viernes, 26 de abril de 2013

SOCIALISMO CONTRA SOCIALISMO (I)

Jorge Gómez Barata

Los prejuicios anticomunistas y las expectativas fallidas pueden convertir al socialismo revocado en un lastre para las alternativas políticas latinoamericanas. Las experiencias socialistas en el siglo XX tuvieron dos matrices: una anticapitalista comprometida con aquello que en la Unión Soviética denominaron marxismo-leninismo y una expresión reformista liderada por la socialdemocracia europea.

La primera variante debutó con el triunfo de los bolcheviques en Rusia (1917) y concluyó allí cuando en 1990 la Unión Soviética dejó de existir.  Hasta la Revolución cubana esta opción apenas tuvo impacto en América Latina, donde tampoco enraizó la socialdemocracia que requiere de estratos sociales relativamente sofisticados así como de tradiciones y de cultura política inexistentes en la región.

No obstante, los esfuerzos auspiciados por Moscú, la consagración de  generaciones de militantes y ni siquiera la Revolución Cubana lograron que el socialismo tradicional, llamado también comunismo, progresara lo suficiente para convertirse en una opción política viable en América Latina.

A lo largo de 200 años las alternativas políticas latinoamericanas se relacionaron con el nacionalismo, el patriotismo y ciertas manifestaciones de liberalismo, que entre muchas frustraciones arrojaron algunos resultados relevantes. Gaspar Rodríguez de Francia, Hipólito Irigoyen, Getulio Vargas, Juan Domingo Perón, Lázaro Cárdenas, Omar Torrijos, y otros contribuyeron al crecimiento económico, auspiciaron conquistas populares y, aunque con limitaciones, favorecieron el progreso político y la democracia.

En un inesperado giro político, en los primeros años del presente siglo, luego del fracaso del experimento neoliberal apareció en la escena política latinoamericana una hornada de líderes que reinventaron la izquierda y promovieron una opción socialista original: el socialismo del siglo XXI.

Hecho, como diría Silvio Rodríguez: “…De todo material”, con mágica alquimia, Hugo Chávez combinó el patriotismo y el nacionalismo, el autoritarismo y la doctrina cristiana con métodos y recursos de la democracia liberal y de la lucha revolucionaria, con una concepción del socialismo influida por el magisterio de Fidel Castro que se distanció de la versión fracasada en Europa. A pesar del viento en contra, el Socialismo del siglo XXI fue asumido por la vanguardia política e importantes sectores del pueblo venezolano.

Aunque en términos generales, puede considerarse que la mitad del electorado venezolano, al votar por Nicolás Maduro, se identificó con el proyecto propuesto por Chávez, ello no significa una reivindicación histórica del socialismo abatido en la Unión Soviética y Europa Oriental.

Para sostenerse sin Chávez, su carisma y capacidad de convocatoria, el socialismo en Venezuela no puede ser un manojo de viejas consignas ni un enfoque doctrinario anticuado, basado en presupuestos erróneos, sino un programa donde lo que cuenta son las realizaciones y la correlación entre éxitos y reveces. En esta dinámica un error puede ser fatal. 

Apartarse del modelo socialista superado, de la jerga y de las prácticas que lo acompañaron es un prerrequisito para el éxito de las nuevas opciones. El espacio es poco y el asunto delicado. Luego abundaré. Allá nos vemos.

