domingo, 12 de junio de 2011

LAS GUERRAS DE EEUU CONTRA LOS DÉBILES

Por Manuel E. Yepe
Cuando un buen amigo canadiense me anunció que me estaba enviando un libro cuya lectura me recomendaba vivamente, supuse, por el título que me adelantó: War Against the Weak (Guerra contra los débiles), que trataría acerca de las frecuentes agresiones contra países del Tercer Mundo ejecutadas por Washington desde que, al término de la Guerra Fría, devino superpotencia única en el planeta.
Pero quedé sorprendido al constatar, al recibirlo, que el libro en cuestión se refería a otra desigual contienda que Estados Unidos preparó desde inicios de siglo xx y puso en práctica entre las décadas de los años 30 y 60 del pasado siglo, cuyo propósito era crear una raza superior dominante.
Esa campaña estadounidense -prácticamente ignorada hoy en todo el mundo en virtud del ocultamiento mediático a que ha estado sometida por razones obvias- sirvió de modelo para el holocausto a que sometió el nazismo alemán liderado por Adolfo Hitler a la población judía.
Personajes e instituciones de la política y la economía que ahora se nos presentan como respetables paladines de la democracia y los derechos humanos, estuvieron involucrados en este genocidio.
El libro nos cuenta que, en las primeras seis décadas del siglo XX, a cientos de miles de norteamericanos etiquetados como débiles mentales (“feeble minded”) porque no se ajustaban a los patrones teutónicos, les estuvo vedada la reproducción.
Seleccionados en prisiones, manicomios y orfanatos por sus antepasados, su origen nacional, su etnia, su raza o su religión, fueron esterilizados sin su consentimiento, impedidos de procrear, de casarse o separados de sus parejas por medios burocráticos gubernamentales. Esta perniciosa guerra de guante blanco fue llevada a cabo por organizaciones filantrópicas, prestigiosos profesores, universidades de elite, ricos empresarios y altos funcionarios del gobierno, formando un movimiento pseudocientífico llamado eugenesia (eugenics) cuyo propósito, más allá del racismo, era crear una raza nórdica superior que se impusiera a nivel global.
El movimiento eugenésico paulatinamente construyó una infraestructura jurídica y burocrática nacional para limpiar a Estados Unidos de los “no aptos”. Pruebas de inteligencia, coloquialmente conocidas como mediciones de IQ, se inventaron para justificar la exclusión de los “débiles mentales”, que frecuentemente, eran solo personas tímidas o que hablaban otra lengua o tenían un color de piel diferente. Se decretaron leyes de esterilización forzosa en unos 27 estados del país para impedir que las personas detectadas pudieran reproducirse.
Proliferaron las prohibiciones de matrimonio para impedir la mezcla de razas. A la Corte Suprema de los EEUU llegaron numerosos litigios cuyo verdadero propósito era consagrar a la eugenesia y sus tácticas en el derecho cotidiano.
El plan era esterilizar de inmediato a 14 millones de personas en Estados Unidos y varios millones más en otras partes del mundo para, posteriormente, continuar erradicando al resto de los débiles hasta dejar solo a los nórdicos de raza pura en el planeta.
En definitiva, en la década de los años 30 fueron esterilizados coercitivamente unos 60,000 estadounidenses y no se sabe cuántos matrimonios fueron vedados por leyes estaduales brotadas del racismo, el odio étnico y el elitismo académico, enmascaradas con un manto de respetable ciencia.
Eventualmente, la eugenesia, cuyos objetivos eran globales, fue esparcida por evangelistas norteamericanos a Europa, Asia y Latinoamérica hasta formar una bien entretejida red de movimientos con prácticas similares que, mediante conferencias, publicaciones, y otros medios, mantenía a sus líderes y propugnadores al acecho de oportunidades de expansión de sus ideas y propósitos.
Fue así que llegó a Alemania, donde fascinó a Adolfo Hitler y al movimiento nazi. El Nacional Socialismo alemán transformó la búsqueda norteamericana de una “raza nórdica superior” en lo que fue la lucha de Hitler por una “raza aria dominante”.
La eugenesia nazi rápidamente desplazó a la norteamericana por su velocidad y fiereza. En las páginas de este libro, Edwin Black –de madre judía polaca- demuestra cómo la racionalidad científica aplicada por los médicos asesinos de Auschwitz, en Alemania, fue concebida antes en los laboratorios eugenésicos de la Institución Carnegie, en su complejo de Cold Spring Harbor en Long Island, donde se propagandizaba de manera entusiasta al régimen nazi. También se relata la masiva ayuda financiera otorgada por las fundaciones Rockefeller, Carnegie y Harriman a las entidades científicas alemanas donde comenzaron los experimentos eugenésicos que culminaron en Auschwitz.
Al ser calificado de genocidio el exterminio de judíos por los nazis en el Juicio de Nuremberg, las instituciones norteamericanas vinculadas a las prácticas de la eugenesia la rebautizaron como “genética” y continuaron sus proyectos por más de otra década, esterilizando y prohibiendo matrimonios “indeseables”.
El libro de Edwin Black, publicado por la Thunder´s Mouth Press en 2003, es una joya del periodismo investigativo que, en sus 550 páginas, permite al lector constatar el parentesco y los rasgos comunes entre la trágica historia que cuenta y la política que la élite del poder estadounidense aplica hoy en sus relaciones con las minorías nacionales, los inmigrantes y el Tercer Mundo.
La Habana, 12 de Junio de 2011

