martes, 11 de agosto de 2015

El legado de la democracia representativa en Guatemala

Ollantay Itzamná

En países donde los pueblos diversos no lograron transitar de ser un archipiélago de pueblos hacia la conformación de sociedades o comunidades políticas imaginadas (naciones), se hace muy difícil analizar/comprender el avance de sus procesos democráticos internos. La democracia, en cualquiera de sus formas, necesariamente presupone la existencia de una sociedad, y ésta, la coexistencia de ciudadanos/as con los mismos derechos/obligaciones y oportunidades. Y, obviamente, la necesaria presencia activa de un Estado de Derecho hegemónico.

En el caso de Guatemala, un mínimo porcentaje decreciente de su población disfruta de la cualidad de ciudadanía plena. Por tanto, las grandes mayorías del país subsisten sin Estado, sin nación, sin derechos, ni oportunidades, aceitando, cada cuatro años, con sus votos, el sistema democrático representativo que los excluye y empobrece.

Desde su primera Constitución Política (1825), Guatemala reconoció y “practicó” la democracia representativa como su única forma de gobierno (Arts. 39-41). Esta democracia consistió y consiste en “acarrear” (trasladar) electores/as a las urnas, cada cuatro años, para que voten por uno de los pocos ricos (civiles o militares) de turno que los empobrecerá aún más. A este perverso ritual periódico se denominó y se denomina “fiesta democrática”.

¿Cuál es el legado de la democracia representativa en Guatemala?

Esta democracia formal, sin contenidos, fue un mecanismo casi perfecto para enriquecer a la cúpula de ricos y empobrecer aún más a las grandes mayorías. En los 194 años de República, incluyendo las tres últimas décadas continuas del ritual democrático, los ricos de Guatemala acumularon el Producto Interno Bruto (PIB) más alto de la región (53 mil millones de dólares), pero los empobrecidos suman cerca de las dos terceras partes del total de la población del país. Todo esto, gracias a la democracia formal que no permite la ampliación del cumplimiento de derechos, mucho menos participación o control ciudadana alguna sobre sus gobernantes.

La democracia representativa excluyente impidió la fecundación de una ciudadanía ampliada en el país. El o la ciudadana de la clase media fue convertida en consumidor compulsivo, indiferente con el destino del país. Diluyó e inmovilizó a la poca ciudadanía existente. Las grandes mayorías de “no ciudadanos” y empobrecidos del país fueron convertidos en pordioseros electoreros que van detrás del amo candidato a cambio de un plato de comida, sin ninguna conciencia política, ni responsabilidad con el presente y destino del país.

Esta democracia pervertida imposibilitó también el surgiendo o establecimiento de partidos políticos sólidos y serios. En Guatemala, los partidos políticos, lejos de forjar actores políticos con conciencia nacional e ideológica claras, infestaron al país de mitómanos oportunistas que buscan un espacio en el aparente Estado para saquearla. Las organizaciones políticas no pasaron de ser potenciales “bolsas de empleo” de algún caudillo. Y, en los últimos tiempos, verdaderas empresas comerciales que venden ilusiones al pobrerío creyente que espera desesperado la llegada/anuncio de cualquier mesías político a la vuelta de la esquina.

Imposibilitó la consolidación del Estado como garante de derechos y proveedor de sentido político. Los “tecnócratas” rudos, sin control, ni sanción alguna, diluyeron las fronteras entre lo legal y lo ilegal. Establecieron la corrupción y el despojo como el método de gobierno. Al límite que en Guatemala se hace difícil diferenciar entre la estructura y la institucionalidad del poder estatal y los aparatos criminales. Esta perversa democracia diluyó y diluye los pocos derechos y al propio Estado.

Esta democracia neoliberal disolvió lo poco o mucho de la acumulación de la fuerza histórica de luchas sociales. Cooptó a las principales organizaciones sindicales, convirtió a los movimientos indígenas y campesinas en ONGs funcionales al sistema. Desvaneció las fronteras y diferencias ideológicas y conductuales entre la derecha y la izquierda política, al límite de convertir a las insignificantes organizaciones políticas de izquierda en electoreros agentes neoliberales.

