lunes, 11 de octubre de 2010

Reflexiones del Compañero Fidel: El imperio por dentro (Segunda parte)

En la Reflexión de ayer aparece un párrafo clave extraído del libro de Woodward: “Un secreto importante que nunca había sido reportado en los medios ni en ninguna otra parte era la existencia de un ejército encubierto de 3 000 hombres en Afganistán, cuyo objetivo era matar o capturar a los talibanes y en ocasiones adentrarse en las zonas tribales para pacificarlas y obtener apoyo.”

Tal ejército, creado y manejado por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), entrenado y organizado como “fuerza especial”, ha sido integrado sobre bases tribales, sociales, antirreligiosas y antipatrióticas; su misión es el seguimiento y la eliminación física de guerrilleros talibanes y otros afganos, calificados como extremistas musulmanes. Nada tienen que ver con Al Qaeda y Bin Laden, un saudita reclutado y financiado por la CIA para luchar contra los soviéticos cuando sus tropas ocuparon Afganistán. Cuando el Vicepresidente Biden viajó a Kabul, a principios de 2009, David Mckiernan, jefe de las tropas de Estados Unidos en Afganistán, le dijo cuando este preguntó por Al Qaeda: “que no había visto ni un solo árabe en dos años allí”.

A pesar de la relativamente breve y efímera importancia que los principales medios internacionales de prensa dieron a “Las guerras de Obama”, estos, sin embargo, no dejaron de consignar esta reveladora noticia.

El gobierno de Estados Unidos estaba ante un problema insoluble. En una de las últimas reuniones del Consejo de Seguridad Nacional durante la presidencia de Bush, se aprobó un informe donde se afirmaba: “que los Estados Unidos no podrían mantenerse en Afganistán a menos que se resolvieran tres grandes problemas: mejorar la gobernabilidad, disminuir la corrupción y eliminar los santuarios de los talibanes…”

Podría añadirse que el problema es más grave si se toman en cuenta los compromisos políticos y militares de Estados Unidos con Pakistán, un país dotado de armas nucleares, cuya estabilidad en medio de tensos equilibrios de carácter étnico, había sido afectada por la aventurera guerra de Bush en Afganistán. Cientos de kilómetros de frontera montañosa, con poblaciones del mismo origen que están siendo atacadas y masacradas por aviones sin piloto, son compartidos por Pakistán y Afganistán. Las tropas de la OTAN, cuya moral decrece día por día, no podrán ganar esta guerra.

Sin enormes cantidades de combustible, alimentos y municiones, ningún ejército puede moverse. La propia lucha de los afganos y pakistaníes, de uno y otro lado de la frontera, ha descubierto el punto débil de las sofisticadas tropas de Estados Unidos y Europa. Las largas rutas de abastecimientos se están convirtiendo en cementerio de los enormes camiones y cisternas destinados a esa tarea. Los aviones sin piloto, las comunicaciones más modernas, las sofisticadas armas convencionales, radioeléctricas y hasta las nucleares, sobran.

Pero el problema es mucho más grave que lo que estas líneas expresan.

Seguimos, sin embargo, adelante con la síntesis del espectacular libro de Woodward.

CAPÍTULO 8

“Jack Keane, General retirado, muy cercano a Hillary Clinton, le advirtió que la estrategia seguida en Afganistán era incorrecta, que el elevado número de víctimas no iba a poner fin a la insurgencia, que esto tenía el efecto contrario, que la única salida era una ofensiva contrainsurgente intensiva para proteger a los afganos. McKiernan no estaba interactuando con los gobernadores de las provincias. Keane le expresó que se recurría mucho a la lucha antiterrorista y la estrategia contrainsurgente no marchaba a la par.

“Keane le propuso sustituir a McKiernan por el Teniente General Lloyd Austin III, segundo al mando en Irak; y también propuso a McChrystal, agregando que éste era, sin dudas, el mejor candidato.

“McChrystal había organizado buenas campañas antiterroristas en Irak, pero los éxitos tácticos no se traducían en victorias estratégicas. Es por ello que la contrainsurgencia era necesaria.

“CAPÍTULO 9

“En la audiencia de confirmación de Leon Panetta como Director de la CIA ante el Comité de Inteligencia del Senado, este afirmó que la Agencia ya no enviaría a los supuestos terroristas a otro país para que fuesen torturados, porque esto estaba prohibido según las órdenes ejecutivas del nuevo Presidente. Él declaró que tenía la sospecha de que la CIA enviaba personas a otros países para que fuesen interrogadas utilizando técnicas que ‘violaban nuestras normas’.

“Hayden lo estaba observando por la televisión y se preguntaba, molesto, si Panetta había ignorado la conversación que ambos habían tenido el mes anterior. Hayden contactó a Jeff Smith, ex asesor general de la CIA, quien estaba ayudando en la transición entre Hayden y Panetta y le amenazó diciéndole: ‘O bien él retira lo dicho en su testimonio público mañana o tendremos el espectáculo donde el actual Director de la CIA le diga al futuro Director de la CIA que no sabe de lo que está hablando’. Hayden dijo que lo expresaría públicamente y que eso no iba a beneficiar a nadie. Al día siguiente fue el Senador Kit Bond, de Missouri, el jefe republicano del Comité de Inteligencia, quien le preguntó a Panetta si él se retractaba de lo que había dicho el día anterior y Panetta dijo que sí.

“Hayden posteriormente se reunió con Panetta y le dijo que había leído sus escritos, donde decía que el gobierno de Bush había seleccionado la mejor información de inteligencia para alegar la existencia de armas de destrucción masiva en Irak. Panetta había culpado de ello a una unidad especial del Pentágono creada por Rumsfeld. Panetta respondió que no era cierto, que había sido un error de ellos, y aceptó que se había producido en ese caso un catastrófico fallo de inteligencia en la agencia de la cual iba a ser director.

