sábado, 25 de junio de 2011

Las drogas no constituyen un problema de salud en Cuba

JOSÉ A. DE LA OSA
delaosa@granma.cip.cu

Jornadas educativas, apoyadas por los medios de comunicación, se vienen desarrollando en todo el país vísperas de este 26 de junio, cuando se celebra el Día de las Adicciones y Uso Indebido de Sustancias Psicoactivas, así llamadas a las que actúan sobre el sistema nervioso y alteran las funciones psíquicas.

En conferencia de prensa en La Habana, la doctora Carmen Borrego Calzadilla, jefa de la Sección de Salud Mental y Abuso de Sustancias, del MINSAP, dijo que como parte de una estrategia general, coordinada por la Comisión Nacional de Drogas que preside el Ministerio de Justicia, Salud Pública tiene a su cargo un grupo de acciones con enfoque preventivo y de promoción, y también de asistencia especializada mediante una red de servicios que incluye todos los niveles de atención.

Valoró, en un aparte con Granma, que el consumo de drogas en Cuba "no es un problema de salud" y dijo que dentro de las directrices fundamentales trabajan por elevar la percepción de riesgo de los grupos más vulnerables (los jóvenes) e incrementar "la cultura de rechazo" de la población hacia el consumo de esas sustancias.

Esta cruzada mundial contra las drogas comenzó hace 24 años con los auspicios de Naciones Unidas, como vía sobre todo de alentar a los jóvenes a cuidar su salud y no consumir drogas, y, también, para movilizar apoyos e inspirar a la población a fin de que proceda contra el tráfico de drogas.

Como sabemos, las drogas son sustancias que actúan sobre las funciones psíquicas, producen tolerancia (impulso progresivo de aumentar las dosis) y dependencia (necesidad esclavizante), y su uso determina serios daños al consumidor, a sus familiares y a la sociedad.

Es una hiriente realidad que cada año fallezcan 200 000 personas en nuestro planeta como consecuencia de enfermedades originadas por la drogadicción.


Presidente Chávez destaca avance de la Gran Misión Vivienda Venezuela

Caracas, 25 Jun. AVN .- El presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez Frías, destacó, a través de su cuenta en twitter @chavezcandanga, el avance de la Gran Misión Vivienda Venezuela, que este sábado realizó un despliegue especial de verificación de datos de las familias registradas en la primera etapa del programa.

El jefe de Estado escribió en primer tweet de este sábado: “Epa, qué emoción siento viendo y oyendo desde esta trinchera cómo avanza La Gran Misión Vivienda Venezuela! Qué orgullo siento por mi pueblo”.

En en un segundo tweet indicó: “Y cuánto aliento me da ver el gran despliegue de mis Ministros y de ese gran equipo del Gobierno Revolucionario! Vamos Camaradas! Venceremos”.

A propósito de la segunda fase de la Gran Misión Vivienda Venezuela, todo el Gabinete ministerial se desplegó este sábado en nueve parroquias caraqueñas para verificar los datos de las familias registradas en la primera oleada del programa habitacional, que arrancó en mayo en los estados Vargas, Miranda, Falcón, Zulia, así como en el Distrito Capital.

La segunda etapa del programa comenzó el pasado sábado 18 de junio con una jornada informativa en las 277 parroquias de las cinco entidades mencionadas anteriormente, y a través de la conformación de cuartetos se prevé visitar al millón 250 mil familias que fueron registradas en la primera fase de la Gran Misión Vivienda Venezuela.

17:29 25/06/2011


APRENDER A VIVIR

Jorge Gómez Barata

En todas las esferas del saber y de la práctica social, incluyendo la economía, la verdad es siempre sencilla, concreta y de sentido común. Las explicaciones alambicadas son falsas. Excepciones aparte, los millones de palabras que se publican sobre la crisis en Grecia, España y Portugal y que amenaza a todas las grandes economías, no son para explicar sus causas sino para ocultarlas.

Para comprender todo el proceso bastaría con decir que los países desarrollados se han vuelto insolventes y arrastran al resto del mundo a la crisis porque durante décadas han gastado más de lo que pueden pagar.

Incurren en exorbitantes erogaciones los gobiernos para sostener gigantescas e ineficaces burocracias. Se emplean millones de millones en sostener inmensas maquinarias militares, diseñar, fabricar y adquirir equipos y armas y librar guerras estúpidas. Se dilapida dinero en seguridad, represión y espionaje y para costear la administración de justicia y encarcelar a millones de personas por delitos que podían ser evitados.

Se sobrefacturan los servicios públicos, hay regulaciones laborales insostenibles, salarios impagables, sobre todo los ejecutivos que ganan decenas de millones y programas de seguridad social incosteables, eventos innecesarios y gastos de representación ostentosos. En gran parte la crisis económica de los países económicamente desarrollados que es estructural y sistémica, se deriva del estilo de vida que prevalece en ellas.

