viernes, 22 de mayo de 2015

SAN ROMERO DE AMÉRICA, ¡QUÉDATE CON NOSOTROS!

Rodolfo Cortés Calderón

¡QUÉDATE CON NOSOTROS!, fue la frase que los discípulos del JESUCRISTO encarnado pronunciaron camino a Emaús cuando a mediados del siglo I de la era cristiana, el Resucitado les hablaba con tanta propiedad que sintiéndose encantados  aún no se habían enterado que era Él (Lucas 24, 28-29).

Es necesario también conocer algunos detalles históricos de aquellos tiempos, como por ejemplo, que JESUCRISTO y sus doce apóstoles, como judíos que eran, profesaban la religión judaica de práctica monoteísta, pero el CRISTIANISMO, aunque creyente en un solo Dios y en la Trinidad, según los Hechos de los Apóstoles, rechazaba la mayoría de los conceptos del Judaísmo. De allí su nueva propuesta, la Buena Nueva, el Nuevo Testamento.

Con lo sucedido en la calzada de Emaús, los primeros cristianos ya tenían la premonición que tres siglos después el Imperio Romano los despojaría de su doctrina de fe y hasta de su práctica ejemplar de vida cristiana, imponiendo el pensamiento judaico-cristiano que no compartían los paulinos. Desde entonces, el cristianismo primitivo perdió su esencia y fuerza, por eso hoy es lo que es.

Esta es la realidad del cristianismo que a finales del siglo III y principios del siglo IV fue sometido, después de una brutal persecución, terror y asesinatos de los cristianos de los siglos I y II por parte de los emperadores romanos y desde entonces todas las iglesias cristianas viven apegadas al poder imperial vigente, pero con más agresividad en el  último siglo (1910-2015) con  el imperialismo globalizado mundial.

Este es el mismo temor de los cristianos de Latinoamérica y del Mundo, que con la beatificación de monseñor ÓSCAR ARNULFO ROMERO Y GALDÁMEZ el actual poder imperial con las iglesias aliadas a la plutocracia  utilicen a SAN ROMERO para sus fines confesos de dominación. Por eso temen que subir a los altares al Pastor ROMERO puede  ser motivo para alejarlo de sus ovejas oprimidas, hambrientas, despojadas y martirizadas del mundo.

No se debe permitir que a nuestro SANTO ROMERO lo acapare y lo secuestre la oligarquía o el poder jerárquico de las iglesias; lo coronen de oro y plata; lo vistan con ropas suntuosas; lo envuelvan con flores multicolores y delicados perfumes; lo conviertan en una estatua de cemento, yeso o madera; lo mercantilicen como negocio; lo rodeen de cirios o incienso o se gasten en su nombre toneladas de pólvora en su fiesta. Hagamos que SAN ROMERO viva siempre encarnado en los pueblos centroamericano, latinoamericano y del mundo y que siga siendo lo que siempre fue-- un profeta con olor a pastor al servicio de sus ovejas-- denunciando por nuestra boca la injusticia, construyendo la paz, defendiendo la libertad y promoviendo el desarrollo y bienestar de la humanidad.

Este sábado 23 de mayo, medio millón de personas provenientes de todo el mundo cristiano y no cristiano, según cifras de los organizadores, llegarán hasta la avenida y  plaza de ´El Salvador del Mundo´, en San Salvador, a dar gracias al Dios de la Vida  por el ejemplo de este mártir que nos dejó como otros queridos santos y santas, el mejor testimonio de servicio a los más necesitados, despreciados, perseguidos y marginados, hasta el martirio de muerte, por la redención de su pueblo.

SAN ROMERO DE AMÉRICA, quédate con nosotros, quédate con tu pueblo que te necesita y líbralo de todos los males modernos, principalmente  de las oligarquías, el imperialismo neoliberal globalizado y terrorista y las iglesias manipuladoras y capitalistas.

HONDURAS, 20 de mayo 2015.


