martes, 28 de diciembre de 2010

Comenzó vista de apelación de pena de muerte contra Humberto Eladio Real Suárez

Publicado en Cubadebate el 28 Diciembre 2010

La Sala de los Delitos contra la Seguridad del Estado del Tribunal supremo Popular comenzó este martes la vista de recurso de apelación de pena de muerte contra Humberto Eladio Real Suárez, por los delitos de otros actos contra la Seguridad del Estado, asesinato y disparo de armas de fuego contra determinada persona.

Real Suárez asesinó a un ciudadano residente en Caibarién cuando penetró ilegalmente a Cuba en octubre de 1994, proveniente de Estados Unidos junto a otros seis cubanos radicados en ese país que formaban parte de un team de infiltración terrorista del denominado Partido Unidad Nacional Democrática (PUND) con base en la Florida.

Humberto Eladio Real Suárez fue arrestado el 15 de octubre de 1994 tras desembarcar en Cuba y asesinar a Arcelio Rodríguez García y robarle su automóvil en Caibarién, Villa Clara, centro de la Isla.

Cuando fue apresado por los autoridades, a él y a sus acompañantes -todos miembros del PUND- les fueron ocupados cinco fusiles AK-47, un fusil AR-15, un fusil M-14S, cuatro pistolas y otros medios.

Expresaron que fueron reclutados por el PUND entre 1993 y 1994, y recibieron entrenamiento militar en varios campamentos ubicados en La Florida, con el objetivo de infiltrarse en Cuba, establecerse en las montañas de El Escambray para organizar columnas guerrilleras y realizar acciones dirigidas a desestabilizar el orden interno. Todos residían en Miami, Florida.

Desde el Triunfo de la Revolución cubana en 1959, se han producido 713 actos de terrorismo contra Cuba, 56 de ellos a partir de 1990, organizados y financiados desde territorio estadounidense, con un saldo de 3.478 muertos y 2.099 incapacitados.


Un Plan Marshall para Cuba

Atilio A. Boron

Rebelión

En estos días Cuba se enfrenta a un dilema de hierro: o actualiza, revisa y reconstruye su modelo económico o la revolución corre el serio riesgo de sucumbir ante la presión combinada de sus propios errores y las agresiones del bloqueo estadounidense. Los países de América Latina y el Caribe, así como la casi totalidad de los de África y Asia, no pueden permanecer indiferentes ante esta situación, o limitarse a contemplar como la revolución libra, sin otra ayuda que sus propias fuerzas, esta decisiva batalla.

Pero el apoyo no puede ser meramente declarativo. Eso está bien, pero es insuficiente. Cuba necesita algo más: concretamente, que sus acreedores, especialmente cuando ellos son países de América Latina y el Caribe, anulen la deuda externa cubana. Argentina es el mayor de esos acreedores -por un préstamo otorgado por el gobierno de Héctor Cámpora y su Ministro de Economía José B. Gelbard en 1973- y que el ex Canciller del Presidente Néstor Kirchner, Rafael Bielsa, renegociara proponiendo una quita del 50% de su monto, que si se suman el capital y los intereses acumulados en la actualidad ascendería aproximadamente a unos 1.800 millones de dólares. Para esa misma época su colega de gabinete, el ministro de Economía Roberto Lavagna, proponía a los acreedores de la Argentina una quita del 75% sobre el valor nominal de la deuda defolteada con el derrumbe de la convertibilidad en diciembre del 2001. Como es bien sabido, este país finalmente logró una quita que, según los cálculos, fluctúa en torno al 70% del valor nominal de los bonos de su deuda. Lo menos que debería hacer la Casa Rosada sería garantizar para Cuba el mismo trato que obtuvo de sus propios acreedores. Aunque eso sería lo mínimo. Lo correcto, lo que sería éticamente impecable, sería dar por cancelada esa deuda y de ese modo aliviar la carga que pesa sobre la hermana república de Cuba. Los 1.147 habitantes de la Argentina que, gracias a la “Operación Milagro”, en el último año recuperaron gratuitamente su vista en el Centro Oftalmológico Dr. Ernesto Guevara, de Córdoba, y los más de 20.000 alfabetizados que aprendieron a leer y escribir con el programa cubano “Yo Sí Puedo” son otras tantas razones para dar por cancelada esa deuda. Tal cosa sería un acto de estricta justicia. Y lo mismo deberían hacer los gobiernos de México, que mantiene acreencias del orden de los 500 millones de dólares; Panamá, 200 millones; Brasil, 40 millones; Trinidad-Tobago, 30 millones y Uruguay, también con 30 millones.

