jueves, 10 de febrero de 2011

REPORTE DESDE EL SALVADOR PARA RADIO HABANA CUBA DEL 11 DE FEBRERO DE 2011

AUDIO

Con la frase, haremos el pacto fiscal con o sin la ANEP, el presidente salvadoreño, Mauricio Funes, ha respondido este jueves a otra campaña mediática lanzada en los últimos días, y encabezada por los dirigentes de la Asociación Nacional de la Empresa Privada, ANEP, quienes han denunciado que el gobierno de Funes ya tendría aprobado el llamado impuesto al capital sin la aceptación de ellos, por lo que además anunciaron su retiro de las discusiones del pacto fiscal en el seno del Consejo Económico y Social, propiciado por el mismo gobierno, y en el que participan todos los sectores de la vida productiva del país.

Además, Funes ha pedido a la cúpula gremial que defina con sinceridad su posición ante el pueblo salvadoreño, sobre si están dispuestos a impulsar el desarrollo del país, tan indispensable para salir de la crisis; a la vez que ha negado que ya esté aprobada una supuesta nueva tributación para financiar la seguridad del país, y que sería aplicada al gran capital, motivo central de los reclamos de la dirección empresarial, alegando que ese impuesto lo terminaría pagando todo el pueblo.

Entre quejas de ser objeto de discriminación y de la división de clases, entre el presidente de la entidad, Federico Colorado, y el de la Cámara de Comercio, Jorge Daboud, no han ahorrado expresiones para acusar al gobierno salvadoreño de estar llevando al país sin rumbo, y de pedir recursos para instituciones incapaces, según ellos, de resolver la situación de la seguridad.

Por su lado, mientras las autoridades han reiterado que para resolver los problemas del país es necesaria la contribución de todos, y mostrado los avances que en seguridad se reflejan la reducción de los índices que más afligen a los salvadoreños, es frecuente que los principales medios de comunicación parezcan esforzarse más en demostrar que la situación está peor, sobre todo por su afán en exponer ampliamente imágenes y notas periodísticas relacionadas con asesinatos y acciones delincuenciales; lo que de alguna manera induce a buena parte de la población a percibir esa imagen negativa, a pesar de ser notable el esfuerzo de la Policía Nacional Civil en la prevención y persecución del delito, tarea a la que se han sumado miembros del ejército.

En este escenario, no es raro notar que los medios informativos que dominan la opinión pública hayan creado una especie de competencia entre los soldados, a quienes alaban y destacan con su actuación, con los policías, a quienes hacen parecer como incompetentes y que responden a un gobierno adversario a quien no cejan en combatir con todos los recursos posibles.

Coincidentemente, esta nueva campaña mediática antigubernamental aparece luego que se han publicado sendas encuestas de opinión pública, de una empresa asesorada por técnicos españoles la primera, y la última proveniente de la Universidad Tecnológica, en las que se revela el apoyo que mantiene Funes como mandatario ante los encuestados, a pesar de las reiteradas demandas por soluciones de la crisis económica y de la inseguridad ciudadana; pero también, la consolidación del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, FMLN, como primera fuerza política del país, aventajando a distancia a la ex gobernante Arena y demás partidos políticos, en vista de las elecciones a diputados y concejos municipales del 11 de marzo de 2012.

Todo pareciera indicar que los dirigentes de la ANEP se han sumado activamente a la lucha política ante la aún débil posición de Arena, amenazando con retirarse del foro de concertación económico y social, pero sin renunciar a su cada vez más visible actividad opositora por todos los flancos contra el gobierno de izquierda.

Para los amigos de Radio Habana Cuba, reportó desde El Salvador, Centro América, Mario Zavaleta.


EL SALVADOR.- Casa Presidencial exige a empresarios ser sinceros con la población

Presidente Mauricio Funes.

«Nosotros vamos a llevar a cabo el pacto fiscal con o sin la ANEP»: Presidente Funes

Eugenio Castro
Redacción Diario Co Latino


El Presidente de la República, Mauricio Funes, hizo un fuerte llamado a la clase empresarial, especialmente a la ANEP, para que definiera su posición frente al desarrollo social y económico que pretende impulsar el Gobierno durante su plan quinquenal.

