jueves, 15 de septiembre de 2011

¿Qué liberen a Gross? ¡Qué liberen a los Cinco!

Lázaro Fariñas*

Foto Virgilio Ponce - Martianos - Hermes - Cubainformación

Siempre se ha dicho que el hombre es el único animal que choca dos veces con la misma piedra. Si lo anterior lo aplicamos a las declaraciones de los políticos norteamericanos en relación con Cuba, se confirma la regla. Bill Richardson es el último ejemplo . El hombre llegó a La Habana en una visita privada y todo hace indicar que llegó con ínfulas de pro cónsul. Por lo menos por las declaraciones que le hizo a la prensa en las terrazas del Hotel Nacional , dio la impresión que se sentía con todo el poder del mundo para chantajear al gobierno revolucionario. Richardson llegó a afirmar que no se iba de Cuba hasta que no viera al señor Alan Gross, el norteamericano que fue condenado por los tribunales cubanos por realizar actos condenables por las leyes cubanas vigentes. El ex gobernador no solo exigía que lo dejaran ver al recluso, sino que al mismo lo denominaba como un "rehén" de las autoridades cubanas. Bueno, pues se tuvo que ir de Cuba tal y como había llegado, más tranquilo que estate quieto.

Hace muy poco, también el presidente Barack Obama y la Secretaria de Estado Hillary Clinton exigían al gobierno cubano que pusiera en libertad al señor Gross. ¿Exigirle al gobierno cubano? Sería comprensible que se le pidiera al gobierno que preside Raúl Castro que, por motivos humanitarios, se deje en libertad a Gross, de igual modo que se le ha pedido al presidente Obama que también por motivos humanitarios deje en libertad a los cinco cubanos que llevan trece años presos en las cárceles estadounidenses. Con notables diferencias entre un caso y el otro, tanto los jóvenes cubanos como el no tan joven Gross fueron hallados culpables por los tribunales norteamericanos y cubanos, respectivamente.

En primer lugar, los cubanos fueron condenados por espiar a las organizaciones terroristas anticubanas de Miami con el propósito de evitar acciones por parte de las mismas con la intención de crear el terror en Cuba para que de esa manera fuera derrocado el gobierno de la isla. Gross fue hallado culpable por distribuir teléfonos satelitales entre los individuos residentes en Cuba que también buscan el derrocamiento del gobierno revolucionario.

Mirado de esa manera, los cubanos fueron condenados por evitar actos terroristas en Cuba y el norteamericano fue condenado por repartir instrumentos que bien podrían ser utilizados para llevar a cabo esos tipos de actos en las calles cubanas. Ninguno fue condenado por tratar de derrocar el gobierno de los Estados Unidos, ni de intentar llevar a cabo actos en contra de la seguridad de este país. La principal diferencia entre un caso y el otro está en las condenas que recibieron. Los cubanos antiterroristas recibieron desde 15 años de prisión hasta dos cadenas perpetuas, ya llevan 13 presos, mientras que el norteamericano solo fue sentenciado a 15 años, de los cuales aun no ha llegado a cumplir dos. Observando ambos casos objetivamente tenemos que decir que los tribunales cubanos fueron mil veces más clementes y humanitarios que su contraparte norteamericana, incluso, que a Gross lo han tratado mil veces más humanamente en prisión que lo que han sido tratados los jóvenes cubanos. Esa es una verdad innegable.

Como bien se sabe, los cubanos fueron arrestados por haber tratado de buscar información antiterrorista entre los terroristas de origen cubano y como bien quedó demostrado en el juicio, en ningún momento trataron de hacerle daño a los Estados Unidos o a su seguridad interna. Muchos que han sido arrestados en este país por haber estado espiando para otros han sido condenados a penas mucho más ligeras que estos jóvenes cubanos, con los cuales los tribunales norteamericanos han sido despiadados.

Hace unos días, leí un artículo que publicó el periódico USA Today del periodista DeWayne Wickham en el cual mencionaba el caso de los 10 espías rusos que fueron arrestados el año pasado por el FBI y que después de ser presentados en la corte federal acusados de actuar como agentes de un país extranjero, en poco más de una semana fueron canjeados por cuatro espías británicos y norteamericanos que estaban presos en Moscú. El periodista se pregunta el por qué no se ha hecho un canje entre los cinco cubanos por el norteamericano. También yo me lo preguntaría.