GUATEMALA: INDÍGENAS Y CAMPESINOS INDIGNADOS EXIGEN LA RENUNCIA DEL GOBIERNO Y PLANTEAN UN PROCESO DE ASAMBLEA CONSTITUYENTE POPULAR

Ollantay Itzamná

“El Estado ha colapsado. Todas sus instituciones más importantes están corrompidas. Así no podemos vivir. Necesitamos una nueva casa para todos. Vamos construir una nueva Guatemala a través de un proceso constituyente popular plurinacional”, plateó Telma Cabrera, indígena mam, Presidenta del Comité de Desarrollo Campesino (CODECA), ante una multitud de indignados movilizados del campo a la ciudad exigiendo la renuncia del Gobierno y la refundación del Estado.

Mariano Caal, joven indígena q’echí, mientras nos comparte una tortilla amarilla de maíz nuevo, en el Parque Central, nos dice: “Venimos como 200 personas de nuestro Municipio San Luis, Petén. Salimos ayer a las 8 de la noche, y llegamos hoy a las 4 de la madrugada. Entre todos, incluyendo quienes no vinieron, tuvimos que ajustar Q. 125.00 por persona para el bus. Y aquí estamos. Nos vamos felices. Es la primera vez que sentimos aceptación en la ciudad y en las radios,(…)”.

Y efectivamente, esa otra Guatemala (que vive indignada y excluida desde hace mucho tiempo atrás), proveniente de 20 departamentos, irrumpió, el 20 de mayo, en la ciudad capital, y por cuatro columnas diferentes, ingresaron serpenteantes directo hacia el corazón político de Guatemala, (Parque Central), bajo la consigna de: “Fuera políticos, empresarios y militares corruptos. Vamos por un proceso de Asamblea Constituyente Popular y Plurinacional”.

Esta multitud de “no ciudadanos”, estigmatizados y criminalizados (como ladrones de energía eléctrica) por el gobierno actual, no portaban la bandera nacional, ni cornetas. Ingresaron a pie, no en automóviles. Llevaban mantas y rústicos equipos de sonido para gritarle a la ciudad: “¡Capitalinos, despiértense!. ¿O están de acuerdo con seguir teniendo de gobernante a los ladrones como Otto Pérez Molina?, decía otro maya casi analfabeto en su intervención.

Rostros curtidos por el empobrecimiento y la exclusión, con miradas fijas en la esperanza de un nuevo amanecer, por cerca de dos horas, ocuparon con sus cuerpos, estéticas y aromas diferentes, el histórico y “castizo” Parque Central de la capital (lugar prohibido para sus antepasados). Desde un estrado móvil improvisado, y en diferentes idiomas, exigieron la renuncia del Gobierno de “Mano Dura” (ahora, tambaleante por pestilentes actos de corrupción) y la creación de un nuevo Estado.

Mientras, la multitud del campo y de la ciudad, coreaba enérgica en repudio al sistema político: “No somos de la derecha, ni de la izquierda neoliberal. Somos los de abajo y venimos por los de arriba”.

Los acogieron en la ciudad, pero el racismo es evidente

En un contexto de creciente indignación citadina ante la putrefacción del sistema político, la presencia de “esta multitud de anónimos indeseados” en la capital cayó como lluvia fresca para la nueva primavera que se anuncia en el país.

De hecho, el acto más sublime que observadores externos celebramos en esta protesta indígena campesina fue el recibimiento/apoyo presencial de vecinos y estudiantes de las universidades a las y los indignados ninguneados. Un verdadero acto simbólico performativo del “ensamblaje” urgente de la indignación del campo y de la ciudad para dinamizar lo nuevo que aún está por nacer en este país de fugases primaveras eternas.

Como no podía ser de otra manera (en una sociedad configurada por el rancio racismo y en la estigmatización irracional), algunos medios de comunicación estigmatizaron esta movilización/protesta indígena campesina como un acto “incómodo” que “complicaría” el cotidiano fluir de la ciudad.[1] Incluso con imágenes falsas anunciaron bloqueo nacional de caminos que no ocurrió.[2]

Lo que indiscutiblemente confirma el racismo mediático es que ningún medio de comunicación le puso atención a la propuesta indígena campesina en esta coyuntura de protesta e incertidumbre nacional. Ellos/as gritaron sus propuestas a voz en cuello. Incluso lo difundieron mediante un boletín impreso. Platearon cambios estructurales puntuales para el sistema político, económico, jurídico, cultural, tierra-agua, etc.