“El 13 de febrero el presidente se reunió nuevamente con el Consejo de Seguridad Nacional para discutir cuatro opciones para el despliegue de tropas en Afganistán.

“1. Decidir sólo después de definir una estrategia.

“2. Enviar de inmediato a 17 000 efectivos.

“3. Enviar los 17 000 pero en dos partes.

“4. Enviar 27 000, con lo cual se daría cumplimiento a la solicitud del General McKiernan.

“Clinton, Gates, Mullen y Petraeus apoyaron el envío de los 17 000 de inmediato. Ésta también fue la recomendación de Jones. Richard Holbrooke, en un video de seguridad, advirtió que 44 años atrás el Presidente Johnson debatía lo mismo con sus asesores para el caso de Viet Nam. ‘No se puede olvidar la historia’, agregó. Viet Nam nos había enseñado que las guerrillas ganan en una situación de impasse, y que por lo tanto él apoyaba el envío de los 17 000. Obama finalmente le notificó al Pentágono que había decidido enviar 17 000.

“CAPÍTULO 10

“El objetivo para el gobierno de Obama estaba claro: desmantelar y finalmente derrotar a Al Qaeda y sus aliados extremistas, sus estructuras de apoyo y sus santuarios en Pakistán, y evitar su regreso a Pakistán o Afganistán. Jones, Gates y Mullen se preguntaban si podían confiar en los pakistaníes. Biden proponía reforzar las operaciones anti-terroristas y concentrarse en Al Qaeda y en Pakistán. Obama preguntó si el envío de 17 000 efectivos y posteriormente 4 000 más harían la diferencia y la respuesta fue que sí. Obama preguntó cuánto costaría esta operación y la respuesta fue que no se sabía, que esto sólo era un estudio y que no se había hecho un cálculo del presupuesto, pero que el costo de colocar a un soldado estadounidense en Afganistán, incluidos los pagos como veterano de guerra, el seguro de salud, el costo de la atención a sus familiares, la alimentación y el armamento, ascendía a aproximadamente 25 000 dólares al año. El costo de un soldado afgano en el terreno ascendía a unos 12 000 dólares. Más tarde Obama confirmó que Pakistán sería el centro de cualquier nueva estrategia.

“En una reunión con el Consejo de Seguridad Nacional, Obama dijo que esperaba contar durante al menos dos años con el apoyo popular para su estrategia. Biden expresó que la suerte estaba echada, aunque haciendo notar que disentía, pero aseguró que apoyaría la estrategia del presidente.

“CAPÍTULO 11

“Petraeus se mostraba preocupado. Le preocupaba convertirse en la víctima de sus éxitos anteriores en Irak. Probablemente una contrainsurgencia no era la estrategia correcta en Afganistán, pero Petraeus le había asignado la tarea de estudiar el tema a un grupo de expertos en operaciones y actividades de inteligencia, quienes tenían una opinión contraria. Parecía que el Presidente no había aceptado sus argumentos a favor de una operación contrainsurgente. El presidente anunció en un discurso su estrategia de desmantelar y derrotar a Al Qaeda. Un editorial del diario The Washington Post elogió el plan con el siguiente titular: ‘El precio del Realismo’. El discurso sorprendió a algunos. El presidente personalmente le había hecho cambios al texto. Obama no se había comprometido totalmente con el envío de todas las tropas solicitadas por el ejército. Obama dijo que analizaría la cuestión nuevamente después de las elecciones en Afganistán.

“El Secretario de Defensa Gates parecía cómodo con la decisión: Dos días después declaró que no veía la necesidad de pedir más tropas o pedirle al Presidente que las aprobara hasta tanto no se viera el desempeño de las mismas.

“El Presidente de Pakistán se reunió con Obama en su oficina. Obama le dijo que no quería armar a Pakistán en contra de la India. Reconoció que habían avanzado en Swat pero que el cese al fuego había provocado que los extremistas subvirtieran la legitimidad del gobierno pakistaní, y que el gobierno estuviera dando la impresión de que nadie estaba a cargo. Obama reconoció que Pakistán actuaba ahora con más decisión, lo cual se había hecho evidente por su actuación en Swat y por haber permitido que la CIA lanzara como promedio un ataque con aviones no tripulados cada tres días en el curso del mes anterior. Los pakistaníes habían lanzado una operación con 15 000 efectivos, una de las mayores hasta el momento, contra los talibanes.

“El jefe del Estado Mayor Conjunto se daba cuenta de que la solución del problema afgano estaba justo a la vista, merodeando por los pasillos del Pentágono. McChrystal ya era una leyenda. Había trabajado más que nadie, solucionando problemas y sin protestar. Cumplía a cabalidad todas las órdenes. Gates finalmente anunció que McChrystal sería el nuevo comandante de las tropas en Afganistán. ‘Nuestra misión allí’, dijo, ‘requiere nuevas ideas y nuevos enfoques por parte de nuestros jefes militares’. Posteriormente Obama expresó que él había estado de acuerdo con esta decisión porque confiaba en las opiniones de Gates y Mullen, pero que no había tenido la oportunidad de conversar personalmente con él.

