viernes, 18 de marzo de 2011

LA HUMANIDAD ANTE SUS INCONSECUENCIAS (I)

Jorge Gómez Barata

Las consecuencias que para los reactores de la central nuclear de la ciudad de Fukushima han tenido el terremoto y el tsunami que acaban de asolar a Japón reabre el debate nuclear que esta vez, como ya ocurrió con motivo de los accidentes de Three Mile Island (1979) y Chernóbil (1986), abarca no sólo las temibles bombas atómicas sino también a ciertos usos pacíficos de la energía atómica. Aunque sin demasiadas razones para el optimismo, tal vez ahora haya una mejor percepción de los riesgos que ello implica.

Ningún evento geológico, climático, meteorológico o suceso análogo posee perfiles místicos o demoniacos y es absurdo atribuir a la naturaleza cualquier intención maligna o benéfica. Hablar de ciclones asesinos, terremotos crueles o de tsunamis malditos es metafóricamente aceptable aunque científicamente tan incorrecto como suponer maldad en un tigre. En estos casos se trata de prosopopeyas mediante las cuales se atribuyen a la naturaleza atributos humanos. Sólo las personas, dotadas de conciencia y libre albedrio pueden escoger entre: hacer el bien o hacer el mal.

La prisa con que ante el desastre nuclear que amenaza a Japón algunos gobernantes rectifican decisiones mediante las cuales habían dispuesto la introducción de la energía nuclear o la prolongación de la vida útil de viejos reactores, indica lo irresponsable que habían sido; peor es el caso de aquellos que testarudamente, por extrañas razones, reivindican un presunto “derecho” a enriquecer uranio, incluso a poseer armas nucleares, simplemente porque “otros” lo hacen o las tienen.

En el siglo XX, el nivel de conocimientos científicos y los recursos tecnológicos dieron a la humanidad posibilidades, que según se ha evidenciado hasta la saciedad, no estaba en condiciones de administrar; entre otras cosas porque los sistemas políticos, las políticas imperiales y los modelos económicos vigentes no se encuentran a la altura del poder alcanzado. Los hombres aprendieron primero a destruirse que a convivir. La paradoja desmiente a la inteligencia y estremece la espiritualidad.

Semejante fenómeno ha conducido a actitudes soberbias e irresponsables, provenientes especialmente de los círculos del poder, de los militares, incluso de estamentos científicos que en conjunto han conducido a una concepción irracional del consumo y del bienestar, a un orden económico además de absurdo e injusto, guiado por la codicia que entre otras cosas, asume que progresar es crecer constantemente y acumular riquezas.

El corolario de esos y otros grandes equívocos ha sido una actitud arrogante hacía la naturaleza y una absurda concepción del futuro que llega a la estupidez que ha llevado a algunos charlatanes a sugerir que llegado a cierto punto, la humanidad puede optar por dejar el planeta y mudarse a otros mundos.

En esos y otros elementos se sustentan actitudes irresponsables capaces de poner en peligro la supervivencia de la especie humana, entre otras: la existencia de las armas nucleares, la explotación comercial de la energía nuclear en escalas desmesuradas, el derroche de petróleo y su extracción en aguas profundas, las manipulaciones genéticas, el uso de la informática, la nanotecnología y los controles del comportamiento con fines militares y de espionaje, la conquista del espacio, la carrera de armamentos y el desdén ante los problemas medioambientales, particularmente el calentamiento global.

La demencial carrera comenzó con las bombas atómicas. Aunque estaban equivocados porque la Alemania de Hitler no había avanzado lo que ellos suponían en el ámbito atómico, Albert Einstein hizo lo correcto al instar al presidente norteamericano Franklin D. Roosevelt a apoyar las investigaciones nucleares para fabricar antes de que lo hicieran los nazis, una bomba atómica.

