miércoles, 11 de mayo de 2011

Espero caiga muro entre Cuba y EE.UU., Jesse Jackson

Por Ulises Canales, enviado especial

Doha, 11 may (PL) El reverendo norteamericano Jesse Jackson calificó hoy de anticuado y obsoleto el bloqueo económico de Estados Unidos a Cuba, y aseguró esperar el restablecimiento de relaciones entre dos países vecinos que -subrayó- se necesitan mutuamente.

"Si hemos podido (el gobierno estadounidense) conversar, entendernos y establecer relaciones con China, que tiene una ideología diferente a la nuestra, es una idea anticuada no hacerlo con Cuba", afirmó el destacado activista por los derechos civiles en su país.

En entrevista con Prensa Latina en la capital de Catar, a donde asiste al XI Foro de Doha, Jackson apuntó que la isla caribeña es un Estado soberano, miembro pleno de la Asamblea General de la ONU -que ha condenado la política de Washington- y de la comunidad internacional. "Además, somos vecinos y por eso nos necesitamos unos y otros, podemos desarrollar vínculos que aporten beneficios comunes", acotó para luego remarcar que "espero el día en que caiga la muralla del bloqueo que separa a Estados Unidos y a Cuba".

Por otro lado, al ser preguntado sobre si el gobierno de su país y los de Europa actúan de forma transparente con los países árabes sacudidos por revueltas revolucionarias, se declaró "optimista" de que "el movimiento popular por la libertad sabe lo que tiene que hacer".

Jackson, fundador de la coalición humanista Rainbow/PUSH, pidió no olvidar que Occidente apoyó a los antiguos regímenes autoritarios, y señaló que las fuerzas progresistas del mundo "tenemos que estar al lado de la gente que quiere democracia, justicia y libertad".

Hay que ayudar a parar los regímenes represivos en esta región, esta gente está demandando derrocar toda forma de control opresivo, y generalmente quienes en el mundo están oprimidos terminan rebelándose más temprano o más tarde, señaló.

Sin embargo, el religioso advirtió que si Estados Unidos y Europa se involucran parecerá que tratan de controlar e influir, y eso es contraproducente. "Debemos apoyar la Primavera Árabe, pero no controlarla o desviarla", puntualizó.

En opinión del reverendo Jackson, las reformas fundamentales en el mundo árabe "tienen que ser progresistas, incluyentes y transparentes", y las potencias occidentales deben obrar en consecuencia.


BANANERAS DE OTROS CREDOS

Jorge Gómez Barata

En estos días cuando de modo infausto Pakistán ha saltado a los primeros planos he recordado que mis primeras lecturas intencionadas del caso tuvieron lugar allá por 1969 o 1970 cuando, siendo un joven profesor asistí a unos cursos de verano en la Universidad de La Habana, entonces cuando todavía no se habían inventado las maestrías y los posgrados que dan “créditos” y la burocracia académica no había nacido, valía la pena.

En la conferencia un famoso francés, colaborador de Louis Althusser, lanzó una discreta diatriba contra Carlos Marx por no haber entendido al Tercer Mundo y elogiado al colonialismo británico. Algunos de los presentes, más maduros y preparados, polemizaron mientras yo fui del anfiteatro a la biblioteca y pedí el artículo de marras.

Lo que leí me impresionó, no tanto por el contenido sino por la prosa. Se trataba de un fascinante comentario escrito por Carlos Marx para el New York Daily en 1853 en el cual el fundador del socialismo de matriz científica, escribió una de sus más logradas metáforas: “....El Indostán (entonces India y Pakistán) es una Italia de proporciones asiáticas…La misma riqueza y diversidad de productos del suelo e igual desmembración en su estructura política…” No pudo ser más exacto.

Marx que quería escribir sobre del Indostán y no de Italia se refiere a la fragmentación política de la península europea a mediados del siglo XIX donde el nacionalismo, el liberalismo y la unidad nacional se desarrollaban tardíamente, de modo que la falta de avances políticos actuabas como obstáculo al progreso general. El asunto se resolvió por vía de la Revolución encabezada por Garibaldi que apenas unos años después promovería la unidad nacional y construiría el Estado italiano centralizado, con Roma por capital y Víctor Manuel como monarca.

Según Marx, las estructuras económicas, culturales, sociales y políticas vigentes en la región del Indo al llegar los británicos eran tan anacrónicas que impedían el progreso a toda una vasta región de Asia.

Debido a esa percepción, en aquel artículo, titulado “La dominación británica en la India”, quizás su mejor análisis sobre la cuestión nacional y colonial, el fundador del socialismo, efectivamente, se debatía en la contradicción de enjuiciar críticamente al colonialismo británico por su deshumanizada ejecutoria, sin absolver al despotismo oriental. Según el sabio alemán, al destruir el régimen de castas, Gran Bretaña removió obstáculos que impedían progresar a la región.

Para el científico, los siglos de historia, las tragedias y el esplendor de la región, las guerras y las conquistas, las hambrunas y los períodos de abundancia tuvieron un efecto superficial porque en lugar de contribuir a la destrucción de las sociedad patriarcal y despótica, acabar con las división en castas y sus efectos paralizadores, consolidaban aquellos rasgos negativos; mientras el colonialismo británico, guiado por el implacable afán de lucro, “…Destrozó el entramado de aquella sociedad…”

Para rematar, Marx expone la más polémica de sus conclusiones y el argumento que confundió al francés y fue la causa de que el brillante artículo fuera escamoteado por el dogmatismo que creyó que el marxismo era mejor siendo de una sola pieza, sin contradicciones ni matices y sin concesiones a la pluralidad y la diversidad: “…Al realizar una revolución social en el Indostán, Inglaterra actuaba bajo el impulso de los intereses más mezquinos…Pero no se trata de eso…Inglaterra fue el instrumento inconsciente de la historia al realizar dicha revolución…”

Al regresar a la actualidad, a los tiempos de los Comandos SEAL, las ejecuciones extrajudiciales, el video y el ADN, armado entre otras con aquellas reflexiones, ratifiqué lo que muchos saben: los que alguna vez especularon sobre el conflicto de civilizaciones tienen los hechos a la vista.

Las elites gobernantes en el mundo cristiano o musulmán, no actúan guiadas por la fe religiosa, sino por mezquinos intereses políticos y económicos. Entre los países musulmanes como entre los cristianos los hay aliados y vasallos de los Estados Unidos.

Aunque aliado, Pakistán ha sido tratado como su fuera bananera o como uno los “60 rincones oscuros” mencionado por George Bush, en los cuales Estados Unidos podía atacar en cualquier momento; la reacción de su gobierno ante la irrupción de tropas norteamericanas en su territorio para ultimar a Osama Bin Laden es patética: “Al Qaeda —ha descubierto su primer ministro— no nació en Pakistán, que además reconoció que “…Hubo fallos de inteligencia…Pero no sólo nuestros sino de los servicios de inteligencia del mundo." Sobran los comentarios.

En cualquier caso, tal vez la tragedia sirva ahora, como hace más de un siglo para recordar que, en el Indostán, en este caso en Pakistán, hay deudas pendientes con la historia, entre otras un esclarecimiento de categorías tan elementales como: Estado/Nación y soberanía nacional. Allá nos vemos.

La Habana, 11 de mayo de 2011