La Habana, 26 de abril de 2013

DAKOTA DEL NORTE SE BURLA DE WALL STREET

Por Manuel E. Yepe
El banco estadual de Dakota del Norte, en Estados Unidos hace burla de la banca de casino de Wall Street, y por tal motivo está en la mirilla de las élites financieras.
Dakota del Norte es por su definición electoral un estado “rojo” porque ese es el color con que los estadounidenses identifican a los estados tradicionalmente dominados en los procesos electorales por los votos del partido republicano. El 58% de los electores de ese estado votaron por Romney y sólo 39% lo hicieron por Obama en los más recientes comicios presidenciales. En su parlamento estadual hay 104 congresistas republicanos y sólo 47 demócratas. La mayoría republicana es tan conservadora que recientemente aprobó la resolución contra el aborto más severa del país porque declara que un huevo humano fertilizado tiene los mismos derechos a la vida que una persona totalmente formada.
Pero paradójicamente a Dakota del Norte se le califica de “rojo” en otro sentido. Se le aplica ese término porque su estadual Banco de Dakota del Norte (BND) es visto como el único “socialista” en los Estados Unidos. ¿Por qué el “socialismo” financiero sigue vivo en Dakota del Norte? ¿Por qué los cruzados del libre mercado en Dakota del Norte no lo han hecho desaparecer? Pues… porque funciona.
Los anteriores datos y juicios los he tomado de un trabajo del prolífico escritor estadounidense y director ejecutivo del Labor Institute (Instituto del Trabajo), Les Leopold, aparecido el 26 de marzo de 2013 en el sitio AlterNet.
En 1919, la Liga No-Partidista (Non-Partisan League), entonces una vibrante organización populista mayoritaria en la legislatura de Dakota del Norte, votó por la creación de este banco.
El objetivo era liberar a los agricultores de su grave estado de pobreza y de su dependencia por endeudamiento de los grandes bancos en las Ciudades Gemelas (Minneapolis y St. Paul), Chicago y Nueva York.
Noventa años más tarde, este Banco estadual está prosperando como ninguno; presta a tasas razonables a bancos comunales del estado, a empresas, consumidores y estudiantes. También ofrece significativos beneficios para sus 700,000 propietarios, que son los residentes de Dakota del Norte. En 2011, el BND aportó más de $70 millones a las arcas del estado.
Si se extrapolara ese beneficio por habitante a un estado grande como California habría que hablar de $3.8 mil millones de ingresos anuales adicionales para el estado que podrían utilizarse para financiar la educación y la infraestructura.
Pero, precisamente por ello, este es uno de los secretos mejor guardados de los Estados Unidos de América, dice Les Leopold.
En cualquier estado de los Estados Unidos, los impuestos -federales y locales- y demás pagos al estado, se depositan en los bancos. Pero en cualquier otro estado que no sea Dakota del Norte estos depósitos van a parar a los enormes bancos privados que forman Wall Street, que posan como los únicos capaces de manejar tan grandes cargas de dinero. Se argumenta que los otros 7000 bancos del país son demasiado débiles para manejar los servicios de administración bancaria que requieren los gobiernos estaduales y locales. Es así como unos mil millones de dólares provenientes de los pagos de impuestos por las poblaciones locales llegan a Wall Street.
En Dakota del Norte, sin embargo, los ingresos públicos, como todo lo que corre a través de su banco estadual, se reinvierte en las empresas estaduales y la infraestructura pública mediante alianzas con unos ochenta pequeños bancos de las comunidades.
Como agencia del estado que es, el BND ofrece préstamos a tasas de interés inferiores a las del mercado a las empresas que crean al menos un empleo por cada cien mil dólares facilitados.
Si los mil millones que ahora fluyen a Wall Street fueran depositados en los bancos públicos estaduales de los 50 Estados con el mismo enfoque que aplica Dakota del Norte, se podrían crear hasta 10 millones de nuevos empleos. ¡Tan sencillo como eso!
Wall Street prefiere el modelo de banca de casino que brinda a sus ejecutivos y comerciantes oportunidades de juegos que les  posibilita multiplicar sus sueldos hasta las siete u ocho cifras.
¿Se explica por qué Wall Street se esfuerza tanto por liquidar el ejemplo de Dakota del Norte?
Los grandes bancos privados de Wall Street se desempeñan cual dueños de Washington; son los depredadores y la ciudadanía es la presa.
Les Leopold considera que el  Banco de Dakota del Norte demuestra que esto no tiene por qué ser necesariamente así y llama a “luchar en grande por una banca estatal”.
La Habana, 26 de abril de 2013