El proyecto Manhattan mediante el cual un grupo de magníficos científicos norteamericanos, entre los cuales hubo emigrantes, judíos y socialistas, crearon las tres primeras bombas atómicas fue una empresa justificada por la necesidad de la humanidad de derrotar de cualquier modo a al fascismo que ocupa Europa y partes de Asia y África y amenazaba a toda la humanidad.

No obstante el hecho de que gracias al heroísmo de los combatientes aliados, principalmente los soviéticos que avanzando desde el Frente Oriental y los norteamericanos, británicos y canadienses que desde Normandía derrotaron a la Alemania nazi en mayo de 1945, hizo innecesario la utilización de la bomba. Por su parte, aterrados ante la capacidad de destrucción mostrada por el artefacto probado el 16 de julio de 1945, un mes después de la rendición de Alemania, sus creadores suplicaron al presidente norteamericano que no utilizara la bomba atómica.

El resto de la historia es conocida. Harry Truman que había sustituido al fallecido Franklin D. Roosevelt en la presidencia de los Estados Unidos fue sordo a los reclamos y, en una absurda demostración de fuerza, sacrificó a las ciudades de Hiroshima y Nagasaki.

A pesar de su infausto debut las fabulosas posibilidades de la energía atómica sedujeron a generales, científicos, ingenieros y gobernantes que desde distintas ópticas y con diferentes propósitos creyeron ver en aquel avance un instrumento de poder o de progreso a cuya generalización se lanzaron sin saber exactamente lo que hacían ni poder medir las consecuencias de sus actos.

La ruptura de la alianza de Estados Unidos y la Unión Soviética que condujo a la victoria sobre los nazis y creó la Organización de Naciones Unidas como instrumento de cooperación y de paz, dio lugar al desencadenamiento de la Guerra Fría, a la carrera de armamentos y a la proliferación nuclear, verdaderos protagonistas de la postguerra.

Por otra parte, las fabulosas cualidades energéticas del uranio y las posibilidades de su utilización para la producción de las enormes cantidades de electricidad requeridas para la reconstrucción de Europa, la Unión Soviética y Japón; incluso para el desarrollo de algunos de los estados surgidos, como resultado de la descolonización, lanzaron a la humanidad a la aventura nuclear que 60 años después cobra tributos a quienes se han expuesto a excesivos riesgos.

Aun cuando se admita que el mundo ha ido demasiado lejos en el camino nuclear y se adquiera conciencia de que han existido comportamientos irresponsablemente, es impensable una renuncia a la tecnología atómica, lo cual implica reflexiones de fondo acerca de si la política de no proliferación debe ser extendida para frenar, no sólo el acceso a las armas nucleares, sino también el uso irresponsable y peligroso del poder del átomo.

El asunto es complejo, poco el espacio y el tiempo apremia. Luego les cuento más.

La Habana, 18 de marzo de 2011


La gira de Obama: ¿El reciclaje de la Alianza sin Progreso?

Publicado en Cubadebate el 18 Marzo 2011

Obama en la Cumbre de las Américas.

Abel González Santamaría y Rafael González Morales
Tomado del diario Granma

Mañana comenzará la primera gira del presidente Barack Obama por América Latina y el Caribe desde que asumió la Casa Blanca, coincidentemente cuando se cumplen 50 años del lanzamiento de la “Alianza para el Progreso” por el gobierno de Kennedy.

El periplo fue anunciado el pasado 25 de enero durante su discurso sobre el Estado de la Unión, al afirmar: “En marzo, viajaré a Brasil, Chile y El Salvador para forjar nuevas alianzas en todo el continente americano”.

Este pronunciamiento ha generado reacciones que van desde crecientes expectativas, hasta la duda respecto a sus verdaderas intenciones. Recordemos que el mandatario, en la V Cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago en el 2009, expresó: “Yo no vine a discutir sobre el pasado sino para pensar en el futuro (¼ ) como vecinos tenemos la responsabilidad de confiar entre nosotros”. Ante estas palabras cabría preguntarse: ¿Por qué los pueblos latinoamericanos y caribeños deben seguir confiando en su vecino del norte después de dos siglos de políticas de expoliación y agresiones? ¿Contemplarán cambios de fondo estas “nuevas alianzas” o será solo una retórica cautivadora cargada de promesas?


