jueves, 6 de octubre de 2011

REPORTE DESDE EL SALVADOR PARA RADIO HABANA CUBA DEL 07 DE OCTUBRE DE 2011

AUDIO

Esta semana Cuba ha estado muy presente en El Salvador. Varias han sido las actividades que se han desarrollado con motivo de los acontecimientos ocurridos por estas fechas y que tienen que ver con la Mayor de las Antillas, en especial referidos al 6 de octubre con el abominable crimen de Barbados, un acto terrorista contra Cuba, al ser derribado en pleno vuelo el avión de Cubana de Aviación en 1976, y con el resultado de 73 víctimas fatales.

En tal sentido, este miércoles 5 de octubre, convocada por la Embajada de Cuba en El Salvador, por el Centro Cultural Nuestra América y la Coordinadora Salvadoreña de Solidaridad por Cuba, se ha realizado la presentación del documental “Que se ponga de pie el verdadero terrorista”, a la que ha asistido un nutrido número de invitados especiales, y en el que el embajador Pedro Pablo Prada ha expuesto, entre otros, los pormenores del juicio amañado en contra de los cinco cubanos antiterroristas presos en Estados Unidos, así como la cruel decisión judicial que impedirá que René González viaje a Cuba al ser libre a partir de este viernes 7 de octubre, luego de injusta prisión por más de 13 años.

La mañana de este jueves 6 de octubre, frente a la sede diplomática cubana se ha honrado a las víctimas del terrorismo con la colocación de una ofrenda floral ante la presencia del personal de la embajada, medios de prensa e invitados especiales de la Coordinadora de Solidaridad por Cuba. En una entrevista difundida por Radio Maya Visión, el embajador Prada ha denunciado la hipocresía de los sucesivos gobiernos de Estados Unidos que abrigan y promueven a terroristas en su territorio, mientras mantienen en cautiverio a 5 cubanos injustamente, precisamente por luchar contra acciones terroristas contra Cuba. Además ha agradecido a los salvadoreños por acompañar al pueblo cubano en la lucha por la liberación de los cinco y la exigencia de justicia por el vil crimen de Barbados, cuyos hechores confesos se encuentran protegidos en territorio estadunidense.

Además, con motivo de la salida de prisión de René González y su impedimento de viajar a Cuba por la decisión judicial de mantenerlo por 3 años bajo libertad supervisada, el viernes 7 por la mañana se ha de realizar un encuentro político cultural en la escuela José Martí de la ciudad occidental de Santa Ana. Posterior a ello, en horas del mediodía, se ha de rendir honor al Guerrillero Heroico en la localidad de Chalchuapa, en la cercanía del sitio arqueológico Tazumal, lugar que el Che visitó durante su paso por El Salvador en la década de los cincuenta del siglo pasado, antes de encontrarse con Fidel en la ciudad de México, y donde se ha erigido un monumento a su memoria.

La noche del viernes, con motivo del aniversario 44 del asesinato del Che en Bolivia, será presentado el texto inédito publicado por la Editorial Ocean Sur, titulado “Diario de un combatiente”, con la conducción del embajador Pedro Pablo Prada, quien tendrá a su cargo la presentación.

Sin duda alguna, los salvadoreños y los cubanos han estado y estarán más unidos en la conmemoración de estas fechas trascendentales, pero sobre todo, en la lucha por la libertad de los Cinco y por la justicia contra los verdaderos terroristas y asesinos.

Para los amigos de Radio Habana Cuba, reportó desde El Salvador, Centro América, Mario Zavaleta.


Decenas de miles salieron a ocupar Wall Street

Estudiantes, trabajadores y manifestantes espontáneos marcharon por las calles para reclamar cambios en la política económica. La marcha paralizó buena parte del centro de Nueva York demandando empleo y mayor impuesto sobre el sector financiero.

Por Ernesto Semán

Tomado de Página 12

Una gran cantidad de manifestantes eran estudiantes en pleno proceso de endeudamiento a cambio de una educación que no es particularmente buena.

Desde Nueva York

Decenas de miles de personas salieron ayer a las calles de Nueva York en apoyo a “Ocupar Wall Street”, el movimiento social que reclama un cambio general en la política económica actual y que tomó renovada fuerza el sábado pasado, luego de que la policía arrestara a setecientos manifestantes en el puente de Brooklyn. Sindicatos, estudiantes y gente dispersa salieron a la calle como no lo han hecho en décadas para reclamar medidas económicas. La marcha paralizó buena parte del centro de la ciudad durante la tarde de ayer, con carteles demandando puestos de trabajo y mayores impuestos sobre el sector financiero.

