sábado, 24 de mayo de 2014

Buenas prácticas para la protección de la infancia y la adolescencia

Sobre políticas públicas, marcos jurídicos y buenas prácticas en esta materia se debatirá en la II Conferencia Internacional de Protección de la Infancia, que tendrá lugar en el Hotel Palco del 27 al 29 de mayo


La niñez y la adolescencia deberían ser los grupos poblacionales mejor protegidos. Autor: Roberto Suárez


La niñez y la adolescencia deberían ser los grupos poblacionales mejor protegidos, pero no todos los entornos familiares y sociales en el mundo propician el cabal cumplimiento de ese derecho, y cada año se cuentan por decenas de miles las nuevas víctimas de violencia, secuestro, abuso sexual o pornografía infantil y los menores que se involucran en hechos tipificados como delitos de mayor o menor gravedad según las leyes de cada país.

Sobre políticas públicas, marcos jurídicos y buenas prácticas en esta materia se debatirá en la II Conferencia Internacional de Protección de la Infancia, que tendrá lugar en el Hotel Palco del 27 al 29 de mayo con 53 participantes de 12 países (de Latinoamérica y el Caribe, más España, Holanda y Angola) y 25 representantes de las oficinas regionales de la Unicef.

Por Cuba asistirán 60 especialistas de los ministerios del Interior (Minint), Salud, Educación, Justicia, Relaciones Internacionales y del Comercio Exterior, así como del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), el Grupo Nacional de Adolescencia, la Fiscalía General de la República, el Tribunal Supremo Popular y otros organismos comprometidos con el Sistema Integral de Protección a la Infancia.

Según explicó la coronela Idais Borges Barrios, jefa de la Dirección de Menores del Minint, la conferencia se ha estructurado en paneles para exponer experiencias de diversos países y además se visitarán centros de la capital que exhiben buenos resultados en la integración de acciones de educación popular, culturales y de sanidad a favor del pleno ejercicio de los derechos de la infancia y la adolescencia.


BASE YANQUI DE GUANTÁNAMO NO SERÁ ETERNA

Por Manuel E. Yepe

De tanto hablar de la necesidad ética y moral de que el gobierno de Estados Unidos clausure la prisión y centro de tortura de detenidos acusados de actividades terroristas que ilegalmente opera fuera de su territorio nacional, se pasa por alto la obligación histórica y jurídica que tiene Washington de devolver a Cuba el pedazo de su patria donde está enclavado el vergonzoso centro, contra la voluntad de los cubanos y de su gobierno.

Los cubanos venían luchando muy duro por su emancipación desde 1868 y estaban a punto de obtenerla cuando Estados Unidos intervino en su guerra de independencia acusando a España de la misteriosa explosión del acorazado USS Maine en el puerto de La Habana, cuando realizaba una visita de cortesía a las autoridades coloniales ibéricas en febrero de 1898.

Tras una batalla de nueve días por la bahía de Guantánamo, soldados norteamericanos al mando del Contralmirante Bowman H. McCalla derrotaron a la  guarnición española por la fuerza de sus cañoneras.

"Ahora que han visto a Guantánamo, nunca renunciarán al control de esa posición" escribió entonces a un amigo el patriota y diplomático cubano Manuel Sanguily.

A inicios de 1901, cuando se llevaba a cabo la asamblea llamada a dotar a la futura república de una Carta Magna, Elihu Root, Secretario de Guerra de los Estados Unidos, adelantó sus criterios acerca de las estipulaciones que el pueblo de Cuba “debe desear” ver incluidas en su Constitución. Entre ellas estaban el derecho a que Estados Unidos pueda intervenir libremente en los asuntos cubanos y crear las bases militares que estime necesarias en territorio cubano.

Estas y otras exigencias estadounidenses formaron parte de la Enmienda Platt, aprobada por el Senado estadounidense en marzo de 1901 a propuesta del Senador Orville Platt y presentada en la convención constituyente cubana para su adopción. Estados Unidos retiraría sus fuerzas de la isla sólo luego que ella fuera incorporada a su Constitución.

Los cubanos se opusieron en masa a la Enmienda Platt.  Juan Gualberto Gómez, destacado líder independentista y delegado en la asamblea constituyente, advirtió que la inclusión de tales reclamos estadounidenses transformaría a los cubanos en sus “vasallos”.

Sin embargo, la Convención, sometida a enormes presiones, tuvo que adoptarla. Lo hizo por votación dividida ante la alternativa amenazadora de que, si la enmienda Platt no se incluía en su constitución, la isla permanecería por siempre ocupada. (La historia de Puerto Rico ha demostrado que aquella amenaza era real).

La marina norteamericana impuso enseguida dos acuerdos que dieron a Estados Unidos el control de la bahía de Guantánamo y un espacio circundante de 45 hectáreas, equivalente a dos tercios el tamaño de Washington, D.C.  El alquiler anual sería de $2.000, pagadero en oro; el contrato de arrendamiento era "por el tiempo necesario" y por tanto carecía de fecha límite.

