domingo, 26 de diciembre de 2010

CAMINO AL CONGRESO XI - CUBA: PREPARADA PARA EL CAMBIO

Jorge Gómez Barata

Apreciados en su conjunto las orientaciones incumplidas de Fidel, los lineamientos de la Política Económica y Social puestos a debate y el antológico discurso pronunciado por el presidente Raúl Castro ante el parlamento, forman la plataforma desde donde es posible relanzar la Revolución y avanzar hacia una versión más criolla, realista y moderna del socialismo. El modelo que se construya ha de parecerse a Cuba, al mundo y a los tiempos y no al revés.

Para Cuba no se trata ahora como en los años noventa de maniobrar para sobrevivir; tampoco de utilizar la capacidad que un día ejercitó para subvertir la dominación imperialista, poner contra la cuerdas a las oligarquías de la región, combatir el neocolonialismo, hacer morder el polvo a los racistas sudafricanos y dar un tiro de gracia al apartheid sino de, sobre la base de la infraestructura y el capital humano creados, con la audacia de otros tiempos, lanzarse a la conquista de las más altas cotas del desarrollo económico y social.

Si bien la idea puede sonar audaz; debe recordarse que en medio de situaciones extremas, Fidel Castro encabezó un movimiento para organizar centros de investigaciones y levantar plantas para producir en Cuba interferón, Policosanol (PPG), edificar y equipar cardiocentros y salas de terapia intensiva en todos los hospitales infantiles, fundar modernas clínicas para la restauración neurológica, fomentar centros de ingeniería genética y biotecnología, organizar la creación y elaboración de vacunas, preparados recombinantes y medicamentos de última generación y afirmaba que un día la exportación de esos rubros y otros servicios técnicos tendrían significación económica.

El futuro que entonces se anunciaba llegó y todavía poco antes de enfermar Fidel impulsó la creación de una gigantesca universidad de ciencias informáticas con la convicción de que podíamos producir y exportar software, llevó los estudios universitarios a todos los municipios del país y encabezó una revolución energética. De lo que se trata es de maximizar la explotación de esos resultados

China y Vietnam tienen ahora los mismos recursos naturales y los mismos pueblos laboriosos que tuvieron siempre, lo que han cambiado son las circunstancias externas, se han abandonado las políticas fallidas, ignorado arcaicos preconceptos, adoptando un pragmatismo positivo y, en lugar de lamentarse por la globalización, aprovechan sus ventajas y asumen el desarrollo moderno como lo que es, un fenómeno asociado a la educación. Ningún país está mejor preparado que Cuba para asumir esos desafíos.

Para avanzar esos países tuvieron que descartar los enfoques del socialismo primitivo, contener a la burocracia, constreñir la actividad del Estado, reducir el tamaño del gobierno, estimular la creatividad de sus profesionales y convertir la lucha contra el aislamiento y el cerco imperialista en un fenómeno no sólo político, sino también económico. La diplomacia cubana, eficaz en lograr amigos políticos, debe también empeñarse en encontrar socios, inversionistas y clientes.

En los ámbitos políticos el siglo XX latinoamericano fue iniciado con la Revolución Mexicana de 1910, profundizado por las actitudes nacionalistas avanzadas de Getulio Vargas y Perón que catapultaron a Brasil y Argentina a la modernidad, los acontecimientos que en Centroamérica se asociaron a la lucha de Sandino y Farabundo Martí y luego al ascenso y la caída de Juan José Arévalo y Jacobo Arbenz, las innovaciones introducidas por José Figueres en Costa Rica, el asesinato de Gaitán en Colombia, la derrota de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez en Venezuela y otros sucesos, coronados con el triunfo de la Revolución Cubana.

Cuando los grandes eventos políticos precedentes habían cumplido sus tareas históricas, se estancaron o fracasaron, desde las profundidades del Caribe insular, que era desde donde menos podía esperarse, en plena Guerra Fría, emergió la Revolución Cubana, se instaló como el evento político más dinámico, trascendente y duradero del continente y cuyo mayor significado fue promover un cambio no sólo de realidades políticas y correlaciones de fuerzas, sino también de mentalidades.

