miércoles, 3 de noviembre de 2010

FIN DE LA UNION SOVIETICA: ALERTAS TEMPRANAS

Jorge Gómez Barata

Gravemente enfermo después de tres eventos neurológicos sucesivos, Lenin asumió que el camino escogido por la Revolución Bolchevique era inviable y en un dramático esfuerzo, dictando frases sueltas a su mujer y su secretaria, trató de impulsar la primera reforma integral del socialismo soviético.

En 1923, cuando apenas habían transcurrido seis años desde el triunfo bolchevique, con la devastadora herencia de la Primera Guerra Mundial y la Guerra Civil a la vista, Lenin se percató de algunos de los peligros y de las deformaciones que setenta años después darían al traste con la Unión Soviética.

Encandilados por el sensacionalismo que rodeó las revelaciones acerca del testamento de Lenin, los observadores de entonces y después soslayaron otros esfuerzos del líder bolchevique para detener una debacle que pudo anticipar pero no impedir.

Aunque en sus notas testamentarias, por distintas razones el jefe bolchevique descalificó para sustituirlo no sólo a Stalin y Trotski, sino también a Nicolás Bujarin, Grigori Zinóviev, Liev Kamenev, Georgi Piatakov*, y con ellos a prácticamente todo el Buró Político, quiso asegurarse de que aún, cuando alguno de ellos se hicieran con el poder, el partido fuera capaz de neutralizar sus ambiciones y corregir sus desviaciones.

Espantado por la pugna por el poder, por la ruina del país y por las dimensiones adquiridas por la burocracia y la ineficacia de las instituciones básicas del sistema político (el partido y los soviets), a fines de 1923, desde su lecho de muerte, Lenin se ocupó de varios mega proyectos que proponía fueran ventilados en el XII Congreso del Partido, con los cuales creía poder salvar la Revolución. Estos fueron:

- Ampliación del Comité Central

- Restructuración de la Inspección Obrero Campesina y la Comisión de Control

- Reformas para dar carácter legislativo a las decisiones del GOSPLAN

Confiando en la capacidad del partido que él había fundado, el máximo líder bolchevique concibió una maniobra en la cual personalmente no podía participar y que consistía en ampliar hasta 100 o 150 los miembros del Comité Central, entonces integrado por 50 personas dispersas en una geografía de 22 millones de kilómetros cuadrados y que había dejado al partido a merced de Stalin y Trotski.

Impedido de participar personalmente en la ampliación recomendada y consciente de que aquel crecimiento podía ser manipulado, pidió que todos los promovidos fueran obreros, mas no obreros cualquiera. “…Los obreros que pasen a formar parte del CC —recomendó— deben ser preferentemente, no de los que han actuado largo tiempo en las organizaciones soviéticas…porque en ellos han arraigado ya ciertas tradiciones y ciertos prejuicios con los que es deseable precisamente luchar…”

De ese modo Lenin rechazó la idea de que el Comité Central creciera con “cuadros” y con aparachits, sino que apostaba a una operación que, al ampliar de una vez el número de miembros del órgano dirigente con militantes de base que no formaban parte de las fracciones en pugna, paralizaría las maniobras y componendas en curso. La idea era impecable, lástima que no pudiera llevarla a cabo.

Otro de los proyectos de esta reforma, dictados desde el lecho de muerte era la restructuración del órgano de Inspección Obrero Campesina.

La Inspección Obrero Campesina, así como la Comisión de Control Interno del Partido eran organismos surgidos en los primeros tiempos de la Revolución, pero como todas las instituciones bolcheviques, estaban afectadas por los males que aquejaban al resto de las entidades.

En esta etapa Lenin concebía el órgano de Inspección no como un elemento de la dirección estatal o política, sino como un ente social, habilitado para ejercer una especie de control popular del poder, incluso de los órganos políticos. El problema entonces y después era cómo hacerlo.

La única opción entonces a su alcance era confiar en los obreros rusos, particularmente en sus elites de vanguardia para encarar la enorme tarea de controlar la institucionalidad del sistema político creado por los bolcheviques, confrontando nada menos que a sus principales figuras.