Desde el principio las condiciones eran ambiguas. Por ejemplo, Cuba retendría "en última instancia” la soberanía, pero Estados Unidos ejercería una "completa jurisdicción y control", que asumió al mediodía del 10 de diciembre de 1903.

Una brigada de Marina, cinco empresas navales y unos pocos cubanos observaron cómo la bandera de las barras y las estrellas fue izada con el saludo de veintiún cañonazos. No hubo altos funcionarios cubanos en la ceremonia. Un diario norteamericano escribió: “Los cubanos no estaban dispuestos a sancionar con su presencia un acto que consideran injustamente impuesto a ellos".

Un segundo contrato firmado en 1934, en consonancia con la “Política del Buen Vecino” de Franklin D. Roosevelt, revocó las provisiones constitucionales que permitían a Washington intervenir en Cuba a voluntad e incrementó la renta a $4.085, pero no fijó fecha de prescripción el contrato. La Marina de guerra se había extendido sobre un área adicional de alrededor de mil acres pero el nuevo acuerdo legitimó el hecho al señalar que: “la base continuaría ocupando el área territorial que ahora tiene". Según el nuevo texto del acuerdo impuesto a los cubanos éste podría terminar por la retirada de EUA o por acuerdo bilateral, pero no por acción unilateral cubana.

El pasado 22 de mayo de 2014, la Cámara de Representantes del Congreso de Estados Unidos rechazó un proyecto de acuerdo que autorizaría al presidente Obama a cerrar la ilegal cárcel que opera en la base de Guantánamo. Es necesario que la ciudadanía estadounidense sepa que tal cierre no resolvería, por sí solo, la no menos vergonzosa violación del derecho internacional que constituye la ocupación arbitraria de un pedazo del territorio de un país vecino cuyo único dueño es el pueblo cubano.

La Habana, Mayo 24 de 2014


SOCIALISMO: EFICIENCIA Y JUSTICIA

Jorge Gómez Barata

Lo que hace socialista a un país no es el modo como produce sino la justicia con que distribuye. Suecia fue siempre más socialista que Polonia y Finlandia lo era más que Rumania.

En reiteradas ocasiones escuché a Fidel Castro reflexionar acerca de que la gestión de los estados capitalistas era más fácil porque, excepto algunos indicadores globales, no tenían que ocuparse de la economía; lo cual era tarea de los empresarios privados. Tal vez dejarles lo uno para ocuparse de lo otro no sea mala idea. Fue Lenin quien dijo: “Los filósofos pueden o no ser dialecticos; la realidad siempre lo es…”       

El capitalismo debutó como un gran productor de riquezas que originalmente fue incapaz de distribuir con equidad y justicia, cosa que intenta remediar con las sociedades de consumo y los estados de bienestar. En los países emergentes, algunos gobernados por la izquierda, la fórmula es: “Desarrollo con inclusión”. De ese modo, unos y otros, se aproximan a los criterios socialistas.

Al margen de debates ideológicos desfasados e intrascendentes; en materia de organización social el modelo más exitoso es aquel que logra combinar: eficiencia económica con rangos aceptables de justicia social, equidad distributiva, democracia política y respeto por los derechos humanos. Ningún país ha logrado la perfección, aunque unos se aproximan más que otros.

La eficiencia productiva a la que aspiran todos los países para satisfacer las necesidades de consumo y confort de las mayorías proviene del funcionamiento del aparato productivo, mientras que la equidad distributiva se alcanza por la capacidad de los estados para imponer la justicia social por medio de legislaciones y políticas apropiadas.

El capitalismo, portador del progreso económico, debutó en ambientes desregulados, lo cual permitió a los empresarios de la Revolución Industrial disfrutar sin contención legal ni moral de las ventajas del liberalismo económico. Sin ley ni orden el laissez-faire fue una orgia que provocó la airada respuesta de la clase obrera y la intelectualidad avanzada de la época, incluso del papa León XIII.

Debido al posicionamiento del neoliberalismo los estados más atrasados de Europa occidental, en los cuales el estado de bienestar no se ha consolidado, son escenarios de protestas. En ellas no se demanda la destrucción del sistema, sino que se le exige mayor eficiencia. Lo mismo ocurre en los países emergentes.

Allí donde se promueve, el discurso anticapitalista alude a los excesos y las injusticias del sistema, y no a sus esencias. Algunas fuerzas de izquierda descubren que las conquistas socialistas son posibles dentro de las estructuras del capitalismo.

El socialismo, incluso el materialismo dialectico e histórico, son compatibles con el pragmatismo y el realismo; pero no con el voluntarismo y el dogmatismo de los políticos que, sin razones válidas, se aferraron a criterios errados y condujeron el socialismo a la debacle. Las lecciones están a la vista… Allá nos vemos.

La Habana, 24 de mayo de 2014