martes, 24 de febrero de 2015

Habanos S.A. responderá a demanda del mercado norteamericano

TRABAJADORES - 23 febrero, 2015 • 20:38 por Ana Margarita González

Foto: Roberto Carlos

Si el mercado norteamericano se abriera para el tabaco cubano, Habanos S.A. responderá con un programa de desarrollo que cada año tiene en cuenta la demanda internacional, y podría ganar entre el 20 % y el 30 % de la cuota del comercio del producto durante los primeros años en ese país, afirmó Jorge Luis Fernández Maique, vicepresidente comercial de la entidad, durante la conferencia inaugural de la XVII edición del Festival del Habano.

Se refirió a que han tenido competidores importantes en el mercado europeo, y han mantenido la cuota por encima del 70 %; al final hemos salido fortalecidos. No abandonaremos ningún mercado porque entremos al norteamericano, enfatizó.

Javier Terré, vicepresidente de desarrollo de Habanos S.A. especificó que si se aplican las primeras medidas anunciadas y cada visitante puede importar a Estados Unidos hasta 100 dólares entre tabaco y ron, eso ayudará a extender la cultura de los puros, multiplicaría las marcas que se comercializarían legalmente en ese país y ampliaría el conocimiento del producto en el público general.

“Nunca vamos a renunciar a la calidad para satisfacer la demanda”, precisó Maique, y sentenció que “si somos líderes en el mercado de este producto es porque desde hace 500 años se han preservado los valores organolépticos  y la cultura de obtención de la hoja”.

En la conferencia se conoció que hoy existen 147 puntos de venta en todo el mundo (excepto en Estados Unidos), conocidos como Casas del Habano, las cuales se incrementarán en la misma medida que aumente la demanda del producto en regiones potencialmente nuevas como es Asia-Pacífico.

Este año, el Festival del Habano anuncia una variada programación, que va desde la visita a las vegas vuletabajeras, a las fábricas, así como la realización de actividades culturales con reconocidas figuras del ámbito nacional, la subasta de humidores y la premiación de los hombres habanos en las categorías de producción, negocios y comunicación.

En la jornada vespertina del primer día del evento, quedó inaugurada la Feria Comercial asociada, que iene 67 stand y 800 metros cuadrados de espacio ocupado, el mayor de todas las realizadas hasta la actualidad.

Inocente Núñez Blanco y Luis Sánchez Harguindey, cortaron la cinta inaugural, el público brincó con champaña por esta festival y los visitantes recorrieron la amplia muestra, que al decir de Hernán Aguiar, presidente del Grupo Tabacuba, no es solo de tabaco sino también de arte, música, moda, ron, café y otras manifestaciones.

Durante el 2014 Habanos S.A. ingresó más de 439 millones de dólares, similar al año anterior, pero con un porciento menos en la cuota de mercado, lo que reafirma la fortaleza de este producto genuinamente cubano.

Mañana, los más de mil 650 invitados al festival (más de 60 países) recorrerán las vegas de tabaco de San Juan y Martínez y San Luis, en Pinar del Río y en horas de la tarde habrá una cata especial en el Palacio de las Convenciones, sede tradicional del evento.


Es la ciencia, estúpido*

La pupila insomne -  Iroel Sánchez -  20 febrero, 2015

A raíz de los acontecimientos generados por los acuerdos que el 17 de diciembre anunciaron los gobiernos de Estados Unidos y Cuba, un verdadero aluvión de análisis, augurios y consejos se ha desatado en publicaciones, medios de comunicación y espacios de la web.

Como casi siempre, ha existido más opinión que ciencia, más suposiciones en el aire que verdades probadas en la historia y los documentos. Es en ese contexto que llega esta presentación de la segunda edición del libro De la confrontación a los intentos de “normalización”. La política de los Estados Unidos hacia Cuba, de Elier Ramírez y Esteban Morales.

Alguien podría pensar que este libro llega tarde o que se ha desactualizado después del 17D pero el hecho de ser verdadera ciencia histórica, hace de este volumen algo que perdurará.

Elier y Esteban, como dice Ramón Sánchez Parodi en su prólogo al libro, son un “binomio cubano” con “vivencias y experiencias conjugadas”. Pertenecen a generaciones distintas que han vivido las confrontaciones entre Cuba y Estados Unidos desde circunstancias que distan de ser las mismas pero con un rigor científico y una lealtad a la verdad histórica que los ha unido para bien de nuestra historiografía.

