lunes, 21 de marzo de 2011

Vea el capítulo “Ciberguerra”, de la serie Las Razones de Cuba (+ Video)

Las razones de Cuba

Publicado el 21 Marzo 2011

Cuba denuncia la estrategia de Estudos Unidos de crear ciberdisidentes con fines subversivos y al amparo de los financiamientos y la tutoría norteamericana.

En la serie “Las Razones de Cuba”, el capítulo Ciberguerra entrevista a especialistas sobre el tema y muestra fotografías de figuras construidas mediáticamente que son “atentidos” por la Oficina de Intereses de Washington en La Habana.

“La Ciberguerra es una guerra que no es de bombas ni balas, sino de comunicaciones, algoritmos y bytes En año 2009 fue oficializada la doctrina de guerra irregular como se le llama oficialmente en el Pentágono desde el 2003″, afirma el documental transmitido este lunes en la Televisión Cubana.

Asegura que existe en la isla una contrarrevolución de nuevo tipo compuesta por blogueros, que inicialmente estaban aislados y hoy se mezclan con la contrarrevolución tradicional.

“Los ciberproyectos de cibermercenarios cubanos constituyen instrumentos fabricados para generar focos de conflictos internos mediante el uso de las nuevas tecnologías”, añade

Los llamados ciberdisidentes en Cuba reciben un pago blanqueado. “No hay que ir al banco, ni a la SINA, ni lo mandan a través de la Fundación Cubano American”, afirma el material que tiene una duración de 28 minutos.

El personaje más visible de estos “ciberdisidentes”, con medio millón de dólares por conceptos de premios manipulados es Yoani Sánchez. Esta vedette política recibió el entusiasta homenaje, el pasado 10 de marzo, del gobierno norteamericano, organizado especialmente por el Jefe de la Sección de Intereses de los Estados Unidos en Cuba Jonathan Farrar.

No solo la SINA y la Secretaria de Estado Hillary Clinton muestran su respaldo a Yoanis Sánchez; el propio presidente Obama le respondió una entrevista a esta bloguera.



LA HUMANIDAD ANTE SUS INCONSECUENCIAS (II)

Jorge Gómez Barata

En 1945 las primeras explosiones nucleares pusieron fin a la II Guerra Mundial e iniciaron la Guerra Fría. Se trató de una excepcional coyuntura histórica en la cual se juntaron la prosperidad económica de los Estados Unidos, las ansias europeas por recuperar la democracia aplastada durante la ocupación nazi, el dinamismo de la reconstrucción y el júbilo por la descolonización. En la Unión Soviética y Europa Oriental, el comunismo prometía el paraíso en la tierra. La humanidad creyó poder disfrutar de una era de esperanza y paz.

No obstante, otra vez las razones políticas se interpusieron para que los Estados Unidos y la Unión Soviética, dos superpotencias que emergieron de la conflagración con inmenso prestigio y que habían sido aliados, más exactamente compañeros de viaje en la lucha antifascista, volvieran a la confrontación, esta vez con la presencia de armas nucleares.

En Fulton con Harry Truman a su diestra, Winston Churchill, declaró: “…Desde Stettein en el Báltico hasta Trieste en el Adriático ha caído sobre Europa un telón de acero…” La respuesta de Stalin fue tan ruda como honesta: “…Los alemanes hicieron la invasión de la URSS a través de Finlandia, Polonia, Rumania, Bulgaria y Hungría. Lo pudieron hacer porque tenían gobiernos hostiles a la Unión Soviética. Es sorprendente que se critique el hecho de que la Unión Soviética esté intentando que existan en estos países gobiernos leales…”

Así comenzó la Guerra Fría, caracterizada sobre todo por la carrera de armamentos, especialmente nucleares.

Una vez que Enrico Fermi y Leo Szilárd lograron reproducir una reacción en cadena atómica controlada, estuvieron creadas las bases teóricas para la construcción de la bomba atómica. De ahí que el proyecto Manhattan fuera sobre todo una búsqueda de soluciones ingenieras para crear un artefacto utilizable con fines militares. Cuando el 16 de julio de 1945 se realizo la primera prueba nuclear y en el momento en que se lanzaron dos bombas contra Japón, sobre la energía nuclear se conocía menos de lo que hoy se sabe sobre el planeta Marte.

