viernes, 22 de octubre de 2010

EN LA EUROPA DEL BUEN VIVIR

Jorge Gómez Barata

Observo lo que ocurre en Europa y si bien comprendo de dónde procede la ira y la frustración que alimenta las protestas, también sé que no conducen a ninguna parte; en ese escenario es fácil encontrar a quien criticar pero difícil hallar a quien aplaudir. Ya antes hubo muchas y airadas protestas sin metas, vanguardias ni programas. Entre otros eventos fallidos, tengo en mente a las revueltas de Mayo del 68 cuando el poder estuvo en la calle y no hubo nadie para tomarlo y la juventud contestataria pudo derribar a De Gaulle pero no cambiar a Francia.

Francamente no sé a qué se debe el jubilo de quienes celebran la revuelta como si fuera la antesala de la revolución anti capitalista sin comprender que en el fondo se trata del epilogo de grandes desastres: la zaga del proyecto bolchevique que zozobró con la Unión Soviética, del fin del socialismo real y la quiebra de los estados de bienestar que estuvieron entre las grandes conquistas de los pueblos europeos en todos los tiempos.

De hecho, aunque no estemos ya en los tiempos del capitalismo primitivo, del Manifiesto Comunista (1848), la Asociación Internacional de Trabajadores (1864), la Comuna de Paris (1871) los congresos socialistas de Paris, (1889), la Encíclica Rerum Novarum (1891) y la Revolución Bolchevique (1917), es poco probable que se trate de un nuevo comienzo. En el mundo global y unipolar, sin doctrinas, liderazgos ni metas claras, todo es incierto, al menos hasta que, si eso fuera posible, aparezcan los relevos de Blanqui, Bakunin, Proudhon, Marx, León XIII, Lenin y otros.

Desde que en 1878 después de 14 años de existencia, fue disuelta la Primera Internacional, que fue hija de las tensiones creadas por la existencia del capitalismo salvaje, la crisis económica de 1857, la más importante del siglo XIX europeo y el impacto de la Guerra Civil Norteamericana, no ha existido ninguna genuina organización obrera europea (tampoco mundial), cosa a la que se echa de menos en el mundo global.

Desde la Revolución Bolchevique (1917) hasta las revueltas de mayo de 1968, excepto la República Española, la lucha contra la ocupación nazi, la resistencia a las dictaduras militares en España, Portugal y Grecia y la puja electoral de los partidos comunistas en Francia e Italia, no hubo en Europa, empujados desde abajo, movimientos políticos progresistas significativos.

En Europa Occidental, la clase obrera, sus sindicatos y sus partidos socialdemócratas y demócratas cristianos e incluso comunistas, golpeados y diezmados hasta casi desaparecer por la represión bajo la ocupación nazi, fueron absorbidos por el clima de avenencia y tolerancia que en la región, especialmente en Alemania, Inglaterra, Austria, Francia, Italia y los países escandinavos significó la restauración de la democracia liberal y la prosperidad económica en la post guerra.

Traumatizados por la guerra y la ocupación, humillados por el holocausto, la intolerancia y el racismo, los pueblos europeos y sus élites políticas que tuvieron que agradecer a norteamericanos y soviéticos el haber liberado a Europa de Europa, se consagraron a la reconstrucción y comenzaron a vivir los días felices de los “estados de bienestar”, una especie de socialismo socialdemócrata en el cual los estados, sin renunciar a un anticomunismo visceral ni desmentir las esencias del capitalismo, en virtud de una mejor distribución de la riqueza social, se interesaron en la defensa del bien común y la prosperidad general.

Como parte de aquel ambiente de paz social y prosperidad se desplegaron los procesos de integración económica y política que, transitaron por diversas coordinaciones institucionales hasta llegar a la Unión Europea, incluso a la moneda única. Por primera vez en la historia, en lugar de pelear por las fronteras, los europeos avanzaron hacía su eliminación.

En una larga coyuntura que se prolongó por unos cincuenta años, aunque sin los excesos de Estados Unidos, en Europa se instaló la “sociedad de consumo” con su secuela de ostentación e irracionalidad que no había caracterizado a los estilos de vida europeos y que absorbió incluso a parientes pobres como España, Portugal y Grecia.

Mareados por éxitos circunstanciales, varios países de Europa Occidental, como si fueran un Supermán con pies de barro, se creyeron invulnerables, gastaron más de lo que ingresaban, se permitieron lujos que no estaban a su alcance y aplicaron políticas sociales que no han podido financiar y deudas que no son capaces de honrar.

Antes de que pudieran reaccionar, incluso antes de que adquieran conciencia del lodazal en que se hundían, como uno de los efectos de la crisis económica mundial, llegó el ajuste de cuentas que puede colapsar a las débiles economías de Grecia, España y Portugal y amenaza incluso a las de Alemania, Inglaterra, Francia y Escandinavia que, al ver arder las barbas de sus vecinos, se apresuran a salvar las suyas y acuden a sus propias recetas y verdugos: los programas de ajuste y el Fondo Monetario Internacional.