“El 26 de mayo de 2009 apareció en el informe al Presidente uno de los más sensibles reportes de inteligencia profunda. Su título era: Los reclutas de Al Qaeda en América del Norte pudieran hacer cambiar los objetivos y las tácticas en los Estados Unidos y en Canadá. Según el informe, alrededor de 20 partidarios de Al Qaeda con pasaportes estadounidenses, canadienses o europeos se estaban entrenando en los santuarios de Pakistán para regresar a sus países de origen y perpetrar actos terroristas de alto perfil. Entre ellos se incluían media docena del Reino Unido, varios canadienses, algunos alemanes y tres estadounidenses. No se conocían sus nombres. Dennis Blair pensaba que los informes eran lo suficientemente alarmantes y creíbles como para que el Presidente fuese informado. Pero Rahm Emmanuel no estaba de acuerdo. Blair respondió, como asesor de inteligencia del Presidente, que se sentía realmente preocupado y Emmanuel lo acusó de estar tratando de responsabilizarlo a él y al Presidente.

“Al salir de la Casa Blanca Blair estaba convencido de que ambos vivían en planetas diferentes con respecto a este tema. Cada vez más veía una falla en el gobierno.

“CAPÍTULO 12

“El General Jones acostumbraba a viajar él mismo a Afganistán para hacer sus propias valoraciones. Él era de la opinión de que los Estados Unidos no podían perder esa guerra, porque la gente iba a decir que los terroristas habían ganado y este tipo de acciones se iban a ver en África, América del Sur y otros lugares. Las organizaciones como la OTAN, la Unión Europea y las Naciones Unidas podrían quedar relegadas al basurero de la historia.

“Jones visita a los soldados heridos, se reúne con los coroneles y se entrevista con McChrystal. McChrystal le confiesa que Afganistán estaba mucho peor que lo que él esperaba. Advirtió que había sobradas razones para preocuparse y que si la situación no se revertía pronto se haría irreversible. Jones pidió que le enumerara los problemas y McChrystal comenzó a citar toda una letanía de ellos: el número de talibanes en el país era muy superior a lo que se pensaba (25 000). Jones comentó que eso era el resultado del tratado firmado entre Pakistán y sus tribus, pues allí los nuevos talibanes podían ser entrenados sin interferencias. El número de ataques talibanes se acercaba a los 550 semanales y en los últimos meses se había casi duplicado. Las bombas a los bordes de la carretera estaban matando a aproximadamente 50 efectivos de las tropas de la coalición cada mes, a diferencia de la cifra de ocho registrada el año anterior.

“Jones insistía en que la nueva estrategia tenía tres etapas:

“1.- La seguridad.

“2.- El desarrollo económico y la reconstrucción.

“3.- La gobernabilidad por parte de los afganos bajo el imperio de la ley.

“Jones insistía en que la guerra no la iba a ganar sólo el ejército, que durante el próximo año la parte de la estrategia que debía comenzar a funcionar era el desarrollo económico, y que si eso no se hacía bien no iban a haber suficientes tropas en el mundo para lograr la victoria. Jones aclaró que ésta era una nueva época y que Obama no le iba a dar a los comandantes del ejército todas las fuerzas que ellos pedían, como acostumbraba a hacer Bush durante la guerra en Irak. Jones añadió que el Presidente sabía que estaba caminando por el filo de una navaja, lo cual quería decir que no sólo eran tiempos difíciles y peligrosos, sino que la situación podía avanzar en una u otra dirección.

“En la provincia de Helmand, Jones aclaró que la estrategia de Obama estaba destinada a reducir la participación y el compromiso de los Estados Unidos, que él no pensaba que Afganistán debía ser la guerra sólo de los Estados Unidos, pero que había habido una tendencia a americanizarla.

“A su regreso Jones le informa a Obama que la situación era desconcertante; que no había relación alguna entre lo que le habían estado diciendo durante los últimos meses y lo que el General McChrystal estaba enfrentando. Obama le pregunta al fin cuántas tropas se necesitaban y Jones le informa que aún no había un número definido. Él pensaba que era necesario completar las dos primeras etapas de la estrategia -desarrollo económico y gobernabilidad-, o de lo contrario Afganistán simplemente se iba a tragar cualquier cifra adicional de tropas.

“En el Pentágono la reacción era muy diferente. Jones fue acusado de querer poner límites a la cifra de tropas. Éste alegaba que no era justo que el presidente tomara la decisión que había tenido que tomar en marzo, y antes de completar los 21 000 efectivos allí, decidir que como la situación era tan mala se necesitaban de 40 000 a 80 000 efectivos adicionales.

“Entre la Casa Blanca y el Pentágono existía un abismo cada vez mayor, y esto ocurría sólo cuatro meses después de que el Presidente diera a conocer su nueva estrategia.

“CAPÍTULO 13

“Algunos funcionarios del gobierno estadounidense describían el gobierno de Obama utilizando la terminología afgana, y decían que la presidencia estaba poblada por ‘tribus’, lo cual reflejaba sus divisiones. La tribu de Hillary vivía en el Departamento de Estado; la tribu de Chicago ocupaba las oficinas de Axelrod y Emmanuel; la tribu de la campaña presidencial ocupaba el Consejo de Seguridad Nacional, que estaba dirigido por el jefe de gabinete Mark Lippert y el director de comunicaciones estratégicas Denis McDonough. A este grupo le llamaban la ‘insurgencia’.

“La derrota del Talibán requería más tropas, dinero y tiempo que su desmantelamiento. La derrota significaba una rendición incondicional, una capitulación total; la victoria, ganar en el más amplio sentido de la palabra, destruir completamente al Talibán.

“Richard Holbrooke se mostraba pesimista cerca de las elecciones del 20 de agosto en Afganistán y expresó: ‘Si hubiese 10 resultados posibles en Afganistán, 9 de ellos son malos. Todos ellos fluctúan entre la guerra civil y las irregularidades’.

