domingo, 28 de agosto de 2011

LUCHA DE MASAS Y PROYECTOMANIA POPULISTA


Jorge Gómez Barata

Todos nos hemos conmovido por quienes han querido tomar el cielo por asalto, ejercido la solidaridad con aquellos que han perecido en el intento para finalmente aprender que: “En política se hace lo que se puede”. La desmesura de las metas daña a los movimientos políticos tanto como la mezquindad minimalista. Calibrar con realismo los objetivos y considerar la pertinencia de las alianzas, son claves para el éxito.

Desde las revueltas de mayo de 1968 en Francia no se recuerda una coyuntura política en la cual la juventud haya protagonizado un movimiento del calado que hoy tiene la movilización del estudiantado chileno y ningún empeño de esa naturaleza avanzó tanto en tan poco tiempo. Ir tan rápido plantea dificultades para consolidar los éxitos, procesar las experiencias y sintonizar a la vanguardia con la masa.

En aquella, “la década prodigiosa”, condicionada por el entusiasmo promovido por la Revolución Cubana, el auge del movimiento de liberación nacional tercermundista, la lucha por los derechos civiles en los Estados Unidos y el rechazo a la guerra en Vietnam, desde las posiciones de la izquierda tradicional apegada al enfoque presuntamente marxista (en realidad soviético), según el cual la legitimidad de cualquier expresión política en el capitalismo dependía de una matriz obrera, esperábamos el momento en que la poderosa Confederación General de Trabajadores (CGT) se sumara al movimiento, cosa que finalmente ocurrió.

Cuando los partidos y el sindicalismo francés se involucraron y llamaron a la huelga, se hizo evidente la tendencia a instrumentalizar las organizaciones sociales y populares, consideradas desde la izquierda y la derecha como “correas de transmisión”. En pocas semanas la rebeldía juvenil se homologó con las demandas tradicionales y, en lugar de reforzarse, el movimiento se remitió hasta disolverse en conquistas menores.

Aunque son otras las circunstancias, tales peligros no dejan de estar presentes en el Chile de hoy donde si bien los estamentos políticos tradicionales no están habilitados para capitalizar el movimiento de masas, tampoco el estudiantado posee la solvencia política necesaria para conducir procesos que requieren cambios estructurales que rebasan la problemática educacional y son de una trascendencia difícil de aquilatar.

En Chile donde la derecha se asocia con el pinochetismo y el fascismo y donde al izquierda tradicional se debilitó por el golpe y la represión a lo largo de casi 20 años de dictadura y fue afectada por la división y la deslegitimación derivada tanto de procesos internos como por la crisis del socialismo real, fenómenos también presentes en el sindicalismo, no existen entidades políticas calificadas para asumir los reclamos del momento. La necesidad de articular una vanguardia y definir un programa es tanto una necesidad como un riesgo.

La coyuntura hace visible un fenómeno que raras veces se tiene en cuenta y es que, por ser sistémica, la crisis afecta a todos los elementos del sistema incluyendo a quienes promueven y deberían conducir los cambios. Teóricamente, por no formar parte del mundo laboral ni de las estructuras políticas adultas, se presume que los estudiantes poseen la capacidad renovadora de la que carecen los opositores integrados al sistema. En 1968, a propósito del Mayo Francés, Jean-Paul Sartre consideró:

“Sea cual sea el régimen, los estudiantes sienten que todavía no han entrado en el sistema que les han preparado sus padres y en el que no quieren entrar…Dicho de otro modo, no quieren concesiones, no quieren que les arreglen las cosas, que se les satisfagan pequeñas reivindicaciones para, de hecho, acorralarles y hacerles seguir las reglas…”

Aunque la evaluación del filósofo no fue endosada por la práctica y tras algunas concesiones que nunca hicieron peligrar el sistema, el movimiento fue absorbido por la política tradicional, hay preceptos que, al menos teóricamente requieren atención.

En efecto, de todas las fuerzas sociales, los estudiantes universitarios son los menos integrados y comprometidos con el sistema, los que en menor medida dependen de las estructuras políticas tradicionales y los que a la práctica, suman una comprensión más integral y estratégicas del sistema en su conjunto.

