domingo, 13 de marzo de 2011

El caso Gross: ¿Por qué Cuba no?

Por Arnold August*

El ciudadano de los Estados Unidos Alan Gross fue sentenciado a quince años en prisión. La sentencia se dictó después que su juicio en La Habana probó sin duda alguna que él había estado trabajando ilegalmente y bajo falsos pretextos en Cuba, con el programa de la USAID, de Estados Unidos, subordinada al Departamento de Estado, y que financia la empresa contratista Development Alternatives, Inc., en nombre de la cual Gross viajó a Cuba. Durante la vista del juicio oral lo admitió. USAID tiene como un objetivo explícito desestabilizar a Cuba desde dentro, fomentando el derrocamiento del orden constitucional. Fue encontrado culpable de las acusaciones de actuar contra la integridad territorial y la independencia de Cuba como parte de este programa de los EEUU.

Tan pronto como se anunció su sentencia este sábado, 12 de Marzo, los medios masivos internacionales y representantes oficiales de los EEUU, tanto en Washington como en la Sección de Intereses de los EEUU en La Habana, pasaron a la ofensiva una vez más, en una nueva campaña de desinformación y guerra mediática contra Cuba. Por ejemplo, funcionarios de los EEUU en La Habana se han quejado de que Cuba “criminalizó lo que la mayoría del mundo considera normal, en este caso, el acceso a la información y la tecnología” (Associated Press, Marzo 12, 2011). ¿Quién es Washington para determinar la política de Cuba con respecto a la información y la tecnología? Al hacer esa declaración, los funcionarios de los EEUU solo confirman que las acusaciones contra Gross son justas, esto es, que estaba tratando de establecer una red de tecnológica y de información paralela en la isla. Esto constituye una flagrante violación del derecho inalienable de todas las naciones a la autodeterminación y la soberanía. ¿Cómo reaccionaría los EEUU si, por ejemplo, China enviara un operativo a los EEUU a distribuir equipos de comunicación a aquellos que el agente extranjero considerara favorables a organizar un movimiento de oposición al gobierno en el interior de los EEUU y favorable a China? Y, es más, la mayoría de las naciones, incluidos los EEUU, tienen leyes que prohíben este tipo de actividad. ¿Y por qué Cuba no? ¿Por qué, a los ojos de los EEUU, Cuba no debe tener ese derecho?

Yo incuso diría que Cuba, por decirlo de alguna manera, tiene más derecho a luchar por su autodeterminación y su soberanía que cualquier otro país en el mundo. Y esto es así, porque ningún otro país en el planeta ha sido víctima de un ininterrumpido bloqueo, y de actividades terrorista y subversivas por más de cincuenta años. Los EEUU son los autores de estas actividades criminales. Estos mismos Estados Unidos que hoy están una vez más tratando de socavar el derecho soberano de Cuba a defenderse, de modo tal que los EEUU puedan continuar e incluso incrementar sus actividades para destruir el orden constitucional en Cuba.

Cuba tiene derecho a defenderse. Y es además importante que los pueblos de todo el mundo apoyen este derecho y se opongan a las presiones de los EEUU y a la desinformación contra Cuba. Lo mismo si uno apoya plenamente la ruta emprendida por Cuba para actualizar su modelo económico socialista como en mi caso, que si uno tiene otras opiniones sobre Cuba, todos debemos alzarnos como uno solo apoyando el derecho de Cuba a determinar su propio camino económico, político y social. No se debe subestimar el desafío que se ha lanzado a Cuba en estos momentos. Cualquier vacilación en este sentido solo reforzará la posición de los EEUU en su ofensiva contra Cuba.

Los Cinco Cubanos están injustamente en prisión en los EEUU ya durante más de doce años por defender a Cuba contra actividades terroristas que violan del modo más flagrante, violento y cruel el derecho soberano de Cuba a ser una Nación plena, dueña de sus destinos. Esta demanda universal por la libertad de los Cinco Cubanos es también parte del derecho soberano de Cuba a su autodeterminación y soberanía.

* Canadiense. Autor/periodista/conferencista especializado en Cuba. Próximo libro "Cuba: Democracia Participativa y Elecciones en el Siglo XXI". Miembro del Comité Internacional por la Libertad de los Cinco y el "Comité Fabio Di Celmo pour les Cinq de la Table de concertation de solidarité Québec-Cuba".