VOLVER AL PRIMERO DE JUNIO ES LO POLITICAMENTE CORRECTO PERO PROFUNDIZANDO LA DEMOCRACIA

Comité FMLN en Suecia

Volver al clima político del primero de junio es lo políticamente correcto en El Salvador, en donde el presidente Funes en su informe a la nación por lo actuado el último año nos marcaba un panorama en positivo de trabajo, concordia y unidad.

No obstante lo actuado por la derecha del día 2 junio al aprobar el decreto 743, que obliga, a los cinco magistrados de la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia a votar por unanimidad para las peticiones que estuvieran revisando; y lo actuado ese mismo día por el ejecutivo con expresa beligerancia; le hacía un pulso no solo a la Sala de lo Constitucional, sino le estaba dando un golpe bajo a lo caminado en nuestra patria para seguir construyendo democracia.

Queda para la historia legislativa lo actuado por la bancada legislativa del FMLN, quienes se opusieron a esta aberración jurídica y afirmaron con rotundidad que los fallos de Sala de lo Constitucional se deben cumplir, nos guste o no nos guste.

El dirigente efemelenista, Sigfrido Reyes, Presidente de la Asamblea Legislativa dijo desde el mismo momento de la votación que el decreto rompía la Constitución del país, que esta maniobra de la derecha ponía de luto El Salvador y rompía un proceso democrático admirado y saludado por distintas naciones del mundo, pues el anular el equilibrio de los tres poderes del Estado propiciaban un Golpe de Estado técnico. Llamó a la ciudadanía a ejercer su derecho a protestar, a indignarse, a defender la democracia, ya que esto nos ponía ante planes en marcha y de mayor envergadura impulsados por una derecha fanática y antidemocrática.

El rechazo al 743 tensó las fuerzas sociales y políticas del país, sumándose a la indignación un abanico muy grande de personalidades y organizaciones de distinto signo ideológico, incluyendo iglesias y universidades, que han protestado e hicieron llamados que han dejado no solo en evidencia la equivocación jurídica de la derecha sino que también pusieron en minoría a aquellos que como en el caso del ex Presidente Alfredo Cristiani, únicamente justificaron su actuación por presupuestos e infundios a futuro y apoyaron el 743, uniendo sus miedos personales, aprobando, asintiendo y sancionando esta aberración.