“Tan pronto cerraron los colegios de votación el 20 de agosto hubo reportes de fraude en las urnas. Muchos funcionarios de Naciones Unidas y del Departamento de Estado no abandonaron sus residencias para visitar los centros de votación por razones de seguridad.

“El día posterior a las elecciones Hoolbroke y el embajador estadounidense se reunieron con Karzai, al cual le preguntaron qué haría si había una segunda vuelta. Karzai dijo que él había sido reelecto y que no habría una segunda vuelta.

“Después de la reunión Karzai llamó al centro de operaciones del Departamento de Estado y pidió hablar con Obama o con Hillary. El embajador estadounidense le recomendó al presidente que no aceptara la llamada, pues Karzai se había colocado a la defensiva diciendo que una segunda vuelta era imposible. Obama estuvo de acuerdo en no hablar con él.

“Los informes de inteligencia describían a Karzai como una persona cada vez más delirante y paranoico. Karzai les dijo: ‘Ustedes están en contra mía. Es un complot entre los estadounidenses y los británicos’.

“En el mes de agosto se creó un grupo a fin de que entrevistara a los miembros del grupo estratégico del General McChrystal que recién acababan de regresar de Afganistán, con el objetivo de saber qué era lo que estaba ocurriendo en el terreno, cómo iba la guerra, qué estaba funcionando y qué no. McChrystal le dio al grupo tres preguntas a modo de guía para su estudio: ¿es posible cumplir la misión?; y de ser así, ¿qué es necesario cambiar para que la misión se cumpla?; ¿se requieren más recursos para cumplir la misión?

“McChrystal le pidió al grupo que fuese pragmático y se concentrara en las cosas que realmente funcionaban.

“El grupo llegó a la conclusión de que el ejército entendía relativamente poco a la población afgana. No alcanzaba a comprender cómo las campañas de intimidación lanzadas por los talibanes afectaban a la población. El acopio de información de inteligencia era un desastre. El grupo descubrió que el 70 por ciento de los requisitos de inteligencia se centraban en el enemigo. Algunos miembros del grupo pensaban que dentro de uno o dos años la guerra estaría totalmente americanizada. Los estadounidenses preferían que los aliados de la OTAN aportaran dinero y asesores para las fuerzas de seguridad afganas, en vez de que estuviesen merodeando por todo el país pidiendo apoyo aéreo para atacar a los afganos de apariencia sospechosa.

“El grupo sólo tenía malas noticias para McChrystal. Se podía llevar a cabo la mejor campaña de contrainsurgencia en la historia del mundo, y aún así ésta fracasaría por la debilidad y la corrupción que existían en el gobierno afgano. McChrystal quedó como si hubiese sido atropellado por un tren. De todos modos, le dio las gracias al grupo.

“McChrystal le hizo saber a Gates que necesitaría 40 000 efectivos más. Tras largas discusiones, Gates le prometió que le daría tantos efectivos como pudiera mientras pudiera. ‘Usted tiene un campo de batalla allá y yo tengo un campo de batalla aquí’, le dijo.

“CAPÍTULO 14

“Biden se había pasado cinco horas tratando de diseñar una alternativa para McChrystal, la cual llamó ‘antiterrorismo plus’. En vez de una cantidad intensiva de efectivos, el plan se concentraba en lo que él creía era la amenaza real: Al Qaeda. Esta estrategia ponía énfasis en la destrucción de los grupos terroristas mediante el asesinato o la captura de sus líderes. Biden pensaba que era posible disuadir a Al Qaeda de regresar a Afganistán, y así evitar enfrascarse en la costosa misión de proteger al pueblo afgano.

“Biden pensaba que Al Qaeda tomaría por el camino donde encontrarían menor resistencia y que no regresarían a sus antiguos lugares de origen si:

“1. Los Estados Unidos mantenían al menos dos bases (Baram y Khandahar) para que las Fuerzas Especiales pudieran operar en cualquier lugar del país.

“2. Los Estados Unidos contaran con fuerzas suficientes para controlar el espacio aéreo afgano.

“3. Las redes de inteligencia humana dentro de Afganistán le proporcionaban información acerca de los objetivos que serían atacados a las Fuerzas Especiales.

“4. La élite de la CIA, una fuerza compuesta por 3 000 afganos para operaciones anti-terroristas podían moverse libremente.

“Afganistán debía convertirse en un ambiente ligeramente más hostil para Al Qaeda que Pakistán para que ellos decidieran no regresar.

“Obama necesitaba a alguien que lo guiara. Había estado en el Senado sólo cuatro años, y Biden 35. El presidente pensaba que los militares no podían presionarlo, pero ellos podían aplastar a un presidente inexperto. Biden acudió a Obama, y éste le dijo: ‘Tú eres quien conoces a esa gente. Adelante. Presiona’.

“Obama confesó después que el quería que su vicepresidente fuese un detractor agresivo, y que dijera exactamente lo que pensaba, que hiciera las preguntas más difíciles, porque estaba convencido de que ésa era la mejor manera de servir al pueblo y a las tropas, estableciendo un fuerte debate sobre estas cuestiones de vida o muerte.

“Obama convocó a un pequeño grupo de los más experimentados miembros de su equipo de seguridad nacional para analizar el informe clasificado de 66 páginas elaborado por McChrystal, que en resumen decía que si no se enviaban más efectivos era probable que la guerra terminara en un fracaso en los próximos 12 meses. El presidente agregó que las opciones en este caso no eran buenas y aclaró que no aceptaría automáticamente la solución propuesta por el General ni por nadie. ‘Tenemos que abordar esto con el espíritu de desafiar nuestras propias presunciones’.