El cartel más visto a lo largo de las treinta cuadras de Manhattan que recorrieron las distintas columnas decía simplemente “Somos el 99 por ciento”. El movimiento “Ocupar Wall Street” es tan genérico como incipiente, pero más allá de sus generalidades, ayer estaba marcado no tanto por demandas económicas aisladas como por la crítica casi sorprendida a la baja calidad democrática de un sistema de decisiones que parece volcado sobre el 1 por ciento que era objeto de insultos de los manifestantes. Los carteles impresos por las organizaciones convocantes, los improvisados, la mayoría de las consignas, parecían reafirmar la generalidad de la crítica como el punto fuerte del movimiento. “Estamos de pie por el cambio que votamos”, es uno de los más vistos, en manos de una masa considerable de votantes desencantados. “Trabajo ahora”, dice otro que repartió un sindicato, pero que se ve sobre todo en manos de manifestantes espontáneos, una pareja de veintipico que sale de trabajar, una señora de unos sesenta con un sombrero de esponja con la forma de la Estatua de la Libertad. “Puestos de trabajo, no recortes” (Jobs No Cuts), dice otro de los más vistos. “Los derechos de los trabajadores son derechos humanos”, decía otro que portaban los miembros del sindicato de trabajadores de Chinatown (que, al contrario de lo que sugiere, estaba poblado de una enorme cantidad de trabajadores hispanos).

Apretados en el vallado paranoico que montó la policía alrededor del edificio de la municipalidad, se juntan los carteles de unos y otros. Hay un 5 por ciento que reproduce todos los estereotipos de la izquierda norteamericana, incluyendo el de los jóvenes estudiantes con carteles recordando a una variedad de comandantes: Castro, Guevara, Marcos, Sandino. Pero por otra parte, ¿qué referencias serían más interesantes, convocantes, genuinas? Nadie viene a una marcha del desencanto y la esperanza con la pancarta de un candidato a concejal.

Para darse una idea de la fenomenal evolución de este movimiento basta recordar que la primera noticia que tuvo la ciudad sobre “Ocupar Wall Street” fue el 5 de septiembre, durante un recital de Manu Chau, cuando dos jóvenes subieron al escenario y anunciaron la ocupación al grito de “es hora de acabar con el capitalismo”. De ahí a pelear con la policía de Nueva York, recibir la adhesión de los principales sindicatos de la mayor economía del mundo, tener núcleos de apoyo en una decena de otras ciudades y conversar con economistas y premios Nobel sobre el sentido más preciso de la ocupación, ha pasado apenas un mes. Adivinar hoy el futuro del movimiento por la inmadurez de su presente es como asegurar que el bebé del café de al lado jamás entrará a Harvard porque ni siquiera sabe leer.

Ayer, pocos fueron convocados por el programa específico que levanta la asamblea. Se trata de trece puntos, que finalizan con la advertencia de que un programa así “generaría tantos puestos de trabajo que haría necesario abrir las fronteras” y dejar de poner límites a la inmigración. Pero teniendo en cuenta el apoyo que la asamblea recibió de economistas como Joseph Stiglitz y Jeff Madrick, es algo más que una curiosidad que la demanda número uno sea poner fin al “free trade” y establecer fuertes tarifas al ingreso de productos importados, es decir, de China y los países en desarrollo. La idea, que en el fondo es un recurso genuino para que los salarios norteamericanos no sigan compitiendo a la baja con los chinos, es tan razonable que cuesta recordar el impacto demoledor que tendría para la economía mundial.

La marcha de ayer se armó en apenas cuatro días. El sábado pasado, la policía de Nueva York tuvo a su cargo darle a la ocupación una proyección mundial que hasta entonces no había tenido. Cerca de las seis de la tarde, los uniformados indujeron a los manifestantes a cortar el tránsito en el puente de Brooklyn y, una vez arriba, procedió a atraparlos en unas redes naranjas, arrestando en el lugar más visto de la ciudad más mirada del mundo a setecientas personas que protestaban pacíficamente. La policía no se olvidó incluso de arrestar a una de las cronistas del New York Times, como para asegurarse de que su cobertura sería total, y no muy favorable. Los miles de personas de hoy son una reacción a aquella agresión, que abrió los canales de legitimidad que estaban a la espera de ser ocupados. En estos días, la ocupación recibió la adhesión de los principales sindicatos norteamericanos, de economistas y de periodistas y de músicos.

