lunes, 7 de diciembre de 2015

CUBA.- RECORDAR A MACEO, TODOS LOS DIAS

Por Dr. Néstor García Iturbe

Un día como hoy, 7 de diciembre, cayó combatiendo en San Pedro, provincia de la Habana, Antonio Maceo y Grajales, héroe de nuestras guerras patrias.

Un hecho muy interesante nos indica la importancia de la unidad de todo el pueblo cubano en la lucha contra sus enemigos.     Martí, que nació en La Habana, murió en Oriente.  Maceo, que nació en Oriente, murió en la Habana.  Esto tiene un especial significado cuando tomamos a estas dos figuras como representación de nuestro pueblo, de sus ideales y su determinación de lucha.  Cuba es una e indivisible.

La figura, el pensamiento y los ideales  de Maceo, como las de todos los que ofrecieron su vida por nuestra Independencia y posteriormente por nuestra Revolución, deben ser recordadas diariamente, pues también diariamente nuestros enemigos  nos atacan y a la ideas y acciones de los que ahora nos dirigen, deben sumarse la de nuestros héroes, para dejar bien claro que las raíces de ese pensamiento son genuinamente cubanas y continuadoras de las luchas, que en su momento, se iniciaron por la soberanía cubana.

En relación con el pensamiento de Maceo, quisiéramos destacar algunas de sus ideas, que son muchas y muy importantes, para poder tomarlas como guía y mantener la Revolución por el rumbo adecuado. A continuación los pensamientos que he seleccionado:

“Al mismo tiempo que indignación,  desprecio me produce su invitación al desorden y la desobediencia a mis superiores, rogándole se abstenga en lo sucesivo de proponerme asuntos tan desagradables, que sólo son propios de hombres que no conocen los intereses patrios y personales.” (Carta a Vicente García, 5 de julio de 1877)

“El día después de nuestra independencia, repararemos las faltas e inconvenientes que ella deja detrás de sí: reemplazaremos pues, el gobierno español con la soberanía nacional y de nuestro pueblo” (1886)

Cuando a comienzos de la guerra de 1895 un joven distinguido de Santiago de Cuba le propuso dividir el Ejército Libertador en dos fracciones:  una de blancos y otra de hombres de color, Maceo contestó, ”si no fuera usted blanco, lo fusilaría ahora mismo; pero no quiero que me suponga un racista como usted, y por eso lo dejo libre; eso sí, con la advertencia de que la próxima vez no seré benévolo.  La Revolución no tiene color.” ( Maceo, Héroe y Carácter, Leopoldo Horrego Estuch, pág. 59)

“Los progresos de la Revolución no dan tiempo a los deberes de familia a los que como yo tienen el peso de esta masa enorme de revolucionarios incansables y decididos:  pueden atenderla debidamente los que no ocupan mi puesto. Para mí no se ha hecho la tranquilidad: vivo a caballo corriendo en toda dirección, organizando fuerzas y prefecturas: veinte y dos mil hombres forman diez y ocho regimientos que tengo sobre las armas.” ( Carta a Maria Cabrales, 30 de junio de 1895)

El propio Arsenio Martínez Campos, al escribir a uno de los miembros de la Corte española, hizo una descripción de Maceo que refleja el respeto que le tenían. “Creí habérmelas con un mulato estúpido, con un arriero rudo; pero me lo encuentro transformado no sólo en un verdadero general, capaz de dirigir sus movimientos con tino y precisión, sino  a un atleta que en momentos de hallarse moribundo, en una camilla, es asaltado por mis tropas, y abandonando su lecho se apodera de un caballo, poniéndose fuera del alcance de los que lo perseguían.” (1878)

Para concluir este trabajo, en el  pudiera citar muchas mas ideas del Titán de Bronce, algunas de ellas que estoy seguro ustedes recuerdan perfectamente, he seleccionado una de estas. la cual considero debemos  fijarla en nuestra mente y actuar consecuentemente con la misma, sobre todo en los momentos en que nos encontramos.

“TODO DEBEMOS FIARLO A NUESTROS ESFUERZOS, MEJOR ES SUBIR O CAER SIN AYUDA AJENA, QUE CONTRAER DEUDAS DE GRATITUD CON  UN VECINO PODEROSO.”

La Habana, 7 de diciembre del 2015


La Revolución bolivariana no está acabada

Por Rosa Miriam Elizalde

Publicado en Cubadebate el 7 diciembre 2015

Un grupo de opositores festejan la jornada electoral con banderas de EE.UU por las calles de Caracas este 6 de diciembre de 2015. Foto: Carlos Becerra/ Bloomberg

Esun delito regodearse con la desdicha ajena, particularmente si ocurre en medio de una tormenta perfecta de mentiras y sandeces sobre Venezuela que ha girado, un día tras otro, con la clara intención de engullirnos. Ignacio Ramonet lo explicaba muy bien anoche en Telesur, cuando todavía no se conocían los resultados de las elecciones legislativas, que dio la mayoría simple a la oposición. La Revolución bolivariana no está acabada, ni mucho menos, aunque desde arriba, de las transnacionales mediáticas y de las élites políticas, solo llueva fango sobre ella.