¿Por qué de estricta justicia? Por varias razones. Expondremos simplemente dos. En primer término, como equitativa retribución por el generoso e inigualado internacionalismo cubano que llevó a esa revolución a trascender sus fronteras sembrando de médicos, enfermeras, dentistas, educadores e instructores deportivos por todo el mundo, mientras el imperio y sus aliados lo saturaba con militares, “comandos especiales”, espías, agentes de inteligencia, policías y terroristas. A lo largo de las últimas décadas Cuba envió al exterior unos 135.000 profesionales de la salud a más de 100 países de todo el mundo, especialmente Latinoamérica y el Caribe y África, pero también los hay en Asia. Los médicos cubanos estaban en Haití desde mucho antes de su fatídico terremoto, y luego de él aumentaron su presencia mientras que Estados Unidos enviaba … marines. La ayuda cubana para combatir la enfermedad y prevenir las muertes en tantos países fue, y es, concreta y efectiva. Ahora los pueblos y naciones del Tercer Mundo deben correr a asistir a ese faro de la liberación nacional y social que desde hace más de medio siglo inspira e ilumina las más nobles luchas de nuestros pueblos. Y deben hacerlo con una solidaridad militante, traducible en ayuda económica efectiva. Las declaraciones serán bienvenidas, pero insuficientes.

En segundo lugar, hay una obligación moral de ayudar a Cuba porque, pensemos: ¿qué hubiera sido de nuestros países si su revolución no hubiese resistido a pie firme, sin arriar sus banderas, a las presiones del imperialismo y la derecha mundial una vez producida la implosión de la Unión Soviética? Con una Cuba de rodillas, vencida e inerme ante la restauración del saqueo neocolonial al que había sido sometida desde 1898; con sus sueños y utopías humanistas vapuleados por el retorno triunfal de las mafias capitalistas como las que, por ese entonces, estaban asolando a la difunta Unión Soviética; con la revolución y la creación de una sociedad solidaria anatemizadas como irresponsables ensoñaciones de falsos mesías que inexorablemente culminan en una infernal pesadilla, ¿habría sido posible el trascendental cambio ideológico-político materializado en el ascenso y consolidación en el poder de Hugo Chávez, Evo Morales y Rafael Correa, para no mencionar sino los casos más significativos? Más aún, sin el estímulo emanado de la heroica resistencia de Cuba, de su “mal ejemplo” evidenciado en tasas de mortalidad infantil menores que las de Estados Unidos a pesar del bloqueo y las agresiones, ¿habría sido posible el auge de la muy moderada centroizquierda en países como Argentina, Brasil y Uruguay a comienzos del nuevo siglo? ¡De ninguna manera! Si estos avances fueron posibles fue, amén de las causales propias de cada caso, porque Cuba resistió. Si hubiese capitulado y sido convertida en un protectorado estadounidense el tsunami derechista hubiera arrasado esta parte del mundo. Gracias a Cuba nuestros pueblos evitaron tamaña catástrofe.

