viernes, 12 de noviembre de 2010

MARRUECOS: EL TERCER MUNDO CONTRA EL CUARTO

Jorge Gómez Barata

El más reciente exabrupto represivo de Marruecos contra pobladores del Sahara Occidental, nos trae de regreso del espejismo ideológico que un día arropó la ilusión de que ciertas coincidencias históricas; así como similitudes sociales y económicas, podían gestar una cohesión política capaz de auspiciar una confrontación norte-sur. La idea de la aldea global contra el norte desarrollado e imperial no prosperó.

En los años sesenta, el término “Tercer Mundo” creado por el francés Alfred Sauvy y que servía de común denominador de los estados afroasiáticos recién descolonizados y todavía no absorbidos por los bloques de la Guerra Fría, se popularizó. Entonces, confundiendo deseos con realidades, creímos en la existencia de una especie de identidad supranacional políticamente cohesionada, una entente de los oprimidos y una frontera ideológica, cosas que, más allá de la retorica, nunca existieron.

Tal vez porque recordaba al “Tercer Estado” francés, un ente plebeyo y porque poseía perfiles oscuros y amarillos, parte de los intelectuales latinoamericanos no se identificaron con el concepto, mientras los del socialismo real lo rechazaban por no ser de factura “marxista” y sugerir una especie de “tercera posición”. Acogido por Cuba, por parte de la izquierda europea y los nacionalistas afroasiáticos, el término formó parte del discurso de algunas vanguardias políticas durante la Guerra Fría.

Aunque de una cómoda plasticidad, alto potencial comunicativo y belleza, Tercer Mundo no era una generalización valida porque, aunque hubo algunas coincidencias importantes asociadas al rechazo del bloqueo a Cuba, la solidaridad con la causa palestina, el repudio al apartheid y algunos otros asuntos, los estados y las elites políticas dominantes de Asia, África y América Latina no mostraron cohesión ideológica ni consecuencia política en temas nodales.

No obstante, a partir de identidades e intereses regionales surgieron y se consolidaron algunas entidades gubernamentales de carácter político como la Liga Árabe y la Organización de la Unidad Africana y foros de concertación económica como la OPEP y, debido a la intensa labor de líderes como Nehru, Nasser, Fidel Castro y otros a los que se sumó Tito de Yugoslavia, se creó el Movimiento de Países No Alineados al cual la heterogeneidad ha restado eficacia.

Gobernados por oligarquías corruptas y ambiciosas y por burguesías dependientes del capital extranjero, antes y después de la descolonización, numerosas ex colonias, sometidas a las antiguas metrópolis y los nuevos imperios, han desempeñado nefastos papeles en las políticas imperiales contra sus hermanos, ningún ejemplo más actual que el de Marruecos.

Sin escrúpulos, olvidando que su pueblo cuenta por siglos los tiempos vividos bajo el yugo colonial o la ocupación de Roma, Bizancio, Portugal, Francia, España, Alemania y los Estados Unidos y favorecido por las inconsecuencias políticas de España, en 1976 Marruecos, se apoderó por la fuerza del Sahara occidental pretendiendo anexarlo a su territorio como antaño hicieron las potencias europeas y de paso desmintiendo la idea de una identidad tercermundista.

Mediante una maniobra que recuerda la entrega de Cuba a Estados Unidos en 1898 antes que conceder la independencia a los cubanos; en 1976 España estrenó su transición a la democracia cediendo el Sahara Español, que desde 130 años había sido su colonia, a Marruecos y Mauritania.

De aquel modo, aprovechando el desconcierto provocado por la agonía y la muerte de Franco y el vacío de poder en los inicios de la transición española (1975-1976), y dando por seguro que los avances de la lucha por la independencia del Sahara encabezada por el frente Polisario, conducirían la independencia, el rey Hasan II de Marruecos invadió el territorio con 25 000 soldados y 300 000 civiles que realizaron la “Marcha Verde”, consumando el último acto de adquisición de colonias y uno de los pocos protagonizado por un país del llamado Tercer Mundo.

De ese modo Marruecos, que antes de ocupar el Sahara Español, intentó apoderarse de parte del territorio argelino por lo cual en 1963 invadió a Argelia provocando la llamada “Guerra de las Arenas” que objetivamente favoreció el proceso que condujo a los acuerdos de Camp David en 1978, que significó la capitulación de varios estados árabes, que a partir de entonces se desentendieron de la solidaridad militante con Palestina y luego se sumaron a las agresiones y maniobras contra Irak e Irán, procesos que en el entorno afroasiático quebrantaron la solidaridad tercermundista.

Ateniéndonos estrictamente a los hechos: El Sahara occidental es, según la ONU, un territorio no autónomo, es decir una colonia sobre la cual, de acuerdo a una sentencia firme del Tribunal Internacional de la Haya, Marruecos no tiene derecho alguno; mientras que España tiene obligaciones. En ese territorio se ha formado la República Árabe Saharaui, reconocida por casi noventa países, el primero Panamá, durante el gobierno del general Omar Torrijos.

En las presentes circunstancias no sólo es inaceptable la ocupación marroquí, sino que también lo son la actitud omisa de España y con ella de la Unión Europea, la componenda de la ONU que no hace aplicar sus propios resoluciones y pretende ahora que el Consejo de Seguridad despache el asunto en una “Reunión Informativa” que no comprometerá a la organización, no condenará a Marruecos ni emplazará a España que rehúye sus responsabilidades y se limita a lamentar lo ocurrido.

La Habana, 12 de noviembre de 2010