sábado, 9 de julio de 2011

EL PRECIO DE LAS INCONSECUENCIAS

Jorge Gómez Barata

Algunas aéreas del Tercer Mundo recuerdan a un organismo teratogénico que envejece sin crecer. En ocasiones parece como si los 60 años desde el fin del colonialismo no hubieran transcurrido; lo cual da la razón a Franz Fanón: “…Ser colonizado es más que ser subyugado físicamente, es serlo culturalmente...”

El hecho de que los países africanos hayan expresado reservas ante la actuación de la Corte Penal Internacional en el caso de Omar Bashir, presidente de Sudan y que la Unión Africana se niegue a acatar la orden de arresto contra Muammar al-Gaddafi no es una novedad aunque si una contradicción: hubiera sido preferible no firmar el Pacto de Roma en virtud del cual se creó esa Corte promovida por europeos y norteamericanos.

En aquel evento participaron 150 estados: 120 votaron a favor (30 de ellos africanos), 20 abstenciones y 7 en contra. Senegal un país africano fue el primero en ratificar el Pacto.

Aunque antes hubo otros esfuerzos, sólo en 1945, en la coyuntura del fin de la II Guerra Mundial fue posible establecer un tribunal internacional. El hecho de que en Núremberg y Tokio se individualizaran los crímenes cometidos por los jerarcas fascistas se debió, no tanto a la evolución del Derecho Internacional, como a una episódica coincidencia entre las potencias vencedoras.

Estados Unidos no estaba dispuesto a perdonar Pearl Harbor, la Unión Soviética clamaba justicia por los crímenes de los ocupantes y Gran Bretaña aspiraba a vengar los devastadores y humillantes bombardeos a Londres. El mundo de 1945 estaba formado por unos 60 estados independientes, entonces divididos en vencedores y vencidos. Los Tres Grandes que luego fueron cinco, ejercían un liderazgo legítimo y acatado que les permitía decidirlo todo y así lo hicieron.

Con posteridad, debido a los ambientes políticos derivados de la Guerra Fría, la experiencia de Núremberg fue archivada hasta que con la desaparición de los países socialistas y de la Unión Soviética se crearon condiciones políticas para instalar un engendro como el Tribunal Penal Internacional. El hecho de que los primeros juzgados hayan sido elementos de un país ex socialista (Yugoslavia), uno africano (Ruanda) y Ahora Libia, era predecible cuando hace apenas 8 años más de 100 países del Tercer Mundo votaron a favor de su instalación.

Seguramente ninguno de los firmantes imaginó que individuos como Donald Rumsfeld, Ariel Sharon o George Bush puedan comparecer algún día ante tribunal internacional alguno, menos ante uno creado por ellos mismos. Con semejantes criterios de selectividad: ¿Para qué sirve aquella institución?

Al adoptar la Resolución 808 que creó un Tribunal Internacional para la ex Yugoslavia, el Consejo de Seguridad introdujo un precedente que contradice el espíritu de la Carta de la ONU y los fundamentos del Derecho internacional asentado en los preceptos de la soberanía y la autodeterminación de los Estados.

El hecho de que la dictadura de Pinochet y el apartheid fueran repudiables no sustanció nunca la idea de invadir Chile o Sudáfrica. Aunque a un elevado costo, chilenos y sudafricanos resolvieron por si mismos sus problemas internos. Castigar a Slobodan Milosevic era asunto de los serbios, como es de los libios decidir qué sanciones corresponden a Gaddafi. El tribunal Penal Internacional no reafirma el Derecho internacional vigente, sino que lo modifica y lo transgrede.

La errática actuación del Tercer Mundo que se suma a proyectos concebidos para reforzar la dominación imperialista se derivaba de situaciones, aunque remotas, vigentes y visibles en el atraso, la dependencia e incluso en los estereotipos culturales; al continuar plegándose a los designios europeos y norteamericanos, las deformaciones surgidas con la conquista y la colonización, en lugar de resolverse se acentúan.

Si bien es cierto que en Africa, Asia y América Latina, desde la independencia se han registrado avances considerables, queda mucho por hacer, entre otras cosas producir lideres capaces de representar los genuinos intereses nacionales y crear instituciones idóneas.

Resignarse a marchar en la cola del convoy del que tiran los imperios es más de lo mismo y, para cambiar esa situación no es necesario hacer revoluciones; basta decir no y aplicar la filosofía que un día recomendara Che Guevara: “Al imperialismo: ni tantito así”. Allá nos vemos.

La Habana, 09 de julio de 2011

Sudán del Sur, nueva nación africana

Por Guillermo Alvarado, de Radio Habana Cuba

Este sábado tiene lugar el nacimiento oficial del país número 54 del continente africano, Sudán del Sur, separado por voluntad popular del norte por un referendo realizado el 9 de enero cuando masivamente sus habitantes acudieron a las urnas a votar por el SI a la independencia.

NO se trató de un parto fácil ni mucho menos. Las luchas entre ambas regiones se remontan hasta la denominada Primera Guerra Civil Sudanesa, de 1955 a 1972, seguida por un nuevo enfrentamiento, en realidad parte del mismo conflicto, desde 1983 hasta la firma de un acuerdo de paz en 2005.

