sábado, 14 de mayo de 2011

EL SALVADOR.- SEPARACIÓN DE PODERES UN SIGNO DEL CAMBIO

Comité FMLN en Suecia

Muy lejos se está todavía de hacer de la democracia salvadoreña un bastión para impulsar el desarrollo en todos los sentidos; pues hablar de democracia es el respeto a la legalidad, la igualdad de derechos y oportunidades, la participación ciudadana en las decisiones que le competen desde su comunidad hasta aquellas delegadas a los organismos locales, nacionales y a los poderes del Estado.

En teoría, tenemos los salvadoreños una democracia sustentada por una Constitución Política moderna, que nos habla de nuestros derechos individuales y colectivos, poniendo de garante para ello la división de los tres poderes del Estado: El Legislativo, representado por nuestro parlamento; El Ejecutivo, representado por el Presidente y su gabinete y El poder Judicial que en su máxima instancia tiene a la Corte Suprema de Justicia como la celadora y garante del respeto y cumplimiento de las leyes.

Estos tres poderes con Independencia entre ellos y conjugándose por el bienestar de todos los salvadoreños tienen a bien defender e impulsar nuestra democracia.

En este momento, esta es una concepción a desarrollar a todos los niveles; pues la derecha nos ha tenido acostumbrados a la retórica que vivimos en democracia, pero en la realidad han manoseado los derechos ciudadanos a discreción de sus intereses.

Nos han convencido que democracia es participar en las elecciones cada cierto período para elegir alcaldes, diputados y presidente, esperando a la buena de Dios el cumplimiento de las promesas electorales por los electos, dejando ingenuamente a los ciudadanos de a pie solo a la espera de las siguientes elecciones.

Además la separación de los tres poderes del Estado ha sido un eufemismo; pues es sabido que mientras la derecha ha gobernado esta separación no ha existido, y aún más, eran perfectos aliados de los grupos de poder político y económico.

Los nuevos tiempos políticos que se respiran después de las elecciones del 2009; aunque no al paso deseado por las mayorías que votaron por el Cambio; están rompiendo con esas taras de la democracia y cada día nos acostumbramos más a ver la independencia de los tres poderes del Estado. Esto es saludable para la democracia. Pues Independencia de los poderes, no necesariamente tiene que ser confrontación, sino por el contrario, conjugar sus competencias para darle el valor a la democracia; o sea que el poder radique en el Estado por mandato del pueblo.

Naturalmente que la propia realidad salvadoreña condiciona, y mucho, los resultados que el esfuerzo del cambio está impulsando. Por ejemplo es notorio que la correlación en la Asamblea Legislativa hace de la concertación con las fracciones de derecha un trabajo de filigrana que no siempre da los resultados esperados. Además el presidente Funes y su equipo de asesores difieren especialmente en la velocidad y orientación que el FMLN quisiera en la búsqueda de un verdadero modelo de desarrollo económico propio y sostenible para el país.

En cuanto al tercer poder del Estado, podríamos decir que tenemos una nueva Corte Suprema de Justicia en donde especialmente en la Cámara del Constitucional, nos ha estado dando en los últimos meses fallos que por su significado y repercusión, nos habla de que en esa Instancia del Estado, hay una mayoría que está realmente haciendo su trabajo.

Los fallos, para muchos polémicos, son en esencia la interpretación de especialistas de lo que manda nuestra Constitución y aún más, son de obligado cumplimiento.

Si asumimos que también en la Corte Suprema de Justicia sobreviven sectores ligados a la forma de supeditarse a los grupos de poder en el pasado, nos encontramos con que las contradicciones entre sus miembros tienen en su base las influencias que desde el exterior de la Corte, quisieran que esta siguiera plegándose a la máxima de “hacer sin hacer” para que todo siga como hasta hoy.

Por eso no es gratuita la postura, incluso rabiosa, de algunos sectores afectados por los fallos.

Los últimos casos, el 29 de abril, la Sala declaró inconstitucional el decreto que salvó la existencia del Partido de Conciliación Nacional (PCN) y del Partido Demócrata Cristiano (PDC) por no haber logrado el 3% de los votos en las elecciones de 2004; y ordenó su cancelación. Además este 13 de mayo La Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) notificó al Tribunal Supremo Electoral (TSE) que ha declarado inconstitucional el decreto mediante el cual fueron electos en el 2009 dos magistrados de esos partidos para formar parte de ese organismo colegiado. Esto deja invalidada, a partir de esta fecha, la elección de los Magistrados del TSE, Julio Eduardo Moreno Niños y Oscar Morales Herrera, o sea del PCN y del PDC, que al no participar en las últimas elecciones en una “gran estrategia” para favorecer al candidato arenero, según la ley perdieron el derecho a tener magistrados en el Tribunal Supremo Electoral; a pesar de ello con otra leguleyada, Julio Eduardo Moreno Niños y Oscar Morales Herrera fueron nombrados como independientes cuando en realidad pertenecen a esos partidos.