Obama en América Latina

El origen de las alianzas hemisféricas se originó al finalizar la Segunda Guerra Mundial. El 26 de julio de 1947, el presidente Truman firma la Ley de Seguridad Nacional que estableció la creación del Consejo de Seguridad Nacional, la CIA y la Secretaría de Defensa. Con esta tríada, Washington contaba con un diseño que le permitió crear un sistema de alianzas militares a escala global. Concebido como un “laboratorio político-militar”, su aplicación experimental se inició por América Latina con la adopción del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), el 2 de septiembre de 1947. Dos años más tarde crearon la principal alianza imperialista: la OTAN.

A partir de ese periodo, la CIA comenzó su protagonismo dentro del sistema de alianzas y desempeñó un rol desestabilizador en la región, al orientársele en 1948, por el Consejo de Seguridad Nacional, la creación de un departamento de operaciones encubiertas. De esa forma se institucionalizó de manera organizada y planificada la subversión, planes de atentado y los golpes de Estado en nuestra área.

Como parte de esos propósitos, pero enmascarado con un enfoque político, el 13 de marzo de 1961, el presidente Kennedy realizó un llamado “a todos los pueblos del hemisferio para que nos unamos en una Alianza para el Progreso (¼ ) sin paralelo en su magnitud y en la nobleza de sus propósitos, a fin de satisfacer las necesidades fundamentales de techo, trabajo, tierra, salud y escuelas”. Entre sus “nobles propósitos” estuvo la aprobación de la invasión mercenaria por Playa Girón, donde recibieron su primera gran derrota en América.

Con Mauricio Funes, presidente de El Salvador.

Ante tanta impotencia, Estados Unidos aumentó sus esfuerzos para destruir la Revolución cubana y contrarrestar su influencia en la región. En agosto de 1961, oficializan en la OEA la engañosa "Alianza para el Progreso" que contemplaba la transferencia de 20 000 millones de dólares en diez años a los países latinoamericanos. Curiosamente, en abril de 1959 el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, en la Conferencia Económica de los 21, en Buenos Aires, expresó que el desarrollo económico de América Latina necesitaba un financiamiento de 30 000 millones de dólares en un plazo de diez años. Paradójicamente, el jefe de la delegación estadounidense señaló: "No comentaré esa petición" y Washington calificó la propuesta de "ridícula y demagógica". Dos años después Kennedy se robó esa iniciativa.

Durante la década del 60 y para garantizar el éxito de la Alianza, según confesiones de Tom Polgar, jefe de Departamento de la CIA, la Agencia estaba “respaldando a los líderes de 11 países latinoamericanos”. Agrega que “una vez en el poder un gobierno amistoso, el jefe de estación de la CIA tenía cinco caminos para mantener la influencia sobre los líderes extranjeros: convertirse en su servicio de inteligencia exterior; elaborarles un resumen semanal amañado; entregarles dinero y garantizarles armas; darles entrenamiento y unas vacaciones en Washington”.

En 1963 le cambian el nombre al “Centro de Adiestramiento Latinoamericano del Ejército de Estados Unidos”, radicado en Panamá desde 1946, por “Escuela de las Américas”, conocida también como la “Escuela de Asesinos”. A los programas de estudio le incorporan técnicas de combate, de comando, inteligencia militar y tortura. La mayoría de sus graduados aplicaron en sus países los conocimientos aprendidos, en golpes de Estado e instauración de dictaduras militares. Cientos de miles de latinoamericanos han sido torturados, asesinados y desaparecidos por oficiales entrenados en esa Escuela.

A pesar de los esfuerzos y de recurrir a diversos métodos terroristas que continuó la administración Johnson, Estados Unidos fracasó con su engañosa “Alianza para el Progreso”. Según consta en los documentos de la OEA, “desgraciadamente, en 1967 no se logró una visión de libre comercio al sur de los Estados Unidos en el Hemisferio y el plan de desarrollo nunca se implementó en su totalidad”.