“Peter Lavoy, vicejefe de análisis de la oficina del director de la DIN, consideraba que tras los ataques con aviones no tripulados, Bin Laden y su organización habían sido golpeados, asediados, pero no acabados, que Al Qaeda se había convertido en la sanguijuela del Talibán.

“Obama quería saber si era posible o no derrotar a Al Qaeda y cómo; si era necesario destruir al Talibán para destruir a Al Qaeda; qué se podía lograr en los próximos años; qué tipo de presencia era necesario tener en Afganistán para poder contar con una plataforma antiterrorista eficaz.

“Lo que no se dijo y todos sabían era que un presidente no podía perder una guerra ni hacer ver que la estaba perdiendo. Obama dijo que iba a ser necesario trabajar durante cinco años y proponía considerar otras prioridades nacionales.”

Prosigue mañana.







Fidel Castro Ruz

Octubre 11 de 2010

6:00 p.m.


España al borde del corralito

Roberto Montoya

Publicado el 11 Octubre 2010

José Luis Rodríguez Zapatero, Presidente de España. Foto de archivo

“Madrid podría estar ingresando en la clase de espiral de la muerte que afligió a Argentina hace apenas una década.” advirtió tiempo atrás Paul Krugman, y ahora lo repite Joseph Stiglitz.

Lo dijo hace pocos meses el gran gurú de las finanzas a nivel mundial, el neokeynesiano Premio Nobel de Economía 2008, Paul Krugman, y ahora lo repite otro influyente gurú, también neokeynesiano también estadounidense y también Premio Nobel de Economía (2001), Joseph Stiglitz: “España podría estar ingresando en la clase de espiral de la muerte que afligió a Argentina hace apenas una década”.

Son así dos grandes analistas de las finanzas internacionales los que ven planear la sombra del corralito sobre España. “Sólo cuando Argentina terminó con su tipo de cambio fijo respecto al dólar comenzó a crecer y se redujo el déficit. España no ha sido atacada por los especuladores, pero podría ser sólo cuestión de tiempo”, añadió Stiglitz.

Pero esa salida a la que recurrió en su momento Argentina no es válida para España, por pertenecer a la eurozona, sin posibilidad para devaluar su moneda, porque la antigua peseta se fundió en 1998 con las monedas de otros 16 países de la Unión Europea para crear el euro como moneda única común.

Tanto Stiglitz como Krugman y otros renombrados analistas ven a España como uno de los eslabones más débiles de la Unión Europea y rechazan esa imagen que quiere dar la UE de que ya ha se dejado atrás la recesión. Se teme que se produzca el llamado Efecto W, o recesión de segunda vuelta.

En un artículo en el Sunday Telegraph, Stiglitz sostenía días atrás, al analizar la situación de Europa ante la crisis, que “España es el caso más peligroso, pero también están en severos aprietos Irlanda y Grecia”. Y añade Stiglitz: “El euro también afronta su propia crisis y puede desaparecer, víctima de su propia convertibilidad hacia dentro. Resulta claro que los países hoy en problemas carecen, como Argentina hace años, de monedas individuales y, por ende, de instrumentos cambiarios flexibles”.

El economista asegura que “como en Grecia e Irlanda, la debilidad financiera de España la torna presa fácil para fondos buitres y otros especuladores. Las reacciones ingenuas del Banco Central Europeo o el FMI, como recortar gastos o jubilaciones y elevar impuestos, sólo empeorará las cosas”.

Y ahí estriba la crítica principal de los dos economistas, coincidente con la postura que vienen manteniendo en España y otros países europeos los partidos de izquierda y los sindicatos: que los planes de ajuste lanzados por doquier en Europa para afrontar la crisis, con una contracción drástica del gasto público, congelación cuando no disminución directa de los salarios y las pensiones y la precarización del trabajo, sólo pueden augurar más y más desempleo. Lo reconocía sólo pocas semanas atrás el propio FMI a través de su director gerente, Dominique Strauss-Kahn. Este admitía que los ajustazos podrían conseguir un moderadísimo crecimiento, pero sin generar empleo. Las imposiciones del FMI, del Banco Mundial y del Banco Central Europeo, aparecen como recetas desesperadas, ineficaces y contraproducentes, de un sistema ultraliberal cuyo modelo de enriquecimiento especulativo y piramidal ha terminado por pinchar la burbuja generada durante años.

Stiglitz insiste con el paralelismo entre España y Argentina. El economista estadounidense, siempre crítico con el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y sus recetas y “los mercados”, dice que a Rodríguez Zapatero “se le imponen reglas de juego anacrónicas. Por ejemplo, disminuir los gastos, lo cual producirá desempleo muy superior al actual 20,3%, contracción de demanda real y fuerte resistencia social. Argentina vivió lo mismo en 2000-2001 y sólo políticas anticíclicas la sacaron de apuros en los años siguientes”.

Strauss-Kahn felicitaba hace poco a Rodríguez Zapatero por aplicar a rajatabla las medidas sugeridas por el FMI, asegurándole que no se arrepentiría de haberlas adoptado, a pesar del duro coste social que implican. ¿Y cuándo se verían esos frutos, según el FMI?

En la semana que termina, el FMI anunciaba que el Producto Interior Bruto (PIB) de Canadá, Rusia e India supera este año por primera vez al de España. De esta manera España, que alardeaba de ser la octava potencia económica mundial, ha sido relegada de un plumazo al 12º puesto. Al presidente español no le gustará que alguien le recuerde ahora que en 2007 él auguraba públicamente que “en 2010 vamos a superar ligeramente a Alemania en renta per cápita”. Alemania está hoy día en el 4º lugar, ocho puestos antes que España.