“Primero —sostenía Lenin —, hay que recurrir a los obreros de avanzada y a “los elementos realmente esclarecidos"...”Los elementos realmente clarecidos" deben tener las siguientes características: primero, no creer ni una palabra al pie de la letra; segundo, no decir ni una palabra en contra de su conciencia (en política, la conciencia no se anula, como algunos piensan); tercero, no temer decir la verdad ante ninguna dificultad, y cuarto, no temer a ninguna lucha para lograr el objetivo que uno se ha planteado seriamente…”

Otro de los temas tratados en su lecho de enfermo y que debieron integrar su verdadero testamento era decisivo: “…También pienso proponer al Congreso —escribió —que, dentro de ciertas condiciones, se dé carácter legislativo a las decisiones del Gosplán…”

Aunque pudo haber añadido otros ejemplos, Lenin mencionó sólo al poderoso GOSPLAN, entonces (y después) una especie de súper ministerio con poderes extraordinarios en la economía, las finanzas, el comercio exterior y la banca central que, de hecho manejaba la economía nacional, trazando estrategias y tomando decisiones que correspondían al Comité Central y a los Soviets.

Al endosar esa iniciativa, el líder enfermo pretendía salir al paso a una grave deformación institucional presente en toda la ejecutoria de la Unión Soviética y los países del socialismo real y que consiste en una usurpación de funciones por parte de los órganos administrativos y de los aparatos burocráticos (estatales y partidistas) respecto a la toma de decisiones, que por sus implicaciones para la sociedad, la Nación y la Revolución correspondían a las instituciones básicas (electas) del sistema político.

Al proponer introducir el estilo parlamentario en el GOSPLAN, Lenin no se refería a los rituales versallescos de los parlamentos burgueses ni a los ejercicios ceremoniales característicos del socialismo real, sino a las esencias de la dirección colectiva y de las decisiones colegiadas entre los representantes electos por el pueblo.

En la medida en que los funcionarios designados asumían desmesurados poderes, en la sociedad soviética se producía un doble efecto: se encumbraba a individuos que al manejar las palancas de la economía y las finanzas disponían de un poder real y se producía un vaciado de las atribuciones y los poderes de las instituciones regulares del poder revolucionario.

Afortunadamente los textos y la correspondencia de entonces están disponibles para probar que la Nueva Política Económica, la ampliación del Comité Central y la reestructuración de la Inspección Obrera Campesina y otras propuestas, no eran medidas aisladas sino que formaban parte del conjunto de una reforma capaz de relanzar y salvar a la Revolución.

“Así —escribió entonces— es como vinculo en mi pensamiento el plan general de nuestro trabajo, de nuestra política, de nuestra táctica, de nuestra estrategia, con las tareas de la Inspección Obrera y Campesina…”

Enfermo y frustrado, aislado de sus compañeros y del partido, el artífice de la más grande Revolución del siglo XX y del más ambicioso proyecto político concebido por ser humano alguno, Lenin libró su última batalla en la cual fue derrotado.

Stalin y Trotski no fueron los vencedores de Lenin; fue la adversidad, que es también un factor en el desarrollo histórico. Las consecuencias están a la vista. Allá nos vemos.

La Habana, 03 de noviembre de 2010

*De los seis nombres mencionados por Lenin en su testamento, Stalin liquidó a cinco de ellos: hizo asesinar a Trotski y fusilar a Bujarin, Zinóviev, Kamenev y a Georgi Piatakov.

CÓMO CALIFICAR AQUEL CRÍMEN

Por Manuel E. Yepe

¿Cómo calificar aquella acción de la política internacional de la superpotencia contra Cuba que fue el secuestro de 14 mil 48 niños separados mediante engaño de sus padres y llevados a Estados Unidos entre diciembre de 1960 y la primera mitad de1961?

A la luz del genocidio recién condenado por decimonoveno año consecutivo por la comunidad mundial en la ONU pudiera parecer un delito menor del imperio contra Cuba aquel secuestro múltiple, pero en verdad fue un abominable crimen que no merece olvido.

