sábado, 16 de octubre de 2010

LAS GUERRAS IMPERIALES Y LAS ARMAS DE HOY (IV)

Jorge Gómez Barata

Especular acerca de las guerras del futuro es un diletantismo; el futuro será sin guerras o no habrá futuro. Las armas y los odios están al borde de una línea de no retorno, tras la cual todo es oscuro, estéril y gélido. El desastre que pueden provocar las armas existentes tiene nombre: “invierno nuclear” lo llaman”.

Tal vez a pesar de su enorme impacto sobre los ecosistemas, el crecimiento económico no provocará la destrucción de la tierra, casa común que los humanos comparten con otras 2 50 000 00 especies de criaturas vivas. Es probable que, antes de que los gases de efecto invernadero acaben con el planeta, el planeta acabará con el petróleo y el carbón que los producen.

A pesar de ciertos efectos negativos, por su esencia y por sus fines, la economía no es una actividad depredadora, sino la expresión más acabada y elocuente del talento y la voluntad humana y de su carácter creador. Economía es otra forma de llamar al trabajo. La guerra es otra cosa.

La guerra es también una actividad humana aunque de signo negativo, de hecho “la confesión de que al dividirse en clases, la sociedad se enredó en contradicciones que no pudo resolver” y acudió a la violencia institucionalizada para realizar las metas de clases dominantes que encontraron en las armas el modo de obtener riquezas, territorios y poder por medios expeditos. La guerra es la forma más violenta de la política y la más degenerada expresión de la economía.

Por su esencia violenta y criminal, la guerra es contraria a la naturaleza humana y ajena a los intereses legítimos de los pueblos y, aun cuando circunstancialmente, a determinados sectores les pueda parecer justa, su naturaleza la hace inviable como opción para el cambio y el progreso social. El debate no es filosófico, sino práctico.

De la antigüedad a la fecha la esencia de la guerra no ha cambiado; lo que ha cambiado son los medios para realizarla. En menos de mil años la humanidad recorrió el camino que va de las armas blancas a las nucleares. En diez minutos de batalla atómica dos países asiáticos vecinos con 1,800 y 200 millones de habitantes respectivamente, pudieran ocasionarse más muertos que los registrados en todas las guerras conocidas juntas, sin contar los efectos colaterales que ponen en riesgo al planeta.

Sin llegar a semejante desastre, en tiempos de paz y en medio de la más bucólica normalidad, la actividad militar del conjunto de los países (sin incluir acciones combativas) es responsable del 10 por ciento de los gases de efecto invernadero; a lo cual habría que sumar los propagados por la industria de armamentos que absorbe: el 10 por ciento del mineral de hierro, el 11 del cobre, el 14 del níquel, seis del aluminio y alrededor del 30 del uranio y otros minerales, utilizados para fabricar armas, carros de combate, vehículos, buques, submarinos, portaviones y aviones, radares, sistemas de comunicaciones, uniformes y equipos. A todo ello se suman las producciones de las plantas químicas destinadas a las fuerzas armadas: combustibles, explosivos, gases, proyectiles y minas.

El tanque Abrams (M1A2), el carro de combate insignia de las tropas de Estados Unidos y de la OTAN (de los que existen unos 10 000, 2000 de ellos empleados en la Guerra del Golfo) consume un galón de combustible cada 100 metros de recorrido, mientras en una hora de vuelo o navegación de un avión de bombardeo gasta unos trece mil litros y un portaviones más de 20 mil. En un mes el Pentágono consume tanto combustible como todo el transporte público de los Estados Unidos en un año. Ninguna entidad produce residuos tan agresivos como los ejércitos, la marina y la armada.

Todo ello sin contar las armas no convencionales o secretas relacionadas con la manipulación de fenómenos naturales para provocar desastres, alteración del clima, uso de energía electromagnética, ondas de radio de alta frecuencia, fenómenos geofísicos, ruidos y otros engendros.

No obstante, la verdadera tragedia radica en que por reacciones condicionadas y por la vigencia de estereotipos debidos a manipulaciones milenarias, las guerras han sido justificadas, legitimadas e incorporadas a la estructura del poder y a la conciencia como un fenómeno natural. Nadie lo hizo mejor que el papado y los monarcas europeos promotores de las Cruzadas, Adolf Hitler que vinculó a la guerra el destino del pueblo alemán y los Estados Unidos que asistidos por Hollywood, convirtieron a los jóvenes soldados norteamericanos en prototipo del combatiente por la libertad. En el fondo, en todos los casos, se trata de propaganda a la guerra y de promoción de la violencia.

