así me dijo a mediados de noviembre de 1958, en la ciudad de Miami, Haydee Santamaría Cuadrado, una de las dos mujeres participantes en el fallido Asalto al Cuartel Moncada de Santiago de Cuba que dio inicio a la etapa actual de la revolución conducida por Fidel Castro.

La posibilidad de que Fidel Castro nos traicionara jamás me había pasado por la mente y creo que difícilmente podría haber entonces algún combatiente cubano -en la guerrilla o en la lucha clandestina- que temiera algo así. En todo caso, nos preocupaba, en aquellos difíciles tiempos, que alguno de nosotros flaqueara a causa de las torturas en caso de ser capturado o por el temor que pudiera inspirarnos la superioridad de los recursos de guerra de la policía y el ejército de la tiranía frente a nuestros escasos medios materiales de combate.

Cuando Haydee hablaba de la eventualidad de que Fidel nos traicionara, se refería al tipo de felonía cometida por tantos falsos líderes “revolucionarios” que, luego de convocar a la lucha a lo mejor de la juventud de sus países, una vez triunfantes, abandonaban los empeños y promesas a cambio de corruptelas tales como el depósito de gruesas cuentas bancarias en bancos de Estados Unidos o Europa, convirtiendo a sus valientes y confiados seguidores en blanco de violentas represalias por parte de las clases dominantes y el imperio.

Yeyé, como todos llamaban a Haydee, tenía motivos para extremar el odio a la tiranía y el cuidado por impedir que la revolución sufriera la traición de sus conductores.

Tras ser hecha prisionera al fracasar el asalto al Moncada, Haydee tuvo que soportar la crueldad de sus sanguinarios captores quienes le mostraron los ojos recién extraídos de su hermano Abel, segundo jefe del contingente revolucionario asaltante aquel 26 de julio de 1953, y los testículos de su novio, Boris Luís Santa Coloma, uno de los jóvenes patriotas atacantes.

El motivo de mi viaje clandestino a Miami y mi encuentro con Yeyé, quien por esos tiempos representaba en el exilio cubano al Comandante en Jefe del Ejército Rebelde y máximo dirigente del Movimiento 26 de Julio, Fidel Castro, era hacer las precisiones finales para el traslado subrepticio a Cuba de un cargamento de armas para los contingentes que luchaban en la provincia de Matanzas, por donde la columna encabezada por el comandante Camilo Cienfuegos habría de pasar hacia el occidente de la isla completando la invasión que daría al traste con la tiranía.

El Movimiento 26 de Julio en la provincia de Matanzas había recaudado para ese fin, mediante donaciones populares a su organización clandestina local, unos seis mil dólares que, con el apoyo de recursos adicionales aportados por  las organizaciones del exilio, propiciaron ejecutar ese envío que, en diciembre, llegó a Cuba oculto en dos vehículos cedidos y conducidos por colaboradores y voluntarios. Los automóviles viajaron en el ferry que entonces rendía viajes regulares desde Cayo Hueso al puerto de La Habana y de ahí conducidos a Matanzas por combatientes clandestinos para ser finalmente recibidos por los rebeldes que operaban en zonas rurales de la provincia.

Haydee Santamaría Cuadrado formaba parte de una familia de combatientes revolucionarios de extraordinaria valía. Su hermano Abel, como ya se indicó, fue segundo jefe del contingente que dio inicio a la etapa actual de las guerras revolucionarias cubanas por la independencia. Aldo, su otro hermano, fue fundador del Movimiento 26 de Julio en Matanzas, alcanzó el grado de Comandante del Ejército Rebelde y, entre otras responsabilidades, desempeñó la jefatura de la Marina de Guerra Revolucionaria. Aida y Ada, sus dos hermanas, lucharon igualmente en las filas de la insurrección armada.

En 1953, después del asalto al cuartel Moncada, al ser internada en la cárcel para mujeres de la tiranía, Yeyé escribió a su madre a modo de consuelo por el asesinato de su hijo Abel: “Abel no nos faltará jamás. Piensa que Cuba existe y Fidel está vivo para hacer la Cuba que Abel quería. Piensa que Fidel también te quiere, y que, para Abel, Cuba y Fidel eran la misma cosa, y Fidel te necesita mucho”.

