lunes, 27 de julio de 2015

Perú: 194 años sin nación, ni Estado hegemónico

Ollantay Itzamná

En la medida que el mes de julio finaliza, las viviendas, parques, entidades públicas, oficinas, centros comerciales, etc. de las ciudades del Perú se revisten de rojo y blanco. Las y los “ciudadanos” intercambian gestos de “felicitaciones” por un aniversario patrio más. Especialmente el 28 de julio, Día de la “Independencia” del Perú.

En contrastante con dicha algarabía y patrioterismo reiterado de citadina, casi ningún “comensal” se formula preguntas básicas como: ¿Existe verdaderamente Perú como pueblo? ¿Existe la nación peruana? ¿Son ciudadanos/as todos y todas quienes cohabitan en ese territorio? ¿Existe un Estado peruano? ¿Hubo o existe independencia peruana?, etc.

No existe pueblo, ni nación peruana

Sin necesidad de mayor revisión del marco conceptual de pueblo, según el  Viceministerio de Interculturalidad, en los 1.285.215Km2  del territorio peruano, cohabitan 54 pueblos indígenas. Esto, sin contar a los afroperuanos, ni a los mestizos. Muchos de estos pueblos, con historias, espiritualidades, idiomas, culturas, etc., (desconocidos para el criollo o mestizo), subsisten sin encontrarse entre sí. Entonces, cuando se habla del pueblo peruano, ¿a cuál de los pueblos se refiere? ¿Al pueblo mestizo que no tiene ni idioma, ni espiritualidad, ni historia, ni origen diferenciada con relación a los de otros países?

En cuanto a la nación peruana, ocurre algo parecido. La idea de nación, aparte de historia, idioma, cultura, espiritualidad, sociogénesis, etc., en común, implica una conciencia individual y colectiva de autodeterminación compartida entre las y los integrantes de la nación. “Comunidad política imaginada” diría la antropología contemporánea. ¿Existe una conciencia política de soberanía y autodeterminación entre las y los peruanos? En lo que llaman Perú, no existe una historia, tantas naciones como pueblos existen.

No existe un idioma, sino tantos como pueblos coexisten. No existe una espiritualidad, sino muchos caminos y modos de trascender lo cotidiano. No existe un origen, ni un destino en común. Por tanto no existe la nación peruana, sino naciones peruanas políticamente emergentes, cada una con sus dinámicas y ritmos propios. Dentro de ellas, el proyecto de nación mestiza que criollos y élite mestiza quisieron imponer (de manera fallida) desde las entidades estatales.

Pueblos y naciones subsistimos sin Estado, ni libertad

Si entendemos el Estado moderno como la entidad orgánica (autoridad), nacida de la voluntad popular, para garantizar derechos y libertades de sus ciudadanos/as, entonces, la pregunta básica es: ¿Quiénes tienen, en el Perú, sus derechos y libertades garantizados? ¿Para cuántos peruanos existe seguridad y certidumbre?

Para los 54 pueblos indígenas del Perú nunca existió un Estado de Derecho. Es más, subsistimos incluso en contra de la voluntad de ese aparente Estado criollo racista y machista que invade y despoja nuestros territorios como gendarme de los agentes económicos neoliberales.

En el Perú, el Estado no sólo nació como herramienta de dominación y saqueo de la rancia y rústica élite criolla que jamás tuvo visión de país, sino, al ser una mala copia de la teoría política europea del siglo XVI, para un tiempo y espacio completamente diferente a la realidad europea, emergió colapsado dicho proyecto. Muestra de ello, ese Estado aparente no ha logrado hegemonizarse en todo el territorio de lo que llaman Perú, mucho menos instalarse en el imaginario individual y colectivo de todos los pueblos.

En lenguaje coloquial decimos: el Estado peruano fue y es sólo para los ricos, que tratan a esto que llaman Perú como si fuese su establo. Y en ese contexto, la gran mayoría de nosotras y nosotros subsistimos con la ilusión casi mágica de “sentirnos como ciudadanos peruanos”, sólo porque en las escuelas nos dicen que cantar el Himno Nacional o reverenciar la Bandera es ser peruanos. Pero, en los hechos las grandes mayorías subsistimos sin Estado, sin derechos, sin libertades, ni oportunidades.