El escaso efecto del paro convocado por la Central Única de Trabajadores en Chile es un aviso del peligro que significa una ampliación desproporcionada de los objetivos del movimiento estudiantil que obliga a alianzas y enroques que pueden conspirar contra la identidad y la eficacia de la vanguardia juvenil que conduce la lucha.

Si bien limitarse a lo estrictamente académico o educacional puede ser reduccionista; levantar expectativas imposibles de abarcar puede resultar inviable. En cualquier caso se trata de una historia que está por escribir y en la cual el movimiento estudiantil ha combinado la energía y la determinación de la juventud, con la lucidez de un liderazgo sorprendentemente maduro. Allá nos vemos.

La Habana, 28 de agosto de 2011

Habla el padre de la Cardiología en Cuba: “Queríamos mejorar la salud del pueblo y evitar la charlatanería”

Paquita Armas Fonseca

Publicado en Cubadebate el 28 Agosto 2011

Dr. Alberto Hernández Cañero

No todos los seres humanos tienen la suerte de llegar a más de 90 años con la lucidez necesaria para saber que el tiempo pesa. Ese es el caso del Dr. Alberto Hernández Cañero, director fundador del Instituto de Cardiología y Cirugía Cardiovascular (ICCCV), Profesor Titular (consultante) del Instituto Superior de Ciencias Médicas de La Habana, Investigador Titular, Doctor en Ciencias y Miembro Titular de la Academia de Ciencias.

Mereció por sus indiscutibles méritos la Orden Finlay; la medalla 250 Aniversario de la Universidad de La Habana; la medalla Distinción por la Educación Cubana; medalla Comandante Fajardo; Servicios Distinguidos de las FAR; 30 años del Ministerio del Interior; Cardiólogo Distinguido; medalla y diploma de la Sociedad de Cardiología Centroamericana y del Caribe y ha impartido conferencias o presentaciones de trabajos en más de 20 ciudades de países extranjeros.

Reconocido por sus investigaciones, el Dr.Hernández Cañero, o Cañero como le llaman sus pacientes, ha podido ver y protagonizar el avance de la Cardiología y la Cirugía Cardiovascular en el hospital que fundó en 1966.

Gracias a su empeño y empuje se aplicaron en la mayor de las Antillas las más modernas técnicas dirigidas al tratamiento del corazón. Lejos de frenar a los jóvenes los estimuló, de tal suerte que hoy reconocidos profesionales lo llaman el padre de la Cardiología en Cuba.

En un área remodelada de la reconocida institución médica tiene su oficina a la que asiste varias veces en la semana a escribir, ver pacientes o asesorar a los que le han seguido sus pasos.

Aún mantiene su optimismo por el mejoramiento humano porque sigue creyendo en los principios de humanidad que le hicieron quedarse en Cuba en 1959, cuando muchos de sus colegas abandonaron a su país.

-Generalmente durante la niñez y la adolescencia se perfilan los gustos de lo que será una profesión en el adulto ¿Es Usted la norma o la excepción? ¿Qué hacía o le gustaba hacer de niño?