Por eso, aparte de anular las deudas existentes con los países de la región, los acreedores tanto como quienes no lo son deberían crear sin dilación un fondo especial de solidaridad con la revolución cubana. Estados Unidos lo hizo para salvar a los europeos de la debacle después de la Segunda Guerra Mundial, y su éxito fue extraordinario. El Plan Marshall satisfizo plenamente las expectativas que había despertado y las economías europeas se recuperaron rápidamente. Cuba, castigada con dos planes Marshall en contra –tal es, hasta ahora, el costo del bloqueo estadounidense sobre la frágil economía cubana- merece con creces un gesto similar de sus hermanos latinoamericanos. Estos cuentan con enormes reservas en sus bancos centrales. En 2007 el presidente ecuatoriano Rafael Correa calculó las reservas existentes en la región rondarían en torno a unos 200.000 millones de dólares, y esa cifra no ha dejado de crecer en los años posteriores. Una estadística suministrada por el FMI indica que a finales del 2009 las reservas internacionales de la Argentina ascendían a 49.599 millones de dólares, 238.520 millones en Brasil, 90.837 en México, 26.115 en Chile, 24.991 en Colombia, 32.803 en Perú y 35.830 en Venezuela. Sin duda alguna, con los aumentos registrados en 2010, las reservas combinadas de estos países -más otros, como Bolivia, Ecuador y Uruguay no contemplados en la estadística- superarían holgadamente los 500.000 millones de dólares. De ahí la enorme importancia de poner en marcha cuanto antes el Banco del Sur, todavía trabado por pretextos burocráticos y por la miopía política de que hacen gala algunos gobiernos. Afectando apenas el 2 por ciento de tan fabulosas reservas se podría crear, sin mayor esfuerzo, un fondo especial de 10.000 millones de dólares destinado a financiar el complejo proceso de reformas económicas socialistas que Cuba debe llevar a cabo impostergablemente en los próximos meses. Sería un gesto de merecida reciprocidad ante la probada solidaridad cubana con nuestros países a lo largo de cinco décadas; y también un acto de calculado altruismo para lo cual sólo hace falta voluntad política, porque el dinero ya está. ¿O es que algún gobernante de la región puede ser tan ingenuo como para no darse cuenta que, si la Revolución Cubana fuese derrotada, el imperio se abalanzaría con todas sus fuerzas sobre nuestros países, sin distinción de pelajes ideológicos, para recolonizar a sangre y fuego al continente y restaurar el orden que Fidel y el Movimiento 26 de Julio vinieron a impugnar el 1 de enero de 1959?

EU buscó impedir exhibición de Farenheit 9/11

De la Redacción

Periódico La Jornada
Martes 28 de diciembre de 2010, p. 17

La embajada de Estados Unidos en Nueva Zelanda intervino en julio de 2004 ante el gobierno de ese país para impedir que el documental Farenheit 9/11, del cineasta Michael Moore, fuera presentado en un acto político-cultural de recaudación de fondos del Partido Laborista, según un memorando difundido en el sitio de Wikileaks.

A los diplomáticos estadunidenses les llamó la atención que la ministra del Medio Ambiente, Marian Hobbs, apareciera como copatrocinadora de la actividad en Wellington, la capital neozelandesa, y entonces se dieron a la tarea de llamar a la oficina de la primera ministra Helen Clark, donde no tenían ni idea de los planes de un grupo de laboristas que pretendían exhibir la cinta donde Moore maneja la hipótesis de que el presidente estadunidense George W. Bush sabía de antemano sobre los ataques a Nueva York y Washington del 11 de septiembre de 2001.

Pese a la intervención diplomática, la actividad político-cultural se realizó finalmente con la asistencia de Hobbs, pero sin que fuera presentada como copatrocinadora.


Reflexiones del Compañero Fidel: La batalla contra el cólera

Hago un alto, entre varios análisis importantes que ocupan mi tiempo en estos días, para referirme a dos temas que deben ser conocidos por nuestro pueblo.

La ONU, instigada por Estados Unidos, creador de la pobreza y el caos en la República haitiana, había decidido enviar al territorio de Haití a sus fuerzas de ocupación, la MINUSTAH (Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití) que, de paso, introdujo la epidemia de cólera en ese hermano país.

El Secretario General de la OEA, por su parte, decidió nombrar a principios de 2009, como representante personal suyo en Haití a un intelectual brasileño, Ricardo Seitenfus, que entonces laboraba en el Ministerio de Relaciones Exteriores de su país.

Seitenfus gozaba de merecido prestigio en los círculos diplomáticos y gubernamentales de la capital de Haití por la seriedad y franqueza con que abordaba los problemas. En 1993 había escrito un libro titulado: “Haití: la soberanía de los dictadores”. Ese año visitó por primera vez Haití.