Durante toda la Guerra Fría, la construcción de alianzas continuó con las sucesivas administraciones. Desde la Operación Cóndor y el militarismo de los Documentos Santa Fé de Reagan, se mantuvieron los mismos objetivos de dominio contra nuestra región. Después de la caída del campo socialista, el presidente Clinton lanzó, en 1994 en Miami, el ALCA, un símbolo del “libre comercio” que fue derrotado en la IV Cumbre de las Américas de Mar del Plata, en el 2005. La administración Bush continuó con la agenda militarista reflejada en el Plan Mérida y la reactivación de la IV Flota.

OBAMA EN SU LABERINTO DE FORJAR UNA ALIANZA “INTELIGENTE”

La actual administración intenta presentar una “nueva Alianza” basada en su concepción del “Poder Inteligente”, que combina el uso del poderío militar y la coerción económica con la capacidad de persuadir y convencer utilizando las transnacionales de la comunicación, la promoción del modo de vida norteamericano y la asistencia exterior. Es decir, lo que tradicionalmente nos han aplicado según sus intereses del momento: el garrote y la zanahoria.

Por lo tanto, atrapado en su propio laberinto, a Obama no le queda más remedio que promover una Alianza “Inteligente” reciclando viejos componentes. Según el vocero de la Casa Blanca, la gira del mandatario estadounidense abordará temas como “la prosperidad económica, la creación de empleos a través del incremento del comercio, los valores compartidos y la cooperación en materia de energía y seguridad”.

Nadie podría negar que analizar estos temas es una cuestión de primer orden y su formulación resulta atractiva como lo fue la engañosa “Alianza para el Progreso”. Más allá de analizar la real voluntad política de Washington de avanzar hacia una relación diferente con Nuestra América, debemos preguntarnos en qué medida Obama ha modificado los mecanismos que sustentan el sistema de dominación hemisférica.

Hasta el momento, el actual gobierno estadounidense mantiene los mismos intereses estratégicos de sus antecesores sobre América Latina y el Caribe, dirigidos a mantener el acceso y control sobre los recursos naturales, el acceso a las fuentes primarias de energía, el dominio de los mercados, la preservación del sistema de colonización ideológico cultural y la contención de los procesos revolucionarios que pretendan desafiar las bases fundamentales de su hegemonía. Mantiene intacto el bloqueo económico, comercial y financiero contra Cuba; continúa la hostilidad contra la República Bolivariana de Venezuela; legitimó el golpe de Estado en Honduras e instalan siete bases militares en Colombia.

La única manera creíble de comenzar a forjar nuevas alianzas es iniciar el desmontaje del sistema de dominación hemisférica, de lo contrario, retórica y promesas serán la base de la Alianza “Inteligente” que, de antemano, renacerá como la “Alianza para el Progreso”, marcada con el signo de su propio fracaso.



Cuba cuenta con la cifra más alta de especialistas médicos de la historia


Están identificados los problemas, que limitan al sector para alcanzar resultados superiores, reconoció el Ministro de Salud Pública en diálogo con la prensa

El número de especialistas de primer y segundo grado con que cuenta el país, es hoy el más alto de toda la historia. Autor: Rodolfo Blanco Cue