-Mi infancia que yo recuerde, no tuvo otra relación con la medicina que las visitas que yo le hice a su consulta, o las de él a mi casa, del Dr. Ernesto Velarde, un médico de mi pueblo natal San Cristóbal en Pinar del Río, que me trató las enfermedades de la infancia. En ese pueblo cursé la enseñanza primaria, monté a caballo, jugué a las bolas, a los trompos, a la quimbumbia y al base ball, como receptor, donde no fui nada bueno. A los 11 años mis padres me enviaron a la Habana donde vivían mi abuela y tíos maternos para que me preparara para el ingreso en los estudios de bachillerato. Ya en la adolescencia tuve inclinaciones a distintas profesiones, primero quise estudiar abogacía, por la influencia del mayor de mis tíos, un emigrado español, obrero, que trabajaba en una fábrica de bloques de cemento, cuya ideología era la de un comunista utópico, que soñaba con una sociedad sin clases, y sin la existencia de un estado represivo. Por ello tempranamente comencé a interesarme por los problemas sociales, de ahí la profesión de abogado, como el mejor medio para defender mis ideales, hasta trabajé en una notaría. En 1933, después de la caída de la dictadura de Machado, me puse muy contento al conocer, a finales de ese año, la creación de soviets de obreros y campesinos en 10 centrales azucareros, pero se mantuvo poco la alegría pues su duración fue fugaz. La huelga de marzo de 1935 reprimida por Mendieta, Batista, Pedraza y sus sicarios, marcó el camino hacia la profesión de médico, pues mi padre que era secretario de la Junta de Educación de mi pueblo San Cristóbal, fue acusado de guiterista y dejado cesante. Por ello vino para la Habana con mi madre y mi hermana y me fui a vivir con ellos. Mi padre había abandonado la carrera de Farmacia, faltándole solo dos años, cuando se casó con mi madre. Comenzó a estudiar de nuevo y se graduó de Doctor en Farmacia en 1937. Regenteó y trabajó durante año y medio en una botica llamada La Nacional situada en Belascoaín entre San Rafael y San Miguel, donde yo lo ayudaba a despachar, a inyectar clientes y hasta recomendar medicinas, cosas que se hacían frecuentemente en estos establecimientos. En 1938 adquiere, a pagar en cierto número de plazos, una de estas boticas y es ahí que decido matricular la carrera de Doctor en Medicina, sin abandonar mis ideales, ya que esta carrera es un verdadero sacerdocio que puedes ejercer y hacer el bien en cualquier parte sin contradicciones.

- ¿Por qué cardiólogo?

El por qué de esta especialidad puede haber sido un hecho casual. Cuando comencé la carrera, como cualquier otro estudiante de medicina, busqué donde practicar y se me ofreció la consulta de cardiología del Hospital Nuestra Señora de las Mercedes, cuyo jefe era el Dr. Juan Govea Peña, cardiólogo graduado en Francia, famoso en esos años, que tuvo la distinción de brindarme su consulta privada como medio de enseñanza. Con él aprendí a auscultar y a interpretar el lenguaje del corazón, que emitía un ruido de galope cuando estaba enfermo y cansado, o un ruido de soplo si sus válvulas estaban estrechadas, insuficientes o malformadas y se quejaba cuando una arteria coronaria se estrechaba. Tenía para diagnosticar la ayuda del electrocardiograma, la radiología y la angiocardiografía. Tuvo la cardiología un desarrollo impetuoso tanto en sus medios de diagnóstico como la ecocardiografía, la electrofisiología, los estudios hemodinámicos y la coronariografía, así como en los terapéuticos, medicamentosos, la estimulación cardíaca, y otros métodos invasivos como la angioplastia y la cirugía cardiovascular con las que se mejora la calidad o se salvan vidas. Por eso continué como cardiólogo en la Sala Yarini, Cátedra de Clínica Médica No. 8 con otro de mis maestros, el Profesor Rogelio Lavín Padrón.

- ¿Qué significó el triunfo de la Revolución para Usted?

-Para mí fue un renacer dado mis ideales. Miembro del Partido Socialista Popular, seguía la guerra emprendida por Fidel desde la Sierra Maestra a través de la audición de Radio Rebelde, con un radio Punto Azul de onda corta y larga reliquia que aún conservo. Mi amigo, el Comandante Dr. Sergio del Valle Jiménez, me enviaba emisarios, yo ayudaba con lo que podía, me integré de nuevo a la docencia en 1960 y así nos incorporamos a esta Gran Revolución.

-¿Cómo se creó oficialmente la especialidad de cardiología en 1962?

