miércoles, 22 de septiembre de 2010

Ecos de un diálogo memorable


Recibe Fidel a los integrantes del Peace boat. Testimonio de una sobreviviente de la bomba nuclear de Hiroshima dibuja los horrores incrementados que podría significar una confrontación nuclear hoy

El encuentro convocó a todos a comprometerse con la lucha por un mundo libre de armas nucleares. Autor: Juan Moreno

Nyliam Vázquez García
nyliam@juventudrebelde.cu
21 de Septiembre del 2010 9:21:33 CDT

Amaneció este 21 de septiembre y la bahía de La Habana fue asaltada por las luces del Crucero por la Paz (Peace boat). Una vez más, en velado desafío a todos los obstáculos, los activistas a bordo lanzaron el ancla y desembarcaron con su mensaje de paz.

Antes de iniciar su intenso programa de actividades en Cuba, en su visita número 14, y bien temprano en la mañana, el Comandante en Jefe, Fidel Castro, sostuvo un amplio intercambio con el grupo pacifista.

«Me alegro de tener este encuentro por la importancia del momento y además por un sentimiento de gratitud. Conozco la solidaridad de ustedes», expresó Fidel, quien fue recibido con un cerrado aplauso de los visitantes japoneses de todas las edades, reunidos para la ocasión en el Palacio de las Convenciones.

«Nunca en la historia de la humanidad hubo un momento tan peligroso como este», aseguró el líder de la Revolución, luego de destacar el valor especialísimo de la consigna del Peace boat: Aprende de las guerras pasadas para construir un futuro de paz.

Ese es, justamente, uno de los principios de esta ONG, fundada en 1983, que recorre los mares con este bote colmado de personas de todas las edades y que en sus 70 ediciones ha sumado la participación de más de 40 000 japoneses. Los testimonios de un pueblo que ha sido el único en sufrir un bombardeo nuclear navegan de un puerto a otro para acercarse a las nuevas generaciones, contarles del horror de la guerra y motivarlos para que luchen por un mundo sostenible y de paz.

¡No queremos la guerra, jamás! ¡No podemos permitir el uso de armas nucleares, jamás!, fueron dos premisas expuestas por el director de esta edición del Crucero por la Paz, Nao Inoue, quien destacó los esfuerzos por hacer un puente entre el pueblo cubano y el japonés, siempre en contra del bloqueo, y como se supo más adelante, a favor de la libertad inmediata de los Cinco.

Inoue manifestó su deseo de profundizar los lazos de amistad con otros países de la región como Nicaragua —próxima parada del Peace boat—, Venezuela y Ecuador. Además mencionó el deseo de llevar adelante un proyecto juvenil con los países del ALBA.

Mientras el amigo japonés hablaba de sueños y metas posibles, nuestro Fidel anotaba. Luego preguntó por la hora de arribo del crucero y la velocidad de traslación. Supo que a las 5.00 a.m., los cerca de mil activistas japoneses llegaron a nuestra isla.

«Pienso que el Peace boat tiene que marchar más rápido», dijo.

En esta edición del Crucero por la Paz, el testimonio de Junko Watanabe, sobreviviente del bombardeo atómico en la ciudad japonesa de Hiroshima también surcó los océanos. En La Habana, la señora Watanabe revivió el pánico que la ha acompañado desde que tenía dos años, cuando vivió un horror que entonces no comprendió, y que pudo valorar en toda su magnitud años más tarde, al intercambiar con otros hibakushas (sobrevivientes). La historia de su vida, como la de muchos en Hiroshima y Nagasaki, está ligada a la lluvia negra, al polvo, al dolor y la destrucción que prácticamente arrasó con esas ciudades.

«Debemos trasmitir a las nuevas generaciones un mensaje de paz a partir de esa experiencia terrible», expresó Watanabe.

Por su parte, Fidel comentó a los integrantes del Peace boat la reciente conferencia del científico estadounidense Alan Robock, autor de la teoría del invierno nuclear, de vital importancia en medio del actual peligro de guerra de dimensiones insospechadas.

Apuntó que Robock sostiene que bastarían cien explosiones nucleares para que se produzca el invierno nuclear y condenó el hecho de que los acuerdos entre las potencias no se traduzcan en una reducción de las armas.