El mayor legado de la democracia representativa excluyente en Guatemala es y será el haber establecido en las estructuras psicológicas de las personas la colonialidad política. El haber instalado en el alma de las y los empobrecidos, incluso en nichos sociales de la clase media profesional, un amor apasionado y casi existencial por los colores y los rostros photoshop de sus caciques y amos políticos. Verdaderos modelos de vida a imitar.

En la retórica cotidiana se detesta a todo Diputado por ser sinónimo de ladrón, pero, en los hechos, casi todos los empobrecidos con ascenso social sueñan con ser diputados. Eso explica el por qué indígenas con cierto ascenso social, cultural, económico, etc., sueñan con coronar su vida con “una diputación”.

¡Cuánto más corrupto o sospechoso son los candidatos políticos por su pasado o intenciones, más idolatrados y preferidos son por sus potenciales víctimas!. Esto explica el por qué el voto duro de los partidos políticos más déspotas, racistas o corruptos, se encuentra justamente en regiones más empobrecidas del país. Un pueblo que idolatra a un potencial delincuente o corrupto, es un pueblo enfermo.

Casi ningún candidato de elección popular a cargo público se presenta con la honesta intención de hacer el bien al país. Todos/as van buscando la apetecida “inmunidad” para los cuatro años, porque aquí, como en otros lares, la inmunidad es sinónimo de impunidad ante la Ley.

En estas perversas condiciones, Guatemala, una vez más, está “obligada” a votar, el próximo 6 de septiembre, por “su” Presidente y Vicepresidente, “sus” 158 diputados nacionales, “sus” 338 gobiernos municipales y “sus” diputados al Parlamento Centro Americano, de los 24 partidos políticos que compiten a nivel nacional. Uno de los rituales electorales más repudiados por las y los indignados en la historia nacional, donde se pronostica que el vencedor seguro será el abstencionismo y el voto nulo.

Desde meses atrás, el electorado urbano venía exigiendo reformas a la Ley Electoral y de Partidos Políticos, no para transitar hacia una democracia participativa, sino para rescatar la democracia representativa viciada. Pero, ni eso les conceden los 158 “soberanos” e “inmunes” Padre de la Patria.


Diálogo con los mareros

Chencho Alas

Margaret Mead, antropóloga cultural, afirmaba que el ser humano apareció en la tierra en el momento que se dio la primera palabra y según el Papa Pablo III, la sonrisa. La palabra, el diálogo es un derecho natural del ser humano y quitársela equivale a rebajar al hombre y a la mujer al estado de animal, lo cual es imposible porque la naturaleza no lo permite.

El Papa Juan Pablo II cuando visitó Nicaragua, creo que la primera vez, quiso callar a la multitud que tenía enfrente que exigía a voz en cuello el retorno de los desaparecidos por la CONTRA, la organización militar financiada por el presidente Reagan para derrocar a los Sandinistas. Las madres se encontraban enfrente del altar. El Papa pidió silencio una y otra vez y la respuesta del pueblo fue elevar la voz; el Papa volvió a exigir silencio prácticamente gritando y el pueblo le respondió con voz más alta.

La palabra que tiene como misión hacer posible el diálogo, por ser natural al ser humano al igual que la libertad, la alimentación, no es una concesión legal del estado, de las religiones, de instituciones supranacionales como puede ser la ONU. Cuando se abandona el diálogo, aparece de inmediato la amenaza, la imposición, la supresión de otros derechos, el manejo violento y a veces mortal de las relaciones, inclusive la guerra.

El Salvador se encuentra en este momento ante un dilema: ¿debe el gobierno salvadoreño dialogar con los jefes de las maras o no? La respuesta de un gran porcentaje de la población es no, porque debido a sus crímenes se han colocado fuera de la ley y el gobierno que está legalmente constituido no puede dar ese salto de colocarse a la par de criminales. Otra parte de la población considera que dado el nivel de violencia que estamos viviendo, que se ha salido de todo control que tengamos a la mano, sí debe dialogar con los líderes de las maras. Existe la esperanza de que baje así el porcentaje de asesinados en nuestro territorio nacional.

