sábado, 15 de agosto de 2015

Monarquía española, porque los pobres también merecemos caprichos caros

"España es capaz de apoyar que al rey se le adecente su yate mientras rebuscamos en la basura". @ActualidadRT

RT  -  14 ago 2015 11:16 GMT Por Ricardo García-Lillo Morales

España es una monarquía parlamentaria. Esto quiere decir que nuestro jefe del Estado es un tipo procedente de un determinado linaje, varón a ser posible, cuyo cargo es vitalicio, y cuya función es meramente representativa, puesto que está controlada por el poder ejecutivo y legislativo.

Es, además, una monarquía que procede de la imposición de Francisco Franco, caudillo de España "por la gracia de Dios", que lo dejó dispuesto todo antes de morir para que el por entonces príncipe Juan Carlos de Borbón le sucediera. Este modelo de Estado fue luego refrendado en la constitución de 1978 en un 'pack' de todo o nada.

Entonces, ¿por qué mantenemos aún a este señor y a su extensísima familia ahí viviendo de la sopa boba? Por tradición, indudablemente. En España si hay algo que respetamos son las tradiciones, por muy absurdas y retrógradas que puedan ser; amamos esas pequeñas estupideces que cualquier país avanzado desecharía por anacrónicas, y la monarquía es la mayor de ellas.

Porque a los españoles nos cae bien cualquiera que tenga algún título nobiliario que sea "cercano" al pueblo, aunque sea desde su carroza con corceles. Tenemos alma de vasallo y nos palpita el corazón con fuerza cuando leemos en alguna revista amarillista que esos grandes personajes de la alta sociedad viven sus aventuras y desventuras como cualquier hijo de vecino.

Ansiamos noticias de los más nimios sucesos siempre y cuando sean de esa nobleza que brilla con luz propia, y se nos cae la baba si nuestro rey tiene a bien visitar nuestra ciudad; allá por donde pasa se le agasaja con regalos y parabienes. Nos encanta la farándula, sabemos apreciar la distinción y clase que da un gran séquito, y somos capaces de apoyar que a nuestro rey se le adecente su yate mientras rebuscamos en la basura por un mendrugo de pan, pero supongo que el encanto de la monarquía hace distinguidos los harapos de sus súbditos. 

Somos un país de pandereta; a un monárquico se le puede explicar una y mil veces que en una república ese señor que tan campechano e importante le parece puede presentarse a las elecciones a presidente y ganarlas, que la diferencia es que será elegido por el pueblo si este así lo quiere, que él dirá que no, que quiere un rey, ¿por qué? Porque en el fondo somos un país inculto y acostumbrado al sometimiento.

Somos vulgo, urbanitas iletrados en busca de seres superiores que nos lideren a nosotros, su rebaño. La constitución actual, ideada, con buen criterio en su mayoría, para una transición a la democracia, quedó obsoleta hace años, y nos mantiene en una forma de Estado ridícula por un extraño empecinamiento de la mayoría, y sí, digo bien, la mayoría de los españoles (un 80% aprueba el modo en que Felipe VI realiza sus funciones, sean estas cuales sean) que no atiende a razones y quieren ser vasallos de un rey.

El gasto que produce el mantener la monarquía se desconoce puesto que sale de partidas de varios ministerios, aparte de los 7,7 millones de euros que se dedican de los presupuestos generales del Estado y que Felipe VI reparte según su criterio personal entre los miembros de la familia real. Además nuestro rey mantiene la inviolabilidad en su persona que implica una total exoneración de responsabilidad en todos los ámbitos: penal, judicial, fiscal…

Tengo la terrible sensación de que cualquier día se restituirá el derecho de pernada, y los españolitos aplaudiremos con las orejas, henchidos de orgullo por tan distinguida atención.


CUBA-ESTADOS UNIDOS: OTRA VEZ EN CAMINO

Jorge Gómez Barata

La relación de Estados Unidos con Cuba consta de un prólogo y cuatro capítulos. El prólogo corrió entre 1776 y 1898. La primera temporada abarcó la ocupación militar (1898-1902), la segunda comprende la República (1902-1958). La  tercera reflejó la confrontación entre 1959 y 2014, y la cuarta comenzó el 17 de diciembre de aquel año. Por ahora pertenece al futuro.
   
Durante doscientos años Estados Unidos codició a Cuba, y cuando en 1898 se la arrebató a España, la ocupó militarmente, y la tuvo en sus manos, erró. Fue una oportunidad perdida para construir una relación fecunda. La buena fe y la resignada tolerancia de los independentistas cubanos fueron destruidas por la Enmienda Platt, que fue como una maldición, cuyos maleficios han sobrevivido más de un siglo. 