No obstante con la audacia que da la ignorancia y el afán de lograr una paridad de fuerzas militares, todas las potencias, primero la Unión Soviética (1949) y luego Gran Bretaña (1952) y Francia (1960) se lanzaron a la carrera por poseer sus propias armas atómicas en una competencia que sólo Estados Unidos y la URSS estaban en condiciones económicas de llevar hasta sus últimas consecuencias.

En 1951, de modo experimental en un reactor nuclear en Idaho, Estados Unidos se generó electricidad y en 1956 en Gran Bretaña entró en servicio la primera planta electronuclear del mundo. De entonces a la fecha se han construido cuatro generaciones de reactores nucleares para diferentes usos, de los cuales se han construido cerca de mil. Ninguno es ciento por ciento seguro, nada garantiza fiabilidad a prueba de errores de operación ni invulnerabilidad ante problemas técnicos o actos humanos deliberadamente hostiles.

Con irresponsable liberalismo, los gobiernos de las principales potencias comenzaron a establecer plantas electronucleares, reactores para la investigación, buques y submarinos movidos por el átomo. Incluso abrieron esa rama al sector privado. A fines de los años cincuenta aparecieron los cohetes intercontinentales portadores de ojivas nucleares y la paridad devino destrucción mutua asegurada.

Aunque todavía no ha trascendido suficientemente a la opinión pública, pronto se supo que la apresurada expansión de la energética nuclear y de los reactores de investigación, no era totalmente inocente; cada uno de ellos era una fábrica de plutonio, un subproducto del uranio utilizable para fabricar bombas atómicas. Desde su origen y todavía hoy la energía nuclear con fines pacíficos tuvo también aplicaciones militares.

Aunque tomaron conciencia de la peligrosidad de la difusión incontrolada de la energía nuclear, quienes entonces gobernaban en las potencias hicieron poco para regular o detenerla. No obstante aquel frenesí disparó algunas alarmas acerca de lo que para la seguridad mundial podía representar la proliferación no sólo de las armas nucleares, sino de ciertos usos pacíficos.

En 1953 el presidente norteamericano Dwight Eisenhower acudió a la ONU para exponer el programa Átomos para la Paz, una propuesta que prometía el apoyo para la introducción de la energía nuclear con fines pacíficos, bajo el control y la supervisión de Estados Unidos, asegurando un manejo responsable y evitando la proliferación de las armas atómicas; cosa con la cual concordó la Unión Soviética en lo que resulto ser la única coincidencia estratégica de la Guerra Fría. En 1957 se creó la Agencia Internacional de la Energía Atómica de Naciones Unidas y en 1968 se adoptó el Tratado de No Proliferación Nuclear.

Ninguno de los esfuerzos fue ciento por ciento exitoso. Norteamericanos y soviéticos entregaron reactores y uranio enriquecido a países que consideraban aliados responsables, aunque algunos los usaron para adelantar investigaciones con fines militares y otros para producir plutonio que en algunos casos todavía almacenan y con el cual pudieran producir decenas de bombas atómicas o “armas sucias”. Ningún tratado y ninguna salvaguarda pudieron impedir que China, India, Pakistán, Israel, Sudáfrica y Corea del Norte construyeran armas nucleares.

No obstante las enormes dificultades derivadas de la peligrosidad de todos sus pasos, desde la extracción del mineral hasta sus demoniacas aplicaciones militares, la energía nuclear se instaló como un hito en el progreso de la humanidad que, aunque deberá replantearse muchos aspectos de su empleo, jamás podrá renunciar a ella; excepto que ocurriera el milagro imposible de un consenso para cambiar estilos de vida y expectativas de bienestar ligados al consumo de enormes cantidades de energía.

Actualmente funcionan en todo el mundo 436 reactores que producen cerca del 20 por ciento de la electricidad consumida por el planeta, proporción que es mucho mayor en algunos países altamente desarrollado. Para Francia significa casi el 80 por ciento, en Suecia es el 50, el 30 para Japón y Finlandia, el 20 en Estados Unidos y el Reino Unido. En todo el mundo existen alrededor de 50 reactores en construcción y en fase de intenciones y proyectos hay unos 200. Países como India y China sólo podrán sostener sus ritmos de desarrollo y alcanzar sus metas nacionales construyendo decenas de ellos.

La humanidad que recientemente ha fracasado en la búsqueda de una reflexión mundial madura y responsable acerca del calentamiento global, no puede ni soñar con un foro internacional apropiado para un debate planetario acerca del problema de la energía nuclear que, por otra parte presenta indiscutibles posibilidades y ventajas, entre ellas ser una alternativa al petróleo que se agota irremediablemente y proporcionar electricidad sin generar gases de efecto invernadero ni tributar al cambio climático.

