viernes, 17 de septiembre de 2010

La complicidad de la crítica tibia e hipócrita con respecto a los asesinatos de periodistas en Honduras

Percy Francisco Alvarado Godoy

No estoy totalmente seguro si cuando escriba estas líneas algún periodista hondureño esté siendo brutalmente, secuestrado o amenazado. Es que en Honduras, donde impera la más execrable impunidad, el irrespeto a la vida se ha convertido en una cuestión de cotidianeidad.

Un reciente mensaje recibido por mis amigos Dick Emanuelsson y su esposa, tantas veces amenazados por su vocación de pregonar la verdad, siguiendo las pautas del famoso pensador Jean-Baptiste Henri Lacordaire, político, orador y religioso francés quien vivió entre el 2 de mayo de 1802 y el 21 de noviembre de 1861, y quien expresara que “El desprecio de la muerte, he ahí el principio de la fuerza moral”, han mantenido la fuerza necesaria para continuar batallando con su pluma y su cámara sin temer a la represalia y al asesinato. No les han importado las amenazas provenientes del DAS de Colombia, donde antes residieron, ni por las realizadas por las fuerzas represivas hondureñas en estos últimos tiempos.

Otros sin embargo no han tenido tanta suerte. Los hay quienes han sido atacados sin piedad como el caso del periodista de Radio Globo Luis Galdámez, agredido, por sicarios cerca de su casa con armas de fuego, el 14 pasado, en horas de noche en la colonia Villa Olímpica, en el sector oriente de la capital. Su única culpa fue oponerse al golpe inconstitucional contra el derrocado presidente Manuel Zelaya Rosales.

Otros medios de prensa como la emisora de RADIO UNO de San Pedro Sula, el periódico El Libertador y otros, como los casos de muchos periodistas que han puesto demandas ante Amnistía Internacional, tal como sucedió con Ricardo Oviedo Reyes, periodista de televisión y presidente de la Asociación de Comunicadores de Colón, en el noreste de Honduras. También fue amenazado el periodista televisivo Jorge Otts Anderson.

Más de diez periodistas, todos ellos hombres, han sido ejecutados por sicarios de los órganos estatales y muchos más han recibido amenazas de muerte, valiéndose de la más bochornosa impunidad. Entre ellos se encuentran Joseph Hernández Ochoa, Jorge Alberto Orellana, Gabriel Fino Noriega, David Meza Montesinos, Víctor Manuel Juárez, José Bayardo Mairena, Nicolás Jesús Asfura Asfura, Santiago Rafael Munguía, Carlos Salgado, Osman Rodrigo López Nahum Palacios, Bayardo Mairena, Bernardo Rivera Paz, Luis Antonio Chévez, Luis Arturo Mondragón, Georgino Orellana e Israel Zelaya Díaz, quienes se involucraron en la denuncia de casos de narcotráfico, abusos de la oligarquía, expropiaciones injustas de tierra al campesinado, denuncia de violaciones de los derechos humanos y otros delitos cometidos por representantes gubernamentales.

Muchos han tratado de esconder las causas de los crímenes y escamotear la verdad. Tal es el caso del dudoso informe entregado a la Cámara Legislativa por la Secretaría de Seguridad, sobre las últimas indagaciones acerca de los asesinatos. El informe en cuestión trata de enrarecer la realidad cuando se expresa en él: Se reconoce que estos crímenes no obedecen a una política del Estado de Honduras de hostigar o atemorizar a los periodistas o medios de comunicación, ni tampoco una amenaza a la libre expresión del pensamiento y libertad de información”. La causa de los asesinatos los vincula al narcotráfico y otros hechos, pero nunca a una represión selectiva y sistemática por parte del gobierno de Porfirio Lobo.

