lunes, 17 de enero de 2011

CAMINO AL CONGRESO (XIX): RECTIFICACIÓN O AJUSTE

Jorge Gómez Barata

En su intervención en la más reciente sesión de la Asamblea Nacional el presidente cubano Raúl Castro llamó a revisar: “…Qué orientaciones del Jefe de la Revolución hemos cumplido y cuáles no, desde su vibrante alegato La Historia Me Absolverá hasta hoy”. La exhortación indica que la rectificación auspiciada por el próximo Congreso del Partido puede incluso conducir al rescate de acentos originales del proceso revolucionario cubano.

Esta vez no se trata de la reacción a una coyuntura desfavorable sino de cambios estructurales y de conceptos derivados de una comprensión de que el modelo instalado, no sólo para la gestión económica sino referido a los métodos y al estilo de ejercer el poder, gobernar y dirigir a la sociedad, ha perdido eficacia y se impone rectificar.

Salvando obvias distancias y escalas, el modelo vigente en Cuba no es funcional aproximadamente por las mismas razones que no lo fue en la Unión Soviética y en los países socialista de Europa y Asia y su supervivencia se explica por el carácter de la Revolución Cubana y el liderazgo encabezado por Fidel y Raúl Castro que marcan la diferencia.

Basta una aproximación a la gestación del movimiento revolucionario en Cuba y a la guerra revolucionaria, a la personalidad y trayectoria política de Fidel y Raúl Castro y al proyecto político contenido en el alegato conocido como La Historia me Absolverá para percatarse de que no hay en los orígenes de la Revolución Cubana ningún punto de contacto de aquel movimiento con el socialismo al estilo de la época, ninguna militancia y nada que involucrara a la Unión Soviética.

Según la letra de aquel programa, la transformación de la sociedad cubana era concebida como un proyecto avanzado, no sólo para su época, sino incluso para hoy. Fidel Castro lo resumió así: “El problema de la tierra, el problema de la industrialización, el problema de la vivienda, el problema del desempleo, el problema de la educación y el problema de la salud del pueblo; he ahí concretados los seis puntos a cuya solución se hubieran encaminado resueltamente nuestros esfuerzos, junto con la conquista de las libertades públicas y la democracia política”.

Si bien las tareas sociales y políticas de hoy son totalmente diferentes; al aludir a la Historia Me Absolverá, el presidente Raúl Castro parece referirse al aliento, al estilo, al realismo y a la autoctonía de aquel diseño, que interpretaciones discutible, prematuras y probablemente erróneas, dieron por sobrepasado.

Después de 1959 la rápida mutación del proceso revolucionario hacia las posiciones del socialismo, el acercamiento político y la alianza con la Unión Soviética, se explica por la temprana, irracional y desmesurada y agresiva política norteamericana hacia la Revolución, que motivó una respuesta equivalente de la Unión Soviética que hasta hoy se asume como un gesto de solidaridad, aunque también, la parte soviética obtuvo dividendos geopolíticos.

En realidad aquella alianza, al menos en los primeros 15 años, no influyó decisivamente sobre los aspectos más auténticos del proceso revolucionario, empujado a la radicalización, no por ideas acerca de la conveniencia de la estatización de toda la economía y la regulación de la actividad social, sino como respuesta a la actitud norteamericana que llevó a Cuba contra la cuerdas y la obligó, a pesar de colosales asimetrías, a responder golpe por golpe.

Aun bajo las intensas presiones del bloqueo y las amenazas de agresión militar norteamericana, al éxodo de empresarios, profesionales y técnicos y lo agudo de la confrontación en los primeros años, la Revolución continuó su propio camino alejado de la ortodoxia y del modelo de gestión soviético, fenómeno que resultó ser fuente de contradicciones con la izquierda marxista, incluso con la Unión Soviética.

Con enormes tareas sociales por realizar, acosada por Estados Unidos, aislada de América Latina, incomprendida por parte de la izquierda latinoamericana, en los años setenta del pasado siglo, Cuba produjo un corrimiento que la llevó a adoptar estructuras y procedimientos análogos a los existentes en la Unión Soviética y Europa Oriental.

Pronto se hizo evidente que, en primer lugar en el plano económico, aquella opción y sobre todo la exagerada copia que la acompañó, no aportaban una solución viable, por lo cual, desde alrededor de 1984, antes de que Gorbachov se enfrascara en la Perestroika, Fidel Castro inició un Proceso de Rectificación de Errores y Tendencias Negativas, que cuestionaban el modelo económico trasplantado desde la Unión Soviética.

El fin de La Unión Soviética y la crisis que golpeó implacablemente a Cuba, abortaron la Rectificación. Fidel Castro llamó a la resistencia para salvar, no el modelo que había hecho aguas, sino las conquistas básicas del socialismo, proceso que implicó la adopción de importantes reformas económicas, políticas e incluso ideológicas.

