miércoles, 4 de mayo de 2011

LA LEY DEL TALIÓN.- OSAMA BIN LADEN HA MUERTO: NI APLAUSOS NI LAMENTOS

Jorge Gómez Barata

Con la muerte de Osama Bin Laden en el mundo hay un terrorista menos y un precedente negativo más.

Obviamente el cabecilla de la organización que se atribuyó los atentados del 11/S en Nueva York y otros actos terroristas, merecía ser perseguido, capturado y condenado según mandara la justicia; no mediante la “Ley del Talión”. La lógica de “ojo por ojo y diente por diente” conduce a un mundo de ciegos y desdentados”. Lo que pudo ser la culminación de un esfuerzo legítimo por atrapar a un criminal, ha terminado en otra ejecución extrajudicial. El hecho de que la víctima sea un terrorista confeso no cambia el significado.

Osama Bin Laden no era un líder revolucionario, un combatiente antiimperialista ni un patriota; no era un estadista, tampoco un representante del Islam, una fe que no promueve la violencia y merece respeto, sino un delincuente prófugo, protegido por otros de su misma catadura; era además parte de un engranaje que ha costado demasiada sangre y un pretexto para políticas agresivas y belicosas.

Recrearse en un hecho de sangre que suma violencia a la violencia y promover la idea de que la muerte de un cabecilla es la solución a un problema que hunde sus raíces en fenómenos sociales y económicos, en complejas circunstancias políticas e incluso en motivaciones ideológicas de carácter racista, profundiza errores en los que se incurrió en el pasado. Si la muerte de Osama Bin Laden significara el fin de la impunidad para todos los actos terroristas, incluidos el terrorismo de Estado, entonces la anécdota tendría mayor sentido.

Ojalá un hecho que, aunque de manera sumamente cruenta, pone fin a la mayor cacería humana en toda la historia, sirva para una profunda e integral reflexión política, asistida por el Derecho acerca de las causa que engendran el terrorismo y el mejor modo de allegar fuerzas y razones para luchar contra ese flagelo.

Se corre el riesgo de que en medio de la euforia, ocurra lo contrario y como en los días infaustos del 11/S, Estados Unidos caiga en la tentación de creer que puede combatir con flotas, ejércitos y guerras un fenómeno que debe ser tratado de otro modo y con otras herramientas. La comprensión integral del fenómeno, la cooperación internacional, la participación de las mayorías y la justicia plena son las únicas opciones frente al terrorismo.

Preocupa sin embargo, que la declaración del presidente Barack Obama acerca de que: “América puede hacer lo que se proponga…”, se refiera no a las capacidades del pueblo norteamericano, sino que se homologue a la afirmación de George W Bush, acera de que: “Estados Unidos debe estar listo para atacar en 60 o más rincones oscuros del mundo”.

Cuando el 7 de diciembre de 1941 Japón atacó Pearl Harbor, Franklin D. Roosevelt fue al Congreso y pidió a los representantes del país que declararan la guerra a Japón y así ocurrió el día 8. La legitimidad del acto estuvo fuera de toda duda; tampoco los aliados ultimaron a los cabecillas nazis, sino que los juzgaron y conforme a las leyes ahocaron a muchos de ellos. La justicia, es bueno reiterarlo, no es una primitiva venganza.

Esta vez los hechos se desarrollaron en Pakistán, país donde probablemente Osama Bin Laden se hubiera ocultado hace años, cosa que no podía hacer sin algún género de tolerancia y protección; en un Estado que autoriza las operaciones militares y policiacas norteamericanas en su territorio. No hay que lamentar la violación de la soberanía de un país que no la reclama ni la defiende.

Otro tema es el de los estándares. A la luz del comportamiento de las administraciones norteamericanas; es pertinente la pregunta de si en lugar de en Nueva York las Torres Gemelas hubieran estado en La Habana y no se tratara de Osama Bin Laden, sino de alguno de los terroristas anticastristas que en Miami piden licencia para matar en Cuba: ¿Se trataría o no de terrorismo?

¿Por qué Bin Laden ha de responder con su vida por sus actos terroristas y a Posada Carriles, autor intelectual confeso de la voladura del avión de la compañía Cubana de Aviación y de los atentados con bombas a hoteles y discotecas de La Habana, ni siquiera se le encausa? Por extraño que pueda parecer, se trata de un mismo gobierno aunque de una doble concepción de la justicia.