La falaz afirmación fue tácitamente apoyada por diputados como Augusto Cruz Asencio, quien hizo entrega del inexacto informe a la Asociación de Prensa Hondureña (APH), al Colegio de Periodistas de Honduras (CPH), a la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y a las organizaciones no gubernamentales “Reporteros sin Fronteras”, Asociación Mundial de Radios Comunitarios y la International Media Support, ávidas en atacar a los países del ALBA mediante una atroz guerra mediática y pusilánimes ente los crímenes provenientes de las dictaduras y de Estados Unidos. No pudo, sin embargo, dejar de reconocer la incapacidad del estado hondureño de velar por la vida de los periodistas, al declarar que “el Estado reconoce la falta de una política nacional de seguridad eficaz permanente, transparente, coordinada e integral por garantizar a la ciudadanía su libertad y respeto a la vida”.

Nadie se moja las manos para denunciar los crímenes

Salvo el justo reclamo de los miembros del Comité de Familiares de Detenidos Desaparecidos en Honduras (COFADEH), pocos se preocupan por la suerte de los periodistas hondureños. Todos los demás como la Asociación de Prensa Hondureña (APH), al Colegio de Periodistas de Honduras (CPH), la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), la OEA, la Unión Europea, la Asociación Internacional de Radiodifusión (AIR) “Reporteros sin Fronteras”, la Asociación Mundial de Radios Comunitarios, la International Media Support, los propios Estados Unidos y muchos otros, son cómplices pasivos de las masacres. Si usaran, digo yo, la misma saña y recursos empleados para denigrar a Cuba, Venezuela y a otras naciones sobre supuestas violaciones de derechos humanos, para detener este genocidio selectivo en Honduras, otro gallo cantaría. Sin embargo, quienes arman a los asesinos y sicarios, no tienen ni mérito ni interés por salvar las vidas de sus propias víctimas.

Mientras tanto, las plañideras condenas de organismos como la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), en la voz de su presidente Alejandro Aguirre, nada menos que el subdirector del Diario de las Américas de Miami, propusieron a Lobo la inclusión de la ONU en el caso y la creación de fiscalías especiales, pero sin tocar el aspecto neurálgico de que la violencia parte de los propios estratos del poder gubernamental y de la oligarquía narco militar. Otro mismo show lo realizó en Washington, la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión de la CIDH, quien condenó tímidamente el asesinato del periodista Israel Zelaya Díaz en San Pedro Sula, Honduras, y se limitó solo a “reiterar” su preocupación por la "grave situación del periodismo" en ese país. La CIDH, quien dijo desconocer las causas o la identidad de los criminales, aún teniendo certeza de quiénes son los autores intelectuales dentro del gobierno, no exigió con la dureza necesaria el esclarecimiento de estos hechos.

El colmo de la hipocresía lo desempeñó el pasado 7 de marzo de 2010 el representante alterno de Estados Unidos en la Organización de Estados Americanos (OEA), Lewis Amselem, quien declaró: “Urgimos al nuevo gobierno hondureño a investigar estos crímenes y sancionar a los responsables”. Parece que el señor Amselem ignora deliberadamente que su gobierno sostiene militar y financieramente a la dictadura institucionalizada de Porfirio Lobo y que, le orienta a la vez, la realización de estas campañas represivas.

La verdad que se quiere acallar es otra: El gobierno de Porfirio Lobo es directamente responsable de estos crímenes y de la intimidación a los periodistas, pues ha demostrado total incapacidad para evitar y detener tales fechorías. Su gobierno ha efectuado, solo en algunos casos, investigaciones viciadas e incompletas, en las que los resultados son totalmente cuestionables y se ocultan a la opinión pública. De la misma manera, el Estado es incapaz de proteger a los medios de prensa y a los periodistas que han sido amenazados de muerte. Parte de la responsabilidad por esta apatía e indiferencia corresponden al Ministerio Público, a la Policía, al Consejo de Seguridad Interior (CONASIN), al Comisionado Nacional de los Derechos Humanos, y al señor Luis Alberto Rubí, Fiscal General de la República.

