viernes, 27 de junio de 2014

Giorgio Chiellini: "La sanción es excesiva"

Giorgio Chiellini publicó un comunicado en su sitio oficial luego de conocer la sanción al "Pistolero". "Mi único pensamiento es para Luis y su familia, ya que se enfrentan a un período muy difícil", dijo.


Chiellini muestra lugar donde impactaron los dientes de Suárez. Foto: Reuters

OVACIÓN MUNDIAL - vie jun 27 2014 09:05

A continuación, el comunicado:

Ahora dentro de mí no hay sentimientos de alegría, ira o venganza en contra de Suárez por un incidente que ocurrió en el campo y que ya pasó. Sólo quedan la rabia y la decepción sobre el resultado del juego.

Por el momento mi único pensamiento es para Luis y su familia, ya que se enfrentan a un período muy difícil.

Siempre he considerado inequívocas las intervenciones disciplinarias por los organismos competentes, pero al mismo tiempo creo que la sanción aplicada es excesiva. Espero sinceramente que a Suárez se le permita, al menos, estar cerca de sus compañeros que durante los juegos restantes porque tal prohibición es realmente alienante para un jugador.


La nueva guerra de Irak

Ángel Guerra Cabrera

La interminable y multidimensional guerra de Estados Unidos por controlar los hidrocarburos, otros recursos naturales estratégicos y los fondos financieros de otros países, lo ha conducido a utilizar prácticas de una ferocidad y una ausencia de escrúpulos sin límites. El cinismo con que lleva a cabo sus políticas de  terror de Estado en nombre de la democracia, los derechos humanos o las “guerras” contra el terrorismo y el  narcotráfico no tienen precedente. Ha implantado una tiranía mundial que pisotea las normas del derecho internacional establecidas desde la paz de Westfalia(1649) y vulnera sin contemplaciones los principios legales emanados de la Carta Magna(1215), todos ellos articulados en su Constitución.

Con esta guerra Washington trata también de acosar y cercar militar y económicamente a una China que lo desplaza como primera potencia económica mundial y a Rusia, cuya alianza con la primera crea un formidable polo de poder económico y militar, reforzado por la cooperación con los otros Brics.

A la vez persigue liquidar la lucha de los pueblos y los estados que no se subordinan a sus dictados y defienden su independencia y soberanía. En Medio Oriente, salvo Siria, ya ha destruido literalmente a todos los estados independientes. Ello da una medida del peligro que se cierne sobre los países de América Latina y el Caribe agrupados en el Alba, Unasur y Mercosur e impulsores de un esfuerzo de unidad  latino-caribeña como Celac, que produce pesadilla en Washington. Aunque en Venezuela, por su liderazgo latinoamericano y sus incomparables reservas de hidrocarburos la internacional de las derechas concentra esfuerzos descomunales para derrocar su gobierno legítimo ningún país escapa en nuestra región a los planes de reconquista o recolonización de Washington.

Pero sea en la ex Yugoslavia, Afganistán, Venezuela, Argentina, Ucrania, Libia, Siria -y ahora, de repente, nuevamente en Irak-, la impudicia y la hipocresía de esta política exige a los pulpos mediáticos justificarla a sus audiencias cautivas con narrativas fantasiosas, sin lugar en el tiempo ni en el espacio reales. Inventan o reciclan nuevos  membretes en cuestión de horas: “terroristas”, la “soledad de los estudiantes venezolanos”, los “expertos económicos sobre Argentina”, o los abnegados luchadores por la democracia en la plaza Maidán, o el caso de intercambiables comodines, un día nobilísimos y admirables rebeldes en Siria y al siguiente bestiales y sanguinarios yihadistas en Irak. Goebbels moriría de envidia.

¿Cómo se explica que una banda de “fundamentalistas islámicos” conquiste en horas una tercera parte de Irak sin apenas resistencia por las fuerzas del gobierno? Nadie más indicado para responderlo que Estados Unidos, creador de esta legión internacional de lunáticos y mercenarios entrenados por la CIA y otros servicios occidentales y armados con un río de dólares sauditas, cataríes y turcos para destruir al Estado sirio y, por consiguiente, golpear duro a Irán, y eliminar a las Fuerzas Patrióticas Libanesas agrupadas en torno a Hezbolá. Se suponía que Washington había organizado con tanto esmero al ejército y la seguridad iraquíes que ya estaban listas según Obama para asegurar la paz y la estabilidad del país.

Es evidente que a los hombres del llamado Estado Islámico de Irak y Levante se han unido otras fuerzas sunitas dentro de ese país no necesariamente fundamentalistas. Entre otras razones por el hartazgo con la escandalosa corrupción y la política sectaria del gobierno chiita de Nuri al-Maliki.

De la misma manera que pueden haberlo hecho muchos entre los miles de combatientes del ejército de Sadam Hussein y de funcionarios baasistas mandados masivamente al desempleo por los yanquis tan pronto inició la ocupación, también agraviados por el sectarismo religioso.