CUBA Y EE.UU.: UNA HISTORIA DE DESAMOR

Lázaro Fariñas*

Foto Virgilio PONCE

Siempre he pensado que el problema de los distintos gobiernos estadounidenses con Cuba, después que allí triunfó la revolución, no es más que el hecho de que ella haya decidido tomar la soberanía y la independencia nacional en serio. Evidentemente, el gobierno de Dwight D. Eisenhower, que era el que estaba de turno cundo los rebeldes tomaron el poder en Cuba, allá en 1959, no pudo aceptar que aquel nuevo gobierno decidiera que los asuntos de Cuba se decidían en La Habana y no en Washington. No había ningún indicio de que la revolución triunfante se proclamara comunista, para que la CIA, que respondía a la política implantada por el presidente, comenzara a planear operaciones con el fin de derrocar al gobierno revolucionario. El planteamiento inicial era que los Estados Unidos no iban a permitir un gobierno comunista a 150 kilómetros de sus costas, pero la realidad era que el gobierno norteamericano no iba a permitir una república soberana e independiente a esa distancia de su frontera. Desde los primeros meses de 1959 comenzaron las conspiraciones contra el gobierno que acababa de llegar al poder en Cuba.

Desde que a finales del siglo IXX los norteamericanos invadieron Cuba declarándole la guerra a España, hasta el triunfo revolucionario a mediados del siglo XX, el embajador norteamericano era quien de verdad gobernaba en aquella república. Hasta la década del 30, gobernaron por medio de la enmienda Platt que estaba escrita en la constitución, y de ahí en adelante, a pesar de haberse eliminado, por medio de esa misma enmienda que, en la práctica, seguía existiendo. Existía una línea directa de la embajada de los Estados Unidos en La Habana hasta el Palacio Presidencial.

Cuando el cubano decía voy a la embajada se sabía perfectamente a cuál embajada se refería, no hacía falta agregar a la de los Estados Unidos.

La república que nació el 20 de mayo de 1902 bailó al son de la música que se producía en Washington. Es un hecho que, no por ser vergonzoso, deja de ser innegable. No es una afirmación comunista, es una verdad irrefutable. La última palabra en Cuba no la tenía el Jefe de Estado cubano, sino el Departamento de Estado de los Estados Unidos, por medio de su embajador en La Habana. Sobran los ejemplos que no hace falta de nuevo enumerar. Los que vivíamos en aquella república lo sabíamos de memoria. Tan era así, que me atrevería a afirmar que la mayoría de los cubanos que nos enfrentamos a la revolución en aquellos primeros años estábamos convencidos de que los norteamericanos no iban a aceptar a aquel gobierno, y que los días del mismos estaban contados. Esa fue la mentalidad que existió en la contrarrevolución interna y externa durante aquellos primeros años, por lo menos, hasta que llegó la invasión de Playa Girón y todas las esperanzas de acabar con aquel régimen se esfumaron ante la realidad de que la mayoría de los cubanos lo respaldaban, que la mayoría del pueblo estaba cansada de que su país no fuera más que un apéndice de la potencia del norte.

Pero a decir verdad, al menos aquella oposición que se enfrentó al gobierno revolucionario tenía algún objetivo real y una meta definida, y aunque algunos lo puedan negar, y aunque su tesis estuviera completamente equivocada, aquella oposición tenía valor y valentía, y muchos dieron su vida por lo que creían. Los que ahora dicen oponerse sólo tienen una meta, es de color verde y la reparten desde un edificio del malecón habanero.

En Cuba, en aquellos años, hubo, hasta cierto punto, un estado de guerra civil en el que se enfrentaron la revolución y la contrarrevolución, los anexionistas y los independentistas y en la que ambos bandos demostraron coraje. La revolución triunfó y demostró que la razón estaba de su parte, que aquel país se merecía ser independiente y soberano, que los viejos intereses de una república que languidecía en la corrupción habían sido sepultados para siempre.

Sin embargo, para los vecinos del norte, el hecho de haber perdido la guerra no significó que la intención desapareciera. Lo que sucedió fue que ya no hubo forma de derrotar al gobierno revolucionario, y se convirtió en hacer daño por hacer daño. Eso es lo que ha seguido sucediendo a través de los años hasta los días de hoy. Los distintos gobiernos que han gobernado a los Estados Unidos han seguido, a pesar de que no tienen la más mínima posibilidad de derrocar al régimen de La Habana, haciéndole daño a Cuba y a su pueblo, por el mero hecho de hacerle daño. Habrán llegado a la conclusión de que, por lo menos por ahora, no pueden triunfar en Cuba, pero no han llegado a la aceptación de que Cuba es soberana e independiente, y ya no le pertenece. Por eso persiste esta política agresiva contra la Isla. Por eso la agresión continúa. Veremos hasta cuándo.

Miami, 13 de Marzo de 2011

*Lázaro Fariñas: Periodista cubano residente en EEUU.



EXCLUSIÓN AEREA: LA OBSESION DE LA OTAN

Jorge Gómez Barata

Las preguntas del momento son: “¿Para qué necesita la OTAN una zona de exclusión aérea sobre Libia y cómo pudiera administrarla?

Será que la Alianza Atlántica teme a la discreta y anticuada fuerza aérea libia y trabaja para llevar a cabo una agresión con total impunidad para, además de librar una guerra de león a mono, hacerlo con el mono amarrado.