¿Alguien se preguntó por qué la bandera peruana lleva en e centro el color blanco? ¡Es la idealización del blanco como arquetipo existencial!. Y así nos quejamos del racismos cotidiano, cuando ello ya está institucionalizado en los símbolos patrios. A los descendientes de los criollos, y a quienes se esfuerzan por ser como ellos (renegando de sus orígenes genéticos y culturales) les importa más la integridad física de la estatua de Santa Rosa de Lima, que el bienestar y la integridad del territorio del Perú. Incluso en la imaginación de ellos, el Perú no pasa de ser una ficción útil.

Ciudadanía es lo que menos existe en este archipiélago de pueblos que llaman Perú. Ni tan siquiera las y los citadinos de Lima alcanzan esa cualidad. Ciudadanía, no sólo consiste en marcar cada cinco años la frente de los potenciales gobernantes (como si fuesen carnavales andinos), sino disfrutar de todos los derechos y oportunidades (sin hablar de privilegios) que asiste a toda ciudadanía en un Estado de Derecho.

194 años de colonialismo interno

Si no hay pueblo, ni nación, ni Estado de Derecho, ni ciudadanía universal, entonces, es una falacia hablar de independencia. Lo ocurrido en 1821 no fue ninguna independencia, sino una sucesión en la cadena de mando  en el círculo de los patrones. Desde entonces, de manera legal, se institucionalizó el colonialismo interno de los pueblos del Perú. No para fortalecer, ni hegemonizar el naciente y aparente Estado nación, sino para fortalecer a los orígenes de lo que hoy conocemos como las corporaciones mundiales que dominan el planeta.

En el mejor de los casos, cada 28 de julio debe de ser un motivo más para renovar nuestro compromiso para liberarnos del casi bicentenario colonialismo interno que soportamos los pueblos que cohabitamos en esto que se llama Perú.


Prevén traslado de prisioneros de Guantánamo a cárceles de EEUU

Publicado en Cubadebate el 27 julio 2015

Foto: Reuters.

El plan que está en desarrollo para cerrar la prisión de Guantánamo prevé la posibilidad de transferir a cárceles de Estados Unidos a algunos detenidos que son demasiado peligrosos para ser liberados, dijo la asesora en contraterrorismo del presidente Barack Obama.

Lisa Monaco, una de las principales asesoras de seguridad de Obama, dijo que Estados Unidos podría ultimar los detalles para la transferencia de 52 detenidos cuya reubicación en otros países se aprobó.

El plan prevé que el resto de los reos que está en la base en territorio cubano sean enviados a prisiones militares en Estados Unidos para ser juzgados o mantenerlos en cautiverio, destacó Monaco.

Alrededor de 116 personas permanecen detenidas en Guantánamo, muchas de ellas durante más de una década y sin ser acusadas o juzgadas.

El nuevo intento de Obama por cumplir con su promesa de cerrar Guantánamo seguramente se encontrará con mucha resistencia entre los republicanos, que controlan el Congreso.

El plan, que según la Casa Blanca está cerca de completarse, incluirá el establecimiento de “protocolos de seguridad” para incrementar la reubicación de prisioneros.

Washington ha descartado enviar a decenas de yemeníes a su país por la guerra que se libra en el territorio.

Diputados estadounidenses temen que muchos de los sospechosos de terrorismo que son liberados puedan volver a la militancia. Un total de 64 prisioneros fueron calificados como “demasiado peligrosos” para ser puestos en libertad.

La prisión fue abierta por el expresidente George W. Bush tras los ataques del 11 de septiembre.

(Con información de Reuters)


NACIÓN, CULTURA Y POLÍTICA

Jorge Gómez Barata

La idea de que el inicio de la normalización de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos, la apertura de embajadas, y la consiguiente ampliación de los intercambios de todo tipo, pudieran facilitar la “penetración cultural norteamericana”, y de ese modo dañar la conciencia social, debilitar la identidad nacional, mediatizar procesos políticos e ideológicos, y poner en riesgo conquistas económicas y sociales parece inconsistente.

La preocupación aparentemente se deriva de una visión que tiende a exagerar el papel de la cultura, el arte, el espectáculo, la farándula, la banalidad y otras expresiones de la cultura artística y literaria en los procesos sociales, y en la formación de las ideas, las convicciones y las actitudes políticas.