Según el periódico digital la Página, el Obispo Luterano Medardo Gómez y el presidente de la Iniciativa Pastoral por la Vida y la Paz opinan que “el Consejo Nacional de Seguridad debe incluir en una ronda de diálogo a los cabecillas de las pandillas ... Gómez consideró que el único camino para lograr que el país respire en paz es la creación de un diálogo con los pandilleros para construir con ellos las soluciones que se necesitan para bajar los índices de violencia.” Esta misma posición con matices diferentes la sostienen el Obispo Rosa Chávez de la Iglesia Católica y el Obispo Martín Barahona de la Iglesia Episcopal.

Yo estoy de acuerdo con los señores obispos. Por encima de la ley está la vida, está el derecho al diálogo y si se puede salvar de la muerte a una persona hay que poner todos los medios disponibles para lograrlo. Desde luego, dialogar no significa entregarle al otro todo lo que pida. El diálogo tiene sus reglas para que dé fruto. Los jefes de las pandillas han demostrado que tienen un poder real. La tregua anterior lo demostró. Cerrarse al diálogo con ellos sin tener los medios para contenerlos como está demostrado, es un suicidio. Ellos son parte del problema y, por lo tanto, también de la solución.

El gobierno de Salvador Sánchez Cerén ha heredado un problema que sobrepasa los niveles de la autoridad constituida, que va más allá de los partidos políticos, que exige una participación nacional para encontrarle una solución por encima de todas las politiquerías e intereses particulares. Este problema se pudo evitar al inicio, cuando comenzaban a llegar a las dos de la mañana criminales deportados en vuelos clandestinos ordenados por el gobierno norteamericano. La respuesta que tuvo Paco Flores fue la mano dura y Antonio Saca la mano superdura, o sea, el machismo autoritario.

La directora del programa de seguimiento a la violencia en América Latina del Banco Interamericano de Desarrollo me contó que ofreció a Flores $5 millones de dólares para trabajar con los jóvenes y si era necesario más, el BID podía donarlos. La respuesta de Flores fue: ya tenemos la solución. Ahora estamos cosechando los frutos.

El Salvador, 11 de agosto de 2015


Presidente Maduro presentará nuevas pruebas de desestabilización promovida por EEUU en Venezuela


Caracas, 10 Ago. AVN. El presidente Nicolás Maduro anunció hoy que presentará pruebas de la participación activa del Gobierno de Estados Unidos (EEUU) en el intento de desestabilizar al Gobierno venezolano a través de la introducción de agentes en la Embajada estadounidense en el país, quienes promueven la guerra económica y la violencia en el país.

"Tengo pruebas de como el Comando Sur personalmente ha colocado funcionarios en la embajada de EEUU en Venezuela para dirigir el Plan Buitre –como llamara la presidenta de Argentina, Cristina Fernández, al ataque sistémico del imperio contra los gobiernos progresistas latinoamericanos y caribeños– de sabotaje a la economía y de violencia" contra el país, expresó.

Durante la reunión extraordinaria del Consejo Político de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP), que se desarrolló en las instalaciones de la Casa Amarilla, sede de la Cancillería venezolana, el Mandatario informó que en los próximos días se instalará una comisión especial junto a representantes estadounidenses en la que serán presentadas las pruebas.

Por otra parte, Maduro envió un mensaje de solidaridad al ex mandatario brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, y al pueblo de Brasil, que actualmente es blanco de ataques de grupos de la derecha nacional e internacional, como parte de la arremetida golpista que se adelanta en diversos países de la región.

"Toda nuestra solidaridad con Lula, nuestra hermandad, nuestra compañía y a la presidenta Dilma Rousseff y a todo Brasil que están viviendo también una arremetida de la ultraderecha, una arremetida golpista", manifestó.

En los últimos meses, gobiernos latinoamericanos han sido objetivo de los denominados "golpes blandos" o "suaves" promovidos por la derecha nacional e internacional, que han pretendido derrocar a los gobiernos de líderes revolucionarios y progresistas mediante acciones violentas en las calles, paros, guerras psicológicas y económicas.

Los casos más emblemáticos se han dado contra los gobiernos de El Salvador, Brasil, Ecuador, Bolivia, Argentina y Venezuela, donde los gobiernos legítimamente electos priorizan la felicidad y el bienestar de los pueblos por encima del capital, además de una férrea defensa de su soberanía y autodeterminación.