También gastan en exceso los ciudadanos, incluso aquellos que protestan en las plazas que se han habituado a estándares de vida que no pueden sostener con sus salarios y compran a crédito cuanto artefacto sale al mercado. Hace 20 años nadie necesitaba teléfonos móviles y ahora ni los niños prescinden de ellos y dentro de poco la industria no creará nada que sea reutilizable. Es bien visto que paguen millones de euros a jovencitos por patear balones.

Hay países en los cuales cada ciudadano debe el equivalente a 12 meses de salario y personas que ni con tres vidas podrían pagar sus deudas. Me contaron de un país donde se trabajan 40 horas a la semana, se lucha porque sean 36 y, sin contar los fines de semana, hay 32 días feriados en el año.

Los europeos y los norteamericanos, sobre todos sus elites gobernantes, sus economistas y sus ideólogos olvidaron que el descubrimiento del Nuevo Mundo y la revolución industrial fueron posible por la existencia de fuentes de acumulación originarias basadas en la austeridad y en el ahorro; cosa que también explica el progreso de algunos países.

Henry Ford fabricó el “Ford T”, considerado el automóvil del siglo XX, durante 19 años (1908-1927) y cuando se vendió el último costaba la mitad del primero. La idea de Ford era la de un automóvil que sirviera a la familia, que pudiera ser adquirido por los obreros, tan práctico que el propietario pudiera repararlo y tan duradero como para que sus hijos lo heredaran.

En 1914, con 13 000 trabajadores Ford fabricaba 300 000 automóviles mientras que otras 300 compañías con 70 000 obreros producían 280.000 vehículos. En 19 años se vendieron más de 15 millones y todavía en La Habana, el más grande museo del automóvil al aire libre circulan algunos. Todo cambió cuando en 1922 General Motor tuvo la descabellada idea de cambiar los modelos cada año, cosa que ocasiona pérdidas multimillonarias.

No recuerdo haber visto a algún griego o español protestar porque en sus países se gastaran miles de millones de euros en fabulosas olimpiadas, donde más que los atletas compiten los países para ver cual gasta más y realiza las ceremonias más fastuosas que, debido al precio de las entradas, sólo los ricos disfrutan.

La economía obedece a una lógica sencilla que correlaciona ingreso y gastos. Atengámonos a esos indicadores y no sólo sobrará el dinero sino también los recursos y tanto la economía como el planeta serán más sustentables y probablemente todos seamos más felices. Para sobrevivir es preciso aprender a vivir de otra manera. Allá nos vemos.

La Habana, 25 de junio de 2011

No es Grecia. Es el capitalismo, ¡estúpido!

Atilio Borón

Publicado en Cubadebate el 25 Junio 2011

Economía del capitalismo en picada

Los medios, las consultoras, los economistas, los bancos de inversión, los presidentes de los bancos centrales, los ministros de hacienda, los gobernantes no hacen otra cosa que hablar de “la crisis griega”. Ante tanta vocinglería mal intencionada es oportuno parafrasear aquella frase de campaña de Bill Clinton para decir e insistir que la crisis es del capitalismo, no de Grecia. Que este país es uno de los eslabones más débiles de la cadena imperialista y que es a causa de ello que por allí hacen eclosión las contradicciones que lo están carcomiendo irremisiblemente.

La alarma de los capitalistas, justificada sin dudas, es que el derrumbe de Grecia puede arrastrar a otros países como España, Irlanda, Portugal y comprometer muy seriamente la estabilidad económica y política de las principales potencias de la Unión Europea. Según informa la prensa financiera internacional, representativa de los intereses de la “comunidad de negocios” (léase: los gigantescos oligopolios que controlan la economía mundial) la resistencia popular a las brutales medidas de austeridad propuestas por el ex presidente de la Internacional Socialista y actual primer ministro griego, Georgios Andreas Papandreu, amenazan con arrojar por la borda todos los estériles esfuerzos hasta ahora realizados para paliar la crisis.

La zozobra cunde en el patronato ante las dificultades con que tropieza Atenas para imponer las brutales políticas exigidas por sus supuestos salvadores. Con toda razón y justicia los trabajadores no quieren hacerse cargo de una crisis provocada por los tahúres de las finanzas, y la amenaza de un enorme estallido social, que podría reverberar por toda Europa, tiene paralizada a las dirigencias griega y europea.

La inyección de fondos otorgada por el Banco Central Europeo, el FMI y los principales países de la zona euro no han hecho sino agravar la crisis y fomentar los movimientos especulativos del capital financiero. El resultado más visible ha sido acrecentar la exposición de los bancos europeos ante lo que ya aparece como un inevitable default griego. Las conocidas recetas del FMI, el BM y el Banco Central Europeo: reducción de sueldos y jubilaciones, despidos masivos de empleados públicos, remate de empresas estatales y desregulación de los mercados para atraer inversiones han surtido los mismos efectos padecidos por varios países de América Latina, notablemente la Argentina.

