sábado, 28 de mayo de 2011

HACIA LA CONFERENCIA DEL PARTIDO (IV)

Jorge Gómez Barata

La reacción ante el tratamiento recibido por las ciencias sociales en el Proyecto de Lineamientos sometidos al Congreso se expresó en 935 opiniones emitidas y que conllevaron a la inclusión de un párrafo que aunque críptico, fue preferible a la omisión: “Continuar fomentando el desarrollo de investigaciones sociales y humanísticas sobre los asuntos prioritarios de la vida de la sociedad, así como perfeccionando los métodos de introducción de sus resultados en la toma de decisiones a los diferentes niveles”.

Tal vez, debido a que las llamadas ciencias sociales o “humanidades” no constituyen una fuerza productiva directa y se vinculan sobre todo a la esfera ideológica y a la superestructura política y jurídica, el VI Congreso, dedicado exclusivamente a la economía, prefirió pasar el tema a la próxima Conferencia que, al tratar asuntos relacionados con la configuración del modelo político cubano, se aproximará más a esos contenidos.

En cualquier caso el hecho de que fueran virtualmente ignoradas en la redacción original y luego despachada en cuatro líneas, expresa una sostenida tendencia que ha dado lugar a una visible paradoja.

A pesar de que resulta obvio que el desarrollo científico técnico y la ampliación de todos los horizontes culturales es consustancial a la Revolución y que nadie lo comprendió antes ni mejor que Fidel Castro, artífice del extraordinario desarrollo de la ciencia cubana, respecto al marxismo, la sociología, la historia y la teoría revolucionaria en general, lo característico en Cuba es la pobreza.

Mientras los médicos y científicos cubanos vinculados a la ingeniería genética y la biotecnología patentan vacunas y medicamentos que se insertan en exigentes mercados, los ingenieros y arquitectos se enfrascan en audaces proyectos, incluyendo explotación petrolera en aguas profundas, elaboración de software, construcción de maquinarias, diseño de edificaciones inteligentes, se fundan universidades informáticas, los jóvenes talentos ganan concursos de matemáticas, física, programación, música, artes plásticas, idioma español e incluso filatelia; el capitulo vernáculo de las ciencias sociales carece de relevancia y, en ciertos aspectos como son la enseñanza de la filosofía marxista y la economía política en el sistema educacional, no superan el horizonte alcanzado treinta años atrás.

Esta circunstancia es contradictoria con el hecho de que el propio Partido considera a la cultura política y humanística y el conocimiento de la doctrina marxista como la base de la “formación político ideológica”, no sólo de su militancia, sino de la juventud y de todo el pueblo y desde los años setenta logró que se incluyera entre los contenidos de la enseñanza secundaria media y universitaria.

Tal vez se trata de una anomalía derivada de la temprana asimilación de la versión soviética del marxismo-leninismo y la adopción de su modo de trasladarlo a las masas e integrarlo a la práctica política. La errónea convicción de que aquella lectura del marxismo era la única ciencia social y de que contenía todas las respuestas llevó, durante una larga temporada, a la omisión de otras aproximaciones al conocimiento de la realidad social y de la historia, incluso a la exclusión de pensadores marxistas de occidente.

Lo peor es que por razones asociadas a la necesidad de resistir en las condiciones de una plaza situada, circunstancias acentuada por el recrudecimiento del bloqueo norteamericano y por la crisis económica que acompañó a la caída del socialismo y la desaparición de la Unión Soviética, esa situación ha durado demasiado tiempo.

Por esas y otras razones, en algunos casos asociadas a expresiones de intolerancia, a pesar de que hay en Cuba casi un centenar de universidades, academias y centros de enseñanza superior en los cuales se imparte marxismo y que el Partido cuenta con un poderoso sector académico dedicado exclusivamente a tales cometidos, formado por una escuela nacional con rango de universidad, más de una docena de escuelas provinciales y decenas de centro municipales, el debate teórico y la experimentación, son prácticamente nulas. Ese estado de cosas llega a ser más lamentable en asuntos más mundanos como son la politología, la economía política, el Derecho, la comunicación social, las investigaciones de opinión pública y la filosofía aplicada al examen de la realidad y de la historia.

Aunque ello se debe a la existencia de un pensamiento oficial que domina toda la sociología e impera en temas que van desde la moda y la ecología hasta el examen de los modelos políticos comparados, desestimula las búsquedas y la experimentación, excluye la duda científica y empobrece la batalla de ideas, no se puede omitir la responsabilidad de académicos e intelectuales que desde una militancia revolucionaria no han batallado suficientemente; no por su derecho a indagar y profundizar, sino por el de sus alumnos y discípulos a acceder a los conocimientos avanzados en todos esos campos y por supuesto, no es posible absolver al Partido que es a quien más interesa el progreso en esos campos.

Seguramente acicateado por los llamados del presidente Raúl Castro, también Primer Secretario del Partido, a dejar atrás taras dogmaticas y rutinarias y liberar al pensamiento revolucionario de enfoques envejecidos o empobrecidos por prácticas equivocadas, los arquitectos de la Conferencia habrán tomado nota de las demandas del momento. Allá nos vemos.

La Habana, 28 de mayo de 2011