Por eso, hoy, cuando los revolucionarios latinoamericanos y de todo el mundo acompañan el dolor del pueblo cubano por la desaparición del más grande revolucionario en la historia de Cuba he querido recordar otra de las virtudes del compañero Fidel, su lealtad a sus leales.

La Habana, Noviembre 28 de 2016

Exclusivo para el diario POR ESTO! de Mérida, México.

NO PIDAN REPOSO PARA EL GUERRERO…

Jorge Gómez Barata

Como quien escribe un verso en estado de gracia, el poeta griego Mikis Theodorakis rindió un magnifico homenaje: “Te has ido Fidel, por primera vez estoy en desacuerdo contigo”.

Tiene razón el poeta, pero no debería reprocharle la partida. Fidel no podía quedarse. La salud y la edad dictaron su veredicto. A Fidel no lo mataron ni lo derrotaron y, la metáfora de “morir con las botas puestas” le es aplicable. Se ha ido porque era inevitable y porque su obra está hecha y su misión cumplida. Él no aró en el mar.

Se marchó no para deponerse sino para trascender y vivirá en otra dimensión. Se fue, pero deja el legado y el referente que Cuba necesita para la etapa inmediata, quizás la más difícil del trascendental proceso histórico que condujo y protagonizó en los últimos sesenta años.

La ejecutoria política de Fidel Castro se sostuvo en un trípode de realizaciones, deseos y propósitos: la Revolución Cubana, la confrontación con Estados Unidos y la actuación en los ambientes internacionales, con especial énfasis en la solidaridad y en los problemas globales.

La Revolución Cubana está hecha, cambió al país y a los cubanos para quienes el futuro plantea interrogantes, pero a quienes el pasado no seduce. En cuanto a los temas globales, principalmente la lucha por la paz, contra la pobreza y el desarrollo, sus concepciones y llamados son auténticos legados, un tesoro argumental y un capital político de extraordinario valor para comprender el pasado y conducir las luchas futuras.

En este orden de cosas sus incursiones en los temas ecológicos, climáticos, ambientales, agrícolas, alimentarios y otros son un verdadero monumento a la sabiduría política asociada a las ciencias. Tengo la certeza de que el porvenir, en los ámbitos políticos, sociales y científicos le hará justicia.  

Capítulo aparte son las relaciones, rupturas y expectativas de Fidel Castro respecto a los Estados Unidos que van de una precoz admiración infantil por el presidente Franklin D. Roosevelt, una actitud positiva que lo llevó a elegir a Nueva York para disfrutar su luna de miel y acariciar la posibilidad de estudiar economía en Harvard.

Fidel no nació antiimperialista y nunca fue antinorteamericano. En honor a la verdad, Estados Unidos rompió con él y no él con Estados Unidos. En abril de 1959, cuatro meses después de bajar de la Sierra Maestra, sin esperar a ser invitado, viajó a ese país en el cual, excusándose con el compromiso de jugar una partida de golf, Eisenhower rehusó recibirlo.

A pesar de su genio político, Fidel no pudo evadir los condicionamientos del momento histórico, especialmente de la Guerra Fría. Para Estados Unidos, Cuba era un protectorado, una especie de provincia de ultramar, por lo cual el líder revolucionario fue tratado como separatista. La reacción imperial fue inmediata, visceral y brutal, dando lugar a una confrontación que clasifica como una de las grandes batallas políticas del siglo XX.

Fidel lidió con once presidentes norteamericanos, enfrentó agresiones y amenazas, soportó calumnias y acusaciones, fue víctima de intentos de asesinato, sin embargo, nada ha ocurrido en Estados Unidos de lo cual pueda ser culpado. Defendió sus posiciones y los intereses del pueblo cubano con inteligencia y determinación. Concibió respuestas, viriles, aunque sin acudir a la violencia ni a la represalia y sin nunca insultar u ofender a ningún norteamericano.

