lunes, 20 de julio de 2015

La bandera de la estrella solitaria ondea en la Embajada de Cuba en Washington

Por Ismael Francisco, Rosa Miriam Elizalde

Publicado en Cubadebate el 20 julio 2015

Bandera cubana ondea en Washington, en la sede de la Embajada de Cuba en Estados Unidos. Foto: Ismael Francisco.

A las 10:33 de la mañana comenzó la ceremonia oficial de la reapertura de la Embajada de Cuba en la capital de los Estados Unidos, con la Marcha de la Bandera a cargo del Batallón de Ceremonias del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, y el izamiento de la enseña patria, tras lo cual se escucharía el Himno Nacional.

Gritos de ¡Viva Cuba!¡Viva Fidel!¡Viva Raúl! se escucharon durante el emotivo izamiento de la enseña nacional cubana en Washington.

Más de 700 invitados permanecen dentro del edificio, entre ellos la subsecretaria de Estado Roberta Jacobson, que la delegación estadounidense durante seis meses de negociaciones que condujeron al anuncio del 1 de julio sobre la reapertura de embajadas.

En el salón de protocolo del segundo piso del edificio, el Ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez Parrilla, habla a los asistentes y al mundo, que siguen en vivo esta ceremonia por la señal de APTN.  

Los enviados especiales de Cubadebate darán cobertura en vivo la ceremonia, y luego al encuentro oficial entre el Canciller Bruno Rodríguez Parrilla, y su par estadounidense, John Kerry, en el Departamento de Estado.

En breve, más detalles.

(Noticia en construcción)


La tarja en la fachada de la misión diplomática de Cuba. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate


POSIBILIDADES Y LÍMITES DEL PODER ELECTORAL

Jorge Gómez Barata

La evolución de la situación política en varios países latinoamericanos, así como en Grecia y España, evidencia no sólo el avance de una nueva izquierda que, mediante inteligentes maniobras, se apropia de preceptos de la democracia liberal que parecían obsoletos, sino también las complejidades de un momento político emergente.

La coyuntura, caracterizada por el acceso al gobierno por vía electoral de figuras representativas de las causas populares en el pasado reciente, asociadas a proyectos políticos insurgentes, movimientos sociales, u otras estructuras, permite el inicio de transformaciones revolucionarias por su  contenido y su finalidad, aunque por lo general, no facilitan cambios radicales inmediatos.

La vía electoral supone un compromiso con las reglas vigentes, creadas doscientos años atrás para permitir, incluso auspiciar, el cambio periódico, también llamado alternancia de los gobiernos, y a la vez mantener intacto el sistema y las bases de la estructura de la sociedad y del estado, entre otras la propiedad, el poder mediático, y las libertades básicas asociadas al liberalismo. 

Es cierto que la izquierda puede modificar alguna de esas circunstancias que deben ser cambiadas, para lo cual necesitan tiempo, programas viables, y consensos no sólo electorales, difíciles de lograr utilizando apremios y  breves plazos. En uno o dos períodos presidenciales puede cambiarse mucho, aunque no pretenderlo todo. El maximalismo es enemigo de la gradualidad imprescindible.

Lo que para fines de exposición he llamado poder electoral, basado en la utilización de la vía de las urnas para asumir el gobierno, confiere a las nuevas izquierdas una popularidad y una legitimidad institucional que nunca antes tuvieron, ello no cambia de inmediato ni a cortos plazos las estructuras sociales, la posición de las clases, ni las correlaciones de fuerza reales.

Las elecciones conceden a la izquierda mayorías cuantitativas que les permite ganar y avanzar de trecho en trecho sin excesiva prisa. Los que votan, se manifiestan, y eligen a los presidentes, no son los mismos que manejan las empresas, los medios de difusión, los bancos, comandan las fuerzas armadas, ni la policía y no son los dueños del capital. Esa realidad no paraliza la izquierda aunque la modera.

La experiencia de Syriza y de Alexis Tsipras en Grecia, evidencia que la izquierda necesita adquirir conciencia de su enorme poder y de sus grandes posibilidades, pero también de sus límites.

La popularidad de sus consignas y  sus programas, incluso la mayoría electoral, proporciona una base para emprender cambios estructurales, pero no las herramientas para realizarlos con la urgencia de las revoluciones del siglo XX, que debutaban barriendo con el poder político, económico y mediático de las clases derrotadas.

En Grecia, entre otras cosas, los compromisos estatales adquiridos por la burguesía neoliberal comprometieron a la nueva izquierda, que desde el gobierno puede cambiarlos, pero necesita tiempo y no poco.

No hay nada en contra de que en la nueva situación se utilice el término de revolución, pero es más apropiado el de evolución. Para no ser rehén de sus consignas y programas, la nueva izquierda necesita de un realismo que los procesos más maduros en América Latina saben cultivar. Allá nos vemos.

La Habana, 20 de julio de 2015


DE NUEVO UNA EMBAJADA CUBANA EN WASHINGTON

Por Pedro Martínez Pírez

Cincuenta y cuatro años, seis meses y diecisiete días después de la ruptura de relaciones diplomáticas ordenada por un presidente republicano Cuba vuelve a estar representada desde este lunes 20 de julio, a nivel de Embajada, en la capital de los Estados Unidos.

La decisión de restablecer las relaciones diplomáticas fue anunciada al mundo el pasado 17 de diciembre por los presidentes Raúl Castro, de Cuba, y Barack Obama, de Estados Unidos, quienes dieron inicio a un proceso histórico que ahora se cumple en su primera etapa.

La importancia que Cuba concede al acto de este lunes en Washington, donde se efectuará la ceremonia de apertura de la Embajada en el mismo edificio que históricamente ha ocupado la representación diplomática cubana, se puede constatar mediante la simple lectura de los nombres de las personalidades que acompañan al canciller Bruno Rodríguez.

En Washington están desde el famoso cantautor Silvio Rodríguez y los notables intelectuales Miguel Barnet y Eusebio Leal, hasta la atleta paralímpica Yudinis Castillo, campeona mundial de Atletismo.

Pero también figuran entre los acompañantes del Canciller Bruno Rodríguez los ex diplomáticos Ramón Sánchez Parodi, Isabel Allende y Ricardo Alarcón.

La inclusión  en la comitiva cubana de Sánchez Parodi, quien fue el primer Jefe de la Oficina de Intereses de Cuba en Washington, nos permite recordar que en 1977 el presidente demócrata James Carter, hizo un significativo esfuerzo por normalizar las relaciones con Cuba. Esa acción diplomática de hace 38 años sirve de sólido antecedente al paso dado ahora por el también demócrata Barack Obama.

Pero como bien ha recalcado el presidente Raúl Castro el restablecimiento de relaciones diplomáticas es solamente el primer paso en el largo y complejo camino hacia la normalización de los vínculos entre los dos países, que exige el levantamiento del bloqueo económico, comercial y financiero y la devolución del territorio que Estados Unidos ocupa desde hace más de un siglo en la oriental provincia cubana de Guantánamo.

Hay otras muchas demandas en la agenda cubana, y seguramente alguna que otra en la de Estados Unidos, en el complicado proceso hacia la plena normalización, pero Cuba ha reiterado su convicción de que ambos países pueden cooperar y coexistir civilizadamente, en beneficio mutuo, por encima de las diferencias presentes y futuras, y contribuir con ello a la paz, la seguridad, la estabilidad, el desarrollo y la equidad en nuestro continente y el resto del mundo.

El principio básico es que todo el proceso hacia la normalización se asiente en el derecho internacional y en la igualdad soberana de las naciones.

La Habana, 20 de julio de 2015