sábado, 25 de octubre de 2014

LUNA LLENA EN BOLIVIA Y TODA AMÉRICA LATINA

Por Manuel E. Yepe *

Se cumplieron los vaticinios y Evo Morales ratificó que cuenta con un nivel de aprobación ciudadana jamás visto por mandatario alguno en Bolivia, al cabo de su mandato. Se convertirá Evo en el Presidente que por más tiempo haya gobernado el país del altiplano en la historia y, ciertamente, ya puede acreditársele como uno de los presidentes más exitosos en la historia de América Latina.

Morales, de 54 años, asumió la Presidencia de Bolivia en 2006 y pasó a ser el primer mandatario indígena del país y el de mayor número de seguidores de población originaria (62% del total de sus habitantes, de acuerdo con cifras del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD). La recuperación del Estado de Bolivia y la redistribución de la riqueza han sido sus metas fundamentales.

Al proclamar la victoria que le dio la voluntad popular, Morales dijo que “ha ganado la dignidad y la soberanía del pueblo boliviano”, atribuyó el triunfo a su pueblo “anticolonialista y anticapitalista” y lo dedicó a Fidel Castro, “líder histórico de la revolución cubana”, a Hugo Chávez “comandante eterno de la revolución bolivariana” y a “toda persona que lucha por la liberación de toda Bolivia”.

La victoria de Evo demostró que no tiene sentido impedir la reelección presidencial de un líder en quien la voluntad popular ratifica su confianza de manera tan evidente como en el caso de  Evo Morales. Lo antidemocrático sería imponer una limitación del tiempo de mandato que no sea la que apliquen los propios votantes en las urnas, especialmente cuando esa voluntad deriva de un ejemplar desempeño anterior en el cargo presidencial y el pueblo tiene la certeza de que el sistema electoral del país es capaz de reflejar fielmente su veredicto.

Evo Morales, su vicepresidente Álvaro García Linera  y su Movimiento al Socialismo (MAS) asumieron en 2005 la dirección de un país fragmentado, discriminado por prejuicios racistas contra las poblaciones originarias del continente y en una extrema pobreza de ninguna manera atribuible a una carencia de recursos naturales para el desarrollo, ¡todo lo contrario!

Un balance de propósitos y logros del proceso transformador que desde entonces ha encabezado Evo Morales muestra una singular combinación de la nacionalización de los recursos fundamentales del país, con amplias políticas sociales para la redistribución de la riqueza. Todo ello aparejado a un marcado incremento de las reservas financieras del país en función de tales objetivos.

Pero la conjugación revolucionaria de estos factores en el terreno económico no habría bastado para llevar a Bolivia, del rezagado lugar que ocupaba en el continente hace apenas una década, al que ahora ocupa en muchos renglones del desarrollo político y social.

Los resultados del modelo económico pos neoliberal puesto en práctica por Evo Morales resultan de la nacionalización de los hidrocarburos que permitió, en un primer momento, casi triplicar el PIB per cápita (de US$1.010 en 2005 a US$2.757) pasando las reservas internacionales del país de US$1.714 millones en 2005 a US$14.430 en 2013.

El salario mínimo se incrementó de 440 bolivianos (USD63) en 2005, a 1200 bolivianos (US$173) en 2013; a la vez que la tasa de desempleo urbano cayó de 8.1% a 3.2%, la menor tasa de todos los países de América Latina.

La pobreza extrema en Bolivia se ha reducido del 38.2% en 2005 al 21.6% en 2012. Desde 2011, Bolivia dejó de ser el país más pobre de América Latina, ahora lo es Paraguay.

La reducción de la desigualdad (medida por la diferencia de ingresos entre el 10% más rico y el 10% más pobre) que era de 128 veces en 2005, se redujo a 46 veces en 2012.

Al agradecer la confianza de su pueblo, Evo recalcó que “aquí se debatían dos modelos: la privatización y la nacionalización”. Y ciertamente la consulta electoral en Bolivia forma parte un debate mayor que tiene lugar en toda América Latina y que por estos días espera nuevas contundentes respuestas en Brasil y Uruguay.