Sánchez Parodi, con su prólogo,  aporta a lo que llama una “obra singular” un documentado recorrido histórico que demuestra que desde su nacimiento como nación independiente nuestro vecino del Norte se ha opuesto a la existencia de Cuba en similar condición. El hecho de que Parodi haya sido el primer jefe de la Sección de Intereses de Cuba en Estados Unidos, en septiembre de 1977, y haber permanecido allí hasta abril de 1989, lo convierte en un protagonista cercano de la obra que prologa pero también demuestra que la visión de la diplomacia cubana sobre el tema no es coyuntural sino con profundas raíces históricas.

Ese conflicto esencial -hegemonía vs soberanía- es el que abordan Esteban y Elier en las casi 700 páginas de este volumen, cuya extensión no le resta amenidad, y explica por qué la palabra normalización lleva comillas en el título del libro. Como acaban de reconocer tanto el presidente Barack Obama como su actual negociadora con Cuba, Roberta Jacobson, la “normalización” a la que aspira EE.UU. es transformar los métodos pero no el objetivo, que sigue siendo un cambio de régimen en la Isla.

A lo largo de esta historia, enviados secretos, memorándums, mensajes de presidente a presidente a través de periodistas, empresarios, diplomáticos y funcionarios de los servicios de inteligencia no permiten el aburrimiento en una trama que aún no ha terminado.

Con énfasis en las etapas de los presidentes Kennedy, Ford y Carter, el libro incluye la aguda visión del primero de las causas económicas y sociales que fecundaron la Revolución cubana y su visión del error de Estados Unidos al actuar como sustento del dictador Batista. Las impresiones de Nixon –siendo Vicepresidente de Eisenhower-  sobre su encuentro con Fidel, el acercamiento –ya de la administración Kennedy- al Che en Punta del Este, pensando en un “desmembramiento dentro de la dirección cubana”, inician una cadena errores, distorsiones e interpretaciones equívocas en la parte norteamericana que llegan hasta hoy.

Si Arthur M. Schlesinger lo recoge en Los mil días de Kennedy, citado en el libro al reconocer el fracaso en Playa Girón -“Fidel resultó ser un enemigo mucho más formidable y estar al mando de un régimen mucho mejor organizado de lo que nadie imaginó”-, la constante aquí es el sucesivo “descubrimiento” por las distintas administraciones estadounidenses de la autenticidad y capacidades del liderazgo revolucionario cubano.

Los documentos y entrevistas prueban el repetido error de ver en Cuba un “satélite” de la Unión Soviética. Ello impidió tanto a Kissinger como a Ford, Carter y Brzezinski comprender que no podían lograr de la dirección cubana concesiones a partir de su solidaridad con los pueblos de África o con la causa de la independencia portorriqueña. Algo poco abordado en otras obras y aquí muy presente es la obsesión estadounidense con la lealtad cubana a Puerto Rico, una posición que se remonta a José Martí y su Partido Revolucionario Cubano y que presiones y ofertas estadounidenses no han logrado mover un milímetro como acaba de ratificar el presidente cubano, Raúl Castro, en la Cumbre de la CELAC en Costa Rica.

La relación cubano-soviética fue mejor comprendida por Robert Pastor, miembro del Consejo de Seguridad Nacional a cargo de América Latina y el Caribe, quien escribió a Brzezinski el 19 de julio de 1979:

“…los cubanos empujan y halan a los soviéticos hacia posiciones de mayor riesgo, que las que normalmente el viejo liderazgo soviético se hubiera aventurado a pisar. Los cubanos no son marioneta de nadie”.

A la vez, el libro, refleja la ausencia de raíces históricas del actual discurso estadounidense que dice preocuparse por los derechos humanos en Cuba, no sólo por lo que dijo Kennedy sobre Batista. La introducción inicial de este tema en la política exterior norteamericana ocurrió durante la administración Carter. Entonces, las exigencias de Washington estuvieron asociadas sólo a dos puntos: las visitas familiares de los cubanos en el exterior y la liberación de presos por acciones terroristas y salidas ilegales, nunca al ordenamiento político y social cubano.

Antes, en el primer encuentro secreto durante la administración Nixon, el principal asesor de Kissinger en el Departamento de Estado, Lawrende Eeagleburger, planteó que en las negociaciones “no pedirían que Cuba desistiera de su estructura interna o método de gobierno”. Frente a eso, el discurso de la administración Obama sobre el socialismo cubano resulta más injerencista que el de Nixon y Carter juntos. Peor quedan los satélites -esta vez sin comillas- nacidos en esta Isla que a raíz del 17D piden a Cuba “avanzar hacia una economía de mercado” con  “liberalización política”.