Parecería que el curso de los acontecimientos en Grecia se encamina hacia un estrepitoso derrumbe como el que conocieran los argentinos en diciembre del 2001. Dejando de lado algunas obvias diferencias hay demasiadas semejanzas que abonan este pronóstico. El proyecto económico es el mismo, el neoliberalismo y sus políticas de shock ; los actores principales son los mismos: el FMI y los perros guardianes del imperialismo a escala global; los ganadores son los mismos: el capital concentrado y muy especialmente la banca y las finanzas; los perdedores son también los mismos: los asalariados, los trabajadores y los sectores populares; y la resistencia social a esas políticas tiene la misma fuerza que supo tener en la Argentina. Es difícil imaginar un soft landing, un aterrizaje suave, de esta crisis. Lo previsible y lo más probable es precisamente lo contrario, tal como ocurrió en el país sudamericano.

Claro que a diferencia de la crisis argentina, la griega está destinada a tener un impacto global incomparablemente mayor. Por eso el mundo de los negocios contempla con horror el posible “contagio” de la crisis y sus devastadores efectos entre los países del capitalismo metropolitano. Se estima que la deuda pública griega asciende a 486.000 millones de dólares y que representa un 165 % del PIB de ese país. Pero tal cosa ocurre en una región, la “eurozona” en donde el endeudamiento ya asciende al 120 % del PIB de los países del euro, con casos como Alemania con un 143 %, Francia, 188 % y Gran Bretaña con el 398 %.

No debe olvidarse, además, que la deuda pública de Estados Unidos ya asciende al cien por ciento de su PBI. En una palabra: el corazón del capitalismo global está gravemente enfermo. Por contraposición la deuda pública china en relación a su gigantesco PBI es de apenas el 7 %, la de Corea del Sur 25 % y la de Vietnam 34 %. Hay un momento en que la economía, que siempre es política, se transforma en matemática y los números cantan. Y la melodía que entonan dicen que aquellos países están al borde de un abismo y que su situación es insostenible.

La deuda griega -exitosamente disimulada en su gestación y desarrollo gracias a colusión criminal de intereses entre el gobierno conservador griego de Kostas Karamanlis y el banco de inversión favorito de la Casa Blanca, Goldman Sachs- fue financiada por muchos bancos, principalmente en Alemania y, en menor medida, Francia. Ahora son acreedores de papeles de una deuda que la calificadora de riesgo Standard & Poor’s (S&P) calificó con la peor nota del mundo: CCC, es decir, tienen acreencias sobre un deudor insolvente y que no tiene condiciones de pagar.

En igual o peor posición se encuentra el ultraneoliberal Banco Central Europeo, razón por la cual un default griego tendría consecuencias cataclísmicas para este verdadero ministro de finanzas de la Unión Europea, situado al margen de cualquier control democrático. Las pérdidas que originaría la bancarrota griega no sólo comprometería a los bancos expuestos sino también a los países en problemas, como España, Irlanda, Italia y Portugal, que tendrían que afrontar el pago de intereses mucho más elevados que los actuales para equilibrar sus deterioradas finanzas. No hace falta mucho esfuerzo para imaginar lo que sucedería si se produjese, como se teme, una cesación unilateral de pagos griega, cuyo primer impacto daría en la línea de flotación de la locomotora europea, Alemania.

Los problemas de la crisis griega (y europea) son de origen estructural. No se deben a errores o a percances inesperados sino que expresan la clase de resultados previsibles y esperables cuando la especulación y el parasitismo rentístico asumen el puesto de comando del proceso de acumulación de capital. Por algo en el fragor de la Gran Depresión de los años treintas John Maynard Keynes recomendaba, en su célebre Teoría General de la Ocupación, el Interés y el Dinero, practicar la eutanasia del rentista como condición indispensable para garantizar el crecimiento económico y reducir las fluctuaciones cíclicas endémicas en el capitalismo.

Su consejo fue desoído y hoy son aquellos sectores los que detentan la hegemonía capitalista, con las consecuencias por todos conocidas. Comentando sobre esta crisis el Istvan Meszaros decía hace pocos días que “una crisis estructural requiere soluciones estructurales”, algo que quienes están administrando la crisis rechazan terminantemente. Pretenden curar a un enfermo en gravísimo estado con aspirinas.

Es el capitalismo el que está en crisis y para salir de ella se torna imprescindible salir del capitalismo, superar cuanto antes un sistema perverso que conduce a la humanidad al holocausto en medio de enormes sufrimientos y una depredación medioambiental sin precedentes. Por eso la mal llamada “crisis griega” no es tal; es, en cambio, el síntoma más agudo de la crisis general del capitalismo, esa que los medios de comunicación de la burguesía y el imperialismo aseguran desde hace tres años que ya está en vías de superación, pese a que las cosas están cada vez peor.

El pueblo griego, con su firme resistencia, demuestra estar dispuesto a acabar con un sistema que ya es inviable no en el largo sino en el mediano plazo. Habrá que acompañarlo en su lucha y organizar la solidaridad internacional para tratar de evitar la feroz represión de que es objeto, método predilecto del capital para solucionar los problemas que crea su desorbitada voracidad. Tal vez Grecia, que hace más de dos mil quinientos años inventó la filosofía, la democracia, el teatro, la tragedia y tantas otras cosas, pueda volver sobre sus fueros e inventar la revolución anticapitalista del siglo veintiuno. La humanidad le estaría profundamente agradecida.