La reforma tributaria y el pacto fiscal es el principal punto de discusión al que las gremiales empresariales temen discutir dentro del Consejo Económico Social (CES) que es una de las principales mesas de negociación para asuntos estratégicos de la nación.

El mandatario envió un fuerte mensaje a las gremiales empresariales cuando dijo en una entrevista televisada que «digan claramente a la población si quieren contribuir con el desarrollo económico y social, con el fortalecimiento de la democracia...».

«Yo no voy a permitir que bajo mi Gobierno los impuestos los sigan pagando los mas pobres y la clase media y que aquellos que tienen mayor capacidad contributiva no lo hagan», sentenció.


«Esa distorsión que el último informe de desarrollo humano del PNUD nos revela de que hasta ahora las elites empresariales han pensado más en las necesidades que plantea la libre competencia y el mercado no en las necesidades de la persona humana», agregó el mandatario.

La propuesta que el Presidente Funes ha hecho a la ANEP es que este tema sea discutido este año y que una vez se logren acuerdos, y que estos acuerdos sean consensuados con todas las fuerzas representadas en el CES, se canalice para su aprobación. El mandatario dijo que «solo hasta entonces» asumirá la propuesta como una propuesta que el ejecutivo presentará a los partidos políticos para poder negociarla.

«No estoy pretendiendo llevar una propuesta de incremento de impuestos a la Asamblea si antes ese tema no ha sido discutido en el seno del CES, donde es el espacio público para discutir el tema», aclaró Funes.

La ANEP ha pedido que el tema de los impuestos no sea discutido dentro del CES porque ven muy poca experiencia en los demás integrantes de dicho consejo.

«Primero habría que ver si la ANEP es la gremial que representa los intereses de todos los empresarios y, por lo tanto, si la posición de la ANEP es la posición oficial de todos los empresarios, habría que ver si todos los empresarios están de acuerdo con esa posición», dijo Funes.

70 % de los salvadoreños recibirán subsidio al gas

El desconocimiento y la poca claridad de cómo se va a llevar a cabo la implementación de la nueva política de racionalización del subsidio al gas propano ha provocado dudas en muchos sectores de la población que presienten que dicha política no le será factible económicamente.

La racionalización del subsidio, tal y como lo ha explicado el ejecutivo, no solo pretende beneficiar a 4.3 millones de salvadoreños que consumen menos o igual a 200 kilovatios/hora de energía eléctrica, sino también tiene la intencionalidad de mantener el precio del gas como el más barato de Centroamérica, aunque esto le cueste anualmente los 100 millones de dólares.

Con la eliminación del subsidio generalizado a partir del mes de abril las tiendas y pequeñas distribuidoras comenzarán a vender el tambo de gas de 25 libras a 13.60 dólares, pero según el presidente de la República, Mauricio Funes se otorgarán 8.50 dólares para que el consumidor le salga a $5.10 el cilindro de gas.

El mandatario aseguró que el subsidio lo continuarán recibiendo cerca del 70 por ciento de los hogares salvadoreños. Cabe mencionar que la metodología de entrega del subsidio cambiará de forma que ya no serán las empresas las que se sigan enriqueciendo, sino que será entregado directamente al consumidor final.

Funes calificó el subsidio al gas, en su modalidad actual, de indiscriminado, ya que aún las familias con ingresos altos se ven beneficiados por dicha medida económica, ¿por qué le vamos a dar subsidio a quien tiene la capacidad económica para pagarlo?; que me expliquen eso aquellos que están proponiendo que no toquemos el subsidio y lo dejemos tal como está, dijo en tono de protesta durante un programa de entrevista televisado.

El jefe de Estado explicó que la medida no es simplemente una racionalización del subsidio, sino que también de ordenamiento del mercado ya que se estima que un 20 por ciento de la producción de gas licuado va para el contrabando; hay un caserío en el norte del país que solo tiene 115 casas y que consume 30 mil tambos al año, refiriéndose al tráfico anómalo de gas en las zonas fronterizas.