Del otro lado, la investigación de Elier y Esteban prueba que -contrario al discurso constante y actual de los medios de comunicación- nadie ha buscado más un modus vivendi entre Cuba y EE.UU., nadie le ha dedicado más tiempo a conversar con los políticos estadounidenses, ni ha utilizado más y mejor la prensa estadounidense con ese objetivo que Fidel Castro. En este último punto, destaca la intensidad y agudeza con la que Fidel se relacionó con los principales periodistas de las televisoras estadounidenses durante el gobierno de Carter.

En el mismo período se hace evidente la articulación de los medios de comunicación estadounidenses con los interesados en dañar cualquier posibilidad de acercamiento con Cuba, particularmente cuando mejores posibilidades se abrieron, durante la administración Carter. Las sucesivas crisis artificiales generadas por el ala hostil que encabezó el Asesor para la Seguridad Nacional Zbigniew Brzezinski (Shaba I, Shaba II, Mig 23, y Brigada Soviética) hubieran sido imposibles sin una prensa que no verificó ni profundizó en las mentiras provenientes del gobierno de EE.UU. Punto y aparte merece la visión del Departamento de Estado y su Secretario Cyrus Vance -con una comprensión mucho más objetiva- que terminó siendo derrotada ante el anticomunismo militante de Brzezinski que veía soviéticos en todas partes y si no los veía, los inventaba.

Esta obra, con su aparato de notas, su cronología, su testimonio gráfico, sus traducciones de 62 documentos estadounidenses desclasificados, su consulta de 31 documentos del Consejo de Estado y el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, así como las entrevistas a 16 expertos y protagonistas de ambos países, constituye una herramienta muy completa que sirve tanto al lector común como al especialista.

Otra virtud, es la de colocar siempre los acontecimientos en contexto, ubicando el conflicto en los acontecimientos internacionales que se relacionan con ambos países y también la situación interna que en cada caso ayuda a explicar determinadas posturas de los gobiernos, resumiendo en puntos o plecas factores regionales o nacionales, en la economía y la política, que condicionan sus comportamientos.

Aquí los personajes principales son retratados con sus emociones y autenticidad. “Fidel estaba encabronado” con la invasión soviética a Afganistán, nos dice José Luis Padrón, entrevistado por los autores. Igualmente, los detalles de los lugares, los horarios y los antecedentes de los protagonistas dan color a los acontecimientos

El “Epílogo necesario” y “Una última actualización” tienen el mérito de haberse adelantado meses, casi con un 100% de certeza, a lo acontecido el 17D y a las posteriores declaraciones de ambos gobiernos. Sus últimas palabras están ahí, inquietantes y reales:

“los cambios serán creíbles porque lograr que Cuba los acepte será también parte de la nueva estrategia. Pues en la medida en que Cuba acepte que los cambios son reales, ello será condición sine qua non, para que entremos confiados en el área de influencia de Estados Unidos”

“Cuba no debe variar su estrategia, que no es para hacer daño a nadie sino para evitar que le hagan daño. Cuba debe continuar trabajando incansablemente por su fortaleza interna.”

Pero nada permite comprender mejor las “razones” de la política norteamericana respecto a Cuba que el memorándum que Pastor y Peter Tarnoff, Secretario Ejecutivo del Departamento de Estado, escribieron a Carter el 17 de junio de 1980:

“…el argumento principal contra el levantamiento del embargo sigue estando relacionado con la credibilidad. Durante tres años dijimos que necesitábamos que Cuba avanzara en alguna medida respecto a una serie de temas internacionales antes de que nosotros diéramos ese paso. Darlo en ausencia de cualquier señal positiva de Cuba equivaldría a demostrarle al mundo que los Estados Unidos no son consecuentes.”

La nota al pie de los autores sobre esas palabras, ha resultado ser premonitoria y por sí misma vale este libro e ilumina el acontecer de estos días:

“Esta posición puede dar una idea a los cubanos, acerca del día que los Estados Unidos levanten el bloqueo a la Isla no lo van a hacer porque reconozcan el carácter genocida de esta política, o por tener un gesto positivo hacia la Isla, sino porque considerarán que el levantamiento podría servir para destruir a la Revolución cubana por vías más sutiles de agresión cultural o porque el rechazo internacional pese demasiado sobre sus cabezas.”

Gracias a Elier y Esteban por unir acuciosidad, rigor y compromiso con la verdad en un libro que está llamado a perdurar porque, como la buena ciencia, ha sabido analizar el pasado para mostrar el futuro.