Tanto errar como corregir es de humanos pero en este momento no vale solo derogar el decreto 743, en un acto casi de contrición y arrepentimiento tal como lo quiere hacer ARENA, ante la evidencia de que esta inducción a lo que muy bien se ha llamado golpe de Estado técnico, les provocó incluso dentro de sus filas y sectores de influencia, contradicciones, que se suman una vez más a la debacle política a su interior, que vienen sufriendo desde marzo del 2009.

La postura impulsada por el FMLN, ha sido; dada la coyuntura de confrontación entre los poderes del Estado; abrir un proceso de búsqueda de un acuerdo nacional, para asegurar la estabilidad institucional y política del país; es en esta ruta que el presidente de la Asamblea Legislativa Sigfrido Reyes ha promovido conversaciones con el Presidente de la Corte Suprema de Justicia, el Dr. Belarmino Jaime y llegaron al acuerdo de iniciar una conversación entre ambos órganos, iniciándolo con los cinco Magistrados de la Sala de lo Constitucional y representantes de los partidos políticos, de la Asamblea Legislativa.

El diálogo creemos que es un primer paso importante; para que los tres poderes del Estado acerquen sus puntos de vista, manteniendo su propia autonomía, con Independencia y respeto a nuestra Constitución; en la búsqueda de un acuerdo nacional que impulse aún más la democracia que estamos construyendo.

La actual Constitución fue promulgada en 1982 y con la participación únicamente de partidos de la derecha con el presupuesto que la modernidad legislada en ella era de su única incumbencia y conveniencia y que nunca les obligaría su fiel cumplimiento; pues en buen salvadoreño, "se había cocinado entre ellos". Para suerte de nuestra patria, ese teatro político cambió radicalmente con el surgimiento del FMLN como Partido político, debutando así con propiedad y fuerza en la vida nacional salvadoreña la izquierda política, que hoy tiene capacidad no solo de ganar elecciones sino de transformar nuestra sociedad, profundizando la democracia.

Es en este teatro que los magistrados de la Sala de lo Constitucional han encontrado querellas de violaciones constitucionales, que en lugar de darles tratamiento fueron engavetadas intencionadamente, por más de diez años y es en el contexto del triunfo del FMLN en el 2009, que en El Salvador se ha inaugurado una época en donde se pone claramente de manifiesto la separación de los tres poderes del Estado; lo que naturalmente, como se ha dicho en más de una vez , no tiene por qué ser traducido en enfrentamiento y zozobra institucional; sino por el contrario conjugar su poder e Independencia con legalidad y con criterio de nación ponderando lo políticamente correcto, en beneficio de todos los salvadoreños y si para esto hay que modificar leyes e incluso cambiar la misma Constitución de la Republica, se debe hacer, en el entendido de que El Salvador es un sociedad plural; pero sobre todo para construir más democracia.


Otro Wikilicazo

Por Juan Gelman

La “nacionalización” de los documentos de Wikileaks, es decir, su publicación mayoritaria sólo en periódicos de los países concernidos, suele apagar la dimensión de sus revelaciones. Los semanarios Haïti Liberté y The Nation están dando a conocer el análisis de 1918 cables sobre la nación caribeña. Y oh sorpresa: EE.UU. se preocupa mucho por los salarios de los trabajadores haitianos. Sorprende menos la forma en que lo hace.

Haití, se sabe, es el país más pobre del hemisferio. La renta per cápita es una décima parte de la de sus vecinos del Caribe. Fue una de las colonias más rentables para Europa y constituyó en buena medida la fuente de la riqueza de Francia en el siglo XVIII. No ha cambiado su suerte, sólo el amo.

En junio del 2009, el Parlamento haitiano aprobó por unanimidad un aumento del salario mínimo: de 1,75 dólar diario a 5 dólares por jornada de ocho horas. Los propietarios de las fábricas de ropa que maquilan para grandes empresas estadounidenses del ramo como Fruit of The Loom, Hane y Levi’s se opusieron al aumento de 62 centavos de dólar por hora que eso entrañaba. Los documentos filtrados por Wikileaks revelan que el rechazo de esas compañías tuvo el apoyo consistente de la Agencia de EE.UU. para el Desarrollo Internacional (Usaid, por sus siglas en inglés) y de la embajada norteamericana.