Las autoridades gubernamentales esperan que con el nuevo mecanismo de distribución se erradique el contrabando del gas a otros países y que se deje de estar beneficiando a la millonaria industria de dicho combustible.

A la compañía de gas no le importa si el que compra un tambo de gas tiene capacidad o no tiene capacidad de pagarlo, o si es un ratero que se va a dedicar a contrabandear e irlo a vender a Guatemala o a Honduras, la compañía de gas lo vende y punto, dijo tajantemente el presidente.

A nosotros lo que nos interesa es que el subsidio llegue al que lo necesita, vamos a favorecer a 4 millones y medio de salvadoreños que van a seguir pagando por un tambo de gas el precio que hasta ahora han pagado Estamos hablando de 40 mil hogares pobres que no consumen energía eléctrica, de las pupuserías, de las panaderías, de las tiendas pequeñas y los pequeños negocios, justamente para que tenga subsidio aquel que lo necesita, concluyó.

El Estado espera ahorrar cerca de 46 millones de dólares al año con la racionalización del subsidio; sin embargo, como la medida se espera entre en vigencia a partir de abril no se alcanzará dicha suma y esta se verá reducida hasta unos 28 millones de dólares ahorrados en 2011.


EGIPTO: MANIOBRAS EN MARCHA

Jorge Gómez Barata

A fines de los años sesenta, desde los círculos ilustrados de la izquierda moderada de Europa, el entorno afroasiático y América Latina, se pusieron en circulación magnificas reflexiones teóricas acerca del imperialismo que, cosa rara, desaparecieron antes de que su objeto de estudio dejara de existir.

Según aquellos puntos de vista el imperialismo funcionaba como un sistema mundial constituido por un núcleo de naciones desarrolladas, varios anillos concéntricos y una periferia. Matices aparte se trató de enfoques que no rebasaban los horizontes del sistema (lo cual no los descalificaba).

En aquel contexto, desde lo que entonces se llamaba Tercer Mundo, sobre la base de intereses políticos comunes y coincidencias ideológicas mínimas, prosperaron enfoques que apostaron por el desarrollo económico, opción compartida por vanguardias nativas y sectores nacionalistas avanzados que confrontaban al imperialismo y al neocolonialismo y que, aunque tomaban distancia de la Unión Soviética, no eran hostiles al socialismo,

Aquellas corrientes fueron acogidas e impulsadas por líderes como: Nehru, Nasser, Sukarno, Nkruman, Sekou Touré y desde el campo socialista, contaron con el respaldo de Tito de Yugoslavia y Fidel Castro que, aunque habían elegido otra opción, eran suficientemente flexibles como para admitir la viabilidad de aquellas tácticas y de aquellos caminos.

La reacción de las oligarquías y la actividad imperialista condujo a las divisiones internas, a los golpes de estado y abrieron los caminos que llevaron al deterioro de las tácticas de lucha, a los magnicidios, a Camp Davies, a la atomización y la desmovilización, a treinta años de dictaduras abiertas o camufladas y a los sucesos de Túnez y Egipto que pueden propagarse a otros países, incluso a algunos que parecen estables.

Antes como ahora, Egipto es un espacio geopolítico estratégico para occidente: el país histórica y culturalmente más importante del Medio Oriente y África del Norte, el emplazamiento del canal que une a los mares Mediterráneo y Rojo, permite el acceso al océano Indico y al golfo Pérsico, zonas vitales para el abastecimiento de petróleo a Europa, Japón, China y Norteamérica. La desestabilización de Egipto sería fatal para Washington, el acceso islámico al poder un peligro y un giro a la izquierda, un desastre. Para la administración estadounidense, la única opción ganadora es mantener el sistema. Esa y no otra es la apuesta estratégica.