Es preciso aclarar que a pesar de los enormes riesgos ambientales y para la seguridad humana que plantea la energética nuclear y que, como quedó demostrado en Chernóbil, un accidente puede tener implicaciones más allá de las fronteras de un determinado país, difícilmente una catástrofe en una instalación atómica pueda tener consecuencias globales, cosa que si ocurre con las armas nucleares cuya proliferación debe ser efectivamente impedida. La lucha debe centrarse en el desarme y no en el presunto derecho de ningún país a armarse de bombas atómicas con el pretexto de que otros las tienen.

Tal vez el lamentable incidente en la planta japonesa de Fukushima, el primero que no se debe a fallas técnicas o errores humanos sino a dos cataclismos naturales a la vez que, aunque estadísticamente remotos, eran predecibles, implique no tanto la renuncia a la energía nuclear, como una mayor responsabilidad en su introducción y operación.

No es la primera vez que la humanidad se convierte en rehén de sus propias creaciones aunque nunca lo había hecho de modo tan peligroso como al manipular irresponsablemente la energía atómica. Esta no es la única inconsecuencia del género humano, más exactamente de quienes ejercen el poder y con legitimidad y sin ella deciden sobre el destino de todos. Otra vez las acciones humanas pueden ser la causa del aniquilamiento de la especie.

La Habana, 21 de marzo de 2011


Evo Morales pide que se retire el premio Nobel de la Paz a Obama

Publicado el 21 Marzo 2011

El presidente boliviano, Evo Morales, ha pedido este lunes retirar el premio Nobel de la Paz otorgado en 2010 al presidente de Estados Unidos, Barack Obama, por haber “promovido” la “invasión” a Libia y ha exhortado a la ONU que ordene “el cese inmediato” de la operación militar contra el coronel Muamar Gadafi.

“¿Cómo es posible que un premio Nobel de la Paz promueva la invasión, el bombardeo?”, se ha preguntado Morales en una rueda de prensa. “Esa es delincuencia, asalto, una agresión y no es posible que un premio Nobel de la Paz encabece un grupo de pandillas para asaltar y para invadir”, ha denunciado.

“Si el Comité del Premio Nobel de la Paz quiere dignificar este premio, debería retirárselo al presidente de Estados Unidos”, ha aseverado, al criticar que con esa actitud Obama “no está defendiendo la paz” sino más bien “gestando guerras y matanzas”.

Morales, cuando era líder cocalero a mediados de la década de los noventa, recibió el Premio Gadafi de Derechos Humanos por su lucha sindical a favor de los indígenas en Bolivia. “Si algunas autoridades masacraron, violaron los Derechos Humanos, deben ser juzgadas bajo una investigación y, por supuesto castigados internacionalmente pero no se puede bombardear y destrozar a Libia”, ha aclarado.

“Detrás de cualquier problema que se presente en un país, las potencias y el imperialismo norteamericano aprovecha para usar ese problema para adueñarse del petróleo, de sus recursos naturales”, ha afirmado.

Morales ha propuesto la creación de una comisión de alto nivel internacional que esté encabezada por el secretario general de la ONU, Ban Ki Moon, y en la que participen la Liga Árabe, de la Unión Africana, para “mediar y resolver pacíficamente las diferencias, los problemas que tiene Libia”.

(Con información de Europa Press)



Gadafi y las potencias occidentales

Frei Betto

Escritor y asesor de movimentos sociais

Adital

Las potencias occidentales, lideradas por los Estados Unidos, se hacen de la boca gruesa en defensa de los derechos humanos en Libia. ¿Y las ocupaciones genocidas de Iraq y de Afganistán? ¿Quién dobla las campanas por un millón de muertos en Iraq? ¿Quién lleva a la Corte Internacional de Justicia de la ONU a los asesinos confesos en Afganistán y a los responsables de crímenes de lesa humanidad? ¿Por qué el Consejo de Seguridad de la ONU no dice una palabra contra las masacres practicadas contra los pueblos iraquí, afgano y palestino?

El interés de los EE.UU. y de la Unión Europea no es la defensa de los derechos humanos en Libia. Es asegurar el control de un territorio que produce 1,7 millones de barriles de petróleo al día, de los cuales depende la energía de países como Italia, Portugal, Austria e Irlanda.