En 1898 las tropas norteamericanas desembarcaron en Cuba con el pie izquierdo. Su primer acto ofendió al Ejército Libertador al prohibirle entrar en Santiago de Cuba. El equívoco se convirtió en política cuando el gobernador desarmó y disolvió aquella fuerza. La oficialidad mambisa, entre ellos, decenas de generales y coroneles, quedaron sin objeto ni sentido. Muchos hicieron lo peor que podían hacer: dedicarse a la política.

Al ocupar la isla, Estados Unidos instaló una organización sustituta de la administración colonial española. Los gobernadores John L. Brooke y Leonardo Wood hicieron el trabajo encomendado, para lo cual contaron con la  colaboración de los generales mambises y las personalidades del independentismo cubano convocadas. 

La arquitectura del órgano de poder de la ocupación estuvo formada por siete departamentos militares encabezados por oficiales estadounidenses, y seis gobernadores provinciales, cargos ocupados por generales mambises. Para asistir al gobernador se creó un Consejo de Secretarios, mayoritariamente integrado por destacados independentistas.

Con aquella administración, quizás previendo una ocupación larga o la anexión, los gobernadores impulsaron obras públicas asociadas al saneamiento de pueblos y ciudades, la construcción de caminos, organización del sistema escolar, y judicial encabezado por el Tribunal Supremo, y se formaron la policía y la tristemente célebre Guardia Rural, ambas al mando de generales mambises.

En abril de 1900 el nuevo gobernador Leonardo Wood convocó a elecciones municipales, y dispuso la celebración de elecciones para la Convención Constituyente. Fueron elegidos 31 delegados, casi todos oficiales del Ejército Libertador. La principal polémica giró en torno a la inaceptable Enmienda Platt, finalmente impuesta por el gobierno estadounidense bajo el apremio de: “Hay Enmienda o no hay República”. Cumplido el arbitrario trámite se realizaron comicios en los  cuales se eligió a Tomás Estrada Palma como primer presidente de La República de Cuba.

El 20 de mayo de 1902, no muy lejos de donde hoy se ha izado una bandera americana, fue arriada otra. Concluida la ceremonia, el gobernador estadounidense regresó a su país. La primera temporada de relación estatal entre Cuba y Estados Unidos concluyó con el desatino con que había comenzado. La república surgió pobre, contrahecha, y frustrada. Estados Unidos, a veces presentado como libertador, no pasó el examen.

Washington, durante la ocupación, en lugar de como un aliado se comportó como un imperio. La Enmienda Platt y el reclamo de concesiones para instalar bases militares fueron parteaguas, una siembra de vientos que destruyó la relación entre los patricios cubanos y se erigió en un obstáculo todavía vigente. Luego les cuento de las otras temporadas. Allá nos vemos.

La Habana, 15 de agosto de 2015 


Llega a Europa un cuarto de millón de indocumentados

Al menos dos mil 300 personas murieron en las travesías en el mar Mediterráneo

El mar Mediterráneo es una de las principales rutas hacia la Unión Europea (UE) para miles de personas. Autor: ABC

Juventud Rebelde
digital@juventudrebelde.cu
14 de Agosto del 2015 11:31:54 CDT

BRUSELAS, agosto 14. — Casi 250 mil indocumentados llegaron a Europa en lo que va de año, cifra superior a los 219 mil registrados en todo el 2014, según un reporte de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) divulgado este viernes.

El informe ratifica el incremento del flujo migratorio desde África y Medio Oriente hacia el denominado viejo continente, y notificó que al menos dos mil 300 personas murieron en las travesías en el mar Mediterráneo.

No obstante, la cantidad de fallecidos no es exacta pues depende de los reportes de organizaciones no gubernamentales y de los testimonios de los sobrevivientes, por lo que se estima que el número real pueda ser mayor, reportó TeleSur.

Todos los días un promedio de mil migrantes son rescatados cuando viajan en precarias condiciones hacia costas europeas, principalmente Italia y Grecia, los países de mayor recepción.

El director general de la OIM, William Lacy Swing, calificó de muy preocupante la situación en el Mediterráneo, y pidió hacer más para ayudar a quienes se aventuran al mar en un huida desesperada de la guerra y la miseria en sus naciones de origen.

Por su parte, el comisario de Migración y Asuntos Internos de la Unión Europea (UE), Dimitris Avramopoulos, admitió que no hay una respuesta simple a la crisis migratoria, la cual afecta al conjunto de la región.

De ahí que «ningún Estado miembro puede hacer frente a la inmigración por sí solo», y resulta imprescindible un enfoque europeo ante el dilema.

Por el momento la UE ha aprobado medidas en este ámbito como una misión naval contra el tráfico de personas en el mar, pero voces críticas las consideran incapaces de dar una respuesta integral ante lo que se considera una crisis humanitaria.

Organizaciones y activistas de derechos humanos reclaman acciones como ampliar los canales legales de migración para evitar los peligrosos flujos irregulares, pero muchas naciones del bloque regional se niegan a acoger refugiados.


