jueves, 5 de mayo de 2011

REPORTE DESDE EL SALVADOR PARA RADIO HABANA CUBA DEL 06 DE MAYO DE 2011

AUDIO

El ambiente político en El Salvador se ha vuelto a conmocionar tras la resolución de la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia del pasado 29 de abril, en la que se declarara inconstitucional el decreto legislativo sustentado por la derecha, que en el año 2005 revivió a los también derechistas, Partido de Conciliación Nacional, PCN, y el Partido Demócrata Cristiano, PDC; ya que en las elecciones presidenciales del año anterior no alcanzaron el 3 por ciento requerido por el primero, y el 6 por ciento del segundo que corrió para dichos comicios en coalición con el desaparecido CDU, Centro Democrático Unido.

Desde aquel acto que fue catalogado en su momento como abusivo e ilegal, ya que de esa manera la derecha comandada en ese momento por la ex gobernante Arena, mantendría el control político en el parlamento, burlando de manera cínica el mandato de los electores que exigía el desaparecimiento de esos partidos, que desde años anteriores habían mantenido posiciones antipopulares, sumisas a las transnacionales y grupos de poder en el país. Además, los anteriores integrantes de la Corte Suprema de Justicia habían rehuido resolver las peticiones de inconstitucionalidad del decreto que burlaba la voluntad popular, como también lo había hecho contra otras peticiones; que durante la presente administración sí lo han hecho de manera valiente, lo que ha provocado acciones de confrontación de parte de sectores políticos – principalmente de derecha – que se verían afectados con la posición independiente que ha adoptado, hasta amenazar con provocar su destitución en la Asamblea Legislativa; sin embargo, la mayoría de la población está de acuerdo con la manera en que esta Sala de lo Constitucional está actuando, lo que ha impedido las intenciones oscuras de sectores que no escatimaría esfuerzos hasta de romper el orden constitucional.

Además, la Sala ordena al Tribunal Supremo Electoral que de inmediato reinicie el procedimiento de cancelación de ambos institutos políticos, a lo que se verá forzado, ya que las resoluciones de esta categoría son de obligado cumplimiento y no admiten ningún recurso. Por supuesto los dirigentes de ambos partidos han cursado desde el mutismo hasta la agria o resentida crítica, pero son muy pocas las posibilidades que tienen de maniobrar para impedir verse afectados, ya que la opinión pública apoya la resolución.

El Presidente de la República, Mauricio Funes, ha instado al PCN y al PDC a que acepten la medida de la Sala, y que enfrenten de inmediato el proceso de una nueva inscripción, que requerirá de la colección de firmas en su apoyo para optar a su nueva oportunidad durante las elecciones de 2012. Asimismo, organizaciones sociales y políticas, como la Coalición para la Reforma Política y Electoral – CREE – y el Movimiento Independiente pro Reforma Electoral – MIRE -, han exigido el cumplimiento inmediato del mandato.

Ante este panorama, una nueva etapa del desarrollo democrático parece estarse cimentando, sobre todo, cuando las instituciones, como la actual Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia, ejercen su independencia a través de la práctica de la jurisprudencia con responsabilidad, sabiduría y buena dosis de coraje.

Para los amigos de Radio Habana Cuba, reportó desde El Salvador, Centro América, Mario Zavaleta.

BIN LADEN ESTA MUERTO: EL TERRORISMO NO

Jorge Gómez Barata

Ultimar a Bin Laden del modo como lo fue no aporta resultados conclusivos a la lucha contra el terrorismo. Criaturas así no surgen porque la humanidad sea intrínsecamente perversa sino por razones sociales, económicas, ideológicas e incluso circunstanciales. La buena noticia es que en la medida en que exista voluntad política, el mal es curable.

El mundo sería mejor y más seguro si tampoco existieran los otros, aquellos que en lugar de en la frustración y el fanatismo, justifican sus actos terroristas en empeños políticos, piden “licencia para matar”, se amparan en razones de Estado o creen que para defender a Estados Unidos tienen que “atacar en 60 o más rincones oscuros”. El mundo sería preferible sin comandos letales como el que operó en Pakistán ni lugares donde criminales de semejante ralea puedan ocultarse con impunidad y pretender vivir como burgueses jubilados.

Osama Bin Laden y el 11/S formaron parte de la tormenta perfecta para difundir la idea de que el terrorismo es de matriz islámica cuando en realidad, desde hace 20 siglos, los árabes han sido yunque y no martillo. Manipulado, el trágico evento se asoció con otros fenómenos políticos y sirvió como justificación para la Cruzada emprendida por Bush, que esta vez no procuraba incurrir en la paradoja de “liberar” a Jerusalén de los jerosolimitanos, sino para apoderarse del petróleo y asegurar la hegemonía sobre el Medio Oriente. Irak y Afganistán fueron los primeros capítulos, Libia, Siria, Argelia, Irán y los países del golfo serán otros; cada cosa a su tiempo.