Tampoco hay manera de sostener la idea de que el imperio se proponga utilizar sus recursos culturales para someter a la Cuba irredenta. Lo digo de una sola vez y de un modo esquemático: se trata de una capacidad de manipulación de la intelectualidad que el gobierno norteamericano no tiene, probablemente nunca se haya propuesto desarrollar, y que tal vez contradiga las esencias más profundas de su sistema político, y de la ideología predominante en aquella sociedad.

No se trata de que en Estados Unidos no haya un ministerio de cultura, un departamento ideológico, y de que nunca se hayan aplicado allí políticas culturales conducidas desde un centro. Hago otra afirmación esquemática: esa sociedad no funciona así.

Quien quiera ejemplos que revise la reacción de la inteligencia norteamericana ante el macartismo, y en casos particulares como el proyecto Manhattan. Mayoritariamente los norteamericanos repudiaban el comunismo, pero cuando trató de imponérseles que firmaran un papel jurando que no lo eran, reaccionaron airadamente, y entre los científicos del proyecto Manhattan, creadores de la bomba atómica, comenzando por su director científico Robert Oppenheimer, predominaban las personas de orientación socialistas.

En 1961, a poco más de dos años del fin del dominio imperialista en Cuba, la inmensa mayoría de la población cubana, que había sido predominantemente anticomunista, aplaudió la proclamación del carácter socialista de la Revolución, y apoyó la alianza con la Unión Soviética, a la cual hasta no hacía mucho repudiaba o temía. Todo ello sin dejar de conducir automóviles norteamericanos, admirar su tecnología, su música y su cine, y adorar su béisbol. Algunos políticos norteamericanos como Franklin D. Roosevelt disfrutaron de popularidad en Cuba.

A pesar de la opulenta presencia de la cultura norteamericana y europea, de la dominación colonial y neocolonial, y de la virtual dominación del capital extranjero, no existe un solo caso de algún país que haya perdido su identidad, incluso en Iberoamérica la conciencia y la cohesión nacional se forjó bajo la dominación colonial, y países como Puerto Rico y México, en los cuales la relación con los Estados Unidos ha sido más intensa, tal como ocurrió con Cuba hasta 1959, las esencias de la cultura y la nacionalidad han prevalecido.

La mexicanidad y la cubanidad no fueron nunca desmentidas, ni siquiera en las grandes comunidades asentadas en Estados Unidos está en peligro.

Aunque no es posible ni útil soslayar un pasado con momentos tan contradictorios como la Resolución Conjunta y la Enmienda Platt, y un período de medio siglo de aguda confrontación, ante desafíos enormes y oportunidades magnificas, muchas de ellas asociadas a la normalización de las relaciones con Estados Unidos, es alentador que la vanguardia cultural se haya integrado al estudio y la meditación sobre estos temas, lo cual seguramente servirá de importante apoyo a la gestión de la dirección política. Allá nos vemos. 

La Habana, 27 de julio de 2015


¿CUÁNTO HEMOS AVANZADO, SIN HABER CONJURADO AÚN EL PELIGRO DE RETROCEDER?

ESTEBAN MORALES

UNEAC

Entre el 17 de diciembre del 2014  y el 20 de julio del 2015,  con el  tránsito anunciado hacia el 14 de agosto de este año,   en que ya quedarían establecidas oficialmente  las dos embajadas,  hemos avanzado un buen trecho.

Un acontecimiento fundamental que ha tenido lugar, es que Estados Unidos  nunca había reconocido a Cuba como una nación soberana e independiente, lo que sin dudas ha ocurrido, desde que el 17 de diciembre del 2014,  el presidente Obama admitió que la política seguida con Cuba en los últimos cincuenta y cinco años había sido un fracaso y que Estados Unidos era quién había resultado aislado con esa política. Proponiéndole  a  Cuba  negociar  un cambio de las relaciones entre ambos países.

Estados Unidos siempre había dicho  que para negociar las relaciones  con Cuba, las Isla debía dar señales que estimularan la posibilidad de  esa  negociación. Por su parte, Cuba durante mucho tiempo puso  como  condición de que para negociar  sus relaciones con Estados Unidos, este debía levantar el bloqueo.