Muchas voces justas se han unido al reclamo por el cese de los asesinatos, entre ellas el del gobierno francés, de la Directora General de la UNESCO, Irina Bokova; de la Federación Internacional de Periodistas (FIP), de la Federación de Periodistas de América Latina y el Caribe (FEPALC) y, particularmente, de la Asociación Americana de Periodistas Bolivarianos - Capítulo de Panamá, quienes expresaron en un comunicado: “Llamamos a todos los periodistas, medios de comunicación, trabajadores de los medios sociales de comunicación, comunicadores populares, formadores de opinión, escritores, intelectuales, pensadores y pueblo honesto y digno, a que se pronuncien en contra de tan abominable crimen, y exijan castigo a los culpables, en aras del retorno de la democracia y de la libertad de expresión a nuestra hermana Honduras.”

De la misma manera, la condena justa contra los crímenes de periodistas en Honduras partió el 3 de mayo de 2010 el Coloquio por el Día Mundial de la Libertad de Prensa, auspiciado por la UPEC y la UNESCO, poniendo al desnudo la responsabilidad del gobierno de Porfirio Lobo en estos hechos.

A manera de conclusión

Aunque el presidente de Honduras, Porfirio Lobo, dijo hipócritamente favorecer a una verificación internacional sobre el asesinato de más de una docena de periodistas en su país, no puede esconder el ambiente de impunidad existente allí, donde se pisotean bochornosamente los derechos humanos. Con total descaro declaró hace unos días: “Yo no puedo estar en contra de que venga aquí cualquier organismo internacional y que revise”.

Tras bambalinas, en la oscuridad de la noche, se fragua criminalmente la muerte de los mensajeros de la veracidad quienes ponen, por encima de todo, sus propias vidas para darle estatura a la verdad. Para ellos, nuestros muertos amados, vale la pena recordar las palabras de Petit-Senn: “La muerte nos despoja de nuestros bienes, pero nos viste con nuestras obras.”

La Habana, 17 de septiembre de 2010


SOCIALISMO REAL: CRISIS, REFORMAS Y OPORTUNIDADES PERDIDAS (II)

Jorge Gómez Barata

Las formas relativamente indoloras como en los países de Europa Oriental fue liquidado el socialismo real, restablecida la economía de mercado y reivindicada la democracia liberal evidencian que el régimen implantado en ellos al momento de la liberación del yugo nazi tuvo fallas de origen, no echó raíces y era prescindible.

A diferencia de lo ocurrido en Rusia, China, Vietnam y Cuba, el advenimiento del socialismo en los países de Europa Oriental no fue resultado de procesos políticos endógenos, sino de ajustes geopolíticos resultantes de la II Guerra Mundial y de los intereses de seguridad de la Unión Soviética.

El 13 de marzo de 1946 Stalin respondió al discurso pronunciado por Winston Churchill ocho días antes (5/3/46) en Fulton Missouri, en el cual declaró oficialmente iniciada la Guerra Fría. El líder soviético fue inusualmente transparente y con extraordinaria franqueza (de Stalin no podría decirse candidez) reveló los planes de la Unión Soviética para Europa Oriental:

“...Los alemanes hicieron la invasión de la URSS a través de Finlandia, Polonia, Rumania, Bulgaria y Hungría. Los alemanes pudieron hacer la invasión a través de estos países, porque tenían gobiernos hostiles a la Unión Soviética… Y así es sorprendente que se critique el hecho de que la Unión Soviética, ansiosa por un futuro seguro, esté intentando que existan en estos países gobiernos leales a las actitudes de la Unión Soviética…”

Estados Unidos se involucró en la II Guerra Mundial en Europa desembarcando sus tropas por Francia y, al liberar a los países occidentales, se limitó a restaurar en ellos las condiciones previas a la ocupación nazi. Para la Unión Soviética fue más difícil debido a que, para crear las condiciones de seguridad a que aspiraba, era preciso instalar en los países aledaños un nuevo orden político.