A las masas obreras, especialmente a los sectores más vulnerables cuyos ingresos rondan los salarios mínimos, los jubilados y pensionados y los que están próximos a arribar a esa edad fatal, pero también a los jóvenes humildes y a los emigrantes, los desempleados y todos los que de alguna manera y en diversas cuantías necesitan de las prestaciones de la seguridad social y la protección gubernamental, no les queda otra alternativa que lanzarse a la calle para expresar su ira y su frustración.

Mientras eso ocurre, una parte importante de la clase obrera y de los sectores de mejores ingresos se mantienen al margen y las organizaciones políticas y sindicales de matriz obrera y socialista no existen o se han debilitado.

Al acabar con el socialismo y el comunismo a las sociedades europeas puede haberle ocurrido lo que a aquellos organismos que por exceso de protección o por crecer en ambientes excesivamente asépticos no desarrollan los anticuerpos que los protegen y los salvan. Allá nos vemos.

La Habana, 22 de Octubre de 2010


Con el rabo entre las piernas

HAMLET HERMANN

De nuevo, como cada año, vuelve al seno de la Asamblea General de Naciones Unidas la votación sobre el levantamiento del ilegal bloqueo de Estados Unidos contra Cuba que ya dura medio siglo.

De nuevo, como cada año, sólo tres países apoyarán el mantenimiento del bloqueo mientras 187 naciones se opondrán a esa guerra no declarada. Lo único que podría cambiar es el títere que habitualmente acompaña a Estados Unidos y a Israel en esta aventura que raya en la más obscena ridiculez. Pero al prepotente imperio no le preocupa vivir en el ridículo.

Veintinueve años atrás, el 9 de noviembre de 1981, publiqué en el vespertino dominicano “La Noticia” un artículo titulado: “¿Por qué odian tanto a Cuba?” El escrito conserva todavía tanta vigencia, como en aquellos días:

“Por todas esas muestras de irracionalidad es que no dejó de preguntarme por qué un país tan grande y poderoso puede odiar tanto a uno chiquito y materialmente débil. El odio no puede ser fruto de algo material, tiene que ser por algo moral, por algo intangible, algo que no puede verse con los ojos. A mi entender ese odio es fruto de la impotencia.”

“Creo tener respuestas a ese odio irracional:” “Considero que Estados Unidos odia tanto a Cuba,

“Porque los dirigentes cubanos se atreven a decirle a los halcones que gobiernan desde Washington lo que realmente merecen les sea dicho.”

“Porque los cubanos responden de sus principios y sus actitudes por ellos mismos.”

“Porque los cubanos saben que la solidaridad mundial estará, en caso de presión, en función de su capacidad para defenderse y se han preparado para ello.”

“Porque saben que si Estados Unidos invade a Cuba, donde un gobierno y su pueblo representan los mismos intereses, van a caer en el campo de batalla centenares de miles de invasores aún cuando caigan millones de cubanos.”

“Porque saben que los cubanos no les temen a sus amenazas.”

“Porque saben que los cubanos aman la paz, pero se han preparado eficazmente para la guerra.”

“Por eso es que los gobernantes estadounidenses odian tanto a los cubanos.”

El bloqueo económico, comercial y financiero, la subversión y la guerra psicológica y propagandística han sido instrumentos permanentes de una política sistemáticamente dirigida a doblegar a Cuba. Por su carácter, el bloqueo califica como un acto de genocidio y como un acto de guerra económica, toda vez que las sanciones unilaterales contra Cuba tienen un extendido efecto fuera del territorio estadounidense. Asimismo, el actual gobierno Demócrata de Barck Obama, violando elementales normas internacionales, continúa utilizando la subversión política como arma en su enfrentamiento contra el pueblo cubano.

Es evidente, entonces, que la Casa Blanca no alberga intención alguna de producir un cambio en su política hacia Cuba, ni de cumplir con las reiteradas resoluciones de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Por el contrario, Estados Unidos continúa aferrado a condicionamientos y exigencias injerencistas inaceptables para un país soberano como condición para un cambio de política.

De ahí que a nadie sorprenda la reactivación de las recomendaciones hechas cincuenta años atrás, el 6 de abril de 1960, por Lester D. Mallory, subsecretario de Estado Adjunto para los Asuntos Interamericanos, en un memorando a Roy R. Rubottom Jr. El funcionario decía entonces:

“La mayoría de los cubanos apoya a Castro. No hay oposición política eficaz [...]. El único medio posible para aniquilar el apoyo interno [al régimen] es provocar el desengaño y el desaliento mediante la insatisfacción económica y la penuria [...]. Hay que poner en práctica rápidamente todos los medios posibles para debilitar la vida económica [...]. Una medida que podría tener un impacto muy fuerte sería negar toda financiación y entrega a Cuba, lo que reduciría los ingresos monetarios y los salarios reales y provocaría el hambre, la desesperanza y el derrocamiento del gobierno.”

Eso es lo que han hecho hasta ahora y eso seguirán haciendo porque su impotencia ante la dignidad de los cubanos es lo que ha multiplicado exponencialmente su odio. Pero fracasará Obama como fracasaron antes otros diez ocupantes de la Casa Blanca de Washington quienes salieron de ese enfrentamiento con el rabo entre las piernas.