Los dueños maquileros comunicaron al Parlamento de Haití que estaban dispuestos a dar un aumento de nueve centavos de dólar la hora a quienes trabajan en la confección de playeras, corpiños y ropa interior para gigantes como Dockers y Nautica. El Departamento de Estado presionó al entonces presidente René Préval para que interviniera. Un cable de la embajadora Janet Sanderson, fechado el 10 de junio del 2009, advierte a Washington: “Una intervención más visible y más activa de Préval puede ser determinante para arreglar la cuestión del salario mínimo y las protestas que se producirán, pero se corre el riesgo de perder completamente el control de los medios políticos”. Dos meses después, Préval negoció con el Parlamento dos niveles de aumento del salario mínimo: 3,13 dólares diarios para los trabajadores de la industria textil y 5 dólares para los de los demás sectores industriales y comerciales.

Tampoco esto satisfizo a la embajada. David E. Lindwall, jefe adjunto de la misión, señaló que un salario mínimo de 5 dólares por día “no toma en cuenta la realidad económica” –¿del país, de las empresas?– y que se trataba de una medida populista para complacer “a la masa de desempleados y mal pagados”. Cabe reconocer que el señor Lindwall algo sabía de la enorme tasa de desocupados del país: 85 por ciento de la fuerza de trabajo.

Tal vez no le interesara el fenómeno “clorox”, nombre de un conocido producto de limpieza, que aludía al dolor estomacal provocado por el hambre que asoló a Haití en el 2008, como si los afectados hubieran ingerido ese líquido. El Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas estima que 3,3 millones de haitianos, un tercio de la población, viven “en estado de inseguridad alimentaria”. Según un estudio de la Workers Rights Corporation, una familia obrera típica –padre, madre, dos hijos– necesita al menos 13,75 dólares diarios para cubrir los gastos indispensables del hogar. A la Usaid, al Departamento de Estado y a las grandes empresas norteamericanas del vestido les parece muchísimo.

Los cables de Wikileaks testimonian la prolija atención que la Embajada de EE.UU. prestó a la cuestión del salario mínimo a lo largo de 20 meses, de febrero del 2008 a octubre del 2009. En ellos se arguye sobre el supuesto peligro que el aumento salarial entraña para la asistencia de la Usaid a las fábricas de ensamblaje, destinada a aumentar la productividad, no los sueldos. El encargado de negocios Thomas C. Tighe justifica en un cable de fecha 17 de julio del 2009 la negativa de los industriales textiles al aumento: afirma que, según un análisis financiero de la Usaid, “forzaría a las fábricas a cerrar”.

También preocupó a la embajada el impacto político de la batalla por el salario mínimo, en particular las violentas manifestaciones de obreros y estudiantes del 2009. La policía y unos nueve mil soldados de la llamada Misión Estabilizadora de las Naciones Unidas en Haití, que ocupan el país desde el 2004, las reprimieron con idéntica violencia. Con razón, desde luego: las ganancias de Levi’s son intocables.

Las protestas lograron que en octubre del 2010 se estableciera un salario mínimo de 5 dólares diarios en las ensambladoras y de 6,25 en las demás actividades industriales y comerciales. La Usaid, la Embajada de EE.UU. en Puerto Príncipe y la Cámara de Industria y Comercio de Haití siempre agitaron el mismo fantasma: el aumento del salario mínimo conduciría al cierre inmediato de la industria del país y aumentaría el desempleo. Pareciera que no. Como la plataforma Haitiana por un Desarrollo Alternativo declaró en un comunicado de junio del 2009, “las dos cosas son mentiras”.

Tomado de Página 12