En los mencionados países, sectores de la oposición han mantenido el mismo modus operandi, definido por diversas estrategias, entre ellas, el impulso de campañas de descrédito, desinformación, miedo; así como denuncias de presuntas acciones de corrupción y violaciones a los derechos humanos


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Antonio Núñez Aldazoro
Consejero (Educación, Cultura y Comunicación)
Embajada de la República Bolivariana de Venezuela
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EL TIEMPO Y LA POLITICA

Jorge Gómez Barata

Pertenezco a una generación y a una condición social para quienes la ruptura con Estados Unidos, el establecimiento del bloqueo, y la alianza con la Unión Soviética no fueron desgracias. No fue igual para todos los cubanos.

Los pobres, que en Cuba eran la inmensa mayoría, vivieron mejor sin Estados Unidos que con ellos. Los otros no. La diversidad de intereses se manifestó con  fuerza avasalladora. Asistida por la Unión Soviética, que obtuvo importantes saldos políticos, la Revolución se sostuvo y avanzó porque abrió una era de prosperidad e inclusión, aunque introdujo credos que muchos no compartieron, se opusieron y marcharon.

La nación se dividió: unos con Estados Unidos, otros sin ellos y contra ellos. La lucha y sus consecuencias han sido tremendas. Quien diga que el bloqueo fracasó es porque lo ha visto de lejos. Lo que fracasó fue el propósito de neutralizar o derrotar a la Revolución, que incluso sobrevivió a la debacle de la Unión Soviética y del socialismo real.

El tiempo pasó y los cubanos con él, hasta llegar al punto en que los que se fueron y los que permanecieron, junto a los que llegaron después y optaron por lo uno o por lo otro, celebraron cuando los presidentes Raúl Castro y Barack Obama acordaron pasar la página. Pasar la página es una imagen perfecta, porque no borra las anteriores ni sugiere un retroceso, sino lo contrario.

Ninguno de los presidentes proclamó la victoria ni admitió la derrota. Sin embargo no hay empate, y si una complicada dialéctica propicia para nuevos comienzos. Ahora no vamos a las trincheras, salimos de ellas, no para emprender nuevas batallas, sino para tratar de que no haya ninguna más. No es un armisticio ni una tregua, queremos paz.

Nunca pensé vivir para ver este momento, aunque ello no me impide disfrutarlo. Formé filas entre los necios (en el estilo de Silvio Rodríguez), y estaba preparado para lo peor. Me hace feliz que haya ocurrido lo contrario. Incluso declaro que me gustaría que regresara la determinación con que entonces nos confrontamos, y se avanzara en la normalización con la misma velocidad con que antes se procedió. Comprendo que no es posible, porque deshacer es más fácil que rehacer.

No creo que sea casual, y aunque estoy seguro de que no fue planificado celebro la voluntad norteamericana de levantar el cerco y abrir el juego, cuando en Cuba prevalece una voluntad de actualización.

Desde mi punto de vista parece probable que se inicie otra era de prosperidad que, administrada desde la madurez adquirida, pueda lidiar exitosamente con las complejidades de una nueva relación política con los Estados Unidos, e insertarse en los entresijos de la economía global. 

No hace falta hacerse ilusiones. Cuba se enfrenta a esos desafíos en condiciones económicas desventajosas, y en momentos en que la crisis y los  ajustes dan lugar a tensiones sociales diversas. Es bueno saber que la sociedad apoya a la dirección política en las dos vertientes: actualización económica y normalización de las relaciones con Estados Unidos, que dicho sea de paso significa normalizarlas también con medio mundo.   

Esas y otras son las circunstancias en medio de las cuales, en los próximos días, llegaran a Cuba John Kerry, secretario de estado norteamericano, y el papa Francisco. Es bueno que ocurra cuando quienes protagonizamos las rupturas vivimos  para ver el reencuentro, que de nuestro lado conducen Fidel y Raúl. Todos conocen la historia y están conscientes de los desafíos y esperanzas de la nueva era. Allá nos vemos.

La Habana, 11 de agosto de 2015