Estados Unidos tiene ahora dos presidentes. Uno asume respetuoso la majestad de la muerte y reconoce la calidad del adversario, y el otro ofende a quien nunca lo mencionó y ya no puede responderle. Por ser obvia, no abundo en la diferencia.

Como mismo lo hizo Fidel, la dirección cubana, encabezada por su hermano de sangre y luchas, el presidente Raúl Castro, asumirá los hechos y como mismo hizo su jefe y compañero, no descenderá a escarceos retóricos y con las herramientas heredadas del líder, luchará para lograr que el proceso de normalización conduzca al definitivo e incondicional levantamiento del bloqueo. Ese será un homenaje y un monumento a su memoria.

En la intimidad del duelo, no diré: Descansa en paz, porque él nunca pidió reposo. Luchó por un lugar en la epopeya y lo llenó plenamente. Hasta la victoria siempre. Allá nos vemos.

La Habana, 28 de noviembre de 2016

*Este artículo fue escrito para el diario mexicano ¡Por Esto! Al reproducirlo o citarlo, indicar esa fuente


Hasta Siempre Fidel

“¡Yunques sonad; enmudeced, campanas!” Se ha marchado Fidel. Hace dos días. La Habana, silenciosa, piensa en él. Los más viejos rememoran los días iniciáticos de le revolución, la lucha contra Batista, la alfabetización, el recibimiento de los guajiros en la capital—incluso por algunos de los burgueses que después se fueron--, la justicia ejemplarizante aplicada a los asesinos y torturadores, la nacionalizaciones de las empresas extranjeras, fundamentalmente yanquis; la reforma agraria, que enfureció al imperio; la cobarde agresión de los mercenarios, urdida por Eisenhower, ejecutada por Kennedy y derrotada en menos de 72 horas, en Playa Girón: ¡primera derrota del imperialismo en América! Y fuimos socialistas: martianos, marxistas, leninistas y, por supuesto, fidelistas. Pero, además, creamos un país donde todos tenemos acceso universal y gratuito a la educación, a los cuidados médicos, al deporte; libre de discriminaciones por el color de la piel, el credo o el género. ¡Un país de hombres de ciencia debe ser Cuba en el futuro, proclamó Fidel cuando aún teníamos un millón de analfabetos! Hoy tenemos más de un millón de graduados universitarios y ya los científicos aportan logros indiscutibles a la nación. Fuimos y somos internacionalistas, como lo fueron Céspedes, Maceo, Gómez  y Martí; como Mella, Rubén y Guiteras: Defendimos la independencia de pueblos africanos como la propia y la derrota de las tropas racistas sudafricanas en Angola estremecieron definitivamente el régimen  abominable del apartheid. En “los días luminosos y tristes” de la crisis de octubre, brilló Fidel como estadista: sus “cinco puntos” salvaron la honra de todo el pueblo. Nuestros médicos, técnicos, educadores han prestado—y prestan—servicios en numerosos países del mundo y han acudido prestos  a lugares de América, de Asia y de África en misiones de salvamento y curación. Cuando en áreas remotas uno proclamas orgulloso: soy cubano, una mujer, un hombre, un niño de la calle, responde: ¡Fidel! Somos el pueblo de Fidel, no hay duda. Hay quienes quieren solo ver manchas en el sol; pero las que pueda haber no alcanzan a opacar la inmensa luz que irradia. Por mucho que griten, conspiren y tramen desde la otra orilla, a la sombra por supuesto de nuestros enemigos seculares, Cuba jamás volverá a ser colonia yanqui. Nadie podrá quebrar nuestra dignidad, nuestro patriotismo. Con las ideas de Fidel construiremos una sociedad socialista, democrática, próspera y sustentable. Su pensamiento humanista y  liberador  nos guía. Su luz es inmortal.

Raúl Roa Kourí

La Habana, 27.11.16


Comenzaron honras fúnebres de Fidel Castro en el memorial José Martí de la Plaza de la Revolución

¡HASTA LA VICTORIA SIEMPRE, FIDEL! - 28 noviembre 2016 Foto de Cubadebate

Toda Cuba rendirá homenaje póstumo a Fidel Castro, desde las 09:00 horas (15:00 GMT) de este lunes hasta las 22:00 (04:00 GMT), mientras están habilitados 1060 locales a lo largo y ancho de la Isla para que los cubanos firmen el juramento de ser fieles y seguidores del concepto de Revolución, expresado por el Comandante en Jefe el Primero de mayo del 2000. En La Habana, el pueblo honrará al Comandante en Jefe en el Memorial José Martí, que atesora gran parte de la historia del Héroe Nacional José Martí.