LOS DIAS DE EEUU COMO SUPERHÉROE ACABARON

Por Manuel E. Yepe

“Muchos gobiernos y sus ciudadanos verían con simpatía a un  Estados Unidos que se comporte más como un país normal, pero la mayoría de los estadounidenses todavía cree que su país es excepcional, incluso quienes no están de acuerdo en lo que hace o en la manera de proteger esa excepcionalidad y creen que es hora de que se ocupe de sus propios negocios internacionales y deje que otros hagan lo mejor que pueden con los suyos”, afirma el economista y politólogo estadounidense Ian Bremmer en su libro “Superpotencia: tres opciones para el papel de Estados Unidos en el mundo” (“Superpower: Three Choices for America’s Role in the World”), publicado en mayo de 2015.

En el futuro previsible, afirma, Estados Unidos seguirá siendo el único país en la tierra con militares, economía y músculo político suficientes para persuadir a los gobiernos en cada región del mundo a tomar acciones que de otro modo no tomarían porque ningún otro país tiene el poder duro, la economía innovadora y la influencia cultural que Estados Unidos puede ejercer.

Las 3 estrategias alternativas cuya adopción propone Bremman en su libro a los futuros líderes de Estados Unidos son en esencia:

Ser un país independiente, en vez de malgastar vidas y recursos en aventuras mal planificadas de política exterior, ocuparse de sus propios asuntos y dejar que otros países asuman una mayor responsabilidad en su propia seguridad y prosperidad. Hay que reconstruir la fortaleza del país desde adentro invirtiendo en la educación, la innovación y la infraestructura actualmente desmoronada los miles de millones que derrochamos en el exterior. Prestar mayor atención  a los veteranos del país y dejar más dinero en los bolsillos de los contribuyentes para potenciar el avance de la economía estadounidense.

Ser un país económicamente viable (Moneyball): Si el país ha de permanecer seguro y próspero, habrá que enfrentar algunos desafíos exteriores, no puede permitirse intervenir en tantos focos a la vez, y tampoco debe retroceder y esperar que otros asuman el entuerto. Dejar de tratar al resto del mundo como norteamericanos en una etapa anterior  de desarrollo. Abandonar argumentos sin sentido sobre la "excepcionalidad de Estados Unidos" y construir una política exterior diseñada exclusivamente para hacer más seguro y más próspero al país.

Vigilar los costos y establecer las prioridades en consecuencia.

Ser un país indispensable: en un mundo profundamente interconectado y peligroso, el país no puede permanecer seguro a menos que Washington trabaje para asegurar que los gobiernos en todo el mundo respondan a sus ciudadanos. Los estadounidenses deben luchar por la democracia, el estado de derecho, los derechos humanos y la apertura de los mercados, porque el mundo – y por lo tanto Estados Unidos– nunca sabrán de seguridad sostenible y prosperidad sin ellos. Hay que llevar alianzas para manejar los conflictos, impedir que  los terroristas accedan a armas más peligrosas y amenazas en el ciberespacio. Dirigir la lucha contra la delincuencia transnacional y los peores efectos del cambio climático. ¿Quién sino puede Estados Unidos puede hacer frente a estas cosas?

Bremman se lamenta de que la política exterior estadounidense de los últimos 25 años ha sido incoherente, porque desde Somalia hasta Afganistán e Iraq así como en las relaciones con Rusia y China, los presidentes Clinton, Bush y Obama han improvisado sus respuestas a los problemas y las crisis en la medida que éstas han ido surgiendo, y ciertamente no han improvisado muy bien.

Bremman cree que, como superpotencia única del mundo, sus tres opciones de políticas son las únicas viables, pero sólo si los futuros presidentes pueden construir un duradero apoyo público para sostenerlas. “Es más fácil decirlo que hacerlo, por supuesto, y esa es una de las razones por las que la nación independiente es la opción que más se acerca a lo que creo mejor para el país”.

Considera que esto no es aislacionismo y que Estados Unidos nunca debe convertirse en fortaleza cerrada. Debe exportar sus productos de valor, particularmente tecnología, energía y alimentos, y acoger a quienes llegan a Estados Unidos para construir una vida mejor para ellos y sus familias.

Tampoco es una visión derrotista, imaginando el impulso que habría tenido la economía de Estados Unidos si los cientos de miles de millones gastados en Irak y Afganistán hubieran ido a reforzar la resistencia y la fuerza estadounidense, poniendo fin a la política exterior de superhéroe e invirtiendo más en la educación en el país.

Construir un país que los demás consideren demasiado importante para fracasar.

Durante los últimos 25 años, Washington ha actuado como si Estados Unidos fuera cada vez más fuerte en el mundo. No lo es, y su política exterior debe reflejarlo así, afirma Bremmer.

La Habana, Agosto 15 de 2015