En aquellas circunstancias, a las que es preciso sumar la ruina de la Unión Soviética, el caos económico, el drama humanitario derivado de la muerte de más de veinte millones de hombres tras los cuales quedaron otros millones de huérfanos, viudas, madres destrozadas y familias destruidas, se desplegaron procesos que en una decena de países combinaron presiones y negociaciones para promover la unificación de los restos de los partidos comunistas y socialdemócratas, la creación de frentes o alianzas populares que dieron lugar a partidos unificados y parlamentos híbridos, bajo la hegemonía de líderes comprometidos con la Unión Soviética.

Sería erróneo evaluar aquel proceso sólo por los resultados que se revelaron cuarenta años después, penalizar a la Unión Soviética por las preocupaciones por su seguridad y atrevido pronunciarse categóricamente acerca de si la forma elegida fue la correcta.

Es difícil saber si en medio de la soledad política en que se encontraba, Stalin que, además de haber purgado al activo más valioso del partido, durante seis años se concentró en la conducción de la guerra, dirigió el país desde el Estado Mayor, por intermedio de sus generales y mariscales, sin poder ocuparse del partido, de los soviets y ni del funcionamiento de los órganos de gobierno, estaba en capacidad de idear maniobras más sofisticadas.

En medio de tales tensiones, para redefinir la orientación política e ideológica de aquellos estados y sociedades, en términos políticos, la Unión Soviética exportó a ellos lo único que tenía: un modelo de organización política y un sistema político burocrático y autoritario que en 1956, en el XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética, mediante una devastadora crítica fue denunciado, abriéndose un proceso de que, al no ser consecuente en la URSS ni en ninguno de los países de Europa Oriental, no promovió una verdadera rectificación.

Así, como una anomalía histórica y no como un fruto del desarrollo, nació el campo socialista.

Si bien con la existencia de aquel conglomerado de naciones con sistemas políticos afines, en términos políticos y militares la Unión Soviética adquirió los espacios de seguridad a que aspiraba, también lo es que echó sobre sus hombros una desmesurada carga económica y un atado de responsabilidades políticas con los cuales a la larga no pudo.

Estados Unidos no tuvo dificultad alguna para echar a andar la economía de Alemania, Japón, Francia, Italia y todos los demás países porque se trataba de naciones desarrolladas y capaces de operar con eficiencia la economía de mercado y practicar la democracia liberal; incluso varios países, entre ellos Alemania, utilizaron parte de los créditos otorgados por el Plan Marshall para adquirir armas.

Lo cierto es que, debido a su ineficacia, el sistema político y los mecanismos de gestión económica, las políticas sociales y culturales implantadas en los países de Europa Oriental que reproducían lo existente en la Unión Soviética, eran ineficaces y demandaban constantes reformas que por su escala limitada constituían parches y paliativos que, en lugar de soluciones estructurales, creaban deudas sociales que al acumularse dieron lugar a tensiones que terminaron en explosiones sociales y cambios políticos.

De hecho la Unión Soviética como tampoco ningún otro país socialista tuvo nunca la voluntad política y la sabiduría para aplicar a tiempo y con la amplitud requerida reformas políticas estructurales que salvaran lo positivo del sistema, que no es poco y desechara los elementos inoperantes, anacrónicos o impopulares.

Tal vez de haberse tratado de otra manera y no a tancazos, los procesos ocurridos en Hungría y Polonia en 1956, así como Checoslovaquia en 1968, hubieran producido otros resultados. En la América Latina de hoy el socialismo democrático, participativo y con rostro humano no es un slogan contrarrevolucionario.

En cualquier caso quedó una enseñanza: las reformas checas de 1968, contra las cuales se abalanzó el Pacto de Varsovia eran más moderadas que las implantadas por Gorbachov y Yeltsin y, tal vez pudieron ser mejor administradas.