El desconcierto, asociado también a la desaparición de la Unión Soviética y la llegada de la unipolaridad, abarcó incluso a quienes desde la izquierda, asociaron ciertos elementos de la legítima violencia revolucionaria con prácticas terroristas, afirmando incluso que la pobreza podía ser la causa del terrorismo. De ser así los terroristas serían mendigos de Haití, campesinos bolivianos, montañeses de Albania y no retoños de la burguesía o la clase media de Arabia Saudita o Kuwait.

Quienes fraguaron y ejecutaron los atentados del 11/S y la oleada sucesiva, eran personas ricas y de clase media, capacitados para manipular explosivos y tecnologías avanzadas, dominar idiomas, viajar y vivir en Europa y Estados Unidos con pasaportes e identidades falsas, burlar servicios secretos, aprender a pilotar aeronaves y realizar perfectas e imaginativas operaciones, entre ellas la de convertir aviones de pasajeros en misiles y atacar el corazón de Manhattan. Los pobres no saben ni pueden hacer nada de eso. Para ser terrorista es preciso odiar con una intensidad que las personas humildes no conocen.

Más allá de su nefasto papel en el terrorismo internacional, lo más negativo en la ejecutoria de Bin Laden fue la confusión que introdujo en las filas de los luchadores contra la dominación y la hegemonía imperialista, principalmente entre la juventud árabe. Con el aval de haber confrontado la presencia soviética en Afganistán y luego volver sus armas contra Estados Unidos, la propaganda comenzó a forjarle una imagen de luchador por la yihad y las causas populares, cosa que no fue.

Formado al amparo norteamericano y resultado de una compleja coyuntura, Osama Bin Laden era lo que nadie necesitaba: para los luchadores por causas legítimas un paradigma equivocado, para el islam un exponente funesto, para los jóvenes un ejemplo nefasto y para Estados Unidos un adversario temible, no por sus posiciones políticas, sino por sus métodos, sus habilidades, su ascendencia entre elementos radicales y su falta de escrúpulos.

Entre sectores políticamente inmaduros, principalmente jóvenes, la confrontación del terrorismo con Estados Unidos, que obedece a razones que pueden ser explicadas aunque no justificadas, alimentó ideas éticamente insostenibles como que: “El fin justifica los medios” o “El enemigo de mis enemigos es mi amigo”. Como bien lo hizo durante la lucha revolucionaria en Cuba y lo sostuvo durante 50 años, Fidel Castro deslindó perfectamente la lucha armada revolucionaria, históricamente justificada y el terrorismo repudiable en cualquiera de sus formas.

Eso explica la posición asumida por Cuba el 11/S que, sin ceder un ápice en los puntos de vista respecto al imperialismo norteamericano, cuando todavía ardían las Torres Gemelas, repudió el atentado y ofreció cualquier tipo de ayuda, incluyendo abrir el espacio aéreo de la Isla a decenas de aviones con destino a Estados Unidos que carecían de sitios seguros donde aterrizar.

Haber sido ultimado en circunstancias censurables por fuerzas norteamericanas, no puede conducir a nuevos equívocos respecto al terrorismo y sus representantes; tampoco tiene sentido poner en duda la identidad del muerto cosa que, de hecho, alimenta la idea de una presencia simbólica.

Recuerdo que dejándome llevar por la curiosidad, coleccioné algunos datos que ponían en duda la muerte de Hitler. Se dijo por ejemplo que poco después de un mes de la toma de Berlín, durante la Conferencia de Potsdam, el presidente norteamericano Harry Truman preguntó a Stalin si Hitler estaban muerto a lo que el líder soviético respondió: “No”. También se dijo que durante una recepción asociada a aquel evento, el ex secretario de Estado norteamericano James Byrnes interrogó al gobernante soviético: “Mariscal, ¿cuál es su teoría sobre la muerte de Hitler?” “Él no está muerto. Puede haber escapado hacia España o Argentina", replico Stalin.