El FMI prevé que España tendrá un crecimiento del -0.3% para 2010 (1.7% de media para Europa); 0.7% en 2011 y que sólo alcanzará un 2% (porcentaje a partir del cual se considera que se crea realmente empleo) en 2013.

Según el mismo informe del FMI, Argentina crecerá en 2010 el 7,5%, como Brasil (5,7% de media para América Latina y el Caribe) y el 4% en 2011.

Rodríguez Zapatero tendrá por tanto menos futuro prometedor para vender a los trabajadores y a los sindicatos, que el pasado 29 salieron a la calle para decir “no” a su recién aprobada reforma laboral y para advertirle que no aceptarán tampoco su reforma de las pensiones, que entrará en breve a debate en las Cortes (Parlamento).

Días atrás, Rodríguez Zapatero sufrió además un revés político al ser derrotado en elecciones internas del gubernamental Partido Socialista Obrero Español (Psoe) por escaso margen, su candidata a presidir la poderosa Comunidad de Madrid (gobernación), la actual ministra de Sanidad y Política Social, Trinidad Jiménez, frente al secretario general de los socialistas madrileños, Tomás Gómez.

Ese revés, según las encuestas hechas por distintos medios de comunicación, ha debilitado aún más al Psoe, quien aparece situado ahora más de diez puntos por detrás del opositor Partido Popular en intención de voto.


Roberto Montoya es jefe de sección de Internacional del diario EL MUNDO, analista de política internacional y autor, entre otras obras, de los ensayos ‘El imperio global’ y ‘La impunidad imperial’.


Inauguración de la XXIX Conferencia Permanente de Partidos Políticos de América Latina (COPPPAL)

Discurso del Presidente Mauricio Funes al inaugurar el cónclave

El Presidente de la República Mauricio Funes durante la XXIX reunión de la COPPPAL, lo acompañan Medardo González (izquierda) coordinador General del FMLN y Antonio Cafiero, Presidente de COPPPAL, entre otros. Foto Diario Co Latino /Melvin Rivas


Señoras, señores

En primer lugar, quiero darles la bienvenida a El Salvador.


Es para mí un honor que nuestro país sea la sede de esta Asamblea anual, de esta trigésima novena reunión ordinaria, que constituye el foro más amplio del pensamiento progresista latinoamericano.

Espero que estén disfrutando de la hospitalidad salvadoreña y que esta jornada nos permita compartir reflexiones y enriquecer el debate político de nuestro continente.

Si me permiten, antes que nada, deseo hacer llegar, como Gobierno y como Presidente de la República, nuestra solidaridad y apoyo al pueblo ecuatoriano, al gobierno del Ecuador y, en particular, al Presidente Correa, ante el intento desestabilizador de un sector policial, minoritario y contrario a la voluntad popular.

Además aprovecho esta oportunidad para reiterar mis felicitaciones al FMLN, partido en el Gobierno, por haber celebrado ayer su 30 aniversario de existencia, habiéndose convertido en la fuerza política impulsora de los cambios en nuestro país.

Lamento sinceramente, que en el contexto de esta celebración haya sido asesinado un miembro activo del FMLN, tal como lo acaba de revelar su coordinador general Medardo González.

Esta Asamblea, que reúne a 60 partidos políticos de 28 países, tiene características que la convierten en un foro de extraordinario valor.

Una de ellas es el amplio espectro de representación que aglutina.

Es un foro progresista y plural, en el que se dan cita todos los matices del pensamiento popular y democrático latinoamericano.

Eso es, en sí mismo, una gran riqueza, ya que nos permite despojarnos de dogmas, de posiciones estáticas y abrir un debate creativo y pragmático.

Eso convierte también a este encuentro en una reunión con un profundo espíritu constructivo y fructífero.

A los aquí presentes nos animan principios comunes, pilares básicos sobre los que deseamos que se sostengan nuestras sociedades.

El primero y más importante de ellos es la defensa y profundización de la democracia para la construcción, como lo ha dicho el Presidente Casiero de un orden social más justo para nuestros pueblos.

Y siendo esta una reunión de partidos políticos me parece importante reflexionar sobre los cimientos de la democracia, que no son otros que los de la participación ciudadana, a través de los partidos.

El “Estudio de Opinión Pública en Latinoamérica sobre Gobernabilidad y convivencia democrática en América Latina”, realizado recientemente por FLACSO, da cuenta de la cruda realidad de la representatividad y de la apatía política de nuestras sociedades. Por citar dos datos, sólo el 22% de los centroamericanos dijo haber participado en algún tipo de organización social en los últimos doce meses. Y si hablamos más concretamente de partidos u organizaciones políticas, el porcentaje en la región queda reducido al 17%.

Esa es la realidad.

La realidad es que la participación ciudadana y la confianza del pueblo en las instituciones democráticas es extremadamente baja y eso debería de preocuparnos. Y eso nos debe llevar a reflexionar sobre las causas de este divorcio, pero sobre todo sobre las posibles soluciones.

La verdad es que si lanzamos una mirada retrospectiva a las tres últimas décadas de democracia de nuestros países hay razones objetivas para este escepticismo ciudadano. El alejamiento de los ciudadanos de la participación democrática parte de que las instituciones no han sabido o no han podido resolver sus principales problemas. Las necesidades más importantes de los latinoamericanos siguen aún insatisfechas.

Voy a hablar de Centroamérica, que es la región que más conozco. En particular, en Centroamérica la pobreza continúa azotando a amplias capas de la población, a más de la mitad de las familias.