Cuba no quiere cazar y ejecutar a Posada Carriles como hizo Estados Unidos con Bin Laden; simplemente pide que se le juzgue conforme a Derecho y a patrones universales. Los cubanos ni siquiera reclaman que sea en La Habana, pueden hacerlo en Caracas, Nueva York o La Haya; Cuba no aspira a tomar venganza, simplemente reclama honestidad y advierte que el hecho de que no haya justicia para todos es una premisa para que algún día no la haya para nadie.

Los miles de norteamericanos que hoy marchan en Nueva York y acuden a la Zona Cero de Manhattan a rendir tributo a las víctimas del 11/S, tienen derecho también a reclamar el fin de la desproporcionada e irracional violencia que en nombre de la lucha antiterrorista condujo a las guerras de Irak y Afganistán, ha alimentado la idea de un “conflicto de civilizaciones” e impide acciones eficaces para combatir el terrorismo.

No hay derecho a confundir a la opinión pública, a convertir la necesidad en virtud ni a politizar la justicia. Osama Bin Laden es parte del pasado, de un modo u otro respondió por sus crímenes y toca ahora mirar al porvenir donde hay mucho trabajo por hacer antes de que el mundo sea un lugar seguro para todas las personas honradas. Allá nos vemos.

La Habana, martes 3 de mayo de 2011


DONDE LOS MÁS RICOS PAGAN MENOS IMPUESTOS

Por Manuel E. Yepe
Justamente cuando la ciudadanía estadounidense llena los modelos de reporte de ingresos y utilidades para el pago de sus impuestos y el Congreso parece dispuesto a acordar agudos recortes en los gastos sociales contenidos en los presupuestos, Bernard Sanders, Senador por el estado de Vermont, uno de los pocos congresistas que no es miembro de ninguno de los dos partidos del juego político de ese país, hizo pública una relación de los mayores violadores del pago de impuestos en Estados Unidos.
Según Sanders, es injusto que los congresistas republicanos promuevan grandes recortes en materia de asistencia social, protección ambiental, ayudas nutricionales y otros asuntos humanitarios ignorando la realidad de que las corporaciones más rentables prácticamente no pagan impuestos federales.
He aquí la lista de los diez peores violadores corporativos en materia de impuestos que la oficina de Sanders dio a la publicidad:
1) Exxon Mobil, que tuvo 19 mil millones de dólares de utilidades
en 2009 y, no solo no pagó el impuesto federal sobre ingresos sino que recibió un reembolso de 156 millones del IRS (Internal Revenue Service), institución facultada para recibir los reportes de ingresos y calcular los impuestos a pagar, según datos del U.S. Securities and Exchange (SEC), la agencia federal encargada de implementar las leyes sobre seguridad y garantías en inversiones.
2) El Bank of América, al que le reembolsaron 19 mil millones de
los impuestos que pagó el año anterior pese a que tuvo 4 mil 400 millones de utilidades y recibió un rescate de casi un billón de dólares de la Reserva Federal y el Departamento del Tesoro.
3) General Electric, que en los últimos 5 años obtuvo ganancias
por 26 mil millones en Estados Unidos y además recibió un reembolso de
4 mil 100 millones del IRS.
4) Chevron, que el pasado año recibió 19 millones del IRS por
concepto de reembolso, pese a haber tenido ganancias de 10 mil millones en 2009.
5) Boeing, que obtuvo del Pentágono un contrato de 30 mil
millones para la fabricación de 179 aviones tanqueros y recibió un reembolso del IRS por 124 millones el pasado año.
6) Valero Energy, la vigésimo quinta mayor compañía del país, con
ventas por 68 mil millones el pasado año, que recibió un cheque por
157 millones como reembolso del IRS, habiéndose beneficiado en los últimos tres años con deducciones de impuestos por manufacturar de petróleo y gas por un valor de134 millones.
7) Goldman Sachs, que en 2008 solo pagó el 1.1 % de sus impuestos
por ingresos pese a haber tenido ganancias por 2 mil 300 millones y haber recibido casi 800 mil millones como rescate de la Reserva Federal y el Departamento del Tesoro.
8) Citigroup, que habiendo tenido el pasado año más de 4 mil
millones en ganancias, no pagó impuestos federales por ingresos.
Además recibió un rescate por 2.5 billones de dólares de la Reserva Federal y el Tesoro.
9) ConocoPhillips, la quinta mayor compañía petrolera en Estados
Unidos, que tuvo 16 mil millones de ganancias entre 2007 y 2009, pero recibió una exoneración de impuestos por 451 millones.
10) Carnival Cruise Lines, que en los últimos cinco años tuvo
utilidades superiores a los 11mil millones de dólares pero su contribución impositiva sobre las utilidades en ese período fue de apenas el 1.1%.
El Senador Sanders aboga por la cancelación de los resquicios en la legislación impositiva que propician estas violaciones así como la cancelación de las dispensas de impuestos para las compañías manufactureras de petróleo y gas. Así mismo, introdujo un proyecto legislativo que impondría un 5.4% de sobrecargo impositivo a los millonarios, lo que incrementaría en 50 mil millones la recaudación tributaria anual.
“Tenemos un problema de déficit y tenemos que afrontarlo”, ha declarado el senador. “Pero no podemos hacerlo de manera que éste caiga sobre las espaldas de los enfermos, los ancianos, los pobres, los jóvenes, la gente más vulnerable en este país. La gente más rica y las mayores corporaciones tienen que contribuir”.
Bernard Sanders, de 70 años de edad y más conocido como Bernie Sanders, es un senador independiente en pacto electoral (caucus) con el partido demócrata. Es el único senador en Estados Unidos que se proclama “socialista” y en sus campañas electorales lo apoyan movimientos minoritarios, progresistas y de izquierda que en Vermont han llegado a darle hasta un 65% de las preferencias.
Rara vez alcanza espacio en los medios corporativos aunque, en diciembre último, tuvo repercusión un discurso suyo de 8 horas y media explicando cuánto perjudicaría al país un acuerdo sobre recorte de impuestos que se urdía por el equipo de Obama con el partido republicano. Su esfuerzo, sin embargo, fue inútil pues el Congreso aprobó la legislación en cuestión, que extendía a los más ricos exenciones de impuestos que Sanders entendía que debían beneficiar solo a personas pobres y de la clase media.
Comoquiera que el sistema bipartidista estadounidense está diseñado para excluir a políticos de orientación socialdemócrata como él, Sanders se ha visto obligado a mantener un pacto para tiempos de elecciones con el partido demócrata, cuya orientación política se supone menos reaccionaria que la del republicano.
La Habana, Mayo de 2011