Si el gobierno cubano quiere la libertad de los cinco compatriotas y el gobierno norteamericano quiere la libertad de Gross, no hay nada que impida que ambos gobiernos puedan hacer lo que se hizo con los rusos y los norteamericanos e ingleses. Ya que no se liberan por motivos humanitarios, pues que se liberen a través de un canje de conveniencia. Estoy casi seguro que el gobierno cubano lo aceptaría. ¿Qué razón puede existir para que el gobierno de los Estados Unidos no lo haga?

Miami, 15 Septiembre de 2011

*Lázaro Fariñas periodista cubano residente en EE.UU.


REPORTE DESDE EL SALVADOR PARA RADIO HABANA CUBA DEL 16 DE SEPTIEMBRE DE 2011

AUDIO

Este 15 de septiembre se conmemoró en El Salvador el 190 aniversario de la independencia de Centro América, ocurrida en 1821. La jornada inició con el acostumbrado acto oficial en la llamada Plaza Independencia, en el centro de la capital San Salvador, con la asistencia de los tres órganos del estado, encabezados por el diputado Sigfrido Reyes, presidente de la Asamblea Legislativa, el magistrado Belarmino Jaime, presidente de la Corte Suprema de justicia, y el Presidente del Ejecutivo, Mauricio Funes. Presenciaron el acto funcionarios de dichas instituciones del estado, cuerpo diplomático e invitados especiales.

Funes ha sido el encargado del discurso de ocasión, y en el que evocó la gesta de los próceres de la Patria, pero dedicó mayormente su enfoque a los salvadoreños que emigran principalmente hacia los Estados Unidos en busca del denominado sueño americano, pero que a pesar de representar aproximadamente la tercera parte de la población salvadoreña, actualmente no participan del proceso democrático. En tal sentido afirmó que se realizan las gestiones necesarias para que los salvadoreños que viven en cualquier país en el extranjero puedan votar para las elecciones presidenciales de 2014.

Además anunció que el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, con sus siglas PNUD, realizará un estudio para hacer realidad el voto en el exterior, y cuyos resultados se darán a conocer en enero del próximo año.

Así mismo, el mandatario salvadoreño llamó a la unidad del pueblo con el gobierno, para tratar de controlar el fenómeno de la emigración que se convierte en un exilio económico, mejorando la calidad de vida en El Salvador en los aspectos políticos y económicos y crear oportunidades de trabajo.

Un momento especial del mensaje estuvo dirigido a los seleccionados de Fútbol de playa, que acaban de lograr situarse en el cuarto lugar mundial en el recién concluido campeonato del orbe en Rávena, Italia; al respecto dijo a los salvadoreños que ellos son un ejemplo a seguir de unidad, humildad y de entrega.

Para la población en general este acontecimiento ha sido motivo de especial regocijo, tomando en cuenta la muy rara oportunidad de lograr éxitos en el campo deportivo en general, pero en esta ocasión, por ser la antítesis de lo que regularmente ocurre con otras selecciones deportivas, pues ese equipo está constituido por humildes pescadores que han practicado dicho deporte luego de sus faenas, y en medio del círculo de grandes necesidades y pobreza que se vive en esas zonas costeras; por ello representan esa figura que ha motivado en los salvadoreños gran orgullo y admiración por el nivel logrado a partir de un deporte no profesional, y al que se ha pedido el apoyo del estado para su desarrollo.

Al parecer el gobierno ya ha tomado algunas decisiones en esa dirección, al aportarles un salario mensual que les ayude a superarse deportivamente y enfrentar también sus necesidades elementales. También ha anunciado la construcción de canchas de ese deporte.

Para los amigos de Radio Habana Cuba, reportó desde El Salvador, Centro América, Mario Zavaleta.


LA SOLUCIÓN SEGÚN LULA

Jorge Gómez Barata

Me impresionó la explicación del método “Yo Si Puedo” ideado por una pedagoga cubana para alfabetizar adultos. La idea surgió al percatarse que los analfabetos podían contar, sumar, restar y dividir; manejar dinero e incluso administrar pequeños negocios. Tal vez se trata de conocimientos adquiridos por una especie de ósmosis cultural. El caso es que la científica asoció letras con números y construyó un procedimiento para enseñar asombrosamente eficaz.