Según confesión de la Secretaria de Estado Hilary Clinton, Estados Unidos trabaja para crear en Egipto una “tormenta perfecta”; es decir desatar un conjunto de eventos que interactúen y permitan solucionar los problemas de gobernabilidad creados por el rechazo al régimen actual sin comprometer la estabilidad del sistema, cerrar el paso al movimiento islámico, preservar a Israel y no desmentir la retorica a favor de la democracia. Reciclar a Mubarak sin obligarlo a huir y traer al ejército al escenario político sin un golpe de estado parece ser la táctica elegida.

Obviamente las 27 agencias de inteligencia, la red de embajadas, las misiones militares, los cuerpos de asesores y la miríada de expertos y tanques pensantes y analistas que cubren las plantillas de agencias, servicios e instituciones de todo tipo no bastaron para averiguar cuándo y cómo comenzaría lo que todo el mundo sabía que un día sucedería: el avance de los pueblos árabes del medioevo a la modernidad política. Ante la ausencia de líderes del perfil de Kemal Atartuk o Nasser, entró en escena un adorado y temido protagonista colectivo: la masa, un ente con el cual Estados Unidos no sabe lidiar.

Luego de un apresurado control de daños y de improvisación que llevaron a echar mano a un elemento de dudosa eficacia como Mohamed El Baradei, cuya fama como director de la Organización Internacional de la Energía Atómica no alcanza para convertirlo en un líder local, aunque en el desconcierto de los primeros momentos pareció una alternativa a Mubarak.

En estos momentos, tanto en Túnez y Egipto, como probablemente hará donde quiera que tenga oportunidad, Estados Unidos utiliza su influencia, para evitar un “derrumbe del sistema”, para lo cual es vital preservar las instituciones del Estado: en primer lugar las fuerzas armadas, la policía y los cuerpos de seguridad que hasta el momento no se han comprometido con la represión y logran una aproximación al pueblo como no existía desde la muerte de Nasser en 1970.

Al maniobrar para buscar una salida indolora para Mubarak que puede asumir la forma de un viaje sin retorno por motivos de salud, permitir el acceso al poder del vicepresidente quien organizaría elecciones parlamentarias y presidenciales, de las cuales surgirían autoridades con mínimos de consenso y legitimidad, Washington avanza hacia lo que llama una “transición ordenada”.

Estados Unidos que parece apostar al inevitable desgaste de una forma de lucha basada en cierta espontaneidad, en manifestaciones y en la ocupación día y noche de la plaza Tahir, que se prolonga ya por más de 15 días y que resulta difícilmente sostenible de modo indefinido; trabaja por reagrupar las fuerzas internas que forman un diapasón de moderados, liberales y opositores que salen de la clandestinidad o regresan del exilio y que de alguna manera acompañan a Estados Unidos y a la burguesía egipcia en su maniobra.

Mientras se maniobra en Egipto y se trata de consolidar un cambio cosmético en Túnez, en los demás países árabes y del Norte de África, Estados Unidos empuja a las oligarquías a curarse en salud y a introducir a marcha forzada enmiendas constitucionales, destituir gobernantes impopulares y hacer cuanto pueda para tratar de administrar procesos que no pueden impedir porque se derivan de profundas circunstancias históricas.

No obstante las ventajas que le proporciona la orientación ideológica del movimiento de masas que no parece cuestionar al sistema y probablemente no juegue la carta islámica; así como la ascendencia sobre el generalato y las fuerzas de seguridad, respaldada por la entrega de más de mil millones de dólares anuales, Estados Unidos no tiene certeza del éxito de sus maniobras, no parece controlar los mandos intermedios, no tiene acceso a la oficialidad joven ni conoce exactamente la influencia del movimiento musulmán. De momento acaba de aparecer el fantasma de una huelga general que pudiera dar protagonismo a la, hasta ahora, ausente clase obrera.

De algo no existen dudas: una vez consumados, el más importante reajuste político desde el fin del colonialismo, el Medio Oriente y África del norte no serán los mismos y el cambio no será para peor. Allá nos vemos.

La Habana, 10 de febrero de 2011