Ayer, la policía trataba a los manifestantes con guantes de seda. Bajando hacia el distrito financiero, varios miles de estudiantes reaccionaron con reflejos pavlovianos a la experiencia del sábado. Cuando la policía despejó la calle para que entraran, ellos fueron por la vereda. Cuando los custodiaron por la vereda para que el tráfico no los molestara, ellos se abrieron hacia la calle. Y cada vez que vieron una red naranja, corrieron para cualquier otro lado. “¿Adónde van?”, le preguntó el sargento Hirne a su colega cuando vio que no bajaban por Broadway, el camino más directo, el que uno le indica al taxista. “Ni idea. Se ve que quieren caminar”, le respondió Del Pozo mientras reacomodaba a sus subordinados que, por unos segundos, quedaron al frente de la manifestación, como Chaplin en Tiempos Modernos.

Bajando por Laffayette, la columna recibía sólo gestos de aprobación. Bocinazos, papelitos y aplausos, ni insultos ni indiferencia, las dos reacciones más comunes en Nueva York para cualquiera que obstaculice el camino de regreso a casa. Una columna masiva de un sindicato docente y otra de plomeros se sumaba unas diez cuadras antes de llegar a destino. La marcha se detuvo frente a Bleecker Street, y adelante de todo, delante de la bandera que dice “Primavera Arabe, Verano Europeo, Otoño Americano”, Del Pozo conversaba con unas abogadas que acompañaban la marcha y proveían sus servicios en caso de que se produjera un nuevo arresto masivo. “¿Ven qué bien que lo estamos haciendo? Ni un incidente. Si lo que nosotros queremos es que salga bien, no ganamos nada con el escándalo.” Y las abogadas: “Sí, así debería ser, así debería haber sido el sábado.” Y Del Pozo, serio: “Sí, pero ahora que lo hacemos bien, ¿quién lo va a decir? ¿Quién va a venir a felicitarnos? ¡Nadie!” Ah, Del Pozo, te hubieras probado en los Mets. Nadie entra a la policía para que lo quieran.

Una gran cantidad de manifestantes eran estudiantes en pleno proceso de endeudamiento a cambio de una educación que no es particularmente buena, pero que sí es carísima y no garantiza un puesto de trabajo para todos. En su mayoría vienen en las columnas de la New York University, New School y la estatal CUNY. “Endeudado”, decía simplemente el cartel prolijamente impreso que una estudiante de CUNY llevaba al lado de un policía vestido con una campera de la sección “Asuntos Comunitarios”. Son el caso paradigmático de la crisis del sueño americano donde los hijos, por primera vez desde los ’30, tienen buenas chances de terminar peor que los padres. Otra porción no menor que la anterior era de trabajadores y empleados, de donde salía uno de los cánticos más escuchados de la tarde: “Todo el día, toda la semana, ocupemos Wall Street” (la consigna en inglés tiene algo más de gracia). Una enorme cantidad encolumnada con sus sindicatos, desde los miles de la columna de empleados de transporte, hasta las seis personas con las remeras del sindicato del NLRB, el organismo público creado durante el New Deal para garantizar los derechos laborales frente a los empleadores, pasando por el sindicato de plomeros, donde un hombre de sesenta años levantaba el único cartel con referencia directa a la Casa Blanca: “Presidente Obama, hable con Ocupar Wall Street. La nación necesita saber que usted entiende y que le preocupa”.

Pasada la zona judicial del downtown, la policía montó un laberinto de vallas que, visto desde arriba, funciona perfecto para que la marcha pueda circular a paso lento hasta entrada la noche, pero sin poder ocupar ninguna calle de forma completa, perdiendo la fuerza y el impacto con el que suele alimentarse una concentración triunfal. Al igual que el movimiento al que apoyaba, lo hizo con éxito y final impreciso. Nueva York ha visto algunas de las marchas más masivas de los movimientos sociales de las últimas décadas. Por acá pasaron rumbo al Central Park las concentraciones más grandes del mundo contra la guerra de Irak, y bajó por Broadway hacia Wall Street la mayor concentración del país a favor de una nueva ley de inmigración. Los resultados de la de ayer son más inciertos que las anteriores, pero eso, para el movimiento Ocupar Wall Street, es su mayor ventaja.


