domingo, 21 de agosto de 2016

LA DEMOCRACIA NO PRODUCE RIQUEZAS

Jorge Gómez Barata

El capitalismo no creó la doctrina liberal, sino a la inversa. En esa andadura  surgieron el pensamiento socialista, el derecho moderno, y la democracia, no como anomalías, sino como complementos.

La propiedad privada, el dinero, y el estado, lo mismo que la familia y la fe, no fueron invenciones de gente maliciosa, ávidas de poder o riqueza, sino refinados productos culturales surgidos espontáneamente como parte del proceso en el cual se gestó el hombre. La pretensión de explicar la historia desde fuera de ella es errónea, y la idea de una palanca o un punto de apoyo para cambiar su curso es una metáfora.

La ilustración desbloqueó el pensamiento y la creatividad, auspició la tolerancia y legitimó las opciones individuales, entre ellas la iniciativa económica, todo combinado con acciones estatales que equilibraron la libertad de comercio con el proteccionismo y las regulaciones fiscales para financiar las políticas públicas y los programas sociales auspiciados por el estado, que dieron lugar  a un modo de producción eficiente.

La mala noticia es que en ese proceso no se creó un orden social perfecto. La capacidad para crear riquezas no estuvo acompañada de la equidad para distribuirlas. Esa imperfección dio lugar a la pobreza. La justicia social no precedió a la Revolución Industrial, fue detrás, y no se entroniza espontáneamente, sino que es preciso imponerla. Entre el capital y el trabajo media el estado, árbitro entre los actores sociales, elemento regulador de la convivencia, y garante del bien común. 

Cuando el estado y sus funciones son secuestrados por intereses de clases o grupos y pierde su esencia social, el poder se corrompe. Para corregir esa malformación congénita surgieron las luchas sociales y políticas, que en un punto del camino encontraron la fórmula perfecta: la democracia, que cambio las reglas, entronizó la soberanía popular, y modificó las bases de la historia. Desde entonces, el pueblo, y no el rey ni el presidente, es el soberano. 

La democracia no es un hecho exclusivamente político, sino una propiedad que facilita el funcionamiento eficaz de todos y cada uno de los elementos que integran la estructura social, y una atmosfera que condiciona la función de gobierno. En su esencia más profunda la democracia es socialista. Tal vez no haya contrasentido político mayor que un socialismo sin democracia.

Un estudiante me emplazó: “La democracia es retórica ― le dijo a la clase ―. No se come, no sirve para vestir, y no se puede vivir en ella…”  

Tienes razón, ― concedí al joven ―. La democracia no produce riquezas, no crea bienes, ni provee felicidad, aunque introduce las premisas para todo ello. Sin democracia la convivencia social es imposible y el ejercicio del poder es ilegítimo. Los países no son más democráticos por ser más ricos, tampoco a la inversa. Se trata de una compleja dialéctica. La democracia no es el buque, sino la brújula, un camino y no un punto de llegada. Allá nos vemos.

La Habana, 19 de agosto de 2016

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*Este artículo fue escrito para el diario mexicano ¡Por Esto! Al reproducirlo o citarlo, indicar esa fuente