-Igual que en otras especialidades, fue un anhelo de los médicos cubanos, la creación oficial de las mismas para mejorar la salud del pueblo y evitar la charlatanería. En el caso de la cardiología, se había creado en 1937 la Sociedad Cubana de esta especialidad, que estuvo a la vanguardia de esta lucha, pero la oficialización de las especialidades no pudo llevarse a cabo durante la República Burguesa. Con el triunfo de la Revolución tiene lugar una lucha ideológica y entre los años 1959 y 1964, de los 6215 médicos que había en Cuba, emigra cerca del treinta por ciento. Sus causas fueron diversas: unos por haber participado en los desmanes del batistato, fugitivos de la ley, algunos porque habían amasado grandes fortunas en negocios no relacionados con el ejercicio médico, otros siguiendo a sus clientes ricos y los más, confundidos por la propaganda mediática de mentiras y anticomunista. Esto ocasionó que en los tres primeros años de la Revolución, la prioridad estuvo en la formación de médicos generales para cubrir las necesidades médicas primarias de la población. Consideradas éstas cubiertas, en 1962 se emite por el Ministro de Salud Pública, Dr.José Ramón Machado Ventura, el 6 de agosto, el decreto ministerial 13, que crea la Comisión de docencia del interno y del postgrado, que después de estudiar este problema, establece y publica los programas para el internado y residencia de 10 especialidades clínicas, 10 quirúrgicas y tres diagnósticas, para la obtención del grado primero de la especialidad.

- ¿Cuánto tuvo de Hernández Cañero “la primera piedra” del ICCCV que se creó en 1966?

-Antes de la creación del ICCCV en 1966, ya habíamos estado seis años “poniendo piedras” y fue el trabajo realizado durante este tiempo, el que permitió que nuestro grupo de cardiólogos y cirujanos y su servicio en el Hospital Comandante Fajardo, fuera escogido como asiento del ICCCV. Inicialmente solo fue un cambio de nombre.

-¿De dónde sacaron los cardiólogos y los cirujanos?

-Empezamos con un grupo de 10 médicos de los cuales solo yo era realmente cardiólogo, miembro de la Sociedad Cubana de Cardiología (SCC), fui cardiólogo de la Maternidad América Arias, de la Sala Yarini del Hospital General Calixto García y de la Fundación Agustín Castellanos. Los demás se formaron en la marcha y en cuanto a los cirujanos, los primeros, Doctores Noel González, Julio Taín, Felipe Rodiles, Manuel Jacas, José Arango Casado, eran cirujanos generales que también se formaron y adquirieron destreza en su práctica diaria.

- En lo personal tiene Usted decenas de textos publicados y ahora, tengo entendido, escribe las memorias de esa institución que es su segunda casa. ¿Por qué no les adelanta a los lectores una o dos anécdotas de las que Usted narra?

-Como en los 45 años de existencia del ICCC, las anécdotas de hechos vividos fueron muchas, solo voy a referirme a dos: la primera tuvo lugar a finales del año 1968 en que el Dr.Noel González Jiménez, jefe de la sección de Cirugía Cardiovascular del ICCCV, estando éste aún en el Fajardo, propuso al MINSAP, la creación de un Centro de Cirugía Cardiovascular y trasplante de órganos que asentaría en la llamada Clínica Antonetti. Esta fue una clínica mutualista que ya había sido intervenida por el MINSAP y que con otras instituciones de este tipo pertenecían al estado cubano. Yo me opuse a este proyecto en un informe, pues consideraba que ya en esos momentos, la cardiología clínica sola, sin la cirugía cardiovascular no tenía razón de ser. Lo cierto fue que el MINSAP no aprobó el proyecto, pues no lo consideró viable, pero cedió la clínica Antonetti para el ICCCV. Años más tarde, en 1985, ya trabajando como director del Cardiocentro del Hospital Ameijeiras, Noel González realizó el primer trasplante cardiaco exitoso en Cuba, demostrando su capacidad organizativa, destreza y tenacidad. También se hizo evidente, que para obtener éxito en la trasplantología, era necesario su realización en un Hospital general como Ameijeiras, que estuviera dotado de otros servicios de apoyo como el de inmunología, neurología, nefrología y otros laboratorios especializados.