El caso de Iraq es ejemplar: los Estados Unidos inventaron las nunca encontradas ’armas de destrucción masiva’ de Saddam Husein para ejercer el control sobre un país que es el segundo mayor productor mundial de petróleo -2,11 millones de barriles-, sólo superado por Arabia Saudita. Y posee una reserva calculada en 115 mil millones de barriles. A esa riqueza se le suma el hecho de ocupar una posición geográfica estratégica, pues tiene fronteras con Arabia Saudita, Irán, Jordania, Kwait, Siria y Turquía.

El próximo 20 de marzo se cumplen ocho años que los EE.UU. y sus adláteres invadieron Irak con el pretexto de ‘establecer la democracia’. El gobierno de Maliki está lejos de poder ser considerado una democracia. En febrero pasado millares de iraquíes salieron a las calles para reclamar trabajo, pan, electricidad y agua potable. El ejército los reprimió brutalmente, habiendo muertos, heridos, detenciones arbitrarias y secuestro de activistas. Ninguna potencia mundial reclamó en favor de los derechos humanos ni sugirió a Maliki que respondiera ante tribunales internacionales.

La ONU es hoy, lamentablemente, una institución desacreditada. Los EE.UU. la utilizan para aprobar resoluciones que justifiquen su papel de policía global al servicio de un sistema injusto y excluyente. Cuando la ONU aprueba resoluciones que contrarían a la Casa Blanca -como la condena del bloqueo a Cuba y la opresión de los palestinos- ella sencillamente hace oídos sordos.

Gadafi está en el poder desde 1969. Son 42 años de dictadura. ¿Por qué los EE.UU. y la Unión Europea nunca hablaron de quitarlo? Porque, a pesar de sus atentados terroristas, era conveniente mantener allí a un déspota que atraía inversiones extranjeras e impedía que llegasen a Europa los inmigrantes ilegales del África subsahariana, o sea todos los países al sur del desierto del Sahara.

Ahora que el pueblo libio clama por la libertad los EE.UU. ocupan posiciones estratégicas en el Mediterráneo. Barcos anfibios, aviones y helicópteros son transportados por los barcos de guerra US Ponce y US Kearsarge. La Unión Europea, a su vez, no está preocupada por la democracia en Libia sino por evitar que miles de refugiados desembarquen en sus países deteriorados por la crisis financiera.

Temen también que la onda libertaria que asola a los países árabes, productores de petróleo, suban el precio del producto, recargando más a las potencias occidentales, que luchan con dificultad para vencer la crisis del sistema capitalista.

Se habla de establecer una ‘zona de exclusión aérea’ en Libia. Eso significa bombardear los aeropuertos del país y todos los aviones allí estacionados. Y exige el envío de portaviones a las costas africanas. En suma, un nuevo frente de guerra.

El hecho es que la Casa Blanca fue sorprendida por el movimiento libertario en el mundo árabe y, ahora, no sabe cómo proceder. Era más cómodo seguir siendo cómplice de los regímenes autoritarios a cambio de las fuentes de energía, como gas y petróleo. ¿Pero cómo oponerse al clamor por la democracia y evitar el peligro de que el gobierno de dichos países pueda caer en manos de fundamentalistas?

Gadafi llegó al poder con amplio apoyo popular al derribar el régimen tiránico del rey Idris, en 1969. Mordido por la mosca azul, con el tiempo olvidó todas las promesas libertarias que había hecho. En 1974, valiéndose de la recesión mundial, expulsó a las empresas occidentales, expropió propiedades y promovió una serie de reformas progresistas que hicieron mejorar la calidad de vida del pueblo libio.

Asociada a la Unión Soviética, a partir de 1993 Gadafi dio la bienvenida a las inversiones extranjeras. Tras la caída de Saddam, temiendo ser el siguiente de la lista, firmó acuerdos para erradicar las armas de destrucción masiva e indemnizó a las víctimas de sus atentados terroristas. Se erigió en un perseguidor feroz de Osama Bin Laden. Pidió ingresar al FMI, creó zonas especiales de libre comercio, abrió el país a las transnacionales del petróleo y eliminó los subsidios a los productos alimenticios de primera necesidad. Inició el proceso de privatización de la economía, lo que hizo aumentar el desempleo a cerca del 30% y agravarse la desigualdad social.