*Presentación del libro De la confrontación a los intentos de “normalización”. La política de los Estados Unidos hacia Cuba, de Elier Ramírez y Esteban Morales en la Feria Internacional del Libro de La Habana, 19 de febrero de 2015.

(Publicado en CubAhora)


Guatemala: La utopía del “movimiento” maya sin los movimientos revolucionarios

Ollantay Itzamná

Cuando la noche ya anunciaba su triunfo sobre ocaso, en el centro de la ciudad de Guatemala, me encontré, por casualidad, con dos compas cuyos nombres no recuerdo. Pero sí, los vi en otras oportunidades en medio de indígenas y campesinos, en el interior del país. Ambos venían después de tapar (bloquear) caminos en el Oriente del país, junto a los miles de indígenas y campesinos que protestaron tapando caminos en 22 puntos diferentes en  todo el territorio nacional.

A uno de ellos su vestido lo delataba como un ex combatiente guerrillero. Pantalón comando verde olivo, gorra revolucionaria y mochila de campo en la espalda. Y efectivamente, en el café, con toda naturalidad, hizo referencia a su pasado guerrillero entre los indígenas q’echís.

Sentí satisfacción especial de estrecharles la mano, y beber un café, con ellos dos. De los pocos ex combatientes que sienten orgullo de su vocación guerrillera pasada, y, ahora, con la misma pasión y mística le apuestan a las acciones colectivas de los movimientos sociales. Con una perspectiva política ideológica medianamente clara y realista.

Me impactó el encuentro porque yo venía saliendo de una reunión con “representantes” indígenas del Cauca, Colombia, y algunos dirigentes indígenas mayas de Guatemala, y en mis tímpanos aún resonaba los slogans reiterados por algunos de los participantes: “Las guerrillas nos utilizaron”. “Las guerrillas no nos aportaron nada en nuestros procesos organizativos”. “Los indígenas mayas somos insurgentes desde hace más de 500 años atrás”. “Los mayas vamos a hacer la verdadera revolución”. “Los mestizos son traidores”… Chauvinismo innecesario que lejos de construir, destruye.

Con seguridad que la gran mayoría de los comandantes guerrilleros fueron machistas, racistas, clasistas y especistas. Eran marxistas. Los indígenas, sin necesidad de haber sido configurados en el marxismo, somos machistas y clasistas, mucho más si ascendemos socioeconómicamente. Ni hablar si contamos con algún título universitario.

Los actuales movimientos indígenas y campesinos más beligerantes de Guatemala, nos guste o no, en buena medida, son el legado de las organizaciones guerrilleras. No sólo porque nacieron como extensión ideológica y social de algunos grupos guerrilleros, sino porque muchos de las y los activistas/dirigentes actuales de dichos movimientos son excombatientes guerrilleros. Por ejemplo, el Comité de Desarrollo Campesino (CODECA) tiene entre sus activistas/integrantes a varios ex combatientes de varios grupos guerrilleros (desperdigados con la firma de los Acuerdos de Paz), junto a indígenas y campesinos. Incluso algunos ex integrantes de las Patrullas de Autodefensa Civil (PAC) y ex soldados del Ejército.

No es verdad que los pueblos mayas tengamos una trayectoria guerrillera de más larga data que los marxistas mestizos en el país. Si esto fuera cierto, los indígenas hace rato hubiésemos construido hegemonía política, y seríamos gobierno en el país. Nuestros abuelos mayas, durante la Colonia, nunca se levantaron contra el poder central, mucho menos contra la Metrópoli. Los motines “indios” fueron siempre en contra de patrones locales. Por eso carecemos tanto de una acumulación histórica de fuerza sociopolítica indígena de alcance nacional. En Los Andes, las historias indígenas fueron diferentes.

Si las organizaciones indígenas seguimos revictimizándonos como traicionados o utilizados incluso por las mismas izquierdas, metal y espiritualmente jamás nos decolonizaremos. Seguiremos siendo objetos de caridad de la ayuda externa. Por tanto, jamás transitaremos del folclorismo cultural a la autoconciencia política. Seguiremos tullidos, sin posibilidad de hacer florecer y compartir los legados culturales, espirituales y políticos que nuestros ancestros/as nos heredaron. No somos mejores, ni peores sólo por el hecho de ser genéticamente indígenas.
Los procesos revolucionarios, guerrilleros o no, aportaron lo necesario para el actual despertar creativo de nuestros pueblos. Que las circunstancias históricas, y nuestras configuraciones mentales, no nos permitieron convertir nuestra mayoría demográfica en hegemonía político militar incluso dentro de los mismos grupos guerrilleros, es otro asunto. Yo no puedo imaginar el actual proceso de cambio boliviano sin el aporte de la izquierda clase mediera, incluso ex guerrillera, que corporiza el Vicepresidente, Álvaro García Linera y otros.