Otra de las anécdotas que narro comenzó el 21 de julio de 1969, cuando la sección de cardiología clínica todavía estaba en el Hospital Fajardo. Recibo en mi oficina una llamaba telefónica de Celia Sánchez Manduley pidiéndome que fuera urgente a la casa del Comandante Dr. René Vallejo Ortiz, ayudante del Comandante en jefe Fidel Castro, que tenía una crisis hipertensiva y vivía en el Reparto Nuevo Vedado. Llegué en minutos, encuentro a Vallejo tirado en la cama, sudoroso, vestido aún con parte del uniforme militar, quejándose de intensa cefalea. Le tomé la presión arterial y tenía más de 230 de máxima y aún no le ha había quitado el manguito del esfigmomanómetro, Vallejo cayó en coma. El Dr.Oscar Suárez Savio cirujano que lo acompañaba, le hizo de inmediato una traqueotomía y acudieron a las llamadas de Celia, Suárez Savio y mía otros médicos a colaborar en su tratamiento, entre los que recuerdo a Rafael Estrada, director del Instituto de Neurología, Raúl Dorticós Torrado, jefe del equipo médico de Fidel, Abelardo Buch Director del Instituto de Nefrología, Hilario Cortina y Gilberto Gil Ramos del ICCCV. Se instaló en casa de Vallejo una unidad de cuidados intensivos completa y a ella asistía diariamente el Comandante en Jefe, al que se le explicó y él observó por primera vez, en qué consistían estos cuidados. Fue precisamente el Comandante en jefe quien los promovió a toda Cuba mediante una atención directa por el grupo de apoyo del Consejo de Estado. El corazón del Comandante Vallejo dejó de latir el 13 de agosto de 1969.

- ¿Qué se siente al llegar a los 90 años, lúcido, vital escribiendo y atendiendo pacientes?

-Exageran mis amigos y ex alumnos, no todo lo que reluce es oro, la vejez es implacable, se olvidan momentáneamente los nombres, disminuye la agudeza visual y auditiva y en general la cognición, se gastan las articulaciones y enlenteces. Pero yo no puedo quejarme, pues el haber sobrevivido 15 años sobre la esperanza de vida en Cuba, me permitió disfrutar este tiempo de toda mi familia y desde hace un año a Camila mi biznieta, de la reciente remodelación y ampliación del Instituto, así como asistir a la implementación de los cambios en nuestra política económica, a la decadencia del sistema capitalista mundial y a los avances en la integración de los pueblos sur americanos y caribeños. También he tomado un pequeño espacio, de esos años, para atender pacientes, para escribir sobre los 70 años de la Historia de la Sociedad Cubana de Cardiología y de sus Congresos, los 45 años del Instituto de Cardiología y Cirugía Cardiovascular y tengo otros proyectos para los cuales, no sé si el tiempo que me queda alcanzará.

(Tomado de Cirugía Cardiovascular)


“El ajuste lleva al estancamiento”

REPORTAJE A JOSEPH STIGLITZ, PREMIO NOBEL DE ECONOMIA Y DISIDENTE DE LAS TEORIAS IMPERANTES

Enemigo de la ortodoxia, presentó sus ideas en un encuentro mundial de galardonados en Alemania. Defendió las políticas de estímulo fiscal, dijo que el desempleo es el principal problema y elogió lo que hizo Argentina después del default.

Por Tomás Lukin

Desde Lindau

El economista Joseph Stiglitz fue la estrella y la oveja negra de la Conferencia de premios Nobel en la isla de Lindau, al sur de Alemania, que terminó ayer. El profesor de la Universidad de Columbia forma parte de un reducido grupo entre los 17 galardonados que participaron del encuentro, los que no reclaman públicamente medidas de austeridad sino mayores estímulos fiscales para enfrentar la crisis y reducir el desempleo.

Mientras que los jóvenes economistas y periodistas lo rodean en cada oportunidad, sus pares lo miran con recelo. Las declaraciones que hace sobre el fracaso y la incapacidad de las ideas económicas dominantes para comprender y ofrecer una respuesta a la crisis chocan con la visión que poseen otros Nobel. Estos especialistas consideran que el marco teórico no tuvo ninguna responsabilidad, posición que comparten muchos de los 373 economistas de todo el mundo que forman parte del evento y desestiman las críticas de Stiglitz.