Poco después, ante la realidad de la Helms-Burton,  con la  que el presidente perdía la prerrogativa de eliminar el bloqueo, cediéndosela  al congreso, Cuba entonces planteó que una negociación con Estados Unidos para variar las relaciones entre ambos países,  debía tener lugar   sobre  una  base de  equilibrio,  es decir,  en igualdad de condiciones,   con respeto a la independencia  y   soberanía de la Isla.

Sin embargo, después de dieciocho meses  de negociaciones secretas entre ambos,  el 17D,   Obama decidió romper con ese requisito y dio el paso de plantear abiertamente la posibilidad de negociar con Cuba,  para tratar de lograr un cambio en las relaciones entre ambos países.

El discurso de Raúl Castro, el mismo día, fue breve,  pues  se trataba solo de aceptar la proposición de Obama;  dado que  no era Cuba quien debía  tomar la iniciativa de cambiar  su política hacia Estados Unidos,  pues lo único que había hecho la Isla  todos estos años  había sido  defenderse de la agresividad de la política norteamericana. Por lo cual, las cosas comenzaron como debían;   Obama calificaba  como fracasada  la que ya  parecía  devenir  en la vieja política, tomaba la iniciativa   anunciando el cambio de política y daba los primeros pasos para que el proceso de negociaciones comenzara.

Sin embargo, aunque ya existen acuerdos que han llevado al restablecimiento de las embajadas en ambas capitales,   la posibilidad del  retroceso  aun no está conjurada. Todavía pesan  sobre el proceso, incluso el de restablecimiento de las relaciones diplomáticas, algunos asuntos que amenazan  no solo con  obstruir el camino hacia la normalización, sino  también  con afectar  las relaciones diplomáticas.

Cuáles son esos principales  obstáculos:

- El bloqueo   es  todavía  una realidad que continúa funcionando. No se ha movido un milímetro el sistema por el que aún se  realiza  el limitado  comercio, exigiendo los pagos en efectivo, antes de que las  pocas mercancías autorizadas  lleguen a Cuba. Estas no pueden ser traídas en barcos cubanos y  sigue sin estar  presente el crédito.  Como si fuera poco, continúan las sanciones contra aquellos que se atreven a  facilitar  el  uso del dólar en las operaciones financieras con Cuba. Sólo recientemente un Banco de Miami acepto llevar las  cuentas a la Oficina de Intereses de Cuba en Washington.

- Aunque  el  listado de categorías que permite los viajes  de residentes en  Estados Unidos hacia Cuba es bastante  amplia y  se ha   flexibilizado la concesión de visados para viajar de Cuba a Estados  Unidos,  aún los norteamericanos tienen que   viajar en grupos  y el ciudadano estadounidense  no tiene la libertad general de hacerlo a la Isla. Lo cual  atenta seriamente contra  la  posibilidad de que pueda  venir a hacer turismo a Cuba.

-  Continúan  asignándose  fondos  para  la subversión, que este año fueron elevados  a treinta millones de dólares.

-  Continúan las trasmisiones radiales y televisivas ilegales desde Estados Unidos   hacia  Cuba.

-  Continúa el apoyo político  a  los mercenarios internos.

-  Continúa vigente la llamada Ley de Ajuste Cubano de 1966,  que  afecta seriamente la normalización  del proceso migratorio entre ambos países.

- Ya el  Secretario de Estados declaró  que  el reclamo de Cuba sobre la devolución del territorio de Guantánamo,  ilegalmente ocupado  por la base estadounidense,  no está dentro de la agenda de debate  por ahora.

- Aunque el interés de invertir en Cuba va creciendo, todavía  el capital norteamericano no está autorizado a entrar en la economía de la Isla.

- Existe un cierto debate de si el Presidente  cuenta o no con las prerrogativas ejecutivas que le permitirían aliviar a Cuba las consecuencias del bloqueo,  mientras este  no sea levantado  por el Congreso.

- Existe un grupo formado por un conjunto de congresistas de extrema derecha que se ha propuesto obstruir la que podría ser considerada como una nueva política hacia Cuba.

- Aún pesa sobre el proceso de negociaciones,  la posibilidad de que se  vea afectado el próximo cambio de administración  a partir de principios del   2017.