En aquellas circunstancias hubo otros esfuerzos reformistas dignos de ser relatados, entre ellos los de Yugoslavia y China. Esta vez no pasaré por alto a los que prefirieron atrincherarse en los dogmas y el inmovilismo y optaron por el aislamiento, por ejemplo Albania y Enver Hoxha. Otro día les cuento.

La Habana, 17 de septiembre de 2010


EL CAPITALISMO QUE SE NOS PRETENDE IMPONER

Por Manuel E. Yepe

Cuando la propaganda del capitalismo llama a las naciones del tercer mundo a implantar o ampliar políticas de mercado, o a rehuir las políticas socialistas de beneficio común, nadie puede saber si se trata simplemente de una burla que refleja la subvaloración que hacen de la inteligencia de los pueblos del Sur o si es una invitación que se les formula a hacerse cómplices del segmento minoritario de la población mundial que explota al mayoritario.

La manipulación de los medios de prensa que ha estructurado el imperio ha hecho que la mayor parte de los ciudadanos de los Estados Unidos, y una buena parte de los del resto de los países que se tienen por “occidentales” o del “norte”, llamen “democracia” a un sistema tan poco democrático como ese que preside Washington aunque en verdad rigen Wall Street y el complejo militar e industrial con eje en el Pentágono.

La política de guerra estadounidense en el periodo transcurrido desde el final de la segunda conflagración mundial, ha devenido estímulo principal para su economía interna y requisito obligado para el ejercicio de su dominación mundial.

La dictadura que Estados Unidos ejerce hoy sobre el mundo con apoyo de las clases opulentas de los demás países del planeta no obstante las serias contradicciones que la globalización impuesta a estos últimos disimula, pasa ahora por momentos que denotan precariedad.

La pobreza extrema, la marginalidad, la falta de oportunidades de educación y de trabajo digno, la emigración desintegradora de la familia con sus secuelas de violencia y drogadicción, todo resulta de un sistema capitalista que ha sido incapaz de dar respuestas mínimas a los acuciantes problemas que ha creado.

La ética individualista que está en la raíz del capitalismo es la madre de todo lo peor de las sociedades humanas de hoy: la corrupción, la apropiación ilegal de las cosas, la especulación, el bandolerismo, la explotación del trabajo ajeno, la privatización de los espacios sociales…

Como ha escrito el genial Eduardo Galeano, “la sociedad de consumo es una trampa cazabobos. No hay naturaleza capaz de alimentar a un shopping center del tamaño del planeta.”

Si el capitalismo pudiera exhibir un mundo de progreso, libertad y justicia sería fácil vender el sistema por todo el planeta y hacer que el Tercer Mundo lo acompañe en esta crisis, pero nada está más lejos de la realidad.

Según datos oficiales de Naciones Unidas, hay en este planeta 6 mil 800 millones de personas, de las cuales mil 20 millones son desnutridos crónicos; 2 mil millones no tienen acceso a medicinas; cerca 900 millones no tienen agua potable; más de 900 millones carecen de vivienda o viven en alojamientos precarios; mil 600 millones no tienen electricidad; 2 mil 500 millones carecen de sistemas de drenajes o cloacas; 770 millones de los adultos son analfabetos; 18 millones mueren al año a causa de la pobreza (la mayoría son niños menores de 5 años); más de 200 millones de niños y jóvenes de entre 5 y 17 años trabajan en condiciones próximas a la esclavitud como soldados, prostitutas, sirvientes o en otras tareas peligrosas o humillantes.

Obviamente, con tal catálogo de linduras, cada día tendrán que ser mayores los gastos y esfuerzos para vender al capitalismo como el sistema que el mundo necesita, mediante el ocultamiento de tantas realidades que cotidianamente laceran a la mayor parte de la población mundial, no solamente en las naciones subdesarrolladas.

