viernes, 4 de julio de 2014

Los BRICS fundarán crearán en julio su propio banco y un fondo alternativo al FMI

RT  -  4 jul 2014 | 13:36 GMT

© REUTERS Sergei Karpukhin

Los países miembros del BRICS acordaron firmar en julio los documentos para la fundación de un banco propio de desarrollo y de un fondo de reservas monetarias.

En la VI cumbre de BRICS, que tendrá lugar en Brasil los días 15 y 16 de julio, los países miembro tienen previsto firmar los documentos de fundación del propio banco de desarrollo y del fondo de reservas monetarias, informa la agencia Itar Tass, citando la oficina de prensa del Kremlin. A la cumbre asistirá el presidente ruso, Vladimir Putin.

Además de la firma de los documentos económicos, los líderes del BRICS también conversarán sobre coordinación política y problemas de gobernación global.

La creación de un banco propio podría ser el primer paso para la creación de la moneda común. El banco financiará grandes proyectos de infraestructura, sustituyendo de esta forma al Fondo Monetario Internacional, controlado por EE.UU.

Se espera que el banco de los BRICS empiece a operar a partir del año 2016. Sin embargo, aún falta por decidir cuál será su sede. Todos los países miembros del BRICS han propuesto sus ciudades para este objetivo, salvo Brasil. Según los analistas, el candidato con más opciones es Shanghái, informa la revista 'Financial Times'.  


EL CALIFA Y EL PRESIDENTE

Jorge Gómez Barata

Noventa años atrás, como resultado de la derrota del Imperio otomano, Kemal Atatürk destituyó a Husayn Ibn, el último califa, y sobre las ruinas de más de 600 años de califato otomano, fundó la Turquía moderna. Transformada en una nación islámica, laica y democrática, a pesar de sus contradicciones internas, de problemas no resueltos, y de haberse involucrado con la OTAN, Turquía alcanzó estabilidad y progresó.    
    
En 1953, Irán quiso hacer más o menos lo mismo y eligió primer ministro a Muhammad Mossadeg, de perfil liberal perfecto: nacionalista, doctorado en París y Suiza, adversario de las concesiones petroleras a la Unión Soviética y Gran Bretaña. Por su actitud en defensa del interés nacional, Mossadeg fue destituido. No obstante, apoyado por el pueblo y la  intelectualidad el Primer Ministro prevaleció. El sha fue destituido y obligado a marchar al exilio.

En aquella excepcional coyuntura histórica, Estados Unidos reaccionó, y de modo mezquino, apoyó a las petroleras y al monarca contra el demócrata y envió a la CIA. Apresado, humillado, juzgado y condenado, Mossadeg fue apartado de la vida política y la monarquía restituida.

Sesenta años después en la universidad al-Azhar, la institución académica islámica más antigua, fundada en 970, el presidente Barack Obama reconoció el error. La disculpa llegó tarde. El avance de la democracia en Irán fue cancelado, tal vez para siempre. ¿Quién ganó?

Veinticinco años después la juventud, la izquierda, los liberales y los elementos religiosos iraníes, como parte de un poderoso movimiento popular capitalizado por la jerarquía islámica chiita, derrocaron al sha y, en lugar de una democracia se instauró una teocracia. Por tratarse de un aliado, Estados Unidos acogió al monarca derrocado, los radicales islámicos de Irán replicaron y tomaron rehenes…El resto de la historia es conocido.

 En 2003, después de castigarlo por la ocupación de Kuwait, y de liberar a la pequeña y rica satrapía mediante la Guerra del Golfo, Estados Unidos inventó una fábula asociada a armas de exterminio en masa, invadió y ocupó a Irak, destruyó la estructura estatal y política, alteró bruscamente los equilibrios confesionales e hizo ahorcar a Saddam Hussein. Todo ello para promover la democracia.

Diez años después, lo único tangible es la división del país, cuyos hijos se matan unos a otros, y la proclamación de un califato, una institución que 1382 años atrás, a la muerte de Mahoma, dividió para siempre al islam.

No me extrañaría si, algún día, el nuevo califa, Abu Bakr al- Baghdadi (el de Bagdad), presuntamente descendiente del Profeta; ataviado a la usanza de “Las Mil y Una Noches”, sea recibido por el presidente en la rosaleda de la Casa Blanca. Otros de su linaje han llegado allí. ¿Por qué no él? ¿Qué otra cosa puede hacer Obama?

El fantasma de los marines que custodiaban la embajada en Saigón colgados en los patines de los helicópteros, ronda el ambiente en Bagdad. ¡Ojalá no ocurra! A nadie conviene que el califa humille al presidente; tampoco que el mandatario haga la guerra a lo anacrónico. Nadie se extrañe que se pacten tablas. 

Parecería que la historia da marcha al revés o suma cero.  Allá nos vemos.  