Recordar a la Historia Me Absolverá no es una expresión de nostalgia, ni un retroceso. Retornar a la semilla, no sería en este caso dar marcha atrás y ni siquiera rectificar, sino avanzar y crear.

No se trata ahora de defender ideas exóticas, sino como asoma en La Historia Me Absolverá y estaba ya en la idea de: “Una república con todos y para el bien de todos” de José Martí, de crear no un Estado de clases sino un Estado Social, una economía mixta y floreciente coronadas por una democracia socialista plena y de nuevo tipo.

Obviamente, la democratización a la cubana no es ahora restablecer la Constitución del año 40, sino recrear mediante las reformas pertinentes la que existe, no porque haya sido incorrecta ni omisa, sino porque en la vida y mucho menos en la Revolución, nada es inmutable.

Seguramente el Congreso del Partido y la Conferencia que le seguirá, profundizaran en estos aspectos y como otras tantas veces, la vanguardia militante de la Revolución Cubana, con la dirección histórica al frente, encontraran el camino correcto. Allá nos vemos.

La Habana, 17 de enero de 2011


Las cifras de Cuba en 2010 (un adelanto)

La Oficina Nacional de Estadísticas presenta su Panorama Económico y Social. Cuba 2010, una primera edición donde ofrece cifras estimadas sobre la evolución y desarrollo de varios indicadores económicos, sociales y demográficos del país en el año recién concluido

El libro Panorama Económico y Social. Cuba 2010, fue publicado en su primera edición por la Oficina Nacional de Estadísticas y está disponible en su página digital. Autor: Juventud Rebelde

René Tamayo
internac@juventudrebelde.cu
17 de Enero del 2011 9:02:15 CDT


El Producto Interno Bruto (PIB) de Cuba en el 2010 superó los 64 mil millones de pesos (64 220,3). En por ciento, la cifra ya se conocía: 2,1. Se había anunciado el pasado diciembre, en el Parlamento, durante la presentación del Plan de la Economía y la Ley del Presupuesto del Estado para este año.


Ahora el público puede acceder a un importante grupo de informaciones —dato a dato, número a número, incluido gráficos y tablas— sobre el desarrollo y evolución de la economía cubana en el período finiquitado, a través de la publicación Panorama Económico y Social. Cuba 2010. Primera edición, de la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE).


Recién colocada en su sitio digital (www.one.cu), pretende, según señalan sus autores, «adelantar información sobre la evolución y desarrollo de una serie de indicadores demográficos, económicos y sociales que reflejan el comportamiento del país durante el año 2010».


Son cifras estimadas al momento de preparar la edición que presentan. Como es costumbre, estos datos se actualizan posteriormente, mientras se completa la información a través del Sistema Estadístico Nacional y quedan oficializados en el Anuario Estadístico de Cuba 2010. Edición 2011.


Este es un proceso que concluye por lo general a mediados de año. La publicación de adelanto que aquí reseñamos, sin embar-go, ha sido más anticipada que de costumbre: solo unos días después de iniciar el 2011.


Constituye una contribución, en la medida en que se manejen y estudien los datos y demás informaciones, a la consolidación de la cultura económica general de la ciudadanía, algo que la nación necesita y que nos hará crecer a todos como individuos pensantes, activos y actuantes.


Dando continuidad a la atención que JR le presta a las informaciones que difunde la ONE —por su relevancia, trascendencia, veracidad e interés público, por ser fotografías objetivas y sosegadas de la evolución económica, política y demográfica del país— hoy les brindamos una síntesis comentada de Panorama Económico y Social. Cuba 2010. Primera edición.


(Descargue aquí el resumen de Juventud Rebelde)


Declaración del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba


El 14 de enero del 2011, el Gobierno de los Estados Unidos anunció nuevas medidas sobre Cuba. Aunque habrá que esperar por la publicación de las regulaciones para conocer su verdadero significado, de acuerdo con la información preliminar dada a conocer por la Oficina de Prensa de la Casa Blanca, las medidas consisten en:
  • Autorizar los viajes de norteamericanos a Cuba con fines académicos, educacionales, culturales y religiosos.
  • Permitir a ciudadanos norteamericanos enviar remesas a ciudadanos cubanos en cantidades limitadas.
  • Autorizar a los aeropuertos internacionales de EE.UU. a solicitar
    permiso para operar vuelos charter directos a Cuba bajo determinadas
    condiciones.

La adopción de estas medidas es el resultado del esfuerzo de amplios sectores de la sociedad norteamericana que durante años han reclamado mayoritariamente el levantamiento del genocida bloqueo contra Cuba y la eliminación de la absurda prohibición de los viajes a nuestro país.

Es expresión también del reconocimiento del fracaso de la política de los Estados Unidos contra Cuba y de que busca nuevas vías para lograr sus objetivos históricos de dominación de nuestro pueblo.

Aunque las medidas son positivas, se quedan muy por debajo de esos justos reclamos, tienen un alcance muy limitado y no modifican la política contra Cuba.