Gadafi mereció elogios de Tony Blair, de Berlusconi, de Sarkozy y de Zapatero. Igual que a Occidente, le desagradó la expulsión de los gobiernos tiránicos de Túnez y Egipto. Ahora dispara contra un pueblo desarmado que aspira a sacarle del poder.

Para las potencias occidentales Gadafi se convirtió en una carta rebelde de la baraja. El problema ahora es cómo echarlo del poder sin abrir un nuevo frente de guerra y convertir a Libia en un ‘protectorado’ bajo control de la Casa Blanca. Si Gadafi se resiste, Bin Laden puede ganar más de un aliado o, al menos, tener uno más en materia de amenazas terroristas.

El discurso de Occidente es la democracia. El interés, el petróleo. Y para el capitalismo sólo eso interesa: privatizar las fuentes de riqueza. En cuanto a la lógica de que el capital predomine sobre la libertad, Occidente nunca conocerá verdaderas democracias, aquellas en las que la mayoría del pueblo decide los destinos de la nación.

[Frei Betto es escritor, autor de "Diario de Fernando. En las cárceles de la dictadura militar brasileña”, entre otros libros. http://www.freibetto.org - twitter:@freibetto.


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Traducción de J.L.Burguet].



Declaración del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba

Cuba expresa su más enérgica condena a la intervención militar extranjera en el conflicto interno que sufre la Jamahiriya Árabe Libia.

Para Cuba, los conflictos deben resolverse por la vía del diálogo y la negociación y no mediante el uso de la fuerza militar.

El Consejo de Seguridad cedió a la presión de algunas potencias occidentales para crear las condiciones conducentes a esta agresión militar, la que constituye una burda manipulación de la Carta de las Naciones Unidas, de las facultades del Consejo y es otro ejemplo del doble rasero que caracteriza su conducta.

No obstante, la Resolución 1973, aprobada el pasado jueves por el Consejo de Seguridad, de ninguna manera autoriza estos ataques contra territorio libio, los que constituyen una violación del Derecho Internacional.

Las potencias occidentales que llevan a cabo los ataques militares contra territorio libio están ocasionando muertes, heridas y sufrimiento a civiles inocentes. Algunas de ellas son precisamente las responsables de la muerte de más de un millón de civiles en Iraq y de más de setenta mil en Afganistán, a los que llaman "daños colaterales". Son también los cómplices de los crímenes contra el pueblo palestino.

Cuba respalda el derecho inalienable del pueblo libio a ejercer su autodeterminación sin ninguna interferencia extranjera, repudia la muerte de civiles en Libia y en cualquier lugar, y apoya la integridad territorial y la soberanía sobre los recursos de esa nación.

La Habana, 20 de marzo del 2011

Reflexiones del Compañero Fidel: La alianza igualitaria

Al anochecer del sábado 19, después de opíparo banquete, los líderes de la OTAN ordenaron el ataque contra Libia.

Desde luego, nada podía ocurrir sin que Estados Unidos reclamara su papel irrenunciable de máximo jefe. Desde el puesto de mando de esa institución en Europa, un oficial superior proclamó que se iniciaba la “Odisea del Amanecer”.

La opinión pública mundial estaba conmovida por la tragedia de Japón. El número de víctimas del terremoto, el tsunami, y el accidente nuclear, no ha cesado de crecer. Son ya decenas de miles las personas muertas, desaparecidas e irradiadas. Crecerá considerablemente también la resistencia al uso de la energía nuclear.

El mundo está sufriendo a la vez las consecuencias del cambio climático; la escasez y el precio de los alimentos, los gastos militares y el derroche de los recursos naturales y humanos, crecen. Una guerra era lo más inoportuno que podía ocurrir en estos momentos.

El recorrido de Obama por América Latina ha pasado a un segundo plano, nadie apenas se ocupa del tema. En Brasil, se han hecho evidentes las contradicciones de intereses entre Estados Unidos y ese hermano país.

No puede olvidarse que Río de Janeiro compitió con Chicago por la sede de los Juegos Olímpicos del 2016.

Obama quiso congraciarse con el gigante suramericano. Habló del “extraordinario ascenso de Brasil” que ha llamado la atención internacional y elogió su economía como una de las que más rápido crece en el mundo, pero no se comprometió en lo más mínimo con apoyar a Brasil como miembro permanente del privilegiado Consejo de Seguridad.

La Presidenta brasileña no vaciló en expresar su inconformidad con las medidas proteccionistas que Estados Unidos aplica a Brasil, a través de tarifas y subsidios que han constituido un fuerte obstáculo a la economía de ese país.