JUAN PABLO II: NO SOLO UN BEATO MÁS

Jorge Gómez Barata

Me plugo por el clima de tolerancia y apertura que hizo posible presenciar por la televisión cubana la beatificación de Juan Pablo II, cuyo ascenso saludé en 1978 por ser polaco y arzobispo de Cracovia, una ciudad que conocía y en cuya universidad (Uniwersytet Jagiellonski) experimenté la emoción de andar corredores y aulas en las que estudió y trabajó Nicolás Copérnico. Karol Wojtyla fue también el único Papa al que, en La Habana, he visto en persona y de cuyo pensamiento tengo alta estima.

Son tales los merecimientos de Juan Pablo II, entre otros percatarse que es en América Latina donde hay más católicos, descubrir al Africa negra para la Iglesia con una visión renovada de la negritud, el que realizó la labor evangélica más vasta llegando con su prédica directa a 129 países, que no necesita añadidos circunstanciales.

Aludir al aporte del beato a la presunta derrota del marxismo e igualarlo a un conspirador mundano, pareció un acto de oportunismo ideológico que restó altura al alegato de Benedicto XVI que, en ese instante, más que al representante de una fe grandiosa, recordó al político conservador que fue el obispo Joseph Ratzinger que a destiempo, como uno de aquellos soldados japoneses aislados a los que nadie avisó que guerra había terminado, 20 años después procura sumar ventajas políticas en el lugar y momento equivocado. Se trató, a mi juico de una pizca de incoherente mal gusto.

El siglo XX, punto de inflexión en la historia humana, planteó a la Iglesia Católica y en especial a algunos papas la responsabilidad de incursionar desde las posiciones de la fe y la espiritualidad en los grandes virajes de la historia política.

