sábado, 17 de mayo de 2014

¿UN NUEVO MOMENTO EN LOS NEXOS CUBA-EUA?

Por Manuel E. Yepe

¿No será éste el momento adecuado para normalizar los nexos de Estados Unidos con Cuba?, preguntaba Tom Hayden, influyente  escritor y politólogo, cercano a la cúpula del partido demócrata de  Estados Unidos, en un artículo que publicó el diario The Nation de Nueva York el 16 de abril último.

Hasta la semana pasada –dice Hayden- el senador demócrata por Nueva Jersey, Robert Menendez, presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado era un casi intocable en las filas demócratas, tenía virtual derecho de veto sobre la política de Estados Unidos hacia Cuba además de actuar como halcón en las políticas de su país con Siria, Irán y Venezuela. Pero ya no es así.

Ahora, el poder de Menendez se ha debilitado como resultado de revelaciones de que su cercano amigo, el oftalmólogo de Miami Salomon Melgen, ha estado profundamente involucrado en delitos millonarios de corrupción y fraudes al Medicare.

Está por verse, inquiere Hayden, si el líder demócrata en el senado, Harry Reid, ordenará una exhaustiva investigación de las graves violaciones éticas implicadas en el asunto, socavando con ello la posición de Menendez, o simplemente moverá las fichas arriesgando al partido a las graves consecuencias que le traería asociarse con el escándalo.

Menendez está aún siendo investigado por el Departamento de Justicia a raíz de varias acusaciones de corrupción y recientemente fue obligado a reembolsar unos 60 mil dólares por haber viajado en un jet privado varias veces, entre 2009 y 2011, con cargo al Senado, a la República Dominicana para alojarse en la lujosa finca del oculista.

 Las investigaciones federales, que han incluido incursiones judiciales en clínicas del doctor Melgen, revelaron que Menendez intercedió con funcionarios de Medicare en favor de su corrupto amigo.

Hayden destaca la importancia especial que el caso pudiera tener en la política de Estados Unidos con Cuba. Recuerda que Menéndez, nacido en Cuba, ha sido de por vida un adversario feroz de cualquier flexibilización de tensiones con La Habana. Como gran recaudador de fondos para su partido en contiendas electorales y presidente demócrata de la Comisión de relaciones exteriores del Senado en la actualidad, él es un obstáculo clave para Obama y los “liberales” del Senado en una serie de políticas de seguridad nacional.

Menendez se pronuncia por el cambio de régimen por medios militares o secretos en Siria, Irán y Venezuela y, por supuesto, en Cuba. Tiene poder para proponer leyes, convocar audiencias, y aprobar o denegar nombramientos administrativos. Califica hoy como el principal obstáculo interno para la normalización de las relaciones con Cuba.

Incluso en prioridades administrativas como reformas migratorias, Menendez (y el Senador Marco Rubio) suelen comprometer sus votos a condición de que se observe la línea dura de sus posiciones respecto a Cuba.

Ahora que el control sobre el poder de Menendez se debilita, solo cabe preguntar, ¿cuánto se debilita? Hace unos pocos años Menendez, que presidía el Comité de Campaña del partido demócrata en el Senado, puso el grito en el cielo al saber que uno de los máximos recaudadores de dinero del partido, Andy Spahn, de Hollywood, California, recaudaba fondos para las campañas de candidatos favorables a un cambio de política hacia Cuba.

Apunta Hayden que Spahn, al igual que Steven Spielberg, el productor cinematográfico, fueron demonizados y acallados por Menendez. Pero Spahn, sigue siendo hoy uno de los mayores recaudadores de fondos de Obama, y continúa apoyando el levantamiento del bloqueo a Cuba.

Este año, una división mayor aún en las filas demócratas se produjo en el Senado entre Menendez y el Patrick Leahy, quien ha dado alta prioridad al logro de una nueva política hacia Cuba.