Hace dos días, el pasado 25 de diciembre, las agencias de información divulgaron la noticia de que el representante especial de la OEA había sido abruptamente despedido de su cargo.

¿Qué originó la drástica medida?

Entrevistado hace varios días por el diario Le Temps, en Suiza, Seitenfus respondió a varias preguntas de ese órgano de prensa, exponiendo con sinceridad sus puntos de vista.

En apretada síntesis explicaré con palabras textuales lo ocurrido de acuerdo a la información ofrecida a través de Internet y traducido del francés.

La primera pregunta de Le Temps fue:

“Diez mil cascos azules en Haití, ¿a su juicio, es una presencia contraproducente?”

Respuesta de Ricardo Seitenfus:

“El sistema de prevención de los litigios en el marco del sistema de la ONU no se adapta al contexto haitiano. Haití no es una amenaza internacional. No estamos en situación de guerra civil. [...] el Consejo de Seguridad [...] impuso los cascos azules en 2004, después de la salida del Presidente Aristide. [...] Para la ONU era cuestión de congelar el poder y de transformar a los haitianos en presos de su propia isla.”

Pregunta 2.

“¿Qué es lo que impide la normalización del caso haitiano?

“Ricardo Seitenfus: Durante doscientos años, la presencia de tropas extranjeras ha alternado con la de dictadores. La fuerza es la que define las relaciones internacionales con Haití y nunca el diálogo. El pecado original de Haití, en la escena mundial, es su liberación. Los haitianos cometieron lo inaceptable en 1804: un crimen de lesa majestad para un mundo impaciente. El Occidente era entonces un mundo colonialista, esclavista y racista que basaba su riqueza en la explotación de las tierras conquistadas. Por consiguiente, el modelo revolucionario haitiano daba miedo a las grandes potencias. Los Estados Unidos no reconocieron la independencia de Haití hasta 1865, y Francia exigió el pago de un rescate para aceptar esa liberación. Desde el principio, la independencia estaba comprometida y el desarrollo del país obstaculizado. [...] Nada se soluciona, se empeora. Quieren hacer de Haití un país capitalista, una plataforma de exportación para el mercado americano, es absurdo. [...] Existen elementos en esta sociedad que han logrado impedir que la violencia se extienda sin medida.”

Pregunta 3.

“¿No es una dejación ver en Haití una nación inasimilable, cuyo único futuro es el retorno a valores tradicionales?

“Ricardo Seitenfus: Una parte de Haití es moderna, urbana y tornada hacia el extranjero. El número de haitianos que viven fuera de su frontera se estima en
cuatro millones. Es un país abierto al mundo. [...] Más del 90% del sistema educativo y la salud están en manos privadas. El país no dispone de recursos públicos para hacer funcionar de una manera mínima un sistema oficial. [...] El problema es socioeconómico. Cuando la tasa de desempleo alcanza un 80%, desplegar una misión de estabilización es insoportable. No hay nada que estabilizar…”

Pregunta 4.

“Haití es uno de los países que recibe más ayuda del mundo, sin embargo la situación no hace más que deteriorarse desde hace veinticinco años. ¿Por qué?

“Ricardo Seitenfus: La ayuda de urgencia es eficaz; pero cuando se vuelve estructural, cuando esta sustituye al Estado en todas sus misiones, se consigue una falta de responsabilidad colectiva. [...] El sismo del 12 de enero y posteriormente la epidemia de cólera no han hecho más que acentuar este fenómeno. La comunidad internacional tiene el sentimiento de que cada día tiene que rehacer lo que terminó la víspera. [...] Tenía la esperanza que, ante la desdicha del 12 de enero, el mundo iba a comprender que se había equivocado con Haití. [...] En vez de hacer un balance, se enviaron aún más soldados. Hay que construir carreteras, elevar presas, participar en la organización del Estado, en el sistema judicial. La ONU dice que no tiene mandato para ello. Su mandato en Haití es mantener la paz del cementerio.”

Pregunta 5.

“¿Qué papel juegan las ONGs en este fracaso?