Pero, Guatemala es aún un país colonizado donde lo que se dice vale por quién lo dice, no por el mensaje en sí. Al indígena campesino se tolera su presencia incómoda, pero prestarle atención a sus propuestas (mucho menos si plantea cambios estructurales), eso jamás. Esto sería ir en contra del dogma oficial: Indígena no es sujeto. Es objeto de la caridad. No tiene derechos. Sólo obligaciones.

Pero, después de todo, como bien lo resumió otro de los oradores mayas, ahora se sabe quién es quién: “Uds. saben lo que nosotros ya sabíamos. Ellos son los ladrones, los delincuentes, que ahora se esconden. A nosotros, cuando defendemos derechos nos acusan de ladrones, nos encarcelan y nos matan”, concluyó el indígena indignado.





San Romero de América

Por la Secretaria General de la OSPAAAL
durante el acto de presentación del Suplemento Especial de Resumen Latinoamericano que rinde homenaje a su memoria

El 24 de marzo de 1980, sicarios al servicio de escuadrones de la muerte acribillaron a balazos al Arzobispo de San Salvador, Óscar Arnulfo Romero y Galdámez.

Aquel estremecedor magnicidio tuvo lugar en el contexto de una sangrienta represión y de la guerra impuesta por la poderosa maquinaria de la reacción oligárquica subordinada al imperialismo --empeñados, oligarquía e imperialismo, en preservar su opulencia con las manos ensangrentadas y el alma prostituida por la maldad y el egoísmo-- a la que el pueblo salvadoreño opuso una heroica guerra popular revolucionaria.

La naturaleza política del magnicidio de Monseñor Romero no suscitó ninguna duda. Las homilías del prelado eran categóricas denuncias a las permanentes y flagrantes violaciones a los derechos humanos, a la miseria y penurias de la mayoría desposeída, a los asesinatos selectivos y a las masacres que acontecían cotidianamente.

Su opción por los pobres, por la Patria entendida como pueblo, su acompañamiento y defensa de los despojados de todo derecho al bienestar, la justicia social y la dignidad, la evolución y radicalidad de su pensamiento en dirección a la afirmación “el sistema debe ser cambiado de raíz” signaron su sentencia de muerte.

Monseñor Romero fue un hombre tan leal al Evangelio como a los pobres, tan profunda y sinceramente cristiano como revolucionario en sus expresiones de humanismo y resistencia. Tal consistencia y dimensión de la fe no lesiona un ápice su santificación, la reafirma; no tiene que suscitarnos ningún pudor político, mayúsculamente político fue su martirologio.

Su andar hacia el altar de los santos, que concluirá mañana 23 de mayo de 2015 a las 10 am en la Plaza Salvador del Mundo, regocija a la Patria Grande en un momento absolutamente inédito de nuestra historia contemporánea común, rumbo a la verdadera emancipación. Obviamente de este momento único, que estamos obligados a defender y a favorecer su avance en unidad, es emblemático el Papa Francisco, el primer pontífice nuestroamericano.

La beatificación de Monseñor Romero constituye una sensible reparación histórica a 35 años de su asesinato. No me atrevo a afirmar, y lo expreso muy respetuosamente, que se trate de un acto de justicia. Los autores intelectuales y materiales, directos e indirectos, de su crimen y de las 75 mil vidas salvadoreñas arrancadas siguen en deuda con ese pueblo querido y con todos nosotros.

A partir de mañana, San Romero de América, inmortal, acompañará nuestras penas y glorias con la misma devoción que caracterizó su desempeño, invocaremos su firmeza y serena sabiduría si las nuestras no fueran suficientes, velará por el futuro de nuestros pueblos desde el pedestal más alto, el de todos los humanos que han ganado tal condición con su compromiso de vida.