Fidel criticó el silencio que se cierne sobre el tema, en el que pesan —como mencionó el científico estadounidense Robock, el «estado de negación» generado por los hechos terribles y también, acotó el Comandante en Jefe, por el complot de los grandes medios de comunicación. Sin embargo, existen muchos datos e investigaciones serias sobre las consecuencias de una confrontación de esa naturaleza. Ahora, destacó en alusión al testimonio desgarrador de Watanabe, las actuales bombas nucleares tienen 450 000 veces más potencia que las lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki, marcadas hasta hoy por aquel ataque, que Fidel calificó de innecesario.

«La verdad está secuestrada. No se conoce», dijo el líder cubano, y mencionó que, a pesar de la cantidad de medios y vías de comunicación, se dan muchas noticias, pero estas no se analizan.

También ponderó el papel de la conciencia y la necesidad de educar a las masas.

«La Revolución no se ha defendido con la fuerza, sino con los conocimientos durante más de 50 años» aseguró a los amigos japoneses.

En otro momento apuntó que «solo la conciencia hizo posible la Revolución».

El hecho real, dijo Fidel, es que hoy toda la humanidad está en peligro de cosas horribles, incluso más horribles que hace 65 años. Ante el auditorio subrayó también la importancia de liquidar, no solo las armas nucleares, sino las convencionales, cuyo poder destructivo se ha ampliado poderosamente.

El Comandante en Jefe volvió sobre otros urgentes problemas como el cambio climático —suficiente para que desaparezca la vida—, el aumento a largo plazo de la población mundial o los millones de niños que mueren en el mundo como consecuencia del hambre o enfermedades.

Asimismo, reiteró las alertas acerca de la amenaza de guerra sobre Irán, aunque no se haya podido probar que esté produciendo armas nucleares.

«No van a doblegar la resistencia iraní, no van a lograr un acuerdo por la fuerza… subestiman a los iraníes», sentenció.

«Puede que den la orden de ataque, pero será la última porque después de eso viene la guerra nuclear», apuntó Fidel, quien también mencionó que Israel, quinta potencia nuclear, podría atacar a Irán por su cuenta, si EE.UU. no lo hace, como parte de su intervencionismo y sus planes guerreristas.

«Les recomiendo a ustedes que presten atención a esto», dijo a los tripulantes del Peace boat.

Para la despedida, los visitantes regalaron a Fidel un sonajero con una grulla de la paz, para que el viento pacífico entrara a su habitación —auguraron— y una imagen del Peace boat entrando en la Bahía de La Habana.

Cuando la embarcación se aleje de nuestras costas, quedarán los recuerdos de una jornada memorable. Quizá desde alta mar lleguen los ecos de las emociones de cada quien en su acercamiento a la realidad cubana. Sin embargo, a juzgar por los rostros de quienes estuvieron con Fidel y le escucharon alelados, definitivamente, ese diálogo matutino marcó desde Cuba este 21 de septiembre, Día Internacional por la Paz.


EL SISTEMA POLITICO CUBANO: EXPERIENCIAS Y OPORTUNIDADES (II)

Jorge Gómez Barata

En las sociedades modernas y avanzadas, el sistema político se forma por conjuntos de elementos que interactuando entre sí, aseguran el funcionamiento estable de la sociedad, ejercen su dirección y gobierno, lideran la formación de consensos e identifican las metas compartidas. En su condición de instrumento del poder, el sistema político ha de ser legítimo y democrático.

Además de los elementos tangibles que lo constituyen (instituciones, partidos, clases y el Estado) el sistema político incluye las doctrinas y las ideas, así como sus modos de expresión que, con la cultura y la participación políticas integran grandes estructuras sociales.

La eficiencia del sistema político depende de la interacción de los factores que lo forman y no de la excelencia de alguno de ellos. Allí donde las instituciones del poder son invasivas de los fueros ciudadanos, la autoridad actúa sin contenciones y los mecanismos de control social del poder no son adecuados, los riesgos de incurrir en excesos y de burocratización son altos.

Cuando la participación ciudadana es elevada y las instituciones ineficientes o viceversa, el sistema cojea y puede ocurrir que siendo alta, la participación sea formal e irrelevante. En cualquier caso la existencia de liderazgos legítimos y políticamente solventes; así como de servidores públicos competentes y probos, contribuyen a la idoneidad del sistema, que funciona mejor cuando las reglas son claras y en la cuantía necesaria, la autoridad discreta y la represión nula. En realidad el paternalismo del Estado y del poder, son expresiones blandas de autoritarismo.