El director de Le Monde Diplomatique analizaba por qué. Esta fue una elección para la Asamblea Nacional, pero el sistema de gobierno venezolano es presidencial. Se puede tener una victoria en un Parlamento de 167 curules, que dan un margen de poder, pero limitado, como ocurre en EEUU. Los cubanos lo entendemos muy bien: el Presidente Obama tiene prerrogativas para gobernar y tomar decisiones a diario, pero derogar el bloqueo es un negocio del Congreso. Y aun así sabemos que Obama tiene facultades que no ha utilizado, cuando podría perfectamente dejar en un cascarón inútil esta política espuria. Vaya usted a saber por qué.

Quien haya seguido estas elecciones no puede ignorar que se ha legitimado al Poder Electoral y la institucionalidad venezolanos. Hubo gran tranquilidad durante toda la jornada y la nota indigna no fue del chavismo, sino del acompañamiento internacional de la oposición, que violó las normas más elementales de respeto al ejercicio eleccionario, al entrometerse en la política local.

¿Que la tiene fácil el gobierno de Maduro? Claro que no. Mantendrá ante sí el desafío constante de una derecha golpista que suele despreciar la voluntad popular, que cuenta con el respaldo político-militar de Estados Unidos y que con estas elecciones acaba de recibir una inyección de esteroides. Que intentará, con ánimo renovado, hacer retroceder no solo en Venezuela -ya sabemos el peso específico de la revolución chavista en el ámbito continental- un proceso que hizo ciudadanos a millones de pobres y que ha estado permanentemente acosado por el boicot económico y el crimen organizado al servicio del neoliberalismo trasnacionalizado y el paramilitarismo.

El temor es que, de avanzar los objetivos de esa derecha de cacerolas y bandera yanqui, el desmontaje simbólico y social de la Revolución en Venezuela se convierta en una actividad salvaje que haga retroceder lo que hasta ahora se ha conseguido. La intransigente radicalidad contra el Gobierno bolivariano, fuente de la orfandad orgánica y de liderazgo de la oposición en casi dos décadas de chavismo, tiene una doble naturaleza: por un lado posee una alta capacidad autodestructiva, pero por la otra resulta muy peligrosa dada su (no verbalizada ahora pero patente) tradicional apuesta política por la sangre.

(Tomado del blog de la autora Desbloqueando Cuba)


LA PAZ Y LA FUERZA

Jorge Gómez Barata

En los años cuarenta del pasado siglo, ante el indetenible avance de las hordas nazis por Europa, Asia y África del Norte, Roosevelt, Stalin y Churchill no se reunieron para hablar de democracia ni para cortejarse mutuamente sino que, asumiendo riesgos y venciendo prejuicios, se fueron a Teherán para sumar fuerzas, liquidar el mal y dar oportunidades a la paz. Lo que cada uno pensaba del otro no fue obstáculo.

El único arreglo político necesario en Siria no saldrá del debate en torno al futuro de Bashar al-Assad. Lo urgente ahora es promover un rápido acuerdo entre el Consejo de Seguridad y el gobierno sirio para formar el mejor destacamento de tropas que pueda ser reunido y, bajo la bandera de la ONU y no del liderazgo de ningún país, ejercitar la solución militar, a estas alturas lo único viable. No se trata de una innovación, otras veces ha funcionado.

Tal vez, como parte de la misma negociación sea pertinente crear un marco jurídico “transicional” como aquel que hizo posible los juicios de Núremberg y Tokio para castigar según leyes especiales a los que han cometido crímenes abominables y tratar de desalentar para siempre el terrorismo de cualquier matriz y excluir la idea de crear algún ente estatal sobre las bases expuestas por el califato islámico, obviamente ilegitimas.  

Quienes apuestan por la barbarie tienen que estar dispuestos a asumir sus costos y la civilización humana, que no es solo occidente ni la cristiandad, tiene el  derecho y el deber de usar sus recursos para asumir la legítima defensa, no de un país sino de la humanidad, que no puede ser rehén de trasnochados extremistas.

Tampoco los países comprometidos en la lucha contra el terrorismo pueden asumir la posición de tratar de evitar a toda costa las bajas propias y cargar los costos humanos, precisamente en quienes más sufren, en este caso el pueblo sirio. Las potencias que hoy actúan desde el aire tienen que decidirse a desembarcar tropas.

Es posible que un proyecto de esta naturaleza encuentre reparos entre algunos dudosos aliados, de los cuales probablemente sea preferible prescindir.

Desde el aire no es posible destruir huestes del llamado Estado Islámico ni minar su influencia ideológica y política. Lo inevitable es la destrucción de la infraestructura vial, petrolera, habitacional y de todo tipo en Siria que saldrá de esta guerra convertida en una montaña de escombros.

Los aliados en la Segunda Guerra Mundial no contaban con los recursos de la   ONU que fue creada como instrumento de paz, con capacidad para, en caso inevitable, imponerla por la fuerza. En algunas ocasiones lo ha hecho de modo discutible. No es el caso. Allá nos vemos.

La Habana, 07 de diciembre de 2015