Luego de varios intentos interrumpidos a pocos instantes de comenzar, el ganador del premio en 2001 concedió una entrevista a Página/12 durante una caminata desde el centro de conferencias hasta la ópera de la isla, donde debía participar de una reunión a puertas cerradas. A lo largo del recorrido, el economista destacó el desempeño de los “países emergentes” y señaló que Argentina debe profundizar la industrialización, ya que “los commodities no alcanzan para el desarrollo”, así como fortalecer el mercado interno. Antes de terminar el reportaje preguntó: “Parece que va a ser elegida de nuevo, ¿no?”, en referencia a Cristina Fernández de Kirchner. Y luego adelantó que “todavía no está confirmado, pero me parece que voy a volver a la Argentina en diciembre”.

–¿Por qué considera errados los planes de ajuste fiscal?

–Esas políticas llevan al estancamiento, se necesitan más planes de estímulo fiscal para recuperar el crecimiento y alcanzar menores niveles de desempleo en Estados Unidos y Europa. La política monetaria hoy no es efectiva. Los primeros paquetes de estímulo fiscal en 2008 funcionaron bien, si no la desocupación hubiera sido mucho mayor. Al mismo tiempo, esa expansión generó importantes déficit presupuestarios. La mejor forma para enfrentar esos déficit es con mayor gasto, la austeridad va en la dirección contraria. Es una visión equivocada, es la misma receta que aplicó el FMI en la Argentina. Sabemos lo que pasa: la economía se desacelera, luego entra en recesión y finalmente termina con una depresión. Sin crecimiento no es posible salir de la crisis. Cuanto más se demore el resultado político mayores serán la inestabilidad y los costos.

–Los argumentos contra los estímulos fiscales sostienen que esas medidas profundizarán todavía más los déficit.

–El problema no son los déficit presupuestarios, ni siquiera la recesión, el problema es el déficit de empleo que hay. Hoy en Estados Unidos tenemos 14 millones de desocupados, pero en realidad son 25 millones las personas que no pueden conseguir un empleo de tiempo completo. Esta situación sólo va a empeorar con los planes de austeridad. La mejor forma para enfrentar la crisis es crear puestos de trabajo. La teoría económica tradicional fracasó. Hay un principio muy simple llamado “multiplicador presupuestario”: si uno recauda impuestos y gasta dinero en forma balanceada de forma tal que no crezca el déficit, la economía crecerá. En el mediano plazo, esa política tiende a reducir el déficit y asegura la sustentabilidad de la economía porque el PIB crecerá y la deuda y el déficit serán más pequeños en términos relativos. Si uno diseña bien el multiplicador, el estímulo fiscal puede ser muy grande. En ese sentido, en Estados Unidos se pueden cobrar impuestos al uno por ciento más rico que concentra el 25 por ciento del ingreso, y gastar el dinero en inversiones que aseguren mayor crecimiento. Esa dinámica es un forma de resolver este dilema.

–¿La crisis estructural en Europa desencadenará la desintegración de la unión monetaria?

–Va a ser necesario más dinero para que funcione el euro, así como también va a ser necesario más dinero para que deje de hacerlo. De una forma u otra, Alemania va a perder mucho dinero. Hay vida después del default y de abandonar un sistema de tipo de cambio fijo. En la Argentina, el fin de la paridad cambiaria y el default tuvieron un alto costo. Luego de un período de caída, Argentina comenzó a crecer muy rápido, incluso en ausencia de lo que mucha gente considera las “mejores” prácticas económicas, con buenas políticas pero no perfectas. Yo creo que es muy difícil volver a unir un huevo revuelto, me parece que el euro es una muy buena iniciativa. Por eso, no creo que sea necesario que ningún país abandone el euro. Como le dije antes, es necesario impulsar planes de estímulo. Para eso se puede inyectar más recursos al Fondo de Estabilidad Financiera Europeo para hacer frente a los problemas de la región. También, es posible emitir eurobonos.

–¿La profundización de la crisis en Estados Unidos y Europa golpeará sobre los países en desarrollo?