Editorial Granma: Jamás detendremos la lucha contra el terrorismo

Hace 35 años, 73 vidas fueron segadas en un monstruoso acto terrorista que, organizado y perpetrado con el conocimiento del Gobierno de los Estados Unidos, hizo estallar en pleno vuelo una aeronave cubana. Los Mártires de Barbados, como los conoce nuestro pueblo, se sumaron a las cuantiosas víctimas por las que aún reclamamos justicia.

Todavía hoy a uno de los autores de este criminal acto terrorista, Luis Posada Carriles, el Gobierno de los Estados Unidos se resiste a juzgarlo en su condición de asesino confeso y terrorista en activo.

Cuba es uno de los pueblos del mundo sobre el cual el flagelo del terrorismo se ha ensañado de manera brutal y despiadada. Desde hace más de 50 años ha tenido que encarar una política de terrorismo de Estado criminal y sistemática.

Todas las variantes han sido aplicadas contra el pueblo cubano, desde la agresión militar, bombardeos, incendios, secuestros de aeronaves, barcos y ciudadanos de nuestro país, hasta atentados contra las sedes diplomáticas, incluyendo el asesinato de sus integrantes, así como el ametrallamiento a decenas de instalaciones cubanas, además del fomento de viles planes contra la salud de la población, como parte de la guerra biológica, la introducción de plagas en los principales cultivos del territorio nacional: han acudido a los más miserables procedimientos con el fin de destruir la vida social y económica de la nación.

Junto a ello, las acciones del genocida bloqueo económico, comercial y financiero al cual se han tenido que enfrentar los cubanos y cubanas de varias generaciones.

Fueron y son parte de esa política las mentiras de los grandes emporios transnacionales de la información en pos de satanizar a Cuba y conseguir pretextos que justifiquen escaladas para sanciones internacionales. Su objetivo es fabricar situaciones que muestren al mundo descontento, desgobierno y desobediencia civil, para conseguir las ya conocidas supuestas "ayudas a civiles" que, como se ha visto, ha sido una nueva modalidad política de intervención.

A esas criminales maneras de actuar se suman los cientos de planes de atentados concebidos contra el liderazgo de la Revolución, fundamentalmente los que pretendían asesinar al Comandante en Jefe Fidel Castro y a otros principales dirigentes.

Bastaría recordar que solo en 18 meses, desde la aprobación de la operación Mangosta en 1962 y hasta 1963, implementada por el Gobierno de John F. Kennedy, se perpetraron contra Cuba más de 5 700 acciones terroristas, de las cuales unas 700 fueron contra instalaciones industriales.

A causa de esa política de terrorismo de Estado, 3 mil 478 cubanos murieron víctimas de esas canallescas acciones y 2 mil 99 quedaron incapacitados para siempre.

Lo más espurio ha sido la continua desvergüenza del Gobierno norteamericano de incluir a Cuba en la lista de países que patrocinan el terrorismo para intentar una justificación ante la opinión pública de su criminal política de agresiones.

Cuba y su Revolución han sostenido una vertical actitud de enfrentamiento al terrorismo. Nuestro país ha sido ejemplo de una conducta intachable para encarar esa bárbara política de agresión. Sobran ejemplos que lo demuestran.

Desde fecha tan temprana como febrero de 1973, Cuba suscribió un acuerdo sobre piratería aérea, marítima y otros delitos con el Gobierno de los Estados Unidos, que al decir del líder de la Revolución cubana, Fidel Castro Ruz, tres años después, en la despedida de duelo de las víctimas del Crimen de Barbados, "fue por parte de nuestro país una importante contribución a la solución del grave problema mundial de los secuestros de aviones".

En el momento más tenso de las relaciones bilaterales con la Administración Reagan, cuando la plataforma política neoconservadora, conocida como Programa de Santa Fe, establecía el principio de que "hay que hacerle pagar caro a La Habana el costo del desafío", las autoridades cubanas obtuvieron evidencias sobre los preparativos de un plan para atentar contra el presidente Ronald Reagan y no se vaciló ni un instante en poner en conocimiento al Gobierno de los Estados Unidos de esta información.