Pero fue Estados Unidos quien aplicó la carta sectaria desde el comienzo de la intervención para su plan de desmembramiento de Irak y Medio Oriente según fronteras confesionales.  Como la corrupción. Hay muchos miles de millones de dólares para la “reconstrucción” de Irak cuyo paradero aún desconocen los auditores del gobierno federal. Súmese la repartición entre los amigotes de los jugosos contratos donde cientos de compañías como la Hallyburton de Dick Cheney hicieron su agosto... sin reconstruir nada.

Los gobiernos patriotas y fuerzas populares de América Latina deben mirarse en el espejo de Medio Oriente, unirse “como la plata en las raíces de los Andes” y endurecer sus puños.

Twitter: @aguerraguerra


AMATEURISMO Y OPORTUNIDADES PERDIDAS

Jorge Gómez Barata

Respecto a la política exterior, los gobernantes europeos y norteamericanos del siglo XX, con las excepciones de Woodrow Wilson y Franklin D. Roosevelt, carecieron de enfoques estratégicos; gobernaron en función de las coyunturas y fueron rehenes de los intereses de sus empresas en ultramar. Ese perfil se expresa en su desempeño en el Medio Oriente.

Ante la opulencia de las riquezas del Nuevo Mundo, las tórridas e infértiles arenas de los desiertos árabes fueron relegadas y en épocas de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), cuando el debut de las maquinas motorizadas y la derrota del Imperio Otomano que controlaba la región, cambiaron las perspectivas, no había un plan.

Debido a que no necesitaba petróleo del cual era primer productor y exportador y se trataba de una región pobre y lejana, Estados Unidos no se interesó por el Oriente Medio y dejó hacer a Inglaterra y Francia que protagonizaron un nuevo reparto del mundo.

Años después, por intereses económicos y geopolíticos, al descolonizar la zona, Inglaterra y Francia no permitieron la formación de una federación árabe y tampoco de pequeños estados chiitas, sunitas y kurdos, como hubiera sido lógico y prudente. Una de las entidades más artificiales y a la larga probablemente inviable fue Irak.

En 1914 las tropas británicas invadieron y controlaron Irak; operación bendecida por un Mandato otorgado a Inglaterra que promovió la formación de un reino, realmente un protectorado que, en 1932 fue formalmente independiente. El nuevo estado dotado de fronteras arbitrarias y que agrupó a musulmanes chiitas, sunitas, kurdos, cristianos y otras minorías nacionales y confesionales, unidas como las “papas dentro de un saco de papas” ejerció mínimos de soberanía política, aunque el petróleo continuó en manos británicas

Aquel anómalo proceso se interrumpió al comenzar la II Guerra Mundial,  la cual originó una nueva intervención de Gran Bretaña que en 1941 restableció el control sobre el país. Finalizada la contienda, a la presencia británica y a los conflictos respecto al petróleo, se sumaron las rebeliones internas, algunas asociadas a las manipulaciones características de la Guerra Fría. A todo ello se añadió: la partición de Palestina, la proclamación del Estado de Israel (1948) y las sucesivas guerras árabes israelíes (1948-1949, 1956, 1967, 1973) en las cuales los árabes fueron derrotados. 

En los años cincuenta, Estados Unidos se involucró directamente en los procesos de la región, inició la ayuda militar a Irak. No obstante, a fines de esa década, el movimiento panárabe que había comenzado a gestarse en los años treinta del siglo XX y que procuraba la unión o integración de los estados árabes, se reforzó en la confrontación con Israel, el apoyo a la causa palestina, alcanzado influencia en la región y relevancia internacional.

A los espectaculares avances de esos procesos que condujeron a que Irak y Jordania formaran la Unión Árabe y Egipto y Siria la República Árabe Unida (RAU), se sumaron el protagonismo de personalidades como Nasser y del papel del Partido Socialista Árabe (BAAZ) (Baath), organización panárabe, ponente de un proyecto político avanzado y que alcanzó el poder en varios países.

No obstante los matices de izquierda y las invocaciones al socialismo árabe y el zigzagueo en las relaciones con la Unión Soviética, la evolución del movimiento árabe en su conjunto apuntaba al progreso político, beneficiaba a los pueblos de la región y nunca hizo peligrar a occidente que no obstante, con una actuación escandalosamente errática de Estados Unidos, la OTAN e Israel destruyeron una tras otras todas las oportunidades de progreso político en la región.

En este momento las oportunidades perdidas pesan mucho más que las esperanzas. Estados Unidos no podrá lograr con drones, instructores y tropas especiales lo que únicamente pudiera alcanzarse con talento, sutiliza política y verdaderos avances democráticos que ahora, efectivamente, no están a la vista.

Recientemente una autoridad en la materia, me comentó: “…No veo salida ni inmediata ni mediata, a un país compuesto por kurdos sunitas, sunitas y chiitas…” a lo cual ahora habría que añadir la ralea de terroristas, resentidos, lumpen y oportunistas que arrastran el EEIL (Ejército Islámico de Irak y el Levante), Al-Qaeda y otros de su casta. Es una pena. Allá nos vemos.

La Habana, 27 de junio de 2014