Fue una operación organizada por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y el Departamento de Estado de Estados Unidos, con protagonismo muy activo de Monseñor Bryan O. Walsh, de la Archidiócesis de la Iglesia Católica Romana en Miami, y la participación cómplice de algunos otros sacerdotes de la iglesia católica en Cuba y en Miami.

Basada en el colosal artificio de que el recién instalado gobierno revolucionario se proponía quitar la patria potestad a los padres de todos los niños cubanos para enviarlos a campos de trabajo en la Unión Soviética, esta operación causó profundo trauma en un amplio sector de la llamada clase media cubana, en tiempos de gran turbulencia social provocada por la revolución.

Se supone que la operación fue dirigida hacia ese estrato social porque el grado de integración con Estados Unidos de la alta burguesía cubana era tal que ésta no requería de asistencia alguna para trasladarse a ese país con sus familias, a donde todos ellos viajaban constantemente para recreo o por motivos de trabajo.

Prueba de ello es que James D. Baker, director de la escuela estadounidense Ruston Academy –donde por cierto yo concluí estudios en 1955 de bachillerato y “high school”- fue una de las figuras centrales en la isla de la Operación Peter Pan y sin embargo ni uno solo de los más de 14,000 niños secuestrados era alumno de aquella escuela que estaba selectivamente reservada para hijos de estadounidenses radicados en La Habana o de cubanos de altos ingresos.

Aquella operación generó innumerables traumas en el amplio número de familias afectadas, con consecuencias diversas.

Hubo rupturas que no han podido ser reparadas por el tiempo y otras compuestas luego de largos años de resentimientos que dejaron huellas. Ha habido, de una y otra parte de la relación filial, suicidios por motivo de complejos de culpa, hijos que han reaccionado con resentimiento contra sus padres pese a reconocer que fueron víctimas de engaño. Algunos han identificado al culpable verdadero pero otros, injustamente, han señalado al gobierno de su país natal por no haber sido capaz de impedir el crimen.

Obviamente, se comprende que la poderosa maquinaria de inteligencia y mediática de Estados Unidos disponía de sobrados recursos para burlar al inexperto gobierno cubano que se percató que impedir por medios policiales o administrativos los viajes de los niños al amparo de la iglesia habría reforzado las falacias sobre “los propósitos comunistas” de retirar a los padres la patria-potestad.

Para ciertos estudiosos del tema, incluso algunos que fueron parte del éxodo infantil y hoy son ciudadanos prominentes de Estados Unidos, la operación tenía entre sus propósitos el de desangrar a Cuba del talento que en el futuro la Isla necesitaría para poder sobrevivir y desarrollarse sin apoyo norteamericano.

Ese talento técnico y profesional se concentraba entonces en personas pertenecientes a familias de altos ingresos (proclives a ser opositores de las proyecciones de la revolución) pero también, de manera considerable, en familias de las llamadas clase media alta y baja, que inicialmente apoyaban la revolución pero eran propensas a entrar en conflicto con ésta en la medida en que vieran sus intereses perjudicados por expropiaciones antes que madurara en ellos una conciencia política orientada a la justicia social.

Los niños, que fueron enviados con premura y sin sus padres a Estados Unidos y ubicados en 35 diferentes estados de esa nación, fueron alojados en casas particulares o albergues expuestos a muchos peligros a causa de la desprotección filial.

Muchos han escrito libros y poemas, compuesto canciones y realizado documentales fílmicos que han especulado acerca de los hechos relacionados con esta triste historia.

En la actualidad hay en Estados Unidos ¨famosos Peter Pan” de uno y otro lado del debate en torno a la autoría de tamaña monstruosidad. Hay quienes se han asido a sus raíces y defienden fielmente a su terruño y su gente, y también quienes, asimilados por el imperio, han dado la espalda a su patria situándose del lado del país que los secuestró siendo niños y no ha cesado de agredir a su país natal. Entre estos últimos, el senador Mel Martínez y el músico Willy Chirino son dos de los más publicitados.

Pero el gobierno de los Estados Unidos durante cincuenta años ha impedido reiteradamente la desclasificación solicitada de 1500 documentos que servirían para aclarar casi todos estos aspectos.

