viernes, 11 de abril de 2014

La cultura, alimento insustituible de la Cuba que soñamos

Radio Rebelde - 2014.04.10 - 12:37:24 / web@radiorebelde.icrt.cu / Esther Lilian González de la Fuente


Sobre el consumo cultural en Cuba, nos habla alguien apasionado y obsesionado con este y con otros temas como la identidad cultural cubana, la pseudocultura, gusto estético, participación en la construcción de la cultura, formación de valores, entre otros. Dialogamos en exclusiva con el asesor del Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Abel Prieto Jiménez.

¿Participación o consumo cultural?


“El consumo cultural implica un receptor pasivo y en la política cultural revolucionaria cubana siempre se pensó en un receptor participante. No pensar en un aparato de difusión de cultura que de manera vertical emitiera mensaje que fueran consumidos pasivamente. Me gustaría hablar más de formas de participación en la cultura donde el creador, los medios de difusión, las instituciones y el público participaran de manera más activa”.

Usted desde hace muchos años combina su labor de escritor e intelectual con la de decisor en materia de arte y cultura, incluso fue por muchos años Ministro de Cultura de nuestro país… En su opinión ¿Cuáles han sido los principales logros de la Revolución cubana en materia de política cultural?

“Yo creo que la Revolución democratizó de una manera excepcional el acceso del pueblo cubano a la cultura. Cuando triunfa la Revolución había un alto índice de analfabetismo. Entonces, surge la Imprenta Nacional, nació un lector masivo para el escritor cubano. De ahí la frase estremecedora de nuestro Alejo Carpentier «terminaron para el escritor cubano los tiempos de la soledad y empezaron los tiempos de la solidaridad».

“Es decir, la Revolución cubana creó un lector masivo y también un espectador masivo para el gran cine. El epistolario de Alfredo Guevara nos muestra que en la fundación Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica (ICAIC) se trató que el cine nacional naciera bajo el signo de la vanguardia y al mismo tiempo se trató de crear un gusto por el cine de calidad, no por el cine hollywoodense, sino por un cine experimental, por el gran cine europeo, italiano e incluso por el incipiente cine experimental latinoamericano, porque también había en nuestra región un cine comercial. Pero se intentó por todos los medios formar un espectador para un cine que exigía de él una posición intelectual alerta y eso ocurrió también con las artes visuales, la danza, el ballet clásico –algo que estaba destinada a las minorías más exquisitas-.

“El concepto de que para la creación de las escuelas de arte se buscara en la población y en las zonas campesinas a los niños que tuvieran más actitudes tiene, a mi juicio, una idea única: combinar opciones de masividad con el mayor rigor posible, con la mayor calidad posible”.

Continúa en Moncada Lectores Documentos