También supe que una de las universidades más prestigiosas del mundo, con más de 80 premios nobel en su plantilla organiza cursos para vendedores ambulantes y estima tanto los conocimientos empíricos que los acredita. Personas de diferentes oficios pueden matricular allí y si prueban ser competentes en sus ocupaciones, la universidad los acredita, incluso en el grado de “Maestro”. El diploma con la firma del rector, convierte a albañiles, carpinteros y otros obreros en “operarios certificados”.

Una y otros renovaron mi fe en el sentido común, el gusto por las soluciones simples y por las verdades evidentes, es decir aquellas que ningún dogma o manipulación pueden ocultar ni cambiar y no necesitan ser demostradas ni explicadas por sabios cuyos rebuscados juicios confunden más que aclarar.

Estoy entre los hombres y mujeres de a pie a quien las alusiones a las crisis tremendas y disque “insolubles”, las mega cifras de rescates y “salvatajes” y los complicados análisis en diarios, revistas y mesas redondas, como los árboles que no dejan ver el bosque, les impiden entender lo que ocurre.

Entre los juicios imperdibles están los de un economista que explica la relativa bonanza económica de América Latina por “los pedidos chinos” y otro, no menos calificado que atribuye el encarecimiento de los alimentos y el repunte del hambre a “los pedidos chinos”; ninguno aclara por qué China hace tales pedidos y no faltan los que infieren que el hambre en Somalia se debe a la “falta de lluvias”.

Las verdades son más sencillas y siempre asequibles al hombre común. La economía, incluidos el mercado y la planificación no son excepciones sino frutos de la cultura humana que avanzó de menos a más sin perder sus esencias lógicas.

Al margen de los efectos de la globalización, la salud de una economía nacional depende de sus capacidades para producir y consumir. El consumo es la base de la demanda y no al revés; de ahí el significado de la economía interna.

Algunos países, principalmente latinoamericanos donde todavía el pensamiento económico está dominado por la mentalidad agroexportadora impuesta por la colonia y fatalmente incorporada a nuestras deformaciones estructurales, inevitablemente pagan las consecuencias. En los entornos más desarrollados el mercado interno es la referencia.

Naturalmente no basta con producir, sino que se necesita ser competitivo, para lo cual es preciso hacerlo con racionalidad, alta productividad, elevado valor agregado, bajos costos y otros indicadores que a nivel de los países incluyen los procesos fiscales, monetarios, ecológicos, sanitarios y otros elementos asociados al nivel de desarrollo de cada lugar, a sus doctrinas y a sus prioridades.

Entre los elementos más llamativos del legado de Lula, un presidente que dejó el poder con más popularidad de la que tenía cuando lo alcanzó, es que el blindaje económico que puede preservar a las economías latinoamericanas del contagio con las crisis del mundo desarrollado pasa por el fortalecimiento del mercado interno y la elevación del bienestar de los productores.

La insistencia en adoptar medidas para impedir el contagio con las economías desarrolladas que por mala administración andan de una crisis en otra, incluye dar prioridad a los mercados regionales y a las opciones integracionistas, empeño en el que afortunadamente coinciden los mandatarios de la nueva izquierda latinoamericana, que han hecho posible proyectos como: MERCOSUR, UNASUR, Banco del Sur y decenas de otros acuerdos bilaterales y multilaterales que evidencian esa voluntad.

Tal vez la experiencia de las relaciones económicas con China, India Corea del Sur, Taiwan, Indonesia y otros países emergentes, sirva para ilustrar la idea de que invertir en los países pobres para contribuir a su desarrollo e incentivar el consumo es un camino que, erróneamente, los países imperiales han descartado. “La solución —ha dicho Lula— es que los pobres consuman más”.

Es cierto que al crecimiento económico latinoamericano le falta la equidad en la distribución, que lo haría perfecto, pero es imposible negar que se trate de pasos de avance respecto al estancamiento o los retrocesos que llevaron a calificar ciertos períodos como “décadas perdidas”.

De lograr que en los estados africanos y centroamericanos se despliegue un crecimiento económico estable y el consumo interno creciera a los ritmos que lo hace Brasil, Argentina y otros países de la región donde la producción de bienes de consumo representa aproximadamente el 50 por ciento del producto interno bruto, la dinámica de desarrollo y el progreso atenuaría las penurias del presente y prepararía a los pueblos para empeños mayores.

La verdad está a la vista para todo el que quiera verla: el motor del crecimiento es el consumo interno. Lo demás es…valor añadido. Allá nos vemos.

La Habana, 15 de septiembre de 2011