El anuncio de la Casa Blanca se limita, en lo fundamental, a restablecer algunas de las disposiciones que estuvieron en vigor en la década del noventa bajo el gobierno del presidente Clinton, y fueron eliminadas por George W. Bush a partir del 2003.

Las medidas solo benefician a determinadas categorías de norteamericanos y no restituyen el derecho a viajar a Cuba de todos los ciudadanos norteamericanos, que seguirán siendo los únicos en todo el mundo que no pueden visitar nuestro país libremente.

Estas medidas confirman que no hay voluntad para cambiar la política de bloqueo y desestabilización contra Cuba. Al anunciarlas, los funcionarios del Gobierno de los Estados Unidos dejaron bien claro que el bloqueo se mantendrá intacto y que se proponen usar las nuevas medidas para fortalecer los instrumentos de subversión e injerencia en los asuntos internos de Cuba. Esto confirma la denuncia expuesta en la declaración del MINREX del 13 de enero pasado.

Cuba siempre ha favorecido los intercambios con el pueblo norteamericano, sus universidades, sus instituciones académicas, científicas y religiosas. Todos los obstáculos que entorpecen las visitas de los estadounidenses a Cuba siempre han estado, y siguen estando hoy, del lado del gobierno de Estados Unidos.

Si existiera un interés real en ampliar y facilitar los contactos entre nuestros pueblos, Estados Unidos debería levantar el bloqueo y eliminar la prohibición que hace de Cuba el único país al que los norteamericanos no pueden viajar.

La Habana, 16 de enero del 2011


La cruda verdad

Por Robert Fisk *

¿Es el final de la era de los dictadores en el mundo árabe? Cierto es que estarán sacudiéndose en sus botas a lo largo de Medio Oriente los jeques y emires, y los reyes, incluyendo a uno muy mayor en Arabia Saudita y uno joven en Jordania y los presidentes –otro muy viejo en Egipto y otro joven en Siria–, porque lo de Túnez no se suponía que iba a pasar. Protestas contra los precios en Argelia, también, manifestaciones contra los aumentos de precio en Amman. Sin mencionar más muertos en Túnez, cuyo déspota se refugió en Riad –exactamente la misma ciudad a la que huyó un hombre llamado Idi Amin.

Si puede suceder en el destino turístico Túnez, puede suceder en cualquier parte, ¿no es cierto?. Fue celebrado por Occidente “por su estabilidad” cuando Zine el Abdine Ben Alí estaba en el poder. Los franceses y los alemanes y los ingleses siempre elogiaron al dictador por ser un “amigo” de la Europa civilizada, mientras mantenían mano firme con los otros islamistas.

Los tunecinos no olvidarán esa pequeña historia, incluso si les gustáramos. Los árabes solían decir que dos tercios de la población total de Túnez –virtualmente toda la población adulta– trabajaba de un modo u otro para la policía secreta de Ben Alí. Habrán estado en las calles también, protestando contra el hombre que amábamos hasta esta semana. Pero no se exciten demasiado. El gobierno de “unidad” que va a formar Mohamed Ghannuchi, que ha estado atado a Ben Alí durante los últimos 20 años, será el par de manos que mantendrá nuestros intereses –más que los del pueblo– a salvo.

Me temo que será la misma vieja historia. Claro que nos gustará una democracia en Túnez, pero que no sea tan democrática. ¿Recuerdan cuánto queríamos que Argelia tuviera una democracia en los primeros años de la década de 1990?

Luego, cuando parecía que los islamistas podrían llegar a ganar una segunda vuelta en las elecciones, apoyamos allí un gobierno sustentado en la fuerza militar que suspendió los comicios. El choque con los islamistas fue letal y estalló una guerra civil en la que murieron 150 mil personas.

No, en el mundo árabe queremos ley, orden y estabilidad. Incluso en el corrupto y corruptible gobierno de Hosni Mubarak en Egipto, eso es lo que queremos. Y lo conseguiremos.

La verdad, por supuesto, es que el mundo árabe es tan disfuncional, esclerótico, corrupto, humillante y despiadado –y recuerden que Ben Alí era llamado terrorista en las protestas callejeras de la semana pasada en Túnez–, y tan totalmente incapaz de progreso social y político alguno, que las chances de que emerjan democracias del caos del Medio Oriente no superan el cero por ciento. El trabajo de los potentados árabes será lo que siempre fue: manejar a sus pueblos, controlarlos, mantenerlos cerca, amar a Occidente y odiar a Irán.

A propósito, ¿qué hacía Hillary Clinton en Túnez la semana pasada? Les decía a los gobernantes del Golfo que su trabajo era apoyar las sanciones contra Irán, confrontar a la república islámica, preparar otro golpe contra un Estado musulmán luego de dos catástrofes que Estados Unidos y el Reino Unido han ya ocasionado en la región.

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.