Casi dos millones de habitantes del sur, la mayor parte de ellos civiles, perdieron la vida y otros cuatro millones fueron desplazados hacia campamentos de refugiados, donde sobreviven gracias a la ayuda internacional.

Motivaciones étnicas y religiosas atizaron el fuego, aunque como en toda guerra las razones económicas y de dominación jugaron el papel principal, en un territorio norteño más desarrollado y con reservas de petróleo y un sur empobrecido y agotado al extremo por los largos años de lucha que debió enfrentar.

Aunque el júbilo popular está desbordado, en particular en Yuba, la capital del nuevo país, que fue remozada para recibir a los visitantes que atestiguan la ceremonia, a nadie escapan los extraordinarios retos que las flamantes autoridades deben vencer.

En efecto, Sudán del Sur se estrena en un escenario de gran fragilidad, carente de servicios indispensables para la población, cercado por la pobreza, el hambre y las enfermedades que requerirán un esfuerzo de toda la comunidad internacional.

Todo está por hacerse, desde la delimitación exacta de las fronteras hasta la redacción de la Carta Magna, la integración de los diversos ministerios e instituciones gubernamentales y definir con el norte el peliagudo tema del reparto de la deuda pública y de los ingresos por la exportación del petróleo.

Será pues un escenario donde la solidaridad y la cooperación internacional jugarán un papel de primera categoría. Cuba, por cierto, desde hace muchos años tendió su mano a esta población y varios funcionarios del nuevo país fueron educados cuando niños en la Isla caribeña.

En todo caso, la tarea será titánica. De acuerdo con agencias humanitarias, como la organización NO gubernamental Acción Contra el Hambre, las condiciones sanitarias precarias y la desnutrición alarmante caracterizan al flamante Estado, de mayoría cristiana.

Por otra parte, aunque el conflicto terminó con los acuerdos de paz, todavía la situación militar es precaria y los esporádicos enfrentamientos han dejado desde enero de este año más de dos mil 300 muertos y alrededor de 100 mil personas aún están en campos de refugiados.

La mayoría de los Estados han dado la bienvenida al que será el miembro 193 de la Organización de las Naciones Unidas. Una excepción ha sido Israel, que condicionó el reconocimiento a Sudán del Sur a la actitud que muestren Estados Unidos y la Unión Europea.

Para los millones de nuevos ciudadanos los riesgos y las precariedades NO restan un ápice al júbilo desbordado por el arribo a la independencia, un camino que apenas comienza y que, esperamos, conduzca a un mejor futuro que contribuya a la paz y la estabilidad en ese continente.

La Habana, 09 de julio de 2011

Avileños de fiesta rojinegra


La provincia cubana de Ciego de Ávila obtuvo la sede del acto nacional por los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes

El pueblo de Ciego de Ávila festeja la victoria en la emulación del 26 de julio. Autor: Raúl Pupo

Luis Raúl Vázquez Muñoz
digital@juventudrebelde.cu
9 de Julio del 2011 1:00:40 CDT
CIEGO DE ÁVILA.— Hacía un ligero fresco. El reloj ya marcaba la noche y aún la claridad del día no se había retirado. Fue entonces cuando se escuchó la noticia: Ciego de Ávila obtenía la sede del acto nacional por los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes. La ovación empezó a escucharse en los edificios cercanos al parque Máximo Gómez.
Una caravana de vehículos, con banderas en alto, atravesó la ciudad bajo el sonido de los cláxones. Los jóvenes con las pancartas y las enseñas nacionales ovacionan el 26 con un grito reiterado: «¡Ciego, Ciego, Ciego!».
La concentración fue en la Plaza Camilo Cienfuegos, el mismo lugar donde en 1959 el Señor de la Vanguardia le habló a los avileños. A las notas del Himno Nacional se inició la celebración, fin de una etapa y comienzo de un nuevo ciclo donde los habitantes de esta provincia aportan su grano de arena por Cuba.
«Este es un logro de todos los avileños, del trabajo realizado por todos. Lo más importante no es lo que hemos hecho, sino lo que nos queda por hacer en este año del Congreso del Partido y del aniversario 50 de la victoria de Playa Girón», expresó Jorge Luis Tapia, miembro del Comité Central y primer secretario del Partido en la provincia.
En las imágenes de muchos debieron aparecer las escenas. Los trabajos voluntarios en los hospitales de Ciego y Morón, convertidos en una obra de pueblo y adelantados en más de cinco años de su cronograma. El rescate de la piña, el esfuerzo en la agricultura por sustituir las importaciones, las obras en las ciudades para embellecerlas.
También del esfuerzo de un equipo de pelota, jóvenes todos, hijos de esta tierra de llanuras que lucharon con coraje en esta serie de pelota y que convirtieron el esfuerzo en una virtud. Porque los Tigres, a golpe de tenacidad y valentía y junto a los hombres y mujeres anónimos que anoche festejaron la noticia, se han convertido en uno de los símbolos más queridos de este 26 avileño.