sábado, 6 de agosto de 2011

ANEXIONISMO CUBANO EN EL CONGRESO DE EEUU

Por Manuel E Yepe
Es notable el hecho de que poco más de un millón y medio de cubanos en Estados Unidos (no todos tienen derecho al sufragio) tengan dos senadores y cuatro representantes en el Congreso de Washington, proporción que sobrepasa la de mexicanos y boricuas, que por su número incomparablemente mayor, en el primer caso, y por el status colonial que sufren, en el segundo, debían tener una representación más numerosa.
Los cubanos tienen mayor representación en Congreso que los pobladores de los estados de Wyoming, Montana, Idaho, Nevada, Dakota del Norte, Dakota del Sur, Utah, Alaska, Rhode Island, Maine, Hawái y Nuevo México.
Igual que el independentismo, el anexionismo en Cuba tiene en sus raíces la inconformidad de los cubanos con el colonialismo español.
Ambas corrientes competían con la reformista que se contentaba con un alivio del yugo colonial.
Cuando el resto de las provincias hispanas de América habían accedido a la independencia, Cuba seguía obligada a permanecer como “la siempre fiel”, junto a Puerto Rico.
Los anexionistas cubanos que emigraron a Norteamérica en el siglo XIX tienen en común con las élites económicas que lo hicieron en los años 60 del siglo XX su incompatibilidad con las ideas independentistas de los revolucionarios cubanos.
Cuando en 1959 llegaron a Miami centenares de deshonestos funcionarios de la tiranía de Fulgencio Batista con sus maletas llenas de dólares robados al tesoro público, también huían cientos de represores militares, torturadores y asesinos con las manos ensangrentadas. Unos evadían la justicia criminal, otros la justicia social. Ambos fueron germen de lo que llegó a ser la mafia cubana de Miami que tanto ha pesado, durante más de medio siglo y bajo el gobierno de once inquilinos de la Casa Blanca, en las relaciones de Estados Unidos con Cuba.
Incorporando su vasta experiencia delictiva al entrenamiento recibido de la CIA para misiones militares y terroristas contra la revolución cubana, esos truhanes impusieron métodos pandilleros de control sobre el conjunto de la población de inmigrantes cubanos en la Florida, adquiriendo una autoridad sobre el voto electoral de éstos que agregó, a su poder económico de espurio origen, un poder político que se disputan los dos partidos que se distribuyen los cargos electivos en Estados Unidos.
El hegemonismo estadounidense, amenazado por la decisión de los dirigentes revolucionarios de asumir el poder real del país en nombre de los intereses populares y en favor de las reivindicaciones más estratégicas y urgentes de la población, optó por la violencia para recuperar el control de la isla. Para ello, le eran más útiles los experimentados represores preparados por asesores del Pentágono durante la tiranía de Batista que los burgueses que demandaban a Estados Unidos que les recuperara sus latifundios y negocios nacionalizados por la revolución.
Pero sucesivos fracasos de los planes violentos llevaron a la extrema derecha estadounidense, en especial durante los gobiernos de Bush padre y su hijo, a acometer la alternativa de empoderar a la extrema derecha cubana del Sur de la Florida ofreciéndole, turbios manejos mediante, una representación política sobredimensionada.
Los políticos de origen cubano en Estados Unidos –una buena parte de ellos descendientes familiares de homólogos en la política cubana o de agentes represivos policiales de la tiranía de Fulgencio Batista
(1952-1959)- comenzaron casi todos sus carreras políticas bajo auspicios de las agresiones de Washington contra Cuba, en los grupos extremistas armados por la CIA y otras agencias de espionaje y subversión, en Miami y Nueva Jersey, principalmente.
En los congresistas de origen cubano y en la cúpula del poder político de la comunidad isleña sigue primando la línea que rechaza el contacto con Cuba. En la base, sin embargo, se aprecian ya grandes cambios que no reflejan los medios corporativos.
Una reciente polémica epistolar entre Hillary Clinton e Ileana Ros-Lethenien, muestra a la congresista “batistiana” más agresiva contra los intereses de los inmigrantes cubanos que la canciller estadounidense.
Hago notar, no obstante, que el pensamiento anexionista no es algo que caracterice a la emigración cubana en Estados Unidos, ni antes ni ahora. Solo una parte relativamente menor ha estado o está dispuesta a renunciar a la identidad cubana para satisfacer sus ambiciones propias aprovechando los apetitos históricos de EEUU respecto a Cuba.
José Martí, primero, y Fidel Castro, hace algo más de medio siglo, fueron capaces de promover movimientos basados en la ideología de la lucha independentista en la emigración cubana en Estados Unidos cuyas raíces no han podido hacer desaparecer las campañas de odio y mentiras.
La Habana, 06 de Agosto de 2011