La actividad fue convocada por la Embajada de El Salvador en Cuba,
el Comité Internacional Paz, Justicia y Dignidad, y la Organización de Solidaridad de los Pueblos
de África, Asia y América Latina (OSPAAAL) en la víspera de la beatificación de Monseñor Romero.
Tuvo lugar en la Casa del ALBA Cultural de La Habana, en la tarde del 22 de mayo de 2015


POLITICA EN ZONA DE CONFORT

Jorge Gómez Barata

En una misma generación, los cubanos vivieron el entusiasmo y las tensiones del triunfo de la Revolución, su obra social y el inicio de la construcción del socialismo. La esperanza fue contrastada por el despliegue de hostilidad de los Estados Unidos con bloqueo, invasión contrarrevolucionaria, acciones terroristas y éxodo migratorio y por la sorprendente exhibición de solidaridad de la Unión Soviética. 

Así crecieron y nacieron las tres cuartas parte de los cubanos que, entre victorias y reveces, consumaron sueños o pospusieron metas. Todo ello en medio del inevitable trauma de la división de las familias, no sólo por fronteras geográficas sino también ideológicas y que cada hogar vivió en una intimidad perturbada por manipulaciones políticas de los sentimientos filiales y religiosos.

El fin del socialismo en Europa y la desaparición de la Unión Soviética dieron lugar a una crisis económica sin precedentes, esta vez acompañada por una zaga de frustraciones doctrinarias. A la zozobra se unió la precariedad económica. En la coyuntura las administraciones norteamericanas fueron implacables y el bloqueo fue judicializado por las leyes Torricelli y Helms-Burton.

Un energúmeno, que alguna vez fue un intelectual progresista, pidió en Miami tres días de licencia para matar. Afortunadamente, en los años noventa, a la exigua izquierda de la emigración y las personalidades representativas de los cubanos en el exterior, con los  cuales se había iniciado el diálogo, se unieron los moderados y algunos radicales que desandaban el camino sumándose a los que creyeron que el país y la nación son prioritarios. Sobre enormes desavenencias comenzó el tendido de puentes.

La resistencia se convirtió en un programa político destinado a salvar lo que pudiera ser salvado y sobre todo a no claudicar. Fidel Castro se aferró al timón y llamó a levantar la boga. No sabía para donde iba exactamente la nave, pero no era para atrás. En la coyuntura el cantor más ilustre de la gesta usó la licencia concedida a los poetas y  dignificó  la necedad.

Por un extraño giro que ningún manual puede explicar, de la crisis surgió en América Latina una nueva izquierda, que no solo habló y prometió, sino que se hizo con el poder y lo uso para revivir la meta socialista. Una camada de líderes, jóvenes competentes y legitimados por millones de votos, sin predicar contra la violencia o la lucha de clases, eligieron las urnas. Hugo Chávez regresó del “por ahora” y en Venezuela, Brasil, Argentina, Bolivia, Ecuador, El Salvador las masas votaron por el cambio y en todas partes las oligarquía fueron desplazadas y los neoliberales contenidos.

Sorpresivamente, cuando la generación histórica llega al final de su ciclo protagónico y que se le sumaron al principio entran en tiempo de descuento, la política se asoma a nuevas dimensiones. El 17 de diciembre cambió el escepticismo por la esperanza. Nadie regalará nada a los cubanos, pero los dejaran hacer. Estados Unidos puede proseguir con su plan y los cubanos no abandonaran el suyo. Siempre que lo hagan de modo pacífico, es plan contra plan, no fusil  contra fusil.

Si lo que quieren es comerciar, que compren y vendan, si es viajar que lo hagan y si divertirse, felicidades. Si lo que desean es ayudar, nadie le dará un portazo. Cuba pide poco  y no demanda nada que no merezca. Respeto, tal vez alguna reparación y ser tratada conforme a derecho, como los demás y que se practique la reciprocidad.

La diplomacia criolla luce competente y la dirección política esclarecida y responsable. La Iglesia criolla y el papa bendicen y auspician y el presidente norteamericano se suma a los críticos del bloqueo. Con los cañones enfundados y bajo buenos augurios, celebran la tercera ronda de conversaciones. La promesa es de éxitos. 

Son bienvenidas las alertas pero innecesarias las advertencias que promueven más desconfianza. Raúl, Obama y el Papa saben lo que hacen. Críticos hay y son poderosos. Una mesa de negociaciones no es un campo de batalla sino una zona de confort político. Allá nos vemos.

La Habana, 22 de mayo de 2015