Somos, la región más injusta del planeta, no la más pobre. La más injusta, con los mayores niveles de desigualdad social. Y entonces, en este contexto la violencia hace presa fácil en los más débiles y está destruyendo especialmente nuestro más valioso capital que son las jóvenes generaciones.

Ante estas enormes carencias es difícil pedirle al pueblo compromiso, fe, participación o simplemente cooperación. Sin embargo, y esto quisiera enfatizarlo, estos retos pendientes no pueden llevarnos nunca a pretender culpar a la democracia de nuestros males.

Si la democracia no ha podido dar cuenta de los graves problemas populares no es por el sistema en sí, sino por los hombres y eso no es justificación tampoco para aventuras golpistas o mesiánicas. Muy al contrario, tienen que llevarnos a reforzar la institucionalidad democrática, a mejorar la representatividad y a redoblar nuestros esfuerzos en pos de la justicia social.

Como siempre digo, los problemas de la democracia sólo se resuelven con más democracia.

En lo relativo al fortalecimiento democrático, nos ilustra muy bien la reciente experiencia en nuestro querido hermano, el pueblo hondureño. Ese golpe militar del año pasado, puso el problema de la fragilidad de la democracia en Centroamérica en el orden del día y en la mira de la comunidad internacional.

Los gobiernos centroamericanos rechazamos los argumentos de los golpistas pero, a la vez, vimos en nuestros países que algunas fuerzas políticas y medios de comunicación no sólo no condenaban el golpismo, sino que lo justificaban. Intentaban presentarlo como una sucesión constitucional que fortalecería la democracia hondureña y no como una ruptura del orden democrático.

No voy a reiterar aquí los argumentos de los golpistas hondureños, sólo quiero señalar que nada puede motivar la ruptura del orden democrático y la violación de la Constitución.

Reitero: nadie ni nada puede sustituir –ya sea por la vía de la fuerza o de cualquier otra alternativa- la soberanía popular.

La experiencia hondureña ha dañado sin dudas la imagen de Honduras en el exterior y de paso ha afectado a toda nuestra región. Al violar la Carta Democrática de la OEA y su propia norma constitucional, los golpistas barrieron con la seguridad jurídica y con las reglas de juego que toda República debe guardar y custodiar.

Mi Gobierno fue el primero en la región en condenar el golpe. Pero también ha sido el primero en abogar por el retorno de Honduras a los organismos multilaterales, en primer término al SICA –nuestra organización de integración regional- y la OEA.

El golpe hondureño puso también al descubierto las debilidades inherentes al sistema interamericano y la urgente necesidad de una reforma de la carta democrática de la OEA.

Me sumo a quiénes sostienen que las aventuras golpistas no han salido del imaginario de algunos grupos de poder en el continente. Por lo tanto, no se puede dejar la suerte de un país y de sus instituciones librada a la discreción de los estados miembros del sistema que interpretan a su libre albedrío, y a veces a su propia conveniencia, la posición a asumir en casos de rompimiento del orden constitucional.

Soy de la opinión que el sistema interamericano demanda una reforma profunda y que lo menos que deberíamos comenzar a discutir es la creación de un mecanismo de alertas y de penalidades que sancionen cualquier quebrantamiento de la institucionalidad democrática.

La OEA, y con ella sus Estados miembros, deben intervenir oportunamente a fin de evitar el germen de un golpe militar como de cualquier otra situación que se traduzca en ingobernabilidad y desestabilización.

De la misma manera, debería pensarse en un conjunto de penalidades cuya severidad debe estar en función de la gravedad y profundidad del rompimiento provocado.

En una conferencia que pronuncié hace pocos días atrás en Miami, señalé que hay dos situaciones que acaparan la discusión del caso hondureño: Me preguntaba en ese momento ¿Acaso faltó previsión de parte del sistema interamericano de modo de haber advertido las señales de peligro que de haber sido detectadas institucionalmente, y a tiempo, hubieran provocado una deliberación e intervención de la OEA, que quizás habría evitado el golpe de Estado en Honduras?

En este punto, comparto la opinión de quienes sostienen que es indispensable ampliar las causales de invocación de la Carta Democrática y tomar en cuenta el conjunto de elementos que han perturbado la gobernabilidad democrática en América Latina en estos años.

Y lo segundo que debería de discutirse es la cuestión de la severidad de las sanciones impuestas a un Estado por interrumpir “el legítimo ejercicio del poder popular”.

La ambigüedad o abstracción de la Carta Democrática en este punto explica que hoy en día, y frente a la situación en Honduras, sobre todo después de la elección que llevaron al Presidente Porfirio Lobo al poder, haya quiénes no tengan una posición clara sobre la necesaria y urgente reincorporación del hermano país a los organismos interamericanos como la OEA.

Como se puede observar, de nuevo en este tema, salta a la vista la necesidad de profundizar el proceso de fortalecimiento institucional que demanda la región centroamericana. La crisis de representación de los partidos, que es una realidad innegable, no se resuelve entonces atropellándolos o quitándolos del medio. Se resolverá en un proceso donde la crítica, el debate, la renovación de las ideas y los procedimientos abran las compuertas partidarias para la llegada del aire fresco que seguramente atraerán las jóvenes generaciones, hoy alejadas de los partidos.

Los partidos deben hacer su autocrítica. Necesitamos fortalecer el sistema democrático y para ello necesitamos partidos fuertes, transparentes –sobre todo transparentes- y renovados. Con partidos fuertes y representativos no habría que temer a la participación más amplia de la ciudadanía, al contrario.

Pero en este proceso de cambio que vivimos, los partidos deben hacer su esfuerzo y las instituciones deben privilegiar la agenda de los grandes consensos.