Quienes de buena fe impulsamos procesos de cambios trascendentales desde las comunidades y las regiones con perspectiva nacional, debemos reconocer nuestra condición de subalternidad compartida con quienes no son indígenas, y apostar entre todos/as a construir procesos de liberación integral para la humanidad y para la Madre Tierra. Si creemos que sólo por tener facciones indígenas somos más genuinos o mejores que los demás, no somos más que ingenuos agentes reproductores del sistema contra el cual supuestamente luchamos.


Comunidades exigen nacionalización eléctrica en Guatemala

Manifestantes exigen el cese de persecución contra campesinos y líderes indígenas | Foto: Prensa Libre

TELESUR  -  24 febrero 2015

Líderes de agrupaciones campesinas e indígenas esperan además que el Gobierno ajuste el salario mínimo y frene el alto costo de la vida.

Unos 50 mil campesinos e indígenas se movilizaron el lunes entre 26 puntos de Guatemala para exigir al Gobierno, entre otras cosas, la nacionalización de la energía eléctrica, informó un vocero de las organizaciones manifestantes. 

Comunidades mayas, xincas y garífunas marcharon pacíficamente para que el Gobierno avance en el desarrollo integral, cese la criminalización y persecución de líderes campesinos e indígenas, indicó el portal web de Prensa Latina.

La movilización fue organizada por la Coordinadora Nacional de Organizaciones Campesinas, el Comité de Desarrollo Campesino y la Unión Verapacense de Organizaciones Campesinas.

El vocero de dichas agrupaciones, Rony Morales señaló que en el departamento de Alta Verapaz (norte) hubo alrededor de ocho movilizaciones, y aunque la manifestación ocasionó el colapso en varias carreteras no se presentaron incidentes que lamentar, según reseñaron medios locales.

Por su parte, Rafael Chanchavac, representante de la Coordinadora Nacional de Organizaciones Campesinas (Cnoc) agregó el deseo de los manifestantes de que el Gobierno deje sin efecto el salario diferenciado en varios municipios y cumpla con el salario mínimo general para todos los trabajadores del país.

Los manifestantes coincidieron en que el Gobierno debe frenar el alto costo de la canasta básica y garantizar un salario justo.

"Nosotros creemos en la nacionalización de la energía eléctrica porque en los pueblos más alejados se cobra un 200 por ciento por la energía eléctrica. A un campesino por mantener su casa con un poco de energía eléctrica se le cobra de 150 a 200 quetzales (de 19 a 26 dólares) al mes", precisó Morales.

Piden que se ajuste el mínimo de un día de trabajo entre 65 a 70 quetzales (de 7,95 a 9,28 dólares) y no siga a 35 quetzales (4,64 dólares), que es lo que devengan actualmente.

Campesinos e indígenas advirtieron que si el Gobierno no ofrece solución se movilizarán hasta la Casa Presidencial y el Congreso, donde se unirán a otros sectores y organizaciones que respaldan la protesta.


Hoy recibirán los Cinco el título de Héroes de la República de Cuba

Cuba por Siempre – 24 de febrero de 2015


Cuba impondrá este martes el título de Héroes de la República a cinco antiterroristas presos en Estados Unidos desde 1998, cuyos tres últimos fueron excarcelados en diciembre pasado.

Durante el acto en el habanero Palacio de Convenciones, que será transmitido en vivo por la radio y la televisión desde las 16:00 hora local (21:00 GMT), se celebrará el reinicio de la Guerra de Independencia, hace 120 años bajo la organización de José Martí, el Héroe Nacional cubano.

Los antiterroristas Gerardo Hernández, Ramón Labañino, Antonio Guerrero, René González y Fernando González fueron arrestados en Miami el 12 de septiembre de 1998 y condenados a severas penas que incluyeron la doble cadena perpetua.

René y Fernando expiraron íntegramente sus sentencias, mientras que Hernández, Labañino y Guerrero fueron liberados el 17 de diciembre pasado como parte del anunciado proceso de restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba.

Los Cinco, como se les conoció en las campañas internacionales por su excarcelación, penetraron grupos terroristas anticubanos asentados en el sur de la Florida.