Luis Hernández Serrano
serrano@juventudrebelde.cu
18 de Marzo del 2011 1:17:30 CDT
El número de especialistas de primer y segundo grado con que cuenta el país, es hoy el más alto de toda la historia y también la cifra de los que se han convertido en másteres y en doctores en Ciencia.
Lo aseveró el doctor Roberto Morales Ojeda, titular del Ministerio de Salud Pública (MINSAP), al dialogar con la prensa en la mañana de este jueves en la sede de la institución, en La Habana.
«Tenemos bien identificadas las deficiencias, las insuficiencias que nos limitan para alcanzar resultados superiores, aunque no puede negarse lo que hemos alcanzado».
No negó que persisten problemas que motivan quejas de la población como las generadas —por ejemplo— ante la actitud de un médico, una enfermera o un técnico en cualquier sitio del país, pero es innegable que la salud nuestra ha avanzado.
Habló de la disciplina y la necesidad de que las distintas estructuras de dirección funcionen, sobre todo en el sentido de priorizar la urgencia médica, porque esto tiene que ver mucho con la vida de las personas.
«Cuando hablamos de disciplina —dijo— no es solo el llegar temprano al puesto de trabajo específico, sino cumplir allí con lo establecido. ¡Hay que ser con los demás como queremos que los demás sean con nosotros!
Enfatizó el Ministro en el hecho de que la salud personal depende en un 50 por ciento del estilo de vida que uno lleva; en un 20 por ciento del medio ambiente; en otro 20 de lo heredado o genético y en un 10 por ciento de los servicios recibidos.
Se refirió al empleo adecuado del cuadro básico de medicamentos y reconoció que en 2010 hubo faltantes por encima de la media anual, debido a un bache financiero.
El Ministro, los viceministros del MINSAP y Tubal Páez, presidente de la UPEC, entregaron diplomas de reconocimiento a un grupo de colegas que laboraron en el exterior y a otros que acumulan más de 30 años en la cobertura del sector.


APUESTA POR JAPON

Jorge Gómez Barata

A escasas horas del terremoto y el tsunami y cuando apenas asomaba la catástrofe nuclear en Japón, algunos comentaristas especularon con pesimismo acerca de las consecuencias económicas de la tragedia. Los enterados se percataron del error. Por grande que sea, la desdicha no puede doblegar la voluntad del pueblo japonés y su capacidad para sobreponerse a la adversidad.

La historia de Japón es una crónica de un pueblo que, en uno los territorios menos dotados de riquezas y más rudamente castigados por los cataclismos naturales, crearon una civilización, una cultura y un país que asombra al mundo por su laboriosidad, espíritu innovador, afán de prosperidad y sobre todo por su capacidad para sobreponerse a la pruebas que cada cierto tiempo ponen en tensión sus reservas morales.

Japón que nunca fue colonia, creó su lengua, su religión y su noción de las leyes a partir de códigos propios y sobre todo adoptó sus propias políticas de desarrollo. Nunca copió de nadie y nadie ha podido imitar su modelo de desarrollo económico y social. Japón no es una excepción, es único.

Constituido por un archipiélago de más de seis mil islas, con casi 30 000 kilómetros de costa en el “Círculo de fuego del Pacifico”, en Japón la tierra tiembla más de mil veces al año; cada cierto tiempo ocurren terremotos de gran magnitud que dan lugar a devastadores tsunamis, son frecuentes los tifones y cincuenta de sus doscientos volcanes están activos.

Japón que sólo cultiva el 13 por ciento del suelo, produce más del 70 por ciento de los alimentos que consume. En sus granjas se crían 10 millones de cerdos y casi cinco millones de cabezas de ganado vacuno. Más del 60 por ciento de sus explotaciones agrícolas poseen alrededor de una hectárea, todas utilizan maquinaria moderna y emplean métodos de laboreo avanzado. Sus minúsculas fincas forman una de las agriculturas más productivas del mundo.

Carente de petróleo, escaso de carbón y sin ningún río de consideración, Japón importa casi toda la energía que necesita su economía, tercera en el mundo por su tamaño y su población que disfruta de uno de los niveles de vida más altos del planeta. Más de la tercera parte de la electricidad proviene de los 53 reactores nucleares en explotación, lo que siempre planteó grandes riesgos ambientales que ahora se han hecho dramáticamente presentes.

Hace menos de 150 años Japón realizó la más extraña de todas las transiciones del feudalismo al capitalismo: la Revolución Meiji (1868) que en lugar de suprimir a los monarcas absolutos como hicieron los europeos o instaurar la república como los norteamericanos e iberoamericanos, restableció en el trono al emperador Meiji Tenno que gobernó desde 1867 hasta 1912.