Lamentablemente, tales deformaciones de las estructuras de poder y de las mentes convirtieron a las guerras en instrumentos de dominación y poder y sus nocivos efectos sobre las mentes no aluden sólo a los ciudadanos corrientes, sino también a líderes y estadistas que desde ópticas imperiales o enfoques erróneos asumen la guerra como parte de la solución, cuando en realidad lo son del problema.

La Habana, 16 de octubre de 2010

Agresión perversa contra niños y adolescentes cubanos


En lo primero que nos afecta el bloqueo es en el empeño de mejorar la calidad de la educación, afirmó Rosa Álvarez, directora de Planificación y Estadísticas del Ministerio de Educación

Los niños cubanos con educación especial sufren más de cerca los efectos del bloqueo que Estados Unidos mantiene sobre Cuba. Autor: Juventud Rebelde

Margarita Barrio
digital@juventudrebelde.cu
16 de Octubre del 2010 0:10:20 CDT

El bloqueo de Estados Unidos contra Cuba limita el desarrollo de un programa de alta sensibilidad para la población, la Educación Especial, en la cual se encuentran matriculados 40 000 niños y niñas con necesidades educativas especiales, expresó en conferencia de prensa Rosa Álvarez, directora de Planificación y Estadísticas del Ministerio de Educación (MINED).


Cada año nuestro país presenta en la ONU un informe que pone al descubierto lo injusto de esta política de fuerza que lacera en lo más profundo a la población de la Isla, hecho que volverá a ocurrir el próximo 26 de octubre.


La funcionaria explicó que por las limitaciones impuestas por el bloqueo, Cuba no ha podido adquirir el equipamiento de 60 aulas terapéuticas para el diagnóstico de niños con necesidades educativas especiales. En Estados Unidos la inversión sería de 8 000 dólares, pero las ofertas en el mercado europeo son de 14 000 euros.


«En estos casos hacer un diagnóstico más preciso de la situación del estudiante es fundamental —apuntó—, y es un tema muy sensible para las familias que tienen en su seno a niños y niñas con estas necesidades educativas».


La especialista precisó que en lo primero que nos afecta el bloqueo es en el empeño de mejorar la calidad de la educación, y su impacto es político y social, pero se materializa en hechos económicos.


«Hay un primer elemento que es la limitación de créditos en los bancos, ya sean de Estados Unidos o filiales, y también aquellos que tienen relaciones comerciales con terceros países, y les limitan comerciar con Cuba.


«Eso nos determinó a mover la adquisición de recursos para la base material de estudio y de vida, y un grupo de artículos para la reparación y mantenimiento de las escuelas, a mercados asiáticos, fundamentalmente de China, lo cual resulta muy lejano.


«Aunque la crisis económica mundial nos lleva a reducir importaciones, en el sector educacional estas suman 18 millones de dólares», precisó la funcionaria.


El país dedica a la educación el 20 por cierto de su presupuesto estatal de gastos corrientes y el 12,3 por ciento de su Producto Interno Bruto.


La especialista señaló que debido a la distancia de esos mercados, del valor de las importaciones que Cuba realiza, el 10 por ciento se dedica al pago de fletes, que son aproximadamente 700 000 dólares.


«Si lo hubiéramos adquirido en mercados más cercanos, por ejemplo Estados Unidos, Panamá o México, el pago de fletes sería del 3,7 por ciento», apuntó.


Rosa dijo que con esa diferencia, que se considera un gasto innecesario, se podría haber comprado todo el papel para la elaboración de los libros de producción nacional.


Además se hubieran adquirido todos los juegos de instrumentos de trazado para la enseñanza de la Matemática de 800 000 niños y niñas matriculadas en las escuelas primarias y especiales del país.


Igualmente ese dinero hubiera alcanzado para traer los juegos de marcadores para las pizarras acrílicas que se utilizan para la enseñanza de la computación en todos los niveles educativos.


«Junto a esta problemática hay otro aspecto relevante: el almacenamiento de la base material de estudio, que luego se entrega a los alumnos de manera gratuita. Como hay que adquirirla en mercados distantes es necesario traerla con más antelación, para contar con esta al inicio del curso.


«El gasto por almacenamiento implica un cinco por ciento de pérdidas anuales, lo cual suma 1 139 000 dólares. Además esta reserva de productos almacenados sufre un deterioro.


«Se trata de un proceso complejo, porque son 18 millones de dólares en artículos variados, que hay que almacenar y mover hasta la base».