Esta Asamblea es una apuesta por esos grandes consensos y por eso planteo aquí este reto, que no es nuevo, pero que sí crucial. Al menos, lo es para mi país El Salvador y para la región centroamericana. Y déjenme explicarlo brevemente.

El Salvador vivió, tras doce años de conflicto armado, 20 años de gobiernos de derecha sostenidos, en buena parte, sobre un sistema de base oligárquica, que manejó las estructuras del Estado en su propio provecho e instauró el miedo en la sociedad.

Después de ese largo período, este pueblo realmente realizó un gran acto de valentía y madurez política al apostar por la alternancia política.

Es que la alternancia –digamos de paso- es constitutiva de la democracia. Impide que se cristalicen los procesos, que se deformen las instituciones.

Pero también el pueblo nos confió algo muy valioso: su deseo largamente acariciado de que en este país hubiera un verdadero cambio.

Ahora, como bien lo ha dicho también el Presidente Casiero nuestra responsabilidad es enorme al estar en el Gobierno.

En nuestras manos está dar respuesta a esas ilusiones; en nuestras manos está vencer el escepticismo de décadas y generar un proyecto que convenza, que seduzca y sobre todo, que dé respuesta a las necesidades populares. No debemos volver atrás; no podemos, por tanto, dar lugar a los restauradores que desean regresar al viejo orden oligárquico. Debemos ser extremadamente responsables con nuestras acciones y recordar que, por encima de cualquier proyecto político, está el pueblo a quien representamos.

Desde mi llegada a la Presidencia he insistido en la necesidad, para gobernar, de despojarnos de colores políticos e ideológicos. Con esto no quiero decir despojarnos de principios ni de valores que compartimos, pero sí de intereses y ambiciones personales y de grupo que no nos permiten ver qué es lo que quiere la sociedad de nosotros.

Que quede claro, cuando este servidor público demanda de una posición no partidista en el ejercicio público, en ningún momento está menospreciando el trabajo de los partidos políticos y su aporte a la construcción de la democracia y de una sociedad, de un orden más justo.

Lo que estoy rescatando es la imperiosa necesidad de ponerse por encima de los intereses estrictamente partidarios e impulsar políticas públicas que no obedezcan a visiones sectarias y menos a intereses de grupos de poder o de presión.

Sí, El Salvador se ha visto sometido al atraso, a la injusticia, a la pobreza y al enfrentamiento permanente, un gobierno de unidad nacional es imprescindible para transitar en esta etapa de cambio. Es decir, el primer gran cambio es la construcción de la unidad nacional. Es dejar atrás los odios y los resentimientos. Eso conlleva el renunciamiento a la labor partidaria de parte de quienes tenemos la obligación de gobernar para todos.

Nuestro compromiso, nuestro único compromiso, debe ser, pues, con aquellos que depositaron en nosotros su esperanza. Ellos deben ser nuestro único horizonte.

Y esto plantea otro desafío que en el caso de los partidos de izquierda y de las fuerzas progresistas y democráticas deberían ser debatidos con serenidad y responsabilidad. Las fuerzas progresistas y esencialmente democráticas, no debemos dejar esfuerzos para llevar a cabo los casos en nuestras sociedades, que nuestros países demandan y han anhelado por tanto tiempo.

Pero en cambio su profundidad e intensidad no se construye de la noche a la mañana y menos en un país como El Salvador donde heredamos décadas enteras de exclusión y desatención de parte del Estado a las necesidades económicas y sociales de las familias más pobres y marginadas.

Es también una posición voluntarista que acaba poniendo en riesgo el mismo proceso de cambio, aquella que pasa por alto las limitaciones estructurales que le restan velocidad a las transformaciones por tanto tiempo anheladas.

Y tan riesgoso es pretender retornar al pasado oligárquico por cualquier medio al alcance de fuerzas oscurantistas que no han sido derrotadas aún en nuestros países, como forzar e imponer cambios que la misma realidad no permite realizar en forma acelerada como quisieran algunos.

Amigos y amigas, compañeros y compañeras:

Tenemos en América Latina una gran tradición de fuerzas políticas populares y revolucionarias. El camino que hemos transitado en las últimas décadas no ha sido fácil.

La democracia se está afianzando, aunque –como vimos en Honduras y recientemente en Ecuador- hay sectores nostálgicos de un orden autocrático y de privilegios, anclados ideológicamente al pasado. Nuestro compromiso con la democracia, es pues, en esta etapa, una reafirmación de aquella tradición popular y transformadora.

Y con las herramientas de la democracia, que son el diálogo, la más amplia participación, el funcionamiento independiente y pleno de los poderes del Estado, debemos dar respuesta a las demandas de los pueblos.

En nuestra región la lucha contra la pobreza y la guerra al crimen organizado son dos prioridades que van de la mano y que requieren de nosotros el mayor de los esfuerzos. Los centroamericanos nos unimos en estos desafíos comunes en el entendimiento de que no hay salida para ninguna de nuestras repúblicas, aisladamente. Somos militantes de la unidad regional, de la integración y de la necesidad de trabajar conjuntamente.

Yo deseo que los partidos latinoamericanos y sus dirigencias comprendan profundamente la magnitud de estas batallas que libramos y deseo vuestra solidaridad.

En definitiva, la pobreza y el crimen no son ajenos a ninguno de nuestros países.

Una vez más, compañeros y compañeras, amigos y amigas que nos visitan, les agradezco su estancia en nuestro país, me complace enormemente recibirlos y les deseo una muy fructífera Asamblea Ordinaria.

Muchas gracias, que Dios los bendiga; que Dios bendiga a los pueblos latinoamericanos.