En las sociedades occidentales, aunque los elementos del sistema político están presentes en todos los países, su funcionamiento y coherencia no es homogéneo. En América Latina donde en los últimos cincuenta años se ha experimentado una positiva evolución expresada, no sólo en el crecimiento económico sino en la idoneidad de las instituciones, en la circulación de ideas avanzadas, el impulso de políticas sociales pertinentes y el retroceso de las oligarquías, fenómenos acompañados por la aparición de nuevos actores que como los movimientos sociales y una izquierda avanzada de perfiles no ideológicos ni compromisos doctrinarios, introducen aires de fronda.

Lo que hace eficaces, entre otros a Chávez, Lula, Correa y Evo Morales no son sus credos filosóficos ni su militancia partidista, sino sus convicciones de que, llegado a cierto punto, el poder más que un mecanismo de dominación es un instrumento de acción social. Se trata de democracias de tercera generación, de carácter vinculante que no son debieran ser juzgadas por lo que dicen que harán sino por lo que hacen. Aunque ya nadie lo recuerda, el liberalismo y la democracia, lo mismo que el marxismo y el socialismo, fueron inventos de la izquierda que, después de mucho bregar se reencuentran y adoptan como credo la aproximación a la verdad social.

La Revolución Cubana, que precedió cuarenta años a los actuales procesos políticos latinoamericanos, aunque asume el precio de quien desbroza el camino, también disfruta de las ventajas de los que han recorrido una parte de la senda.

Al asumir los elementos disfuncionales del modelo cubano, incluyendo componentes del sistema político, Fidel y Raúl Castro están constatando hechos, no levantando especulaciones y al proponer caminos y medidas para su reforma, perfeccionamiento o actualización, en lugar de una renuncia, expresan una ratificación y una voluntad de seguir adelante.

Habría que ser un enemigo visceral (los hay con buenas razones) o un estúpido para sostener que un sistema o un modelo que ha sido capaz de realizar y sostener la obra social, educacional, cultural y política impulsada por el pueblo cubano, es un sistema que pueda o deba ser descartado. En un caso así se confirmaría el error de quienes con el agua sucia botan la criatura.

La obra social de la revolución Cubana, la protección a los más vulnerables, los indicadores de empleo, aun con los reajustes laborales, los índices de salud en todas las categorías de población, lo vasto e inclusivo del sistema educacional, los avances en el deporte, la ausencia de delincuencia juvenil, de crimen organizado, de trafico de drogas y de otras lacras sociales de las que ningún país de la región está a salvo, no son retorica sino hechos tangibles que hablan de las virtudes y de la eficacia del modelo y del sistema político que lo gestiona.

Asumir una posición autocrítica, admitir que durante mucho tiempo hubo arboles que no dejaron ver el bosque, se introdujo cierto narcicismo, se descuidaron factores y se mantuvieron anacronismos que han dado lugar a desequilibrios que es preciso corregir, no significa abandonar el modelo, sino devolverle la eficiencia que un día tuvo, aunque de otra manera.

Naturalmente, no existen recetas aunque tampoco se necesitan para lo obvio: elevar la eficiencia económica mediante nuevas políticas, explorar otros caminos, renovar las políticas agrarias, permitir que florezca la diversidad social y asumir con medidas coherentes afrontar las desigualdades, mejorar los mecanismo de participación social y devolverle al pueblo el protagonismo que un día tuvo. Es preciso democratizar la sociedad, gobernar de modo transparente, elevar la eficiencia de las instituciones, en primer lugar del parlamento, reinventar la prensa que merece y necesita el socialismo, frenar la corrupción y contener la burocracia. Nadie necesita un modelo exportable, sino eficaz. Cuba no está detrás en el empeño.

En todo ello hay componentes ideológicos, teóricos y doctrinarios a los que el modelo cubano no es ajeno.

La Habana, 22 de septiembre de 2010


VERGÜENZA Y ESPERANZAS EN HONDURAS

Por Manuel E. Yepe

Cuando leo o escucho noticias de Honduras invariablemente viene a mi mente, con admiración, el recuerdo de un mexicano de ascendencia hondureña que fue el más joven expedicionario de los 82 que, con Fidel Castro, desembarcaron cerca de las estribaciones de la Sierra Maestra el 2 de diciembre de 1956, dispuestos a librar la guerra de liberación que puso fin a la tiranía de Fulgencio Batista.

Se nombraba Alfonso Zelaya y sirvió a la revolución cubana con valentía y lealtad hasta su muerte en 1994, cuando le falló el corazón de visita en su Coahuila natal. Allí había nacido en 1936, hijo de un exiliado hondureño obligado a dejar su patria por su militancia en las luchas sociales. Alfonso era sobrino del poeta nacional hondureño, Alfonso Guillén Zelaya de quien tomó el “Guillen” para usarlo como el nombre de combate que nunca dejó.