–En 2010, el crecimiento global fue bueno. Hasta ahora, a los países emergentes les ha ido muy bien, ésa es una gran noticia. Muchos se recuperaron con fuerza, como China y Brasil. Pero si se profundiza la recesión en Estados Unidos y Europa, las economías emergentes van a tener dificultades. Creo que van a poder enfrentar una caída en las exportaciones, pero es necesario que fortalezcan la demanda interna. Si bien una disminución del crecimiento chino presionaría a la baja los precios de las commodities y eso golpearía a la Argentina, considero que China va a poder sortear la crisis y mantener así los niveles de demanda de esos productos.

–¿El buen desempeño de las economías como Argentina responde solamente a las exportaciones de bienes primarios y los elevados precios internacionales?

–No, esa situación va a beneficiar a América latina y otros países dependientes de las exportaciones de commodities. Pero esas exportaciones no son suficientes para garantizar el crecimiento sostenido y la reducción del desempleo, los países de la región como Argentina tienen que diversificar sus estructuras productivas, invertir en sectores de alta tecnología. Es un proceso que demora tiempo. Los países como Argentina, Brasil y China desplegaron muy buenas políticas macroeconómicas. Comprendieron la importancia de un estímulo keynesiano bien diseñado para apuntalar la economía y garantizar que el desempleo no se dispare. Hay un conjunto de aspectos que permiten que los países emergentes no se vean directamente afectados por la crisis. Por ejemplo, las regulaciones bancarias en muchos países son mucho mejores, de mejor calidad, que las de Estados Unidos y Europa. En algunos casos eso se debió a que los países ya habían atravesado grandes crisis. Argentina hizo muy bien las cosas en los últimos años para garantizar un fuerte crecimiento a tasas muy altas y controlar la inflación.

–¿La inflación es un problema para las economías emergentes?

–Argentina enfrenta, como muchos países emergentes, el desafío de controlar la inflación en un mundo en recesión. Es un tiempo muy difícil para llevar adelante esa tarea porque se experimentan shocks negativos de demanda y shocks inflacionarios externos. No hay una forma sencilla para atravesar ambos desafíos. El foco excesivo de los bancos centrales en controlar la inflación es un error, pero también es un error ignorar el fenómeno. La estabilidad financiera, el crecimiento y el empleo también tienen que formar parte de sus objetivos. La baja inflación no asegura el crecimiento sostenido. En Europa, la preocupación del Banco Central por los aumentos de precios es uno de los factores que debilita la economía. Por su parte Brasil logró crecer, pero su enfoque excesivo en la inflación ha dado como resultado tasas de interés muy elevadas, entre las más altas del mundo.

–¿Qué quiere decir cuando afirma que la teoría económica tradicional fracasó?

–Los modelos utilizados por los bancos centrales, economistas, los banqueros, crearon un marco de política que estuvo en el epicentro de la crisis. Decían que no era necesaria la regulación, que los mercados eran eficientes por su cuenta o que la baja inflación era suficiente para garantizar un sendero de crecimiento. La macroeconomía no se autorregula y no conduce al pleno empleo. El problema no es la simplificación a la que recurren los modelos, el asunto es que estos modelos dicen que la crisis no podía suceder. Si los modelos no contemplan a los bancos entonces no existe el crédito. ¿Cómo es posible pensar en estrategias para impulsarlo? En materia laboral, la teoría señalaba que uno de los problemas eran las rigideces en el mercado de trabajo. Pero los países donde hoy se profundiza el problema del desempleo son aquellos que más desregularon ese mercado. En cambio, donde no se aplicaron esas políticas el desempleo es menor. Uno de los principales problemas en nuestra sociedad es la creciente desigualdad, esa situación disminuye la demanda agregada y la brecha que se generó fue cubierta por una burbuja bancaria de consumo artificial que impulsó la inestabilidad. La agenda de la economía ignoró esto y pensaba que alcanzaba con aumentos de productividad. Los modelos dominantes tradicionales no se hacían las preguntas adecuadas.

tlukin@pagina12.com.ar

Tomado de Página 12