En su discurso del 20 de mayo del 2005, titulado La conducta diferente, el compañero Fidel explicó cómo el Gobierno cubano entregó el 6 de mayo de 1998 a la Administración Clinton, por intermedio del escritor y Premio Nobel, Gabriel García Márquez, alertas sobre planes terroristas que se preveían realizar contra líneas aéreas comerciales que viajaban hacia Cuba desde Centroamérica.

A principios de junio de aquel año vino a La Habana una delegación de oficiales del Buró Federal de Investigaciones (FBI), a quienes se les entregó valiosa, abundante y pormenorizada información documental y testimonial sobre las actividades de terroristas en suelo norteamericano con ramificaciones en Centroamérica. El FBI constató la inestimable pesquisa contenida en aquellos cerca de 200 folios que les fueron entregados.

Sin embargo, no hubo un terrorista detenido, ninguna señal de acción. La respuesta, en menos de tres meses, fue la detención de los Cinco Héroes, la principal fuente de aquella valiosa información y quienes evitaron con su valiente, humana y ética conducta, al servicio de una causa justa y necesaria, que hubiera muchos más crímenes como el de Barbados. Ellos salvaron las vidas de cientos de cubanos y norteamericanos y de personas de otras nacionalidades.

La injusta prisión, el amañado y arbitrario juicio, la forma inhumana en que han sido tratados, con los peligros y tensiones en las cárceles, son crueles evidencias del doble rasero de la política estadounidense en su llamada lucha contra el terrorismo. Su más reciente reflejo es el trato que se le quiere imponer a René González con la "libertad supervisada" durante tres años cuando salga mañana tras 13 años en prisión.

Se respeta muy poco ese Gobierno, respeta muy poco a sus propios muertos del 11 de septiembre, manteniendo confinados a estos hombres que justamente lo único que hicieron fue impedir que sucedieran actos como los que ocurrieron aquel día e imponiéndoles, como dice el texto de la sentencia de la jueza de Miami "como una condición especial adicional de la libertad supervisada se le prohíbe al acusado acercarse a/o visitar lugares específicos donde se sabe que están o frecuentan individuos o grupos terroristas"; o sea que una autoridad judicial reconoce que en una ciudad (Miami) del país que lanzó la cruzada contra el terrorismo, viven y siguen conspirando sin mayor impedimento de las autoridades sujetos de extrema violencia.

Los cubanos nos enorgullecemos de ser solidarios. La cooperación de Cuba con los Estados Unidos en materia de terrorismo ha sido permanente. Cuando ocurrieron los hechos criminales de aquel acto monstruoso del 11 de septiembre de 2001, Cuba fue de los primeros países que reaccionó de inmediato de manera condenatoria contra esa barbarie y ofreció al pueblo norteamericano su cooperación inmediata ofreciendo facilidades de uso de todos sus aeropuertos ante la gravedad que asumía en ese momento el control del tráfico aéreo estadounidense, también el envío de plasma sanguíneo y de especialistas médicos.

Por Ley, en Cuba, el 6 de octubre es el Día de las Víctimas del Terrorismo de Estado, el cual rinde sentido y eterno homenaje a los caídos y donde se fija la inclaudicable y firme posición de este pedazo de tierra del Caribe: El Gobierno y pueblo cubanos reafirman su decisión de continuar condenando y enfrentando el terrorismo en todas sus formas y manifestaciones, en particular el terrorismo de Estado, dondequiera que se cometa y cualesquiera que sean las razones esgrimidas por sus autores.

Nuestro país ha suscrito los 13 convenios internacionales existentes en esa materia y cumple estrictamente los compromisos y obligaciones emanados de las resoluciones de la Asamblea General y del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas; la Asamblea Nacional del Poder Popular aprobó en el 2001 la Ley contra actos de terrorismo; se ha seguido la misma línea de cooperar con los Estados Unidos en esta materia, expresada nuevamente en noviembre y diciembre del 2001, marzo del 2002 y julio del 2009, lo cual ha sido reiterado en varios discursos por el Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, así como lo ha hecho recientemente el Canciller ante la Asamblea General de las Naciones Unidas. Cuba no ha recibido respuesta alguna por parte del Gobierno de los Estados Unidos.