Sólo por la fuerza de la propaganda y con la amenaza de las armas, ambas alimentadas con gigantescos recursos financieros y humanos en detrimento de los intereses reales de la humanidad, se mantiene la hegemonía global de Estados Unidos.

Véase cómo, para ejecutar la dominación militar, en medio de la crisis global del capitalismo, Washington ha instalado alrededor del planeta cerca de mil bases militares y libra dos grandes y cruentas guerras para mantener su ocupación de dos países en aras de sus objetivos geopolíticos y los intereses estratégicos de las grandes corporaciones petroleras.

Pero se hará cada vez más difícil hacer entender a los pueblos que es sostenible por más tiempo un sistema que genera tanta injusticia entre los seres humanos y que se muestra inepto en el manejo de las relaciones de éstos con la naturaleza. No se sabe si queda tiempo a la humanidad para reparar, en aras de su supervivencia, el desastre provocado en el medio ambiente por la voracidad que mueve al capitalismo, un sistema que no se puede humanizar, porque su naturaleza intrínseca es inhumana.

Un sistema, comoquiera que se le nombre, que anteponga lo social y la solidaridad a la avaricia y la competencia que impone el capitalismo - porque las necesita para existir- es el único camino de que dispone la humanidad para salvarse a partir de su más preciada aptitud, la inteligencia, aplicada a su elemental instinto de supervivencia.

La Habana, Septiembre de 2010


ESTADOS UNIDOS YA NO SABE QUÉ HACER ANTE LA CRISIS

ALFREDO JALIFE-RAHME

Antecedentes: después de las masivas inmundicias financieras que dejó desparramadas la dupla comunitaria Greenspan-Bernanke –que desde hace 23 años controla la cúpula de la Reserva Federal en detrimento del bien común y la armonía social–, pues ahora resulta que Estados Unidos (EU) se quedó sin municiones.

La Reserva Federal es un banco central literal cuan insólitamente privado que maneja el dinero público (ver Bajo la Lupa, 12/9/10) y que sólo beneficia a la parasitaria banca de Wall Street: los banqueros gangsteriles vilipendiados como banksters por los medios críticos.

Por allí queda totalmente aislado Tim Geithner, el malhadado secretario del Tesoro, quien se atrevió hilarantemente a proclamar la recuperación (¡Bienvenidos a la recuperación!; NYT, 2/9/10), que será el hazmerreír del milenio.

Hechos: Afp (12/9/10) recopila cómo las advertencias de escenarios apocalípticos del día del juicio final se asientan en EU: la primera economía mundial se encuentra al borde del colapso (sic), en medio de altas tasas de desempleo, y un déficit público en espiral. A propósito, su verdadero desempleo desde hace mucho que rebasó 19 por ciento (no el benigno 9 por ciento que proclaman oficialmente), de acuerdo a la cada vez más disidente Reserva Federal de Atlanta (uno de sus 12 gobiernos regionales).

Nuriel Roubini, quien encabeza a los pregoneros del doble hundimiento recesivo (double-dip recession), acaba de sentenciar que EU se había quedado sin municiones. Afp cita –por cierto, cuatro días más tarde que nosotros (ver Bajo la Lupa, 9/9/10)– a Laurence Kotlikof, profesor de economía de la Universidad de Boston, y su visión de pesadilla del futuro. No faltan ignaros que rechacen los asertos de Kotlikoff sobre el déficit fiscal de EU, que en realidad ascendería a unos astronómicos 202 millones de millones de dólares (trillones en anglosajón). Hoy las advertencias de Casandra han sido rebasadas por el incendio de Troya. La diferencia entre Casandra y un sabio es una grave crisis de por medio.