Las primeras reacciones desde el primer fallo, de los dirigentes del PCN y el PDC, no se hicieron esperar, cargadas de epítetos queriendo con rabiatas salvar su ilegalidad.

Ya que en ambos casos el Tribunal Supremo Electoral tampoco tendría escusas ni siquiera para darle largas al asunto e inmediatamente que lo dictaminado por la Corte salga publicado en el diario oficial, será de obligado cumplimiento.

De forma parecida al 2004, en la Asamblea Legislativa la derecha ya está maquinando otra leguleyada para encontrar la forma de “anular” la actual Sala de lo Constitucional, especialmente el trabajo que realizan estos cuatro magistrados.

Esto, de llevarse a cabo no solo sería una represalia contra los magistrados constitucionalistas, sino que abriría la puerta para la indefensión del Estado al provocar una parálisis institucional al quitarle a esta la capacidad de dar fallos de interés nacional.

Está claro que solo el manoseo político y las luguleyadas han permitido a partidos como el PCN y PDC sobrevivir y vivir sirviéndose de la política desde los altos cargos que las componendas de la derecha han permitido. Hoy no solo las instancias del Estado; sino que también la sociedad civil tienen la obligación de ejercer la democracia y velar por el cumplimiento de la ley. No se trata de excluir a la derecha del teatro político salvadoreño; sino de enseñarles a respetar las leyes y para eso los partidos ilegalizados tienen dos caminos; reinscribirse con nuevo nombre, nuevos símbolos y todo lo que la ley dicta; o sumar sus activos de militantes a los Partidos ya existentes; pues al fin y al cabo sus dirigentes jamás han tenido contradicciones antagónicas entre ellos, que no sean el reparto de cargos públicos. Ya veremos qué es lo que dicen sus bases.

En cuanto a los dos magistrados del TSE, tendrán que dejar sus cargos, por espurios, y los que los reemplacen tendrán que ser electos con apego a lo que la ley manda y en los plazos que no afecten el ya encaminado calendario electoral del 2012.


ZAGA DEL CONGRESO: OPINAR SIN SOFOCARSE EN EL INTENTO (III)

Jorge Gómez Barata

Recientemente el presidente Raúl Castro fue categórico: “Cambiamos o nos hundimos.” No se trataba de una disyuntiva, sino de un aviso. Hundirse no es opción; es preciso entonces cambiar. Cambiar: ¿Qué? ¿Cómo? y ¿Cuándo? Las respuestas son conocidas: hay que cambiar en todo, hacerlo ahora y de modo atinado.

LA PRENSA

Las críticas a la prensa cubana son recurrentes y severas; son también habituales los enfoques autocríticos por parte de la Unión de Periodistas y de trabajadores y directores de periódicos, revistas y espacios informativos de la radio y la televisión.

Los reiterados e insistentes llamados a hacer un periodismo: oportuno, profundo y creador y a desarrollar cuantas virtudes pudieran atribuirse a la prensa socialista, militante y comprometida, llueven sobre lo mojado sin que, de un año o de una década a la otra se perciban cambios sustantivos. En el recién finalizado Congreso del Partido el presidente Raúl Castro sumó críticas y reiteró llamados.

El problema es que quizás a la ecuación le falta un dato: lo mismo que en otras esferas de la actividad social, los problemas asociados a la ineficiencia de la prensa cubana, no son funcionales sino genéticos o como mínimo estructurales.

En los ámbitos informativos cubanos, los problemas no se derivan de la incompetencia profesional de periodistas y directivos, tampoco se trata de falta de recursos materiales, económicos y financieros (aunque las carencias influyen), ni se asocian exclusivamente a la relación de reporteros y comentaristas con las fuentes, sino que aluden al machihembrado de la prensa con el modelo político instalado y a precedentes, algunos de los cuales datan de la época de los bolcheviques.

Entre otras cuestiones, el dilema radica en que la prensa, junto al sistema escolar, la cultura y otras esferas afines de la actividad social, se asumen como medios para la reproducción ideológica del modelo político en lo cual los éxitos, especialmente los económicos, políticos, sociales, culturales y otros, actúan como argumentos legitimadores, probatorios de la eficiencia y la superioridad del socialismo.

La prensa no es el sistema sino un espejo que refleja las virtudes y los defectos de aquel, con el añadido que, debido a sus capacidades multiplicadoras, los amplifica, los difunde e incluso los magnifica. No se trata de un espejo cualquiera sino de uno de aumento.