Por eso indigna la manera como ha actuado el Gobierno de los Estados Unidos frente a los asesinos, quienes se pasean libremente por las calles de Miami, sobre todo Luis Posada Carriles tras todo el escandaloso proceso que culminó con su absolución y refugio, como anteriormente había ocurrido con Orlando Bosh Ávila, a quien George Bush padre le concedió el perdón presidencial pese a todas las evidencias de actividad terrorista.

El dolor causado a nuestro pueblo se multiplica ante la impunidad. Todavía hoy lloramos junto a los seres queridos de las víctimas del abominable crimen, pero hemos y continuaremos haciendo valer la sentencia de Fidel en el sepelio de los caídos: ¡Cuando un pueblo enérgico y viril llora, la injusticia tiembla!


Los jóvenes en vigilia por Cuba

Bajo esos estandartes que nos recuerdan tantas vidas segadas por el odio, se le recordó al mundo que nuestra resistencia está unida a la memoria

Representantes de las nuevas generaciones sostuvieron los retratos de cubanos que murieron por el ensañamiento imperial. Autor: Roberto Suárez

Alina Perera
perera@juventudrebelde.cu
6 de Octubre del 2011 0:53:36 CDT
A las diez de la noche en el Monte de las Banderas de la Tribuna Antiimperialista José Martí solo se escuchaba el batir de los 138 estandartes luctuosos, estremecidos por el aire del mar, y que allí estaban en tributo a todas nuestras víctimas del terrorismo de Estado, lanzado hace tantos años contra Cuba por sucesivos gobiernos estadounidenses.
Y al pie de esas banderas símbolos, estaba el primer grupo de jóvenes y estudiantes que dieron comienzo a la vigilia patriótica y revolucionaria, con la cual esperaron este 6 de octubre, Día de las víctimas del terrorismo de Estado. Sostenidos por esas manos llenas de vida, 138 rostros de cubanos que murieron por culpa del ensañamiento enemigo recordaron a todos que este pueblo sostiene su lucha en la memoria más leal y profunda.
Cada 20 minutos un grupo de muchachos entregaba los retratos a otro que llegaba. Y en ese traspaso había otro símbolo: la voluntad de defender la nación seguirá perviviendo. Es una causa compartida por todo el pueblo, y todos los presentes en el tributo de este miércoles.
De eso habló para nuestro diario el presidente del Parlamento cubano, Ricardo Alarcón de Quesada, quien sintió que había sido un honor participar en la primera guardia, y sostener el retrato de Manuel Ascunce Domenech: «Nuestro gran poeta Cintio Vitier dijo en una ocasión que la fuerza de nuestra resistencia estaba en asumir su historia. Creo que esta vigilia, llevada a cabo por muchachos y muchachas que no habían nacido hace 35 años —cuando ocurrió el crimen de Barbados—, está enviando un mensaje al mundo: nuestro pueblo no va a olvidar».
Liudmila Álamo Dueñas, primera secretaria de la UJC, definió la trascendencia de la vigilia como una prueba de que los jóvenes, junto su pueblo, no cesarán de reclamar justicia por nuestros Cinco héroes, y por todas las víctimas de una política obcecada.
Dijo además que la historia no es algo que pasaremos por alto. Fue lo que expresó también, emotivamente y al filo de la medianoche, el joven Camilo Rojo Morales, nieto de Jesús Rojo Quintana, una de las víctimas del cruel sabotaje de Barbados: «Ratificamos hoy que nuestro compromiso con los héroes y mártires de la Patria, es luchar siempre por la Revolución y el Socialismo».
Al terminar la vigilia las banderas luctuosas fueron cambiadas por estandartes patrios, izados a media asta, como en todo el archipiélago, en señal de que la resistencia es tributo y también lucha.
Acto central en el Día de las víctimas del terrorismo de Estado
Tendrá lugar en la tarde de este jueves en la Sala Universal de las Fuerzas Armadas Revolucionarias
Juventud Rebelde
digital@juventudrebelde.cu
6 de Octubre del 2011 0:49:05 CDT
El acto patriótico cultural contra el terrorismo de Estado y de recordación de sus víctimas tendrá lugar hoy a las 4:00 p.m. en la Sala Universal de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.
La conmemoración del Día de las víctimas del terrorismo de Estado coincide, en esta ocasión, con el aniversario 35 del monstruoso crimen de Barbados que segó la vida de 73 personas en pleno vuelo de Cubana de Aviación.
El canal Cubavisión transmitirá este acto a las 8:30 p.m.; Radio Rebelde lo hará en vivo.