Afp recurre a un escrito de Kotlikoff en Revisión Finanzas y Desarrollo, del FMI: Una crisis global oculta (septiembre de 2010; Vol. 47, No. 3), donde plantea el escenario de una guerra económica de EU y China que detenta más de 843 mil millones de dólares en bonos del Tesoro. El horno no está para bollos cuando los aleteos de múltiples mariposas, dadas las condiciones iniciales imperantes de caos global, pueden desencadenar varios ciclones metastáticos: una disputa comercial menor (sic) entre EU y China puede hacer que algunas (sic) personas piensen que los otros van a vender los bonos del Tesoro, lo cual puede desembocar en un pánico de retiros masivos de depósitos bancarios, mercados de fondos y aseguradoras: en un breve periodo, la Reserva Federal tendría que imprimir millones de millones de dólares (trillones en anglosajón) para cubrir sus garantías explícitas e implícitas. Este nuevo dinero puede producir una fuerte inflación, quizá hiperinflación.

Este escenario dantesco ya había sido planteado hace dos décadas entre EU y Japón por el hoy esfumado Lester Thurow, autor del incorrecto Futuro del capitalismo, y a quien se le escapó el ascenso chino. Salvo un accidente cibernético y/o una guerra unilateral de EU contra China, consideramos improbable el escenario de una instantánea venta masiva de bonos del Tesoro por el Partido Comunista Chino que, de acuerdo con el Arte de la guerra, de Sun Tzu (siglo sexto adC), lleva ganada la partida geoeconómica, no así la batalla geofinanciera donde Pekín es sumamente vulnerable (ver Radar Geopolítico en Contralínea, 19/9/10).

La sicología colectiva china es más proclive a un abordaje gradualista frente al inmediatismo lucrativo anglosajón. De allí el éxito descomunal de la guerra de las divisas (ver Bajo la Lupa, 12/9/10) que ha cautivado a la cúpula china en el poder la cual teme un ataque perverso anglosajón (cuyas finanzas son presuntamente controladas por los esclavistas banqueros Rothschild), ante lo cual debe estar preparada defensivamente. Cualquier estratega sabe que en una guerra, como en el ajedrez, hay que definir quién se encuentra tanto a la ofensiva como a la defensiva.

Hoy EU libra una embriagante ofensiva general en muchos frentes multidimensionales contra sus adversarios, quienes no tienen más remedio que optar por la defensiva (libro agotado Los once frentes antes y después del once de septiembre: una guerra multidimensional; Cadmo & Europa, 2003).

Han amainado las recientes provocaciones de EU frente a las costas de China y se han reanudado los contactos diplomáticos, aunque en forma más coreográfica que sustancial –que incluyen una visita informal del apagafuegos Carter al premier Wen Jiabao–, para preparar la próxima cumbre entre Obama y Hu Jintao.

Por fin, David Brooks, influyente editorialista del The New York Times (9/9/10), se percató de que la crisis estadunidense no era cíclica, sino estructural, y comparó la pérdida de su dominio mundial con el derrumbe británico de hace más de un siglo.

Los economistas estadunidenses, en particular la fauna teológica neoliberal, han perdido la brújula que tampoco han tenido sus políticos, específicamente los adscritos al Partido Republicano que hoy cobija al mexicanófobo e islamófobo Partido del Té, que pondrá en dificultades a la política exterior de EU.

John Boehner, vulgar cabildero de las trasnacionales financieras y tabacaleras –por añadidura, líder de la minoría Republicana en la Cámara de Representantes–, lanzó la peregrina idea, obviamente con fines electoreros populistas, de reducir los impuestos, lo que ha indignado a Paul Krugman en su columna del New York Times (Las cosas pueden empeorar, 9/9/10), quien fustiga la destrucción de la economía que practicarán los republicanos después de su muy cantado triunfo en noviembre, con la combinación perfecta de menos empleos y mayores déficit.

En referencia a los desvaríos de Boehner hasta Vernon Smith –en un artículo conjunto con Steven Gjerstad en las columnas ultraconservadoras del The Wall Street Journal (9/9/10)– conmina a confrontar la triste realidad de que EU se encuentra seguramente (sic) en un largo y penoso caminar.