Con frecuencia se atribuye a la prensa el pecado de los enfoques unilaterales que únicamente toman en cuenta los éxitos y los detallan minuciosamente, mientras ocultan los defectos o los invocan de modo genérico como “fenómenos negativos que todavía subsisten” u otras fórmulas muchas veces repetidas.

En estos casos, no se toma en cuenta que el triunfalismo, la fanfarria, la aversión a la crítica y la tendencia a mediatizarla, sustituyéndola por justificaciones triviales e incluso erróneas, son características del sistema a los cuales la prensa adapta su discurso. En Cuba no sólo no es crítica la prensa; de hecho, al menos sistemáticamente, no lo es ninguna institución; incluyendo la mediatización de los críticos profesionales de arte y literatura y del mundo del espectáculo.

El presidente Raúl Castro no ceja en el empeño de censurar la falsa unanimidad, el formalismo de muchas actividades y eventos, incluidos los de primera categoría, como plenos del parlamento y congresos que la prensa reportar de la manera en que ocurrieron. Según son insustanciales y aburridos los reportes; a si mismo fueron los eventos y los discurso que se aluden; con la particularidad que se deja a lector la tarea de dilucidarlo.

No es culpa de los periódicos que en más de 30 años, en la Asamblea Nacional, los votos en contra puedan contarse con los dedos de una mano y apenas en una o dos ocasiones algún diputado haya expresado su desacuerdo en asuntos nodales y explicado su voto.

Aunque es patético ver a periodistas jóvenes y talentosos; así como a profesionales curtidos y competentes, esforzándose para mediante complicados ejercicios de redacción y alambicadas elaboraciones retoricas, tratar de presentar como interesantes para lectores, televidentes y radioescuchas, asuntos intrascendentes y llenar cuartillas con cuestiones triviales las cuales nadie, por más talento que sea u oficio que posea, podrá convertir en noticias o en materia para comentarios.

La unanimidad de criterios y la pobreza que refleja la prensa cubana en el ámbito internacional constituye una paradoja. Si bien es obvio los acontecimientos en otros países son ajeno a nuestros esfuerzos y los juicios de nuestros periodistas poco influyen en su desenvolvimiento o en el impacto que tengan en la opinión pública internacional; en esa área la labor de la prensa se ve limitada y empobrecida al asumir como propios, al pie de la letra, los compromisos estatales del país, expresados oficialmente por medio de los puntos de vista del gobierno y del Estado.

El inventario de críticas puntuales y de ejemplos ilustrativos de defectos e insatisfacciones, sería un ejercicio de auto flagelación que pudiera contribuir a abrir espacios al oportunismo y crear una sensación de menosprecio por la labor de cientos de profesionales que cumplen su deber, prefiriendo cargar con las culpas y con los costos de imagen que significa realizar una labor cooptada antes que arriesgarse a faltar a su compromiso con la Revolución.

Ante el riesgo de que una crítica demerite la obra o un juicio exponga el crédito de un líder, los periodistas conceden y se atienen a reglas que, por demás ellos no pueden cambiar.

Se trata de realidades asequibles sólo a quienes han vivido en las condiciones de una plaza sitiada, pero que es preciso resolver ahora porque de no hacerlo el efecto puede ser contrario. La idea de apoyar la Revolución hasta en sus errores es loable cuando se trata de principios y de posiciones frente al enemigo pero contraproducente cuando con ella se asumen defectos y carencias que es preciso resolver, entre otras cosas para que el aviso no se convierta en opción.

Al calor de las nuevas posibilidades que se abren en Cuba, de los debates ligados al Congreso y de las reflexiones de los lideres cubanos, desde abajo aparecen ideas, iniciativas e incluso probablemente tendencias que, además de percepciones diferentes a la de las elites dirigentes, exponen opciones, unas atinadas, descabelladas otras.

No hace mucho en una tertulia hogareña, integrada básicamente por profesionales de la prensa jubilados o a punto de hacerlo, se conversó sobre las oportunidades de cada cual para realizar trabajos que propicien algunos ingresos extra porque: “A ningún jubilado le da la cuenta”.

Como quiera que la mayoría de los presentes, al menos con altura profesional no sabían hacer otra cosa que redactar noticias, hacer de reporteros o comentar eventos y sucesos, alguien, lanzó la idea:

“Formemos una cooperativa de periodistas”. “Organicemos una agencia de prensa” añadió otro espontaneo hasta que alguien llamó al orden. “¡Ni que estuvieran locos para permitirnos hacer tales cosas”!

¿Porque habría que ser demente para permitir una visión alternativa de la realidad cubana, latinoamericana e internacional desde la honestidad y el compromiso revolucionario más genuino? Allá llegaremos y allá nos vemos.

La Habana, 14 de mayo de 2011