¿Tendrán los Peter Pan, que tanto sufrieron hace medio siglo el trauma insuperable de verse arrancados de sus familias por motivo de una maniobra terrorista tan cruel, que esperar por una acción tipo Wikileaks para que sus hijos, nietos y ellos mismos conozcan como fue proyectado y realizado realmente aquel crimen?

La Habana Noviembre de 2010.


Cable submarino entre Cuba y Venezuela revolucionará las telecomunicaciones en la región, afirma Ramiro Valdés

Publicado el 3 Noviembre 2010

El cable submarino de fibra óptica instalado entre Cuba y Venezuela, cuyas operaciones deben comenzar a mediados de 2011,“revolucionará las telecomunicaciones y favorecerá la independencia del sector informático latinoamericano”, afirmó a Granma el ministro cubano de la Informática y las Comunicaciones, el Comandante de la Revolución Ramiro Valdés.

La instalación del cable comenzará en enero próximo entre Cuba, Venezuela y Jamaica, a un costo de 70 millones de dólares, y constituirá la primera posibilidad de Cuba de acceder a ese sistema de conexión.

Granma calificó al proyecto de Cuba y Venezuela como “integrador”, debido a su “especialización” y a “los elementos políticos y estratégicos que confluyen en él”.

En ese sentido, el diario mencionó factores como las aguas territoriales, el bloqueo económico y comercial que desde el triunfo de la Revolución en 1959 Estados Unidos aplica Cuba y “la necesidad de quebrantar la histórica dependencia de ambos países en la esfera de las telecomunicaciones”.

Estados Unidos impide el acceso de la isla a Internet por medio de los cables de fibra óptica que la circundan, uno de los cuales enlaza Cancún (México) con Miami (EE.UU.) y pasa a solo 32 kilómetros de La Habana.

“De eliminar la dependencia de las comunicaciones, nuestros países podrían transmitir en tiempo real consultas médicas, teleconferencias y cursos de educación que apoyarían los programas de colaboración que se desarrollan en el área”, añadió el diario.

“El cable submarino proporcionará una mayor calidad en las infocomunicaciones, pero no necesariamente significará una extensión de las mismas”, añade Granma.

EL CABLE SUBMARINO

-Se extenderá de la zona de Camurí, cerca del puerto de La Guaira, en el Estado de Vargas (Venezuela), a la playa Siboney, en Santiago de Cuba.

-El buque Ridley Thomas realizó la exploración de los fondos submarinos para detectar el cruce de las fallas tectónicas y marcar la ruta de la instalación del cable.

-El 25 de enero de 2011 comenzará la extensión del cable desde Venezuela. Llegará a Santiago el 15 de febrero; una semana después, saldara desde Aguadores rumbo a Ocho Ríos, en Jamaica.

-El cable entrará en operaciones a inicios del segundo semestre de 2011.

-El cable multiplicará 3 000 veces la velocidad de transmisión de datos, imágenes y voz que dispone hoy Cuba. Contará con 640 Gb (gigabytes) para el enlace con el exterior, con capacidad para 10 millones de transmisiones telefónicas simultáneas.

-El costo de este proyecto es de 70 millones de dólares.

-Dispondrá de 1 602 km de largo.

-La fibra se colocará mayoritariamente en agua internacionales, respetando fronteras y jurisdicciones de las naciones de la región.

-Beneficiará a Cuba, a las demás islas del Caribe oriental y a Centroamérica.

-Como todo cable de telecomunicaciones, facilita la transmisión. Es el transportador de las comunicaciones, pero cada país, incluida Cuba, tendrá que contratar el servicio con los proveedores del mercado de las telecomunicaciones.