Conclusión: cuando existen tantas ideas –mayormente apocalípticas y sicalípticas– con diferentes diagnósticos y terapias ante el mismo problema estructural –la decadencia irreversible de EU– significa que ni sus economistas ni sus políticos saben qué hacer y solamente empeoran la situación para lucrar con la miope inmediatez.

Se requiere un nuevo modelo organizativo, más humanista, que obligue a impulsar una nueva clase de políticos y economistas que no hayan sido contaminados y minados por la desregulada globalización monetarista de los bancos centrales, que tanta calamidad han infligido a la aplastante mayoría del género humano con el fin de beneficiar a los banksters que pululan desde Wall Street hasta la City.

Su primera tarea fundacional consistirá en domar a todos sus banksters: desde la Reserva Federal pasando por la dupla FMI/BM hasta sus multigenocidas bancos trasnacionales al estilo Rothschild y Goldman Sachs.

Tomado de Rebelión


Pablo Milanés regresa con su música a EE.UU. tras diez años de ausencia

Publicado en Cubadebate el 17 Septiembre 2010

Como el título de su conocida canción “Yo pisaré las calles nuevamente”, el cubano Pablo Milanés regresa a EE.UU. en octubre para ofrecer dos conciertos en California como preámbulo a su tour por el país previsto para el próximo año.

“Desde hace 10 años no visito Estados Unidos, la última vez que fui lo hice para dar unos conciertos en Nueva York, Washington, Chicago y Los Ángeles”, dijo Milanés a Efe desde Cuba en una conversación telefónica.

“Luego de una década regreso para presentar mis temas de siempre, los que la gente conoce y buena parte de mi repertorio se centrará también en mis últimos trabajos musicales“, agregó el cantautor nacido en Bayamo hace 67 años.

Las producciones discográficas más recientes del creador de “Yolanda”, “Para vivir” y “El breve espacio en que no estás”, entre muchas otras, son “Como un campo de Maíz” (2005) y “Regalo” (2007), en los que su canto al amor y al compromiso político y social siguen vigentes.

Precisamente “Regalo” es el nombre de la gira que lo llevará una vez más a suelo estadounidense, específicamente el 8 de octubre al teatro Paramount de la ciudad de Oaklan, en California, y el 10 de octubre al Gibson Amphitheatre de la ciudad de Los Ángeles.

“Es una gran satisfacción visitar esta parte de los EE.UU. que ya conozco, donde sé que hay un número considerable de latinos y de norteamericanos que conocen y siguen mi trabajo desde que me presenté la primera vez” en la década de los setenta, señaló Milanés, reconocido como uno de los creadores de la llamada “Nueva Trova Cubana”.

Al ser consultado sobre la posibilidad de que se levanten algunas voces de protesta ante su visita, tal como sucedió recientemente en varios de los conciertos de su compatriota Silvio Rodríguez, Milanés prefirió no ahondar en ese tema.

“Mi intención es que estas presentaciones se entiendan como un espacio para compartir nuestras posiciones musicales y artísticas y ponerlas a consideración de la gente, en un contexto, el norteamericano, por el que siempre he sentido admiración musical en casi todos los géneros y que indudablemente han influido en mi creación”, explicó.

En sus dos conciertos de California, el ganador de dos Grammy en el año 2006, actuará junto a su grupo musical, que le acompaña desde hace más de 20 años.

Para el primer trimestre de 2011 tiene prevista la continuación de las actuaciones en 15 ciudades de EE.UU., entre ellas, San Francisco, Nueva York, Nueva Orleans, Las Vegas y Chicago.

Pablo Milanés comenzó su carrera profesional a comienzos de la década de los sesenta, en 1963 compuso su primera canción “Tu mi desengaño” y durante más de cuatro décadas de trabajo ha editado más de 40 discos.

“Me siento muy ilusionado de poder volver y compartir mi trabajo con el pueblo norteamericano y latino que me espera”, destacó el músico.

(Con información de EFE)