Tales  situaciones hacen dudar  o afectan  que esta administración pueda  realmente abandonar  la vieja política. Aunque  Obama,  recientemente declaró que  no era partidario de la solución de un “cambio de régimen” en Cuba. Sin embargo, quedaba muy claro desde sus primeras intervenciones  que los  cambios  serían solo en la forma de hacer la política, lo que hace entender con claridad  que no incluye un cambio de estrategia sino solo de táctica.  Lo que se suma a las dificultades que aún permanecen  para considerar como  sostenibles  las medidas planteadas.

Observando detenidamente  las  contradicciones  implícitas  entre sus primeras palabras y las más recientes,  tal parece que Obama se ha decidido  por una política en  la que se combinarían varios elementos: 
- un manejo de las negociaciones  basadas en la asimetría existente entre ambos países;  
- los cambios que se están produciendo en Cuba. 
- una variación de las tácticas políticas, sin abandonar la estrategia, junto a un  seguimiento  de la realidad cubana, como un proceso de transición en el que la política de Estados Unidos se insertaría  para orientar los cambios en Cuba, arrebatando de manos del liderazgo político cubano  la dirección de tales cambios.

Por lo cual, Cuba tendría que enfrentarse a una “subversión pacífica” desde dentro, en que Estados Unidos  trataría de encauzar  las dirección en que se están produciendo  los  cambios en la Isla.

Es decir, si Cuba   ha reconocido y activa el papel de la propiedad privada pequeña  y mediana, la utilización de la inversión extranjera, la colaboración con el capital extranjero para desplegar ciertos proyecto económicos, la cooperativizacion, la ampliación de la colaboración científica, la ampliación de su comercio en todas direcciones, etc. Estados Unidos  agregaría a esos procesos todos los ingredientes necesarios, sobredimensionándolos,  para que el liderazgo cubano perdiese el control de los límites  que permiten  fomentar un modelo económico nuevo,  eficiente y sustentable,   sin afectar los  márgenes  del  sistema político cubano.

Como sabemos,  también debemos contar con el reto del ineludible  perfeccionamiento.  Acción  que implica profundizar  la participación popular  en el proceso de formulación de política, superando así la visión burocrática de que la participación social ralentiza los procesos.

Faltando, entre otros pasos importantes,  algunos  tales como:

-La concreción  del nuevo  modelo económico cubano.

-Los ajustes  y cambios  que deben ser  hechos a la constitución de la república.

-La preparación de algunas leyes pendientes, tales como: la de Comunicación y Prensa, el Código de Familia, la de Telecomunicaciones y   la  nueva Ley Electoral,  entre  otras.

A la vez, la  política norteamericana  puede estar  concibiendo  a Cuba como un proceso de cambios, ampliando dentro de este, todos  aquellos  elementos  que permitirían   la transición hacia “un régimen similar al nuestro”,   como ha dicho Obama. Ofertando a los diferentes sectores económicos y sociales,  como ya viene haciendo;   ampliar sus capacidades de exportación, importación,  así como movimientos financieros y de relacionamiento,  que les permitan   salir del control del estado cubano. Es decir, empoderando al sector no estatal en el sentido de poder moverlos  al margen  de la distribución de recursos, funciones, prerrogativas y límites en que el liderazgo político quiere mantenerlos,  para no traspasar el marco del sistema político que garantiza la continuidad  y defensa de la  revolución socialista.

En cuanto a la utilización de  los elementos políticos disidentes internos, los posibles debates sobre democracia y derechos humanos, lo que buscan es dotar de plataformas civiles a la disidencia, de tal modo de crearles los espacios políticos que necesitan para cuestionar el poder interno  del  liderazgo revolucionario.

Del mismo modo que en los años sesenta pretendían legitimar a la contrarrevolución convirtiéndola en una confrontación  civil interna; ahora la política norteamericana  trata  de legitimar a la disidencia mercenaria,  para dotarla de las capacidades necesarias y  convertirla en el contrincante legítimo del poder revolucionario.

De esa forma cerrarían el círculo del contexto interno para subvertir a la revolución  socialista desde dentro. Pues teniendo a Estados Unidos dentro, ahora  habrá  que digerirlo  como parte de  la   realidad interna cubana.

Por supuesto,    Obama tendría  que hacerlo  todo sin  generar  preocupaciones  que afecten  el proceso de negociación de las relaciones política entre ambos países. Porque Cuba no está sola, ocupa un lugar importante  y de mucho prestigio en las relaciones hemisféricas. Hay que recordar,   la reciente   actitud asumida   por América Latina y el Caribe,  cuando presionó sobre Estados Unidos  para que Cuba pudiese asistir a las   Cumbres   de las  Américas, especialmente  en Panamá.