Pablo Milanés en la boca del lobo

Por Lázaro Fariñas*

Foto Virgilio Ponce - Martianos - Hermes - Cubainformación

Otra vez los irreverentes, irracionales e intolerantes de la ultraderecha cubanoamericana de Miami se han alborotado. En realidad, eso no tiene nada de extraño, ya que estos personajes se pasan casi todo el tiempo alborotados. Es increíble, no se cansan de hacer el ridículo. Anteriormente y en muchas ocasiones, he escrito sobre las ridiculeces que protagonizan en las calles de esta ciudad, entre ellas, ya que es imposible recontarlas todas, han comido sombreros mexicanos, aplastados discos compactos, han hecho huelgas de hambre de mentirita, conferencias de prensa por encapuchados, etc., etc. Ahora andan hablando pestes de Pablo Milanés, porque este presentará un concierto el día 27 de este mes en un auditórium local. Milanés hace conciertos en Europa, América Latina y en Cuba, y es aplaudido delirantemente por el público que asiste a los mismos. Se autodefine como un hombre que ve las cosas buenas de la Revolución Cubana y las defiende y critica lo que él considera que debe ser criticado de la misma. No es un funcionario del gobierno revolucionario, no ocupa cargo público alguno y dice lo que piensa tanto fuera, como dentro de Cuba. Sus canciones son cantadas por millones de personas alrededor del mundo, incluyendo miles y miles de cubanos y latinoamericanos que residen en Miami. Es grande entre los grandes. Es un orgullo de Cuba y de la inmensa mayoría de los cubanos. Sus ideas políticas no son debatidas por sus seguidores, quienes disfrutan de sus maravillosas canciones. Sin importar lo que Pablo diga o piense políticamente, sus canciones se oyen, se cantan y se tararean en cualquier rincón del mundo. El, junto a Silvio Rodríguez, son íconos de la trova cubana, ambos llenan estadios completos de sus fanáticos en sus conciertos en América Latina y en Europa. Es enorme el número de canciones compuestas y cantadas por este hombre, que un grupo de ultra reaccionarios de esta ciudad tratan de repudiar. Cumplen bien sus consignas de “El arte al fuego”.

Es por eso que las pocas críticas que se conocen sobre este maravilloso cantautor proceden del segmento más cavernícola de los cubanoamericanos que residen en esta ciudad de Miami. Claro, esos tipos odian todo lo que huela a Cuba. Si no hicieran tanto ruido localmente y tanto daño en Washington, no habría ninguna razón para referirse a ellos. Pero sí hacen ruido en esta ciudad, creando un clima de intolerancia y con ello, mandando un mensaje internacional que la comunidad cubana que aquí reside es intolerante, intransigente, inculta, fascista y antidemocrática, cuando eso no es enteramente cierto. La mayoría de los cubanos que vivimos en este Miami no reunimos esas características. Centenares de miles de cubanos, que viven aquí, trabajan, mantienen y educan a sus familias y viajan a Cuba a ver y ayudar a los familiares que allí dejaron. Pero el grupo vociferante, o controla los medios de comunicación de la ciudad o estos le dan los espacios que le niegan a las voces de la mayoría.

Los organizadores del concierto han logrado que, por grandes sumas de dinero, le hayan colocado vallas de publicidad en varias calles de Miami. Lo más probables es que éstas pronto sean removidas, por la presión de estos grupos de fascistas, tal y como hicieron, hace unos meses con una valla en defensa de los Cinco anti terroristas presos en los Estados Unidos, que un grupo de buenos cubanos logró que le pusieran en una transitada vía de la ciudad, pero que duró lo que dura un merengue en la puerta de un colegio, debido a la presión y a las amenazas de estos terroristas criollos.

Lo que sí parece inevitable, por lo menos por el momento, es que el concierto del 27 de agosto de Pablito Milanés en Miami será una realidad. Todo hace indicar que, en esta ocasión, la caverna cubanoamericana no logrará su objetivo. Me imagino que algunos de ellos se concentrarán frente al lugar donde se realizará el concierto a lanzar su veneno al aire, como lo han hecho en tantísimas ocasiones. Pero me parece que eso es todo lo que van a lograr. Según apuntan los hechos, los cubanos que residen en Miami y que no pertenecen a esa caterva anticubana, disfrutarán de la voz y la melodía de ese ídolo de América Latina, Cuba y el mundo, Pablo Milanés.