La Habana, 04 de julio de 2014    

LA BATALLA POR LA SOBERANÍA CUBANA SIGLO XXI

Por Manuel E. Yepe

La agenda contrarrevolucionaria para Cuba de Washington ha estado siempre cuajada de contradicciones y absurdos destinados a justificar la erogación de fondos del erario constituido por las contribuciones de la ciudadanía estadounidense que acaban engordando bolsillos en Miami y Nueva Jersey a cambio de cierto apoyo a sectores de uno o ambos partidos que gobiernan la nación.

Es por motivo de esos oscuros propósitos que los sectores neoconservadores de la oligarquía estadounidense presionan hasta irracionales límites su hostilidad contra Cuba, acudiendo al fácil pretexto de culpar de ello a supuestas iniciativas de los grupos de presión integrados por cubanos residentes en Miami y Nueva Jersey que en realidad no disponen de esa gran fuerza política que les permita influir seriamente en la política doméstica de Estados Unidos. Estos grupos son apenas parásitos que se benefician materialmente de esa política de odio a cambio de su colaboración en inconfesables rejuegos políticos.

Si se sigue la ruta de los argumentos de Washington contra La Habana a lo largo del Siglo XX y lo que va del Siglo XXI se verá que éstos han carecido en todo momento de bases racionales y que solo a fuerza de reiteración infinita en los medios de comunicación han podido condicionar reflejos en los receptores de la propaganda.

Primero fue la campaña de condena al naciente gobierno de la revolución por la aplicación de justicia a cargo de  tribunales legalmente establecidos a los ejecutores de crímenes repugnantes durante los años de la tiranía batistiana, una demanda popular que era también promesa de la jefatura revolucionaria.

Poco después vino la demonización de la revolución por la materialización de la largamente esperada ley de reforma agraria que convirtió en propietarios de sus tierras a los campesinos que la trabajaban.

Siguieron las que condenaban las nacionalizaciones de las grandes corporaciones en manos extranjeras, la solidaridad con las luchas de los pueblos hermanos del Tercer Mundo y los vínculos amistosos con la URSS y demás países socialistas de Europa y Asía que no apoyaban la política hostil de Washington contra Cuba.

Finalmente, en clara muestra de falta de argumentos lícitos que contrarrestasen la presión neoconservadora a favor de sanciones a Cuba, Washington ha acudido a lo largo de muchos años, a la que,  en el caso específico de Cuba, es la menos creíble de todos las tachas:

la violación por el gobierno cubano de los derechos humanos de su pueblo, un tema en el que la Isla ha cultivado y afianzado de mil maneras un enorme prestigio en todo el mundo.

Washington ha incluido a Cuba en ilegítimas listas de países que no respetan la libertad religiosa, que promueven la prostitución o que practican el terrorismo de Estado, acusaciones todas por las que Estados Unidos debía ocupar el banquillo de los acusados y temas sobre los cuales La Habana es modelo de respeto hasta el extremo del sacrificio de sus propios intereses como nación.

El fracaso de tan insostenibles justificaciones esgrimidas por Washington para su insensata política contra la Isla es muestra de la incapacidad de la Casa Blanca para soportar la presión del sector neoconservador de la oligarquía, interesado en la continuidad de las sanciones a Cuba.

Las sucesivas Administraciones - incluso las que han mostrado cierta racionalidad despertando esperanzas de encontrar fórmulas para liberar a la economía y la diplomacia de su nación del lastre que significa mantener el bloqueo y la exclusión contra Cuba durante más de medio siglo- han mantenido todo ese tiempo una gigantesca campaña mediática de difamación contra la Isla dirigida a justificar la desproporcionada hostilidad contra el pequeño vecino.

Pero en múltiples confrontaciones en contextos internacionales, desde las más diversas instancias del sistema de Naciones Unidas hasta en su Asamblea General, los pueblos y sus gobiernos de todo el planeta han condenado casi unánimemente la política de hostilidad estadounidense contra Cuba y han afianzado cada vez más su confianza en la justeza de proyección internacional de la Isla. Es evidente que la tozudez de su política hostil contra Cuba le ha hecho a Estados Unidos perder la batalla diplomática contra La Habana.

En cuanto a la batalla de los medios, el periodista vasco José Manzaneda ha definido con mucho acierto los verdaderos motivos de la actuación de la oligarquía estadounidense respecto a Cuba: “En el contexto de las naciones del Tercer Mundo, en Cuba se construye  un modelo autóctono basado en la justicia social, cuyos cimientos ideológicos, sociales y económicos –propiedad colectiva, participación ciudadana, solidaridad nacional e internacional- son radicalmente antagónicos con los del sistema que conforman, representan y defienden los grandes medios de comunicación en manos del capital internacional”.

La Habana, Julio 2 de 2014