Editado por Arlettys Guevara

La Habana, 28 NOV (RHC) Los cubanos comenzaron a llegar desde horas bien tempranas hasta el Memorial José Martí de la histórica Plaza de la Revolución, en La Habana, desde donde rinden tributo a Fidel Castro.  

En largas filas la población de la capital acude de manera respetuosa  al histórico sitio para dar el último adiós al eterno líder y decirle Hasta siempre  Comandante.

En tanto, están habilitados 1060 locales a lo largo y ancho del país caribeño para que los cubanos firmen el  juramento de ser fieles y seguidores del concepto de Revolución, expresado por el Comandante en Jefe el Primero de mayo del 2002.

A las siete de la noche del martes 29 de noviembre, se realizará un acto de masas en la Plaza de la Revolución José Martí de la capital cubana y al día siguiente se iniciará el traslado de las cenizas de Fidel Castro por el itinerario en sentido contrario que rememora La Caravana de la Libertad en enero de 1959.

La ceremonia de inhumación se efectuará a las siete de la mañana del cuatro de diciembre en el cementerio de Santa Ifigenia, en la oriental provincia de Santiago de Cuba.

EL REPOSO DEL COMANDANTE

Por Pedro Martínez Pírez

La inmensa mayoría de los cubanos, es decir millones de personas de todas las edades, participarán desde este lunes en un gran homenaje que a lo largo y ancho de todo el país rendirá un tributo póstumo al líder histórico de la Revolución Fidel Castro, fallecido el pasado viernes en La Habana, a los 90 años de edad.

Durante lunes y martes el tributo a Fidel se desarrollará esencialmente en la capital cubana mediante una peregrinación hasta el Memorial José Martí, ubicado en la base del monumento erigido al Apóstol de la independencia cubana, en la emblemática Plaza de la Revolución.

Centenares de miles de personas visitarán el Memorial José Martí hasta el mediodía del martes para despedir al líder histórico y ratificar el concepto de Revolución que Fidel hizo público el primero de mayo del año 2000, en un masivo acto con motivo de la celebración del Día Internacional de los Trabajadores, realizado precisamente en la Plaza de la Revolución José Martí.

Ese día Fidel Castro proclamó que la Revolución es unidad, es independencia, es luchar por nuestros sueños de justicia para Cuba y para el mundo, que es la base de nuestro patriotismo, nuestro socialismo y nuestro internacionalismo. Esa concepción fidelista expresa entre otros puntos que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas.

Durante la jornada de homenaje a Fidel se efectuarán dos actos masivos, el primero este martes en la Plaza de la Revolución José Martí, y el segundo el próximo sábado, día 3, en la Plaza de la Revolución Antonio Maceo de Santiago de Cuba, hasta donde llegarán las cenizas de Fidel luego de un recorrido por tierra desde La Habana, que reeditará, a la inversa, el realizado por la Caravana de la Victoria encabezada por el jefe guerrillero, de oriente a occidente, y que culminó en la capital cubana el 8 de enero de 1959.

Según el programa, la colocación de las cenizas del Comandante en Jefe de la Revolución, se efectuará a las siete de la mañana del próximo domingo, 4 de diciembre, en el Cementerio Santa Ifigenia de Santiago de Cuba, al lado del monumento que guarda los restos de José Martí.

Aunque no se ha anunciado oficialmente se espera que en estos actos de despedida del Comandante Fidel Castro participen junto a los cubanos varias delegaciones extranjeras de alto nivel, especialmente en la ceremonia que tendrá lugar en el cementerio de la ciudad de Santiago de Cuba, donde como una vez dijera José Marti va a reposar el que lo dio todo de sí, e hizo bien a los otros.

La Habana, 28 de noviembre de 2016.