El escritor argentino Atilio Boron afirma que a Obama:

“…lo que [...] más le interesa en su calidad de administrador del imperio es avanzar en el control de la Amazonía. Requisito principal de este proyecto es entorpecer, ya que no puede detener, la creciente coordinación e integración política y económica en curso en la región y que tan importante han sido para hacer naufragar el ALCA en 2005 y frustrar la conspiración secesionista y golpista en Bolivia (2008) y Ecuador (2010). También debe tratar de sembrar la discordia entre los gobiernos más radicales de la región (Cuba, Venezuela, Bolivia y Ecuador) y los gobiernos ‘progresistas’ -principalmente Brasil, Argentina y Uruguay…”

“Para los más osados estrategas estadounidenses la cuenca amazónica, al igual que la Antártida, es un área de libre acceso en donde no se reconocen soberanías nacionales…”

Mañana Obama se traslada a Chile. Llegará precedido de una entrevista que concedió al diario El Mercurio, publicada hoy domingo, en la que confiesa que el “Discurso para las Américas” -así lo califica- se funda en una “alianza igualitaria” con Latinoamérica, que casi nos deja sin aliento al rememorar “La Alianza para el Progreso” que precedió la expedición mercenaria de Playa Girón.

Confiesa textualmente:

“nuestra visión para el hemisferio [...] se funda en el concepto de alianza igualitaria que he perseguido desde que asumí la Presidencia de Estados Unidos.

“‘También me enfocaré en áreas especificas en las que podemos trabajar juntos, como el crecimiento económico, la energía, la seguridad ciudadana y los derechos humanos’…

“Esa visión, puntualizó, tiene por objetivo ‘mejorar la seguridad común, expandir las oportunidades económicas, asegurar un futuro energético limpio y apoyar los valores democráticos que compartimos’.

“…promover un hemisferio seguro, estable y próspero en el que Estados Unidos y nuestros aliados comparten responsabilidades en asuntos claves tanto a nivel regional como global.”

Todo como puede apreciarse maravillosamente bello, digno de enterrarse como los secretos de Reagan, para publicarlo dentro de 200 años. El problema es que como informa la agencia DPA, según sondeo realizado por el diario La Tercera

“…en 2006 el 43 por ciento de la población chilena rechazaba las centrales nucleares.

“Dos años después el rechazo subió a 52 por ciento y en 2010 llegó a 74 por ciento.” Hoy, después de lo ocurrido en Japón alcanza al “…86 por ciento de los chilenos…”

Faltaría solo hacerle una pregunta a Obama. Tomando en cuenta que uno de sus ilustres predecesores, Richard Nixon, promovió el golpe de Estado y la muerte heroica de Salvador Allende, las torturas y el asesinato de miles de personas, ¿pedirá el señor Obama excusas al pueblo de Chile?














Fidel Castro Ruz

Marzo 20 de 2011



Cuba condena intervención militar extranjera en Libia

La Habana, 20 Mar, (RHC). El ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba emitió este domingo una declaración en la que expresa su enérgica condena a la intervención militar extranjera en Libia, y aboga por una solución al conflicto por la vía del diálogo y la negociación y no mediante el uso de las armas.

En el documento de la cancillería cubana se respalda el derecho inalienable del pueblo libio a ejercer su autodeterminación sin interferencia extranjera , repudia la muerte de civiles en esa nación y en cualquier otro lugar y apoya la integridad territorial y la soberanía sobre los recursos del país norafricano.

Se recuerda en la declaración que el Consejo de Seguridad de la ONU cedió ante la presión de potencias occidentales para crear las condiciones que propiciaran la agresión militar, lo que representa una burda manipulación de la carta del organismo internacional, de las facultades del Consejo, y es un nuevo ejemplo del doble rasero que caracteriza su conducta.

Expresa la declaración de la cancillería cubana que la resolución aprobada por el Consejo de seguridad de ninguna manera autoriza esos ataques contra territorio libio, por lo que constituyen una violación del derecho internacional.

Advierte el Ministerio de relaciones Exteriores de Cuba que esos ataques perpetrados por las potencias occidentales han ocasionado muertes, heridas y sufrimiento a civiles libios , y son los mismos agresores responsables de la muerte de mas de un millon de civiles en Iraq , más de 70 000 en Afganistán, y cómplices de los crímenes contra el pueblo palestino.