“Ricardo Seitenfus: A partir del sismo, Haití se ha convertido en una encrucijada inevitable. Para las ONGs transnacionales, Haití se ha transformado en un lugar de paso forzado. Diría incluso algo peor que eso: de formación profesional. [...] Existe una relación maléfica o perversa entre la fuerza de las ONGs y la debilidad del Estado haitiano. Algunas ONGs sólo existen debido a la desdicha haitiana.”

Pregunta 6.

“¿Qué errores se han cometido después del sismo?

“Ricardo Seitenfus: Ante la importación masiva de bienes de consumo para alimentar a las personas sin hogar, la situación de la agricultura haitiana ha empeorado. El país ofrece un campo libre a todas las experiencias humanitarias. Es inaceptable desde el punto de vista moral considerar a Haití como un laboratorio. La reconstrucción de Haití y la promesa que destacamos de los 11 mil millones de dólares despiertan codicia. [...] Los médicos haitianos que Cuba forma, [...] cerca de la mitad [...] que deberían estar en Haití [...] están trabajando hoy en los Estados Unidos, en Canadá o en Francia.”

Pregunta 7.

“Se describe sin cesar a Haití como el margen del mundo, ¿ve usted el país como un concentrado de nuestro mundo contemporáneo…?

“Ricardo Seitenfus: Es el concentrado de nuestros dramas y de los fracasos de la solidaridad internacional. No estamos a la altura del reto. La prensa mundial viene a Haití y describe el caos. [...] Para ella, Haití es uno de los peores países del mundo. Es necesario ir a la cultura haitiana, es necesario ir al terruño. [...] Nadie se toma el tiempo ni tiene el deseo de intentar comprender lo que yo llamaría el alma haitiana.”

Pregunta 8.

“¿Además del reconocimiento del fracaso, qué soluciones propone?

“Ricardo Seitenfus: En dos meses, habré terminado una misión de dos años en Haití. Para permanecer aquí, y no ser agobiado por lo que veo, tuve que crearme una serie de defensas psicológicas. Quería seguir siendo una voz independiente a pesar del peso de la organización que represento. [...] El 12 de enero aprendí que existe un potencial de solidaridad extraordinario en el mundo. Y es necesario no olvidar que, en los primeros días, fueron los haitianos los que completamente solos, con las manos vacías, intentaron salvar a sus prójimos. [...] Debemos pensar simultáneamente en ofrecer oportunidades de exportación para Haití y también proteger esta agricultura familiar que es esencial para el país. Haití es el último paraíso del Caribe aún inexplotado por el turismo, con 1 700   kilómetros de costas vírgenes [...] Hace 200 años, Haití iluminó la historia de la humanidad y la de los derechos humanos. Es necesario ahora dar una oportunidad a los haitianos de confirmar su visión.”

Se puede estar o no de acuerdo con cada una de las palabras del brasileño Ricardo Seitenfus, pero es incuestionable que dijo verdades lapidarias en sus respuestas.

Considero conveniente añadir, y también esclarecer:

Nuestro país no solo envió cientos de médicos al vecino pueblo hermano de Haití, sino también miles de ellos a otros pueblos del Tercer Mundo, particularmente en situaciones de desastres naturales, y contribuyó a la formación de decenas de miles de médicos en nuestra Patria y en el exterior.

La colaboración médica con Haití comenzó hace 12 años, el 4 de diciembre de 1998.

Cuando a finales de la década de los 90 dejó de existir la tiranía de Duvalier y los Tonton Macoutes -impuesta durante décadas por Estados Unidos- y un gobierno de elección popular asumió la dirección de Haití, Cuba envió 100 médicos para prestar servicios en ese país, y el primer contingente de jóvenes haitianos graduados de bachiller se trasladaron a Cuba para iniciar sus estudios de Medicina en 1999.

A su vez, en el año 2001, iniciamos una colaboración con la Universidad de Medicina creada por el presidente Jean Bertrand Aristide, a la que enviamos profesores que laboraban también como médicos al servicio del pueblo haitiano. Cuando los yankis promovieron un golpe de Estado, y la escuela de medicina fue convertida en cuartel por los golpistas, alrededor de 270 estudiantes de la misma se trasladaron a Cuba con los profesores y prosiguieron sus estudios en nuestra Patria.