También en 1945 el Mariscal soviético Zhukov que dirigió la toma y ocupación de Berlín declaró: “Nosotros no hemos encontrado un cuerpo que pueda ser el de Hitler…” y en 1956 Dwight Eisenhower, que había sido el Comandante Aliado en Europa informó: “No tenemos ni pizca de evidencia sobre la muerte de Hitler…” El coronel W.J. Heimlich, ex jefe de la inteligencia de EE.UU. en Berlín a cargo de la investigación sobre la muerte de Hitler en su reporte final escribió: "No hay evidencia incontrovertible para sostener la teoría del suicidio de Hitler…”

En un museo de Berlín comenté tales dudas con un veterano que fue concluyente: “Olvide esas especulaciones. Le garantizo que muerto o no, Hitler no volverá a aparecer en Alemania ni en ninguna otra parte; fue individual e históricamente derrotado. El fascismo es otra cosa y puede resurgir. Ayude a probar que es una aberración a la que es preciso combatir y liquidar y cuando se haya logrado, olvídelo…”

Años después, cuando ya existían las pruebas de ADN me enteré de que las autoridades rusas habían desclasificado cierto material genético, incluyendo el fragmento de un cráneo que se dijo era el de Hitler. No me interesó el asunto. Como el viejo y sabio militante alemán me aconsejó cerré el capítulo de las dudas sobre Hitler y me concentré en los peligros del fascismo. También lo hago ahora. Bin Laden está muerto, el terrorismo no. Primero lo primero. Allá nos vemos.

La Habana, 05 de mayo de 2011


LA DERECHA NO ESTA ACOSTUMBRADA A CUMPLIR LAS LEYES; LAS MANIPULAN

Comité FMLN en Suecia

Hablar de los partidos de la derecha salvadoreña en el siglo XX es como hablar de una sopa de letras con el mismo sabor, en donde los nombres, jamás hicieron la diferencia y fueron solamente maquillajes y reajustes en las que daban por finiquitado un Partido que automáticamente se transformaba en otro u otros que seguía siendo más de lo mismo; es decir al servicio de los grupos de poder de derecha en cada momento y las pocas variantes estaban en función de contradicciones de cúpulas.

En el caso del Partido de Conciliación Nacional (PCN), se podría decir que tuvo como antecesores directos al Pro Patria, creado por el dictador General Maximiliano Hernández Martínez (1931) y al Partido Revolucionario de Unificación Democrática (PRUD) creado por el coronel Oscar Osorio (1950).

Paradojas aparte el PCN, se puede decir también, que fue una escisión del Partido Demócrata Cristiano, quien al no aceptar en sus filas y como candidato al Coronel Julio Adalberto Rivera, éste en 1961 fundó su Partido con algunos miembros del PDC y los antiguos militantes del PRUD. En el año 1962, el coronel Rivera consuma su ambición y gana la presidencia de la república yendo como candidato único.

Entre los “méritos” del PCN podemos nombrar, la representación de los militares al servicio de los grupos de poder de la derecha, la creación de la organización paramilitar ORDEN y los fraudes electorales descarados de la década de los 70s.

El Partido Demócrata Cristiano por su parte se funda en 1960 y tuvo en sus filas desde su fundación personajes con tendencia ideológica social cristiana, luego en su momento más álgido de la década de los 70s, llega a hacer alianzas electorales con partidos de Izquierda como el MNR (social demócrata) y el UDN (frente abierto del Partido Comunista) formando la Unión Nacional Opositora; quienes a pesar de ganar las elecciones fueron víctimas de fraudes en la década de los 70s. Todo esto sumado a la brutal y masiva represión desencadenó como única alternativa de los movimientos progresistas y de izquierda, la guerra civil; exceptuando al PDC que por el contrario, comienza una metamorfosis política que pasa por partido de gobierno contrainsurgente al servicio de la política imperial made in USA durante la guerra civil, hasta convertirse en acólito de los grupos de poder de la derecha nacional.

Así es como llegan estos partidos a las elecciones del 2004, atomizados y desacreditados y según las leyes electorales al no sacar el mínimo de votos requeridos, automáticamente desaparecen como partidos legalmente inscritos lo que popularmente podríamos llamar “muerte política súbita”. Pero en un ardid leguleyo la asamblea legislativa dominada por la derecha, en contra de la ley electoral y la Constitución los revive.

Hoy con los aires de Cambio en los poderes del Estado la Corte Suprema de Justicia (CSJ) falla sencillamente que la ley se debe de cumplir y que todo lo actuado para revivir este par de Partidos es ilegal.

Naturalmente esto no deja huérfana a la derecha política salvadoreña; pero sí ratifica que estos dos son partidos ilegales. Es de lamentar que el sometimiento a la derecha de la CSJ en el pasado ha permitido, al no fallar correctamente, que el PDC y el PCN hayan sido acólitos de ARENA contribuyendo de esta manera, con la aritmética parlamentaria legislando a conveniencia y beneficio de la derecha y además ostentar espuriamente cargos de dirección en el parlamento.

Hoy, cual zorra que nunca se mira la cola, despotrican contra el CSJ y le endilgan al FMLN culpabilidades de su propia ilegalidad; en lugar de reconocer que esas son las reglas del juego político de la democracia salvadoreña que ellos también han jurado respetar.