Dos mujeres frente a EE UU

Las esposas de dos presos cubanos encarcelados en el país norteamericano por espionaje denuncian en el Parlamento vasco la situación de sus maridos


De izquierda a derecha, Ana Maira Rodríguez, asesora de la Asamblea Nacional de Cuba, y Olga Salanueva y Adriana Pérez, esposas de dos miembros del grupo de los Cinco, ayer en Vitoria. - PRADIP J. PHANSE


INÉS P. CHÁVARRI - Bilbao - 03/11/2010 - El País


La primera vez que Ivette González vio a su padre con relativa consciencia tenía 13 meses. La niña miró a su madre y acertó a exclamar "guau, guau", explica su progenitora, Olga Salanueva. El cabeza de familia, René González, llevaba en prisión desde que su hija tenía cuatro meses y sólo le dejaron ver a la pequeña esposado a una silla y rodeado de agentes del FBI. González, arrestado en 1998 en Miami, es uno de los miembros del grupo Los 5, otros tantos ciudadanos cubanos encarcelados en Estados Unidos, acusados de espionaje y conspiración para asesinar.


Salanueva y Adriana Pérez, mujer de Gerardo Hernández, otro de los integrantes del grupo, llevan desde entonces denunciando la situación de sus maridos porque, aseguran, nunca se ha probado ninguno de los delitos de los que se les acusaba. Las dos mujeres expusieron ayer en la Comisión de Derechos del Parlamento vasco el caso y ofrecieron a última hora de la tarde una conferencia en Bilbao.

"La última vez que vi a mi marido fue el 16 de agosto de 2000", recuerda con voz templada Salanueva. La fiscalía intentó que su marido declarase como testigo a cambio de que ella y sus dos hijas pudiesen quedarse en Estados Unidos. González no aceptó y su familia fue deportada a Cuba. Desde entonces, el contacto ha sido intermitente, a través de cartas o de llamadas.

Estados Unidos siempre ha defendido que Los 5 espiaron agencias oficiales del país y se infiltraron en el Comando Sur del Ejército, mientras que Cuba ha asegurado que sólo se adentraron en los grupos anticastristas de Florida para prevenir ataques terroristas.


Salanueva no sólo tiene fuerzas para defender la causa de su marido, también tiene palabras para las injusticias cometidas contra las familias de los otros presos (Ramón Labañino, Antonio Guerrero y Fernando González), e incluso para la de su compañera de viaje. "Más cruel es el caso de Gerardo. Adriana no lo ha podido ver desde antes del arresto. Son una pareja que no ha podido tener hijos".

La desazón no parece hacer mella en estas mujeres coraje. A Salanueva sólo le quedan tres años para reencontrarse con su marido, condenado a 15. Por el contrario, Pérez, como explica ella misma, "tendría que vivir tres vidas" para poder ver a su marido abandonando el penal. Hernández, condenado a dos cadenas perpetuas más 15 años, es el miembro de Los 5 con mayor pena. El tribunal de Miami que los juzgó le condenó también por participar en el derribo de dos avionetas de Hermanos al Rescate, una asociación anticastrista, en 1996.


Tampoco, por lo que cuentan sus mujeres, el desasosiego ha prendido en los presos cubanos. "René igual que sus compañeros está encarcelado junto a gente que ha cometido asesinatos, violaciones o han traficado con drogas. Aun así son muy respetados", asegura Salanueva que añade que sus maridos han ayudado a otros presos hispanoamericanos con el inglés. "Se han ganado el respeto y son conscientes de que no deberían estar en la cárcel", sentencia.

Igual de confiada se muestra Pérez en la inocencia de su esposo, que asegura se enteró ayer hace un año de la muerte de su madre por una llamada de teléfono. "Todo prisionero independientemente de lo que fue acusado, si es culpable o no, tiene que respetársele sus derechos. No estoy diciendo que se hagan leyes extraordinarias para ellos, si no que Estados Unidos respete sus propios reglamentos carcelarios", exigen las dos esposas que parece que casi se conformarían con poder visitar con normalidad a sus maridos.

El régimen de Fidel Castro hace tiempo que agotó todas las vías judiciales para reabrir la causa. Sólo les queda la presión de los familiares que desde 1998 han recorrido prácticamente todo Hispanoamérica, y gran parte de Europa y África exponiendo la situación de los Cinco. El pasado mes de septiembre recibieron un gran empujón mediático cuando un grupo de actores estadounidenses (Sean Penn, Susan Sarandon, Martin Sheen...) pidieron a Barack Obama la liberación de los presos.