Mediante sangrienta represión, Operación Cóndor incluida, las oligarquías y el poder continental hegemónico lograron frenar por mucho tiempo la llegada al poder de representantes verdaderos de los pueblos. Pero siempre que los pueblos latinoamericanos logran imponer una consulta popular democrática, verdaderamente libre de fraudes y manipulaciones, en aras de obtener una gobernabilidad justa, quienes resultan electos son los candidatos más fieles a los intereses populares.

La victoria de Evo enseña que, cuando son los pueblos los que deciden, en América Latina y el Caribe lo hacen por el progreso, la justicia y la independencia de cada uno y la unidad de todos.

La Habana, Octubre 25 de 2014



SIN HABLAR NADIE SE ENTIENDE

Jorge Gómez Barata

Es de perogrullo: sin hablar, nadie se entiende. El mayor obstáculo para la solución o atenuación del diferendo entre Estados Unidos y Cuba ─y para la cooperación en cualquier campo, incluido el humanitario─, no es político, ideológico o económico, es la incomunicación. Las partes no dialogan para aproximarse: el diálogo es la aproximación.

Es importante además la claridad de los objetivos. Apuesto a que, en los años cuarenta, Roosevelt y Churchill nunca se reunieron con Stalin para discutir sobre filosofía ni para recriminarse mutuamente. Su propósito era concertar acciones acerca de cómo cooperar para derrotar al fascismo y conducir la guerra en Europa y el Pacífico.

Desde hace 55 años, cuando en 1959, el vicepresidente Richard Nixon y Fidel Castro conversaron en Washington, nunca más los mandatarios de Cuba y los Estados Unidos han intercambiado ni una sola palabra.

Debido a la habitual discreción ─a veces injustificada─ no se conoce si además de los pronunciamientos de Fidel y Raúl Castro, John Kerry, el Times y algún vocero del Departamento de Estado acerca de la necesidad de cooperar para enfrentar al Ébola, existen propuestas o aproximaciones concretas que los complementen.

De no ser respaldadas por iniciativas específicas y gestiones puntuales, incluidas las de los órganos intermedios, expertos, así como personas o factores que puedan aportar ideas, incluida la prensa ─como ahora hace The New York Times─ los pronunciamientos de los líderes y altos responsables pueden convertirse en líneas de deseos o intenciones proclamadas.

Obviamente no se trata sólo de que los médicos hablen y cooperen en el  terreno donde la fraternidad se impone, sino de que lo hagan los gobernantes que para ello han de encontrarse, negociar y actuar de conjunto. ¿Lo hacen? ¿Están listos? ¿Existe una agenda? 

Cuando como ocurre entre Cuba y los Estados Unidos, apenas existen relaciones diplomáticas, prácticamente no hay vínculos científicos y académicos, las posibilidades de viajar de un país a otro para intercambios entre científicos y expertos y las posibilidades para compartir información u opiniones o participar en eventos son restringidas por medidas políticas o administrativas y cuando, incluso hablar por teléfono es una odisea, las opciones de cooperación pueden sumar cero.

De lo que se trata es de romper el círculo estéril de la incomunicación, de las prohibiciones y las reservas, deponer cualquier actitud de ganadores, y dar el primer paso. El único riesgo es recibir un portazo; no obstante, se puede reintentar y probar una vez más.

La pregunta no es a quién corresponde tomar la iniciativa, sino cual se atreve a hacerlo y quién asumirá los costos de rechazar una mano tendida, no para pedir  dádiva o favor, sino para juntarla a otras y apoyar a los que sufren. Para los que se aventuren habrá más aplausos que críticas.

La asimetría del diferendo indica que corresponde a Estados Unidos comenzar a desmontar medidas restrictivas, entre ellas la prohibición a los norteamericanos de viajar a Cuba y borrar a la Isla de las listas en que arbitrariamente ha sido incluidas. La parte cubana será consecuente y receptiva. 

En África hay personas muriendo y otras arriesgando sus vidas para salvarlos y la epidemia puede propagarse. En nombre de ellos y por su bien: depóngase la hostilidad para que la generosidad prevalezca. La cooperación rinde más que la hostilidad y la paz produce más dividendos políticos que la guerra. Allá nos vemos.

La Habana, 25 de octubre de 2014