Ante este fallo el PCN y el PDC deberían de hacer lo pertinente, que es comenzar a juntar las 50 000 firmas para su nueva inscripción o sencillamente integrarse a los partidos de derecha ya existentes, con los cuales no tienen ninguna discrepancia. Lo único que si será digno de ver es que en el caso de escoger la última opción, lo que se avecina es un teatro de pleitos de perros por los cargos y curules que a no dudar no alcanzaran para todos los que hoy, han hecho de la política al servicio de la derecha, su modus vivendus.

Reflexiones del Compañero Fidel: El asesinato de Osama Bin Laden

Los que se ocupan de estos temas conocen que, el 11 de septiembre de 2001, nuestro pueblo se solidarizó con el de Estados Unidos y brindó la modesta cooperación que en el campo de la salud podíamos ofrecer a las víctimas del brutal atentado a las Torres Gemelas de Nueva York.

Ofrecimos también de inmediato las pistas aéreas de nuestro país para los aviones norteamericanos que no tuvieran dónde aterrizar, dado el caos reinante en las primeras horas después de aquel golpe.

Es conocida la posición histórica de la Revolución Cubana que se opuso siempre a las acciones que pusieran en peligro la vida de civiles.

Partidarios decididos de la lucha armada contra la tiranía batistiana; éramos, en cambio, opuestos por principios a todo acto terrorista que condujera a la muerte de personas inocentes. Tal conducta, mantenida a lo largo de más de medio siglo, nos otorga el derecho a expresar un punto de vista sobre el delicado tema.

En acto público masivo efectuado en la Ciudad Deportiva expresé aquel día la convicción de que el terrorismo internacional jamás se resolvería mediante la violencia y la guerra.

Fue por cierto, durante años, amigo de Estados Unidos que lo entrenó militarmente, y adversario de la URSS y del socialismo, pero cualquiera que fuesen los actos atribuidos a Bin Laden, el asesinato de un ser humano desarmado y rodeado de familiares constituye un hecho aborrecible. Aparentemente eso es lo que hizo el gobierno de la nación más poderosa que existió nunca.

El discurso elaborado con esmero por Obama para anunciar la muerte de Bin Laden afirma: “…sabemos que las peores imágenes son aquellas que fueron invisibles para el mundo. El asiento vacío en la mesa. Los niños que se vieron forzados a crecer sin su madre o su padre. Los padres que nunca volverán a sentir el abrazo de un hijo. Cerca de 3 000 ciudadanos se marcharon lejos de nosotros, dejando un enorme agujero en nuestros corazones.”

Ese párrafo encierra una dramática verdad, pero no puede impedir que las personas honestas recuerden las guerras injustas desatadas por Estados Unidos en Iraq y Afganistán, a los cientos de miles de niños que se vieron forzados a crecer sin su madre o su padre y a los padres que nunca volverían a sentir el abrazo de un hijo.

Millones de ciudadanos se marcharon lejos de sus pueblos en Iraq, Afganistán, Vietnam, Laos, Cambodia, Cuba y otros muchos países del mundo.

De la mente de cientos de millones de personas no se han borrado tampoco las horribles imágenes de seres humanos que en Guantánamo, territorio ocupado de Cuba, desfilan silenciosamente sometidos durante meses e incluso años a insufribles y enloquecedoras torturas; son personas secuestradas y transportadas a cárceles secretas con la complicidad hipócrita de sociedades supuestamente civilizadas.

Obama no tiene forma de ocultar que Osama fue ejecutado en presencia de sus hijos y esposas, ahora en poder de las autoridades de Pakistán, un país musulmán de casi 200 millones de habitantes, cuyas leyes han sido violadas, su dignidad nacional ofendida, y sus tradiciones religiosas ultrajadas.

¿Cómo impedirá ahora que las mujeres y los hijos de la persona ejecutada sin Ley ni juicio expliquen lo ocurrido, y las imágenes sean transmitidas al mundo?

El 28 de enero de 2002, el periodista de la CBS Dan Rather, difundió por esa emisora de televisión que el 10 de septiembre de 2001, un día antes de los atentados al World Trade Center y al Pentágono, Osama Bin Laden fue sometido a una diálisis del riñón en un hospital militar de Pakistán. No estaba en condiciones de ocultarse y protegerse en profundas cavernas.

Asesinarlo y enviarlo a las profundidades del mar demuestra temor e inseguridad, lo convierten en un personaje mucho más peligroso.

La propia opinión pública de Estados Unidos, después de la euforia inicial, terminará criticando los métodos que, lejos de proteger a los ciudadanos, terminan multiplicando los sentimientos de odio y venganza contra ellos.

Fidel Castro Ruz
Mayo 4 de 2011
8 y 34 p.m.