*Lázaro Fariñas, periodista cubano residente en EEUU.

EN PELIGRO LA COHESIÓN DE ISRAEL

Jorge Gómez Barata

Israel, eje del más dilatado, complejo y peligroso conflicto político de la actualidad, uno de los tres grandes contenciosos que han sobrevivido a la Guerra Fría, es también la sociedad más compleja, el país más dependiente del apoyo externo y el lugar donde la fe desempeña un papel más relevante. Sin importar las bombas atómicas y los soldados que posea, Israel es rehén de delicados equilibrios internos cuya ruptura no puede permitirse.

Más allá de las analogías que el debut de los llamados “indignados” en Israel establecen respecto a los demás países del Medio Oriente, sacudidos por oleadas de protestas populares; se trata del aviso de lo que puede constituir un cambio cualitativo en el comportamiento de la sociedad israelí, uno de los dos estados teocráticos del mundo y el único de la región que no es árabe, persa ni musulmán.

Israel que no es una nación, tampoco un Estado formado como resultado de la evolución histórica, sino un conglomerado humano multiétnico, racial, culturalmente y lingüísticamente diverso cuya unidad no es resultado de vínculos económicos y culturales históricamente forjados, sino de la identidad emanada de una fe compartida. Tales peculiaridades lo obligan a preservar la cohesión social de lo cual dependen, no sólo el orden y la estabilidad, sino su existencia.

A diferencia de los demás estados/naciones de la tierra, Israel no se formó históricamente en el territorio donde radica y su población, excepto lo preceptuado por una remota leyenda bíblica, está formada en un cincuenta por ciento por emigrantes que carecen de vínculos históricos reales y de antepasados comunes.

Ningún análisis de calado estratégico puede pasar por alto que aunque se trate de una democracia liberal de corte occidental, Israel es un Estado de matriz confesional. La fe judía como todas las grandes doctrinas religiosas, aunque convive con ellas, no crea distinciones de clase ni acredita privilegios de cuna y fortuna. Una de las claves para la supervivencia del Estado judío ha sido cierta coherencia entre los preceptos de la fe y las políticas sociales.

No obstante, como en todas las sociedades avanzadas, en Israel es fuerte la tendencia a la secularización que no omite la religiosidad aunque la reserva a ejercicios propios de la espiritualidad. Dar de comer a los hijos y proporcionar techo a la familia, no es un asunto de la fe, sino una conquista económica. En Israel donde también existen la codicia y la pobreza, los más desfavorecidos o los perjudicados por las políticas gubernamentales, acuden a las protestas que suelen comenzar por reivindicaciones elementales y desplazarse a terrenos más complejos, especialmente políticos, cosa que es allí más delicado que en cualquier otro lugar.

Tampoco puede omitirse el hecho de que Israel es parte de la economía mundial y que a pesar de los fuertes subsidios sobre todo de Estados Unidos que, por medio de asistencia, préstamos y otras operaciones económicas asume los enormes gastos militares del Estado judío, a su interior se manifiestan también las tensiones derivadas de la crisis que, de un modo u otro afecta a todos los países.

A todas estas, el descontento y las protestas llegan en un momento de fuertes tensiones asociadas a la inminencia de la proclamación del Estado Palestino que puede incluso ser admitido en la ONU. Con semejante status, Palestina pudiera desplegar una actividad internacional, incluso concertar acuerdos que estrechen el margen de maniobras del sionismo. El gobierno israelí no parece tener otras alternativas que ceder al debate en torno a las fronteras palestinas.

En semejante coyuntura las elites políticas y el gobierno israelí no pueden permitirse el disenso interno que expresan las manifestaciones. La mala noticia es que los protestantes también lo saben y no dejaran de aprovechar semejante ventaja.

Desde hace 60 años se escucha hablar de los indignados con Israel; la novedad radica en que hay ahora “indignados” en Israel que no sólo se manifiestan sino que también emigran y restan el apoyo que el gobierno necesita para aplicar sus políticas.

Hasta ahora, las élites políticas sionistas se habían comportado de modo impopular y agresivo respecto a los palestinos; en lo adelante es altamente probable que lo hagan también con sus propios ciudadanos. Habituado a reprimir a otros, Israel puede hacerlo ahora contra sus propios ciudadanos. El dilema no es sencillo. Alguna vez tenía que tocarles. Allá nos vemos.

La Habana, 05 de agosto de 2011