La Misión Médica Cubana continuó, sin embargo, prestando sus servicios humanitarios en Haití, que nada tenían que ver con los problemas de carácter político internos del país, bajo la ocupación de los soldados golpistas, las tropas yankis o las fuerzas de la MINUSTAH.

En agosto de 2005, los 128 primeros alumnos haitianos de sexto año de Medicina regresaron a su país para la práctica docente de su carrera, junto a los médicos cubanos que prestaron sus servicios en Haití.

Desde el segundo semestre de 2006 hasta el segundo semestre de 2010 se han ido graduando 625 jóvenes médicos haitianos, sobre los cuales tenemos un altísimo concepto. De ellos, 213 laboran en las instituciones médicas del Gobierno de Haití; 125 en los Centros de Control Médico del Cólera o en las brigadas de penetración en las subcomunas, junto a los médicos cubanos y latinoamericanos graduados de la ELAM que combaten la epidemia del cólera; 72 trabajan en centros médicos de las ONGs y privados; 20 en los llamados “Centros Mixtos”; 41 continúan estudiando una segunda especialidad en Cuba; 27 recién graduados que ya están en Haití, pendientes de ubicación; 14 sin vínculo laboral por problemas personales como gestación y maternidad; otros cuatro cuya ubicación se desconoce, y un fallecido.

Por último, 104 laboran en el exterior, fundamentalmente en España, Estados Unidos, Canadá y Francia; uno en Suiza, y cuatro en países de América Latina. No sería correcto emitir juicio sobre cualquiera de ellos ya que su país es sumamente pobre, ha carecido de recursos y empleos, y no consta en absoluto que alguno se haya negado a servir a su país. Son valores médicos muy demandados, cuyas cunas fueron Haití y Cuba.

La cifra oficial de fallecidos por el cólera se eleva a 2 707 para una tasa de 2,1%.

Durante tres días consecutivos no ha muerto un solo enfermo de cólera entre los atendidos por la Misión Médica Cubana. La tasa de letalidad ha descendido ya a 0,57 entre los 47 537 pacientes tratados por ellos. La epidemia puede ser erradicada evitando que se convierta en endémica.

En la Mesa Redonda de mañana, a las seis de la tarde, escucharemos noticias frescas e interesantes sobre la batalla contra el cólera en Haití, y a voces con importantes noticias y autoridad sobre el tema.

Proseguiré el martes 28 con el segundo punto.













Fidel Castro Ruz

Diciembre 27 de 2010

5 y 12 p.m.



CAMINO AL CONGRESO XII- CUBA: CIENCIA Y DESARROLLO

Jorge Gómez Barata


En los años sesenta y setenta, como parte de los estudios políticos en Cuba, entonces realmente avanzados, en los análisis sobre el subdesarrollo se instaló, entre otros, el punto de vista acerca de que las deformaciones estructurales introducidas por el colonialismo y el neocolonialismo en los países del Tercer Mundo, aunque permitían el crecimiento económico, impedían el desarrollo. Por esa lógica tales países estaban atrapados en una noria según la cual, al crecer desarrollan el subdesarrollo.

La tesis que todavía me parece buena, tenía el defecto de establecer un cierto fatalismo histórico, que conducía a la idea de que para romper aquel circulo vicioso era precioso terminar con el capitalismo y establecer el socialismo (el modelo soviético, entonces único realmente existente), opción que aunque en la época estimábamos viable no era aceptable para América Latina ni para las ex colonias afroasiáticas que tras un breve período de aproximación, tomaron distancia de la Unión Soviética.

En mi caso el esquema comenzó a ser puesto a prueba cuando en la economía mundial irrumpieron los “pequeños tigres asiáticos” (Hong Kong, Corea del Sur, Taiwan, Singapur) y otros grandes países como la India, México, Brasil y Argentina, sin la espectacularidad de aquellos, crecían más o menos consistentemente.

En nuestro esquema, el caso de los “pequeños tigres asiáticos” fue explicado a partir de masivas inyecciones de tecnología y de capital por las transnacionales en busca de mano de obra barata. En los otros nos conformábamos con explicar que a pesar del crecimiento, persistían graves problemas estructurales y grandes bolsones de pobreza.