Biotecnología cubana toca las puertas del Norte

Por Patricia Grogg

LA HABANA, 22 oct (IPS) - La industria biotecnológica de Cuba aspira a entrar por la puerta ancha al mercado de la Unión Europea (UE) con Heberprot-P, medicamento terapéutico capaz de evitar las amputaciones en pacientes de "diabetes mellitus", que padecen casi 300 millones de personas en el mundo.

Esa enfermedad crónica, también conocida como diabetes sacarina, se caracteriza por los altos niveles de azúcar en la sangre y provoca diversos trastornos que afectan órganos y tejidos.

El nuevo producto, desarrollado por el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB) y que acelera la cicatrización de la llamada úlcera del pie diabético, fue registrado en Cuba en 2006 y desde el año siguiente está incluido en el formulario médico de este país.


El fármaco es inyectable y se basa en el denominado factor de crecimiento epidérmico humano recombinante (FCE Hu-r), una proteína que existe en mamíferos y que facilita la regeneración. Se aplica directamente en la lesión, y sus creadores destacan que constituye la única opción terapéutica disponible para pacientes portadores de heridas de difícil cicatrización.


La úlcera del pie diabético es causa de gran morbilidad y mortalidad. Muchos pacientes no responden a tratamientos convencionales como la remoción del tejido necrótico, la revascularización (procedimiento para restablecer el flujo de sangre a la zona afectada) o la terapia con antibióticos, lo cual deriva con frecuencia en la inevitable amputación de la extremidad lesionada.


Hasta el momento, Heberprot-P está también registrado en Argelia y varios países latinoamericanos. Su aplicación en Venezuela ha evitado que unos 4.000 diabéticos quedaran discapacitados, en tanto en Argentina ya forma parte del cuadro básico de atención al paciente con úlcera de pie diabético.


Pero la novedad es que la semana pasada se aprobó la fase dos de un estudio clínico en instituciones hospitalarias de alto nivel de España, a fin de registrar el producto en ese país europeo, dijo a IPS el director del Departamento de Proyectos y Desarrollo de Negocios del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología, Ernesto López Mola.


La operación es parte de un acuerdo comercial entre esa institución cubana y la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS), entidad pública con carácter autónomo adscrita al Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad de la nación ibérica. De resultar exitosa, permitirá la comercialización de Heberprot-P en toda Europa comunitaria.


"Es la primera vez que estamos incursionando con un producto en un mercado de esta magnitud", comentó López Mola. Añadió que se hizo una inversión productiva importante para adecuarse a las regulaciones de la UE. "En este caso, fabricamos acá el principio activo y en España se termina el producto que se usará en el estudio", explicó.


La fase uno de este ensayo se hizo en Cuba bajo criterios europeos de buenas prácticas clínicas de la AEMPS, y tuvo muy buenos resultados. El directivo calcula que a fines de 2011 o mediados de 2012, luego de realizada la fase tres, se "estaría cerca del registro del medicamento".


Ese sería el último paso para la comercialización de Heberprot-P en la UE, un mercado de unos 501 millones de personas. "La experiencia en la UE será decisiva para la credibilidad. Además, en Cuba existe una farmacovigilancia intensiva sobre los más de 4.000 pacientes que han usado el producto", comentó.


En tanto, el mercado de Estados Unidos sigue prohibido para Cuba por el embargo que aplica Washington desde los años 60. "Pero no hay duda de que la población de ese país necesita este medicamento y es un área que en algún momento podemos trabajar de conjunto con empresas de ese país", comentó López Mola.


Según datos citados por el funcionario, en Estados Unidos habría casi 21 millones de pacientes diabéticos, de los cuales 15 por ciento desarrolla una úlcera que en 15 de cada 100 casos lleva a la amputación. "En costos, se habla de 64.000 dólares por amputado", comentó.


Aparte del bloqueo económico impuesto por Washington a Cuba, "siempre hay resistencia a creer que los latinoamericanos podemos ser capaces de crear medicamentos únicos en el mundo, como el Heberprot-P. Además estamos hablando de un producto nuevo que por primera vez va del Sur al Norte", destacó López Mola.

El CIGB, institución líder del desarrollo biotecnológico cubano, dedicó hasta este viernes un foro científico de tres días al intercambio de experiencias sobre el manejo integral al paciente con úlcera del pie diabético y la terapia con Heberprot-P, al que acudieron unos 300 especialistas de más de 30 países, incluido Estados Unidos.


Esta institución, creada hace más de 20 años, encabeza el llamado Polo Científico del oeste de La Habana, formado por 52 centros de investigación y desarrollo, cuya cartera de ofertas incluye actualmente 34 fármacos, vacunas y otros productos, que se venden en 40 países.


La biotecnología cubana genera ingresos anuales que superan los 300 millones de dólares, y ocupa el segundo lugar en la exportación de bienes después del níquel. Según el director general del CIGB, Luis Herrera, "es posible" que este año haya un incremento en esas ventas, aunque evitó dar cifras.