En 1185 se entronizó el primer Shogun de Japón, iniciando la etapa feudal que se prolongó por casi setecientos años; periodo en el cual fue anulado el poder de los emperadores. El último shogun abdicó en 1588, estableciéndose la dinastía Tokugawa que se prolongó 250 años y que culminó con la revolución que reinstauró al emperador.

En aquel proceso, el pueblo japonés y sus elites políticamente avanzadas expulsaron a los shogunes, entre otras cosas por no haber logrado resistir la presión ejercida por la flota norteamericana comandada por el comodoro Matthew Perry que en 1853, por razones ligadas a tempranos afanes hegemónicos, fue enviada por el presidente norteamericano Millard Fillmore para forzar la apertura de las fronteras niponas a occidente.

Con el crecimiento económico, el desarrollo industrial y el incremento del poderío militar, las clases dominantes del Japón sucumbieron a las tentaciones del nacionalismo extremo y del imperialismo y empujaron al país al expansionismo y a la guerra. En 1889 el sistema político adoptó una estructura liberal, aunque se conservaron los poderes del emperador.

En 1914 Japón se involucró en la Primera Guerra Mundial y en la década del treinta, en función de políticas anticomunistas, firmó tratados con Alemania e Italia. En 1937 los elementos militaristas se apoderaron del poder y en 1940 junto con Alemania e Italia integró el eje fascista: Roma-Berlín-Tokio.

Cuando en 1941 el general Tojo accedió al gobierno el rumbo militarista se acentuó decisivamente. El 7 de diciembre de 1941 la armada japonesa atacó Pearl Harbor y comenzó la guerra con los Estados Unidos, cuyo trágico desenlace fueron los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1945, la capitulación y la ocupación por los aliados que asignaron la tarea a Estados Unidos.

El hecho de que el pueblo japonés acatara la rendición y no ofreciera resistencia a la ocupación facilitó la reconstrucción del país, el retorno a la democracia y la reinserción en los ambientes internacionales, comenzando por el comercio.

Convertido en aliado de Estados Unidos y de occidente, Japón tomó parte en la Guerra Fría. En 1951 firmó un tratado por el cual renunció a cualquier pretensión territorial sobre sus vecinos y antiguos adversarios, a la vez que concedió bases militares a Estado Unidos. En 1952 Japón volvió a ser un país soberano y en 1956 terminó con el estado de guerra con la Unión Soviética; ese mismo año fue admitido en la ONU.

En 1964, hacía diez años que Hiroshima y Nagasaki eran ciudades habitadas y prosperas en las cuales la reconstrucción avanzaba rápidamente y Japón era la economía que más crecía en el mundo; en esas misma década superó a todas las naciones de Europa por el volumen de su producto nacional bruto, convirtiéndose en la segunda economía mundial, puesto del que recién fue desplazado por China.

Al devastador terremoto y al poderoso tsunami que recién lo azotaron Japón suma hoy un desastre nuclear que puede derivar en una catástrofe, que sin embargo tampoco anulará su capacidad de resistencia y de supervivencia. En medio de las mayores tensiones y sufrimientos desde Hiroshima y Nagasaki, nadie ha visto pánico en Japón.

No obstante la necesidad de revisar sus políticas energéticas y reforzar la protección contra los tsunamis, Japón cuenta con los elementos necesarios para una rápida y eficaz reconstrucción; sobre todo recursos financieros, tecnología, y sobre todo capital humano.

No creo que la tragedia de Japón se pueda sumar como un factor más de la crisis económica mundial o que su economía y sus finanzas puedan colapsar; tal vez ocurra lo contrario y la reconstrucción de su potencial industrial y energético se convierta en un poderos estimulo.

En cualquier caso, se puede apostar por Japón que en lugar de a un gigante vencido, recordará en breve al Ave Fénix. Viviremos para verlo. Allá nos vemos.

La Habana, 18 de marzo de 2011