No obstante los debates y las dudas de carácter teórico los avances económicos y sociales en Cuba daban la razón a la idea de que un cambio estructural profundo permitían un desarrollo integral. En esa aproximación tal vez perdimos de vista factores contingentes como la voluminosa asistencia soviética y el excepcional liderazgo de Fidel Castro que mitigaron defectos estructurales del sistema que se implantaba y que, a la larga cobraron sus tributos en los países del socialismo real.

Fidel Castro no se equivocó en la certeza de que, de cara al desarrollo, la ciencia y la tecnología hay que introducirla masivamente, asumiéndola en el nivel en que se encuentra y no comenzar desde abajo y tratar de reproducir el camino que anduvieron los países que marchan a la vanguardia.

A la luz de aquellas lecciones prácticas, de la debacle socialista y de lecturas mediante las cual trato de comprender el fenómeno de la globalización asociado al desarrollo de las economías emergentes, incorporé a mi credo la idea de que la capacidad para la innovación (científica, tecnológica, económica y política) es uno de los componentes básicos del desarrollo.

Allí donde erróneamente se encaran las aspiraciones de desarrollo según preceptos o dogmas inmutables, algunos de los cuales tienen más de 150 años, no se reta lo establecido, no se aprovechan las ventajas de las coyunturas (la globalización es una) y no se avanza más allá del status quo, se puede sobrevivir e incluso crecer, pero no hay desarrollo posible.

Por innovación entiendo los esfuerzos para, a escala de ramas, esferas y de la sociedad en su conjunto, mediante la producción de conocimientos y con la introducción de técnicas o procedimientos nuevos, superar el status quo existente o, como mínimo, alcanzar el nivel o estándar más avanzado. Restaurar algo puede ser justo y beneficioso mas nunca será una innovación; incorporar lo avanzado y trabajar por trascenderlo sí lo es.

Ese acento audaz y resueltamente innovador presente en diferentes etapas en el proceso cubano debería caracterizar los trabajos preparatorios del Congreso y la redacción definitiva de los lineamientos para las políticas económicas y sociales que intentarán catapultar a Cuba al desarrollo.

Respecto a la ciencia y la tecnología hay en los lineamientos puestos a debate 8 ítems, siete de ellos en el capitulo V dedicado a Ciencia Tecnología e Innovación y uno, el número 24 en el Capítulo I dedicado al Modelo de Gestión. En todos los casos, salvo matices, se trata de recordar tareas o funciones, fijar énfasis o de proponer decisiones administrativas o políticas y no de enfoques que rebasen el horizonte actualmente existente y que, sin el aliento y la enorme capacidad innovadora de Fidel Castro, corren el riesgo de aportar poco.

Por añadidura, durante la presentación de los lineamientos en el parlamento, algún diputado cuestionó la pertinencia del numeral 24, según el cual los centros de investigación (paradójicamente muy abundantes en Cuba) que están en función de la producción y los servicios deberán formar parte de las empresas para vincular su labor con las producciones respectivas. Al diputado le pareció que las ciencias sociales debían sustraerse de tal orientación y recibir un tratamiento especial.

Con buen tacto el Ministro de Economía evadió un debate que en algún lugar seguramente habrá de dirimirse y remitió el asunto a estudios posteriores sin detenerse a escarbar acerca de llaman en Cuba “ciencias sociales” y qué han aportado a ellas algunos de los llamados “centros de estudios o investigaciones”. Habrá que preguntarse además qué significado tienen en la actividad empresarial y universitaria las siglas I+D y lo más importante, saber si la rectoría de la ciencia (incluyendo las sociales) en Cuba confiada a un ministerio es la idónea.

Seguramente el Congreso profundizará en los aspectos conceptuales y prácticos de esas problemáticas y colocará cada cosa en su lugar. La ciencia es la búsqueda de la verdad y de soluciones óptimas y su exagerada institucionalización puede ser tan limitante como el abandono existente en muchos países del Tercer Mundo. Otra vez, tal vez: “La verdad es mezcla”.

La Habana, 27 de diciembre de 2010