Leahy, participante en discretos diálogos con autoridades cubanas, obtuvo la firma de 68 senadores en diciembre de 2013 en una carta a Obama llamándole a negociar con La Habana un acuerdo para la excarcelación del ciudadano estadounidense Alan Gross, quien cumple una pena de 15 años por delitos de subversión contra Cuba. Una carta exigiendo a Obama que actúe en favor de la liberación de Gross pero por otras vías distintas a la negociación, fue promovida por los senadores Menendez y Rubio, pero solo reunió 14 firmas, lo que constituyó otra embarazosa derrota del senador Menendez. “En la oscura cultura de Washington la carta de Leahy y el fracaso de Menendez se interpretan como una cobertura política suficiente para que Obama pueda negociar la excarcelación de Gross”-comenta Hayden.

Súmense a ello las recientes revelaciones acerca del programa secreto de twitter creado por la USAID para promover la subversión en Cuba, que Menendez ha defendido vigorosamente y Leahy calificó como “estúpido, estúpido, estúpido”.

La Habana, Mayo 17 de 2014


UN COMPONENTE CULTURAL

Jorge Gómez Barata

A las diferencias ideológicas y políticas que dan lugar a confrontaciones antagónicas, en el diferendo entre Estados Unidos y Cuba se ha sumado un componente cultural adicional.

El conflicto entre Cuba y los Estados Unidos es tan antiguo y está tan sesgado por los estereotipos ideológicos y propagandísticos que pocas personas en una y otra latitud recuerdan los motivos que lo originaron que, dicho sea de paso, han perdido vigencia.

Como un organismo mutante, esa confrontación se recicla y se renueva a si misma sumando motivos circunstanciales, a veces triviales, que obstaculizan los avances.

Con la excepción de la confrontación entre palestinos e israelíes, ningún diferendo político es tan antiguo ni tan vigente como el que enfrenta a Estados Unidos y Cuba, con la particularidad de que los primeros, como también los coreanos del norte y del sur, de cuando en vez se reúnen, intercambian palabras e incluso negocian acuerdos, cosa que no ocurre entre la isla y el imperio.

A la anomalía que representa el hecho de que por más de medio siglo, los líderes de ambos países no hayan hablado, se suma el hecho de que, con la excepción de algunos "cubanologos"; no hay en los Estados Unidos, incluyendo los tres poderes del Estado, el ámbito empresarial, la academia y la cultura, ninguna persona que conozca a Cuba de primera mano. La carencia es más notable en los círculos donde se elaboran las políticas y se adoptan las decisiones.

Otra noticia es que respecto a los Estados Unidos, y con la excepción de algunos  diplomáticos o especialistas, en la Isla ocurre más o menos lo mismo. Como suele suceder, este componente cultural es invisible y ninguna de las partes lo reconoce.

Al margen de intenciones ocultas y manifiestas, es probable que algunos elementos del lado norteamericano se hayan percatado de este detalle y, mediante algunas acciones culturales y académicas, incluso políticas, se muevan en la dirección de aproximar al público norteamericano un mejor conocimiento de la realidad cubana.

Aunque el bloqueo y la prohibición que impide a los norteamericanos viajar a la Isla crea dificultades a veces insalvables, seguramente el aparato ideológico cubano continuará esforzándose por perfeccionar las acciones para la difusión de la imagen de Cuba y de sus logros, conflictos y tensiones; a la vez que actúa para neutralizar los estereotipos y las visiones erradas instalados en la opinión pública cubana y que afectan el funcionamiento de los medios de difusión masiva.   

 El conflicto entre Cuba y Estados Unidos afecta al pueblo cubano, provoca sufrimientos, dificulta el progreso y perjudica a los ciudadanos norteamericanos, obstaculiza el comercio y la colaboración, perjudica la difusión cultural y enrarece el clima político en el área. Con su persistencia nadie gana y todos pierden. Avanzar en su solución es un aporte histórico. Allá nos vemos.

La Habana. 17 de mayo de 2014