En un tiempo espectacularmente breve, Cuba hizo retroceder al anticomunismo, puso en jaque a las oligarquías nativas, reivindicó el socialismo y lo hizo coherente con el nacionalismo afroasiático y sus líderes encabezados por Fidel, Che Guevara y Raúl Castro, cautivaron a los sectores más avanzados de la juventud y la izquierda mundial, principalmente por su audacia, su retadora herejía y por sus luces.

Ningún país y ningún proceso promovieron tantos cambios como Cuba y ninguna vanguardia fue tan exigente consigo misma ni tan autocritica. La primera vez que escuché a Fidel Castro citar a Lenin fue a principios de los años sesenta cuando frente al sectarismo que marxistas descarriados introdujeron en la práctica revolucionaria, fue a la televisión y comenzó diciendo que: “La seriedad de un partido revolucionario se mide por la actitud ante sus propios errores”.

En aquella misma década, en un avance tan impetuoso que —como se dice ahora— puede haberla recalentado, la Revolución cometió errores en el manejo de la economía, confundió deseos con realidades, actuó con excesivo radicalismo, fue demasiado lejos en las innovaciones teóricas transgrediendo límites que la hicieron incurrir en lo que el propio Fidel llamó “errores del idealismo” que, a mediados de los años setenta aconsejaron una rectificación que puso fin a la provisionalidad y abordó con determinación la institucionalización del país.

En aquel empeño, apropiado para la época y las demandas que los avances del país generaban, también se cometieron errores, esta vez, como recién señaló Raúl Castro no sólo por copiar la experiencia soviética, sino por copiar mal. Frente aquella situación, nadie se amilanó y alrededor de 1984 se emprendió el proceso de Rectificación de Errores y Tendencias Negativas.

Aquel movimiento de insospechado calado, iniciado antes de que Gorbachov emprendiera la perestroika, fue interrumpido por la crisis motivada por la desaparición de la Unión Soviética, que sumió a Cuba en una profunda crisis que golpeó implacablemente al pueblo y la Revolución pero no la desconcertaron. Entonces Fidel llamó a la resistencia y abrió paso a las reformas de los años noventa que no fueron pocas ni exclusivamente económicas, sino también políticas e ideológicas.

Por razones diversas las reformas iniciadas en los años noventa se detuvieron e incluso hubo retrocesos. El nuevo siglo estrenó un clima de indiferencia e incluso de resistencia a la rectificación y las reformas que hizo a algunos pensar en la posibilidad de que la Revolución Cubana fuera afectada por el inmovilismo característico de la Unión Soviética. Aquel momento está superado y se ha abierto una nueva etapa que con modestia y moderación, se ha denominado de “Actualización del Modelo Económico”.

Francamente me encantó el modo como el presidente Raúl Castro enfocó la problemática con Estados Unidos concediéndole la atención mínima imprescindible. En definitiva el bloqueo norteamericano no impidió que la Revolución Cubana realizara sus grandes transformaciones ni que la isla creara un fabuloso capital humano, como tampoco deberá impedir que se le utilice al máximo. Mientras no se pueda contar con los americanos, hay que hacerlo a pesar de ellos.

El presidente ha dado luz verde a los cambios, el partido se alista para conducirlos y en una hora así no es ocioso recordar a Carlos Marx a quien tanto invocan en Cuba.

“…Las revoluciones proletarias como las del siglo XIX, se critican constantemente a sí mismas, se interrumpen continuamente en su propia marcha, vuelven sobre lo que parecía terminado, para comenzarlo de nuevo, se burlan concienzuda y cruelmente de las indecisiones, de los lados flojos y de la mezquindad de sus primeros intentos, parece que sólo derriban a su adversario para que éste saque de la tierra nuevas fuerzas y vuelva a levantarse más gigantesco frente a ellas, retroceden constantemente aterradas ante la vaga enormidad de sus propios fines, hasta que se crea una situación que no permite volverse atrás…”.

Feliz Navidad. Allá nos vemos.

La Habana, 25 de diciembre de 2010