Parece evidente el parentesco, de sangre y de militancia, con el ex presidente hondureño Manuel Zelaya, a la luz de la historia de dignidad y rebeldía escrita por este último antes, durante y después del Golpe de Estado del 28 de junio del 2009.

Con ese infame acto, las fuerzas neoconservadoras de Estados Unidos y la corrupta oligarquía local buscaban aplastar un gobierno que, aunque había sido electo en las difíciles condiciones que imponen los sistemas democráticos burgueses, se había propuesto una administración honesta de los asuntos públicos y acometía medidas de beneficio popular, para ellos inaceptables. Washington pretendía, sobre todo, agredir al ALBA, la asociación de solidaridad de los países más progresistas de la región para así iniciar una contraofensiva a nivel continental contra los avances de las fuerzas antiimperialistas y de izquierda, por la reimplantación de las relaciones de sometimiento y dominación antes existentes.

La brutal represión que existe hoy en Honduras no tiene nada de novedoso. La ciudadanía de esa nación centroamericana conoce de viejo los métodos con que la oligarquía servil a Estados Unidos ha ejercido el poder durante muchos años y su secuela de pobreza e injusticias.

Lo que si es nuevo es la intensidad de la resistencia popular en esa nación centroamericana, no porque a la historia de Honduras le hayan faltado líderes patrióticos para la lucha por la independencia política de España y, luego de lograrla hace 189 años, para dar sus vidas en la lucha por la segunda y definitiva independencia junto a sus hermanos latinoamericanos y del Caribe. El despertar de las masas aletargadas por los espejismos neoliberales, es lo inusitado.

Pretendiendo una legitimación de la dictadura llevada al poder por el golpe militar, Estados Unidos “recomendó” al gobierno de facto que efectuara los sufragios que llevaron a la elección de Porfirio Lobo, por los mismos motivos que Batista fue instado a celebrar espurios comicios que le confirmaron en la presidencia. Recientes farsas electorales en Irak y Afganistán han tenido iguales propósitos de legitimar sendas marionetas de Washington.

El pueblo hondureño pudo apreciar notables beneficios durante el gobierno progresista de Manuel Zelaya y ahora se percibe cómo todos los logros de aquella gestión se pierden en poco tiempo. Los privilegios que el gobierno del Poder Ciudadano suprimió a las poderosas compañías petroleras norteamericanas, sorteando grandes obstáculos, les han sido devueltos por los golpistas.

La integración al ALBA, proyecto solidario de gran utilidad para Honduras, se canceló para devolver al país a la voracidad de las políticas monetarias y el sistema financiero internacional sostenido por los grandes bancos norteamericanos.

Nada más parecido a una situación pre-revolucionaria es la que vive hoy Honduras. De una parte, represión selectiva y general; desapariciones; asesinatos; violaciones a los derechos ciudadanos; torturas de prisioneros; censura, amenazas y secuestros de periodistas. De la otra, avances de la resistencia popular que le ha perdido el miedo a los militares y los policías, concertación de los movimientos populares en un activo Frente Nacional de Resistencia Popular (FNRP), e incorporación individual y colectiva creciente a la lucha de personas y organizaciones sociales y profesionales.

La victoria del pueblo cubano el primero de enero de 1959 no habría sido posible sin el golpe de Estado del 10 de marzo de 1952.

Esa fue la contradictoria contribución de la oligarquía cubana, bochornosamente dependiente del imperialismo estadounidense, a la gloria presente de esta isla y, por extensión, al porvenir de toda la América Latina y el Caribe.

El solo hecho de que los cubanos, pese a enfrentar la más larga campaña de difamación mediática de la historia humana y el más extenso bloqueo económico, comercial y financiero que haya sufrido nación alguna, hayan salvado su revolución y puedan exhibir hoy algunos de los índices de calidad de vida más elevados del tercer mundo, demuestra que los sueños de los padres de las patrias latinoamericanas eran realizables.

Sin la resistencia al imperio de los cubanos por más de medio siglo, las perspectivas latinoamericanas de hoy serían impensables.

El vergonzoso golpe de junio de 2009 contra América Latina en Honduras está siendo resistido con firmeza por los hondureños. El futuro es de grandes esperanzas.

La Habana, Septiembre de 2010.