¿Será acaso que el flanco europeo de la OTAN sobre el cual recae la responsabilidad de las acciones en el Mediterráneo contra un país del Tercer Mundo, no se siente suficientemente seguro ante la eventualidad de una guerra con Gaddafi que traicionado y sin nada que perder puede tornarse impredecible?

Desaparecida la Unión Soviética y con ella las expectativas de eventuales combates terrestres, la concepción militar de la OTAN basada en la defensa se hizo obsoleta. Para actualizarse las fuerzas armadas de Europa experimentan una metamorfosis (todavía no completada) que las lleva a adoptar una doctrina militar próxima a la norteamericana en la cual predomina la condición de gendarme internacional y el perfil ofensivo.

Obviamente esa reorientación supone no sólo un cambio de conceptos, sino equipamiento, entrenamiento y una experiencia con la cual Europa no cuenta. Los países europeos de la OTAN poseen menos de la tercera parte de los portaaviones de ataque que dispone Estados Unidos y todas las armadas europeas juntas no llegan a la mitad de los buques y submarinos de Estados Unidos, ni hay en Europa nada parecido a la infantería de Marina Norteamericana.

Formar parte de una doctrina militar ofensiva a escala global, supone para Europa desarrollar una capacidad para operar en teatros lejanos, librar varias guerras a la vez y disposición para tomar grandes riesgos; cosa a la que Estados Unidos está habituado pero el Viejo Continente no.

A diferencia de los norteamericanos adoctrinados en la creencia de que están predestinado a un liderazgo mundial, a los ciudadanos europeos, castigados en el pasado por interminables guerras y por la ocupación nazi, les interesa un bledo quién y cómo se gobierna en Libia, Ruanda o Egipto; incluso en algunos países como Alemania la constitución prohíbe a sus fuerzas armada operar en el extranjero. Sin Estados Unidos la OTAN no es un “tigre de papel” aunque tampoco es tan temible como se esfuerza en aparecer.

En esta problemática existe un fondo histórico. Después de dos siglos de lucha, Europa perdió las Cruzadas, fue derrotada por Saladino y no puedo preservar el Reino Latino de Jerusalén y para acabar con los piratas bereberes tuvo llamar a la armada norteamericana que bombardeó Trípoli y ocupó Argel. España, humillada por Estados Unidos en 1898 olvidó ya la última vez que ganó una guerra e Italia las ha perdido todas.

Alemania, la mayor y más agresiva potencia europea que arrastró al mundo a dos guerras mundiales ha sido derrotada en las dos ocasiones e Inglaterra hace siglo y medio que dejó de ser la reina de los mares. La experiencia italiana en Libia y Abisinia debe erizar los pelos a Berlusconi y Sarkozy deberá recordar que Francia no pudo con el Vietminh y que ni siquiera matando a un millón de argelinos logró impedir la independencia.

Es probable que el hecho de que Obama le haya pasado el petate a la OTAN y que sea en Bruselas y no en Washington donde se tomen las decisiones, se relacione con la idea de poner a prueba, no sólo la capacidad militar, sino la determinación política de sus socios. Ante el Congreso, Hillary Clinton sugirió que tal vez América no esté dispuesta a correr el riesgo de que Libia se convierta en otra Corea.

Si bien el desarrollo económico, las armas y las tecnologías militares de última generación contribuyen a ganar las guerras; eso no lo es todo. Desde épocas de Clauzewitz y Napoleón se sabe que la planificación de las acciones combativas y el establecimiento de las correlaciones de fuerza no son simples cálculos aritméticos, sino complicados procesos que incluyen factores morales como son las motivaciones y la determinación de los jefes, los combatientes y la población.

No sería extraño que ante una invasión extranjera los libios cerraran filas, aplazaran el ajuste de cuentas devolviendo vigencia a Gaddafi y que la población europea no apoye a sus gobernantes algunos de los cuales pueden perder más que el ex líder libio.

Las regulaciones para el tráfico aéreo se dictan por los estados como expresión de soberanía sobre el territorio nacional. Al pretender regular el espacio aéreo libio, la OTAN usurpa atribuciones de aquel Estado. Con o sin el apoyo de la ONU o la Liga Árabe, la imposición de una “zona de exclusión de vuelo” sobre Libia es un acto de guerra con el cual la intervención extranjera puede considerarse consumada.

Estados Unidos, sumamente comprometido en Irak y Afganistán, enredado en una peligrosa situación en la península coreana y en un diferendo importante con Irán, tiene una percepción del riesgo estratégico mejor elaborado que sus socios europeos que durante los cuarenta años que duró la Guerra Fría permanecieron bajo el paraguas nuclear norteamericano y tal crean que esta vez, Estados Unidos asumirá los riesgos mientras ellos enviaran algunos batallones, aviones y fragatas.

El diseño de la OTAN no parece convencer a Clinton y Obama que son imperialistas, no tontos y pueden aprovechar la ocasión para esclarecer que Europa es su aliada y la OTAN su instrumento, no al revés. Allá nos vemos.

La Habana, 13 de marzo de 2011