Adicionalmente, muchos en el hemisferio  siguen  de cerca el comportamiento de Estados Unidos en sus  negociaciones con Cuba,  de lo cual depende la forma en que se perciba su  futuro comportamiento  en la restructuración de las políticas con América Latina y el Caribe. Circunstancia en la que Estados Unidos  no podrá repetir  errores como el cometido recientemente  al  proclamar a Venezuela  como un peligro inminente para su seguridad nacional.

A Estados Unidos no le será nada fácil tratar  de llevar adelante   sus planes  subversivos  contra  Cuba,   si con esa actitud va a poner en peligro, no solo sus negociaciones con la Isla, sino además, la reconstrucción de sus relaciones hemisféricas.

Es que ya los problemas de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, han dejado definitivamente de ser  una cuestión bilateral, para pasar a ser  un problema de Cuba, junto a sus aliados del hemisferio, frente a Estados Unidos. De lo cual la VII Cumbre de las Américas representó un buen y aleccionador antecedente, cuando en pocos días y en medio de ese evento,  la  política norteamericana dio un giro para ofrecer una buena impresión.

Por ello es bien complejo  el proceso a que se enfrentan Obama y los presidentes que le sucedan,  si pretenden  seguir una política hacia Cuba cuyo contenido no sea realmente lograr unas relaciones “normales”  con la Isla.

Aunque  Cuba tampoco se hace ilusiones con lo que serían unas relaciones normales con Estados  Unidos.

Las relaciones internacionales son un gran campo de batalla en el que Cuba siempre ha estado dispuesta a enfrentarse, aun asumiendo los inconvenientes y peligros de la política agresiva que Estados Unidos le ha impuesto por más de cincuenta años. Es de esperar que en el futuro, esos inconvenientes y peligros no estén presentes.

La Habana, Julio  24 del 2015

AGRADECE CUBA SOLIDARIDAD DE VENEZUELA Y ECUADOR

Pedro Martínez Pírez

Cuba reiteró en el acto central con motivo del aniversario 62 del asalto al cuartel Moncada su gratitud a Venezuela y Ecuador, que al igual que otros muchos países hicieron posible con su ayuda solidaria y desinteresada la extraordinaria restauración de la ciudad de Santiago de Cuba.

Ese reconocimiento está contenido en el discurso pronunciado ayer domingo por el segundo secretario del Partido Comunista de Cuba, José Ramón Machado Ventura, quien elogió la voluntad y destreza del pueblo santiaguero en la recuperación de la ciudad, que durante varias décadas fue la primera capital cubana, y acaba de celebrar el medio milenio de su fundación.

El dirigente cubano precisó también que con el restablecimiento de las relaciones diplomáticas el pasado día 20 Cuba y Estados Unidos concluyeron la primera etapa del proceso iniciado el 17 de diciembre por los presidentes Raúl Castro y Barack Obama, y se inicia ahora un largo y complejo camino hacia la normalización.

Recordó Machado Ventura que la nueva etapa incluye, entre otros aspectos, el fin del bloqueo económico, comercial y financiero, y la devolución a Cuba del territorio ilegalmente ocupado por Estados Unidos en Guantánamo, hace ya más de un siglo.

En la agenda cubana hacia la normalización figuran también la eliminación de la Ley de Ajuste Cubano que desde 1966 alienta las salidas ilegales de Cuba; el fin de las también ilegales transmisiones radiales y televisivas; el cese de los programas para alentar la subversión , y la compensación por los daños humanos y materiales sufridos por Cuba como consecuencia de las políticas de Washington.

Luego de la reapertura de la Embajada cubana en los Estados Unidos, en un acto que el pasado día 20 en Washington presidió el canciller de Cuba, Bruno Rodríguez, se espera ahora en La Habana la visita del Secretario de Estado John Kerry, para un acto similar el próximo 14 de agosto.

Estados Unidos rompió sus relaciones con Cuba el 3 de enero de 1961, y no fue hasta septiembre de 1977, durante el mandato del presidente demócrata James Carter, que fueron creadas Oficinas de Intereses, cuyo rango fue elevado al de Embajadas el pasado día 20.

La Habana, 27 de julio de 2015