León XIII, que condujo la Iglesia durante 25 años entre 1878 y 1903, fue contemporáneo con Carlos Marx y 43 años después del Manifiesto Comunista, mediante la encíclica Rerum novarum, el más importante documento social de la Iglesia Católica en todos los tiempos, coincidió en la crítica al capitalismo decimonónico, llamado también “salvaje”, promovió la inserción de los laicos católicos en la vida política y dio a la Doctrina Social de la Iglesia una expresión orgánica al auspiciar los partidos y movimientos políticos de inspiración cristiana

Benedicto XV (1914-1922) ofició durante la gran matanza que fue la Primera Guerra Mundial, no pudo sustraerse a la condena de la guerra y lidió con el triunfo de los bolcheviques.

Pío XII (1939-1958) presenció el ascenso al poder de Hitler y Mussolini, fue testigo del holocausto judío y de la Guerra Mundial, del bombardeo atómico a ciudades japonesas y de los comienzos de la Guerra Fría; no se destacó por la condena a los nazis y su culpa puede haber sido mantenerse excesivamente distante de la crisis en el mundo real.

Ninguno de los papas de la pasada centuria vivió experiencias políticas personales comparables a las Juan Pablo II, la figura del momento en la Iglesia y el Papa de reinado más prolongado (1978-2005), primero no italiano en casi 500 años, polaco para más señas. Seminarista clandestino bajo la ocupación nazi en su Polonia natal, ubicado en el vórtice de la Guerra Fría, protagonista en las últimas fases de la lucha contra el socialismo real, testigo de la transición en Polonia, del derrumbe de la Unión Soviética, del atentado a las Torres Gemelas y del advenimiento del III milenio en la Era Cristiana.

Si era interés del papa Benedicto XVI añadir a la obra apostólica y a la vocación misionera de Juan Pablo II meritos políticos, pudo haber comentado la forma en que se refugió en los estudios del teatro clásico polaco para del único modo en que le era posible, reivindicar la identidad nacional en la Polonia ocupada; pudo haber descrito sus estudios universitarios y sacerdotales de modo clandestino bajo el yugo nazi y su ordenamiento en 1946, meses después de que su patria fue liberada del fascismo.

Debido al enfoque erróneamente ateísta incorporado al socialismo real, ser anticomunista no es un merito que sume santidad a un cura, obispo y cardenal católico, en realidad todos lo son, máxime uno que vivió toda su vida adulta y realizó su obra pastoral en el más martirizado de los países europeos, (único borrado del mapa durante 100 años), predicó en la Europa de la Guerra Fría, en el país donde se expresaron más obviamente los defectos con los cuales el stalinismo deformó al socialismo real.

En esos contextos, en Wojtyla habría que destacar más que la militancia anti comunista, la fe en el destino final de su pueblo, la moderación y la capacidad para arbitrar a favor de un tránsito sin violencia.

En la Polonia socialista, sin disfrutar de privilegio alguno, sin hacer concesiones, pero también sin llamar al extremismo, promovido por la jerarquía, considerado por la feligresía y acatado, respetado o temido por las autoridades, en 32 años, Karol Wojtyla recorrió el camino de cura a Papa. Ser anticomunista no contribuyó decisivamente a la santidad de Juan Pablo II.

Juan Pablo II no organizó el sindicato Solidaridad, no llamó a los trabajadores a las protestas y a las huelgas, no fue responsable de los errores que a lo largo de 40 años cometieron los sucesivos gobiernos polacos; no fue él quien implantó el estado de sitio ni amenazó con la intervención soviética. Fue un crítico y un adversario del régimen establecido en Polonia, actuando siempre como un patriota preocupado por el pueblo y el país. No llamó a la guerra ni a extremismo alguno.

En realidad lo que hizo grande a Juan Pablo II y justifica su beatificación fue su humanismo, la apuesta por los pobres, sus dotes de predicador, su tolerancia frente a otras expresiones de fe religiosa y su confianza en la juventud.

El Papa que vi de cerca en La Habana y que llamó al mundo a abrirse a Cuba y a Cuba a abrirse al mundo, exhortó a los jóvenes cubanos a crear un proyecto de vida basado en el trabajo y en la generosidad; puede ser beato o santo, porque antes fue un gran hombre y un ejemplar de ser humano cuyas mejores virtudes pueden ser resaltas sin acudir a atavismo ideológicos que Ratzinger pudo haberse ahorrado porque nada aportan. Bienaventurados los beatos. Allá nos vemos.

La Habana, lunes 2 de mayo de 2011