miércoles, 1 de septiembre de 2010

LA LIBERTAD DE MOVIMIENTO ES UN RIESGO DE VIDA CUANDO SE ES POBRE

Comité FMLN en Suecia

Las migraciones han sido en toda la historia, parte inherente a la necesidad humana por encontrar mejores condiciones ambientales, sociales y de convivencia, pero sobre todo por encontrar recursos que le permitan la realización como persona; entre ellos el trabajo es quizás el más imprescindible.

El artículo 13 de la Declaración Universal de Derechos Humanos estipula: "Toda persona tiene el derecho a la libertad de movimiento y residencia dentro de las fronteras de cada estado. Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluyendo el suyo y regresar a este".

Este es un derecho que se vulnera especialmente cuando el movimiento es migratorio hacia otros países, acompañado de todas las penurias que la ilegalidad; por no tener otra alternativa; le impone a cientos de miles y hasta millones de seres humanos del tercer mundo, que negándosele en sus países otro derecho fundamental como es el trabajo, buscan en el escape al primer mundo la única alternativa viable para encontrar para ellos y sus más cercanos lo elemental para dignificarse como seres humanos.

En la segunda mitad el siglo XIX y la primera mitad del XX, la migración de ciudadanos de Europa hacia América fue masiva y con la connotación casi exclusiva de la pobreza que aparejada a las guerras, hacían del viejo continente lugar insoportable para millones de europeos que llegados a distintos países de América, fueron bien recibidos en su gran mayoría, como ciudadanos de primera clase, alcanzando muchos de ellos en corto tiempo, estatus y derechos igual o mejor que los nacionales de los países de acogida.

"El turco" (árabe que emigraba de las tierras del cercano Oriente Palestina Líbano y Siria, con pasaporte Turco Otomano ya que Turquía dominaba la zona) y el "chino" los llegados de Asia. A diferencia de los europeos fueron en cierta medida discriminados por prejuicios raciales importados de Europa; a pesar de esto y de leyes que incluso prohibían su residencia, Centro América fue región de acogida. Especial énfasis tuvieron los palestinos en Honduras y El Salvador; a pesar que en este último estaba vigente en los años 30 del siglo XX una ley que expresamente hablaba de la prohibición de inmigración de negros, árabes y chinos "por tratarse de razas perniciosas". No obstante poco a poco y por la vía del soborno, los árabes y chinos fueron aceptados.

Hoy Europa es una zona del mundo privilegiada para sus ciudadanos en comparación del resto del mundo, pasando de países de migración a países de inmigración; lamentablemente con reglas y leyes migratorias que hacen difícil o comúnmente imposible para las personas del tercer mundo que buscan Europa como destino. Se cuentan por miles los africanos que llegan a sus costas y fronteras; especialmente al sur de Europa y que en vano buscan ser aceptados como fuerza laboral; que son devueltos a sus países de origen. Así mismo son similares las cantidades de los que han muerto en el intento. Con la justificación del combate al tráfico humano vinculado con la delincuencia organizada son tratados por igual las personas procedentes de regiones y países de Asia, África y Latinoamérica que lo único que pretenden es forjarse un futuro mejor que les es negado; por pobrezas endémicas en sus países de origen.

Para los latinoamericanos la "aventura europea" es más complicada, por la distancia y controles que son realizados para inhibir los flujos de personas que viajan con ese propósito, la globalización busca en este apartado coartar a las personas el derecho de movimiento, especialmente cuando estos son pobres; pues trato diferente reciben los potentados ciudadanos, que abren cuentas bancarias con dineros que en muchos casos son de dudosa procedencia; no obstante hay en algunos países del sur europeo importantes colonias de latinoamericanos que se han atrevido, y vencido los obstáculos. A pesar que la población europea envejece y Europa necesita de la inmigración para mantener sus estándares de vida, las políticas migratorias de la Unión Europea son deliberadamente discriminatorias, buscando solo llenar cuotas en donde una parte importante de esta, pone en práctica silenciosa, el robo de cerebros a los países en vías de desarrollo.

Es por eso que los latinoamericanos desesperanzados de sus realidades nacionales, buscan como destino "natural" para migrar, los Estados Unidos; país que dese su fundación ha acogido migrantes. El "sueño americano" propagandizado por siempre, es algo que pocos han alcanzado, no obstante son millones los que han resuelto lo elemental; aunque viviendo con otro tipo de precariedades; entre otras, la zozobra de su estatus de ilegales; a pesar de ello, diariamente son ríos de latinoamericanos que viajan intentando la odisea de alcanzar el norte.

En cuanto a los centroamericanos pareciera que por la relativa cercanía los impedimentos fueran menores; pero la realidad es totalmente distinta, pues cada día las dificultades y obstáculos que normalmente imponen las autoridades USA, se han ido incrementando con leyes, muros, alambradas, vigilancia de todo tipo que sumados a los vejámenes de coyotes, intermediarios, así como policías y funcionarios mejicanos; hacen de la travesía un calvario interminable de rutas con riesgo de muerte, a las que hoy se suman la delincuencia organizada de pandillas y narcotraficantes, que diversificando sus actividades delincuenciales toman a los "mojados" como presa fácil para extorsionarlos, sin protección legal de ninguna índole y en completa indefensión; para el caso se asegura que de cada diez mujeres que hacen la travesía por lo menos ocho son violadas, agregando a esto el robo y otro tipo de abusos a que cualquiera esta expuesto en cualquier parte del trayecto.

El último suceso, del asesinato de setenta y dos personas perpetrado posiblemente por el grupo denominado Los Zetas, ha despertado, por su bestialidad reacciones mediáticas y de autoridades de Estados Unidos y Latinoamérica, que piden en coro unánime el castigo ejemplar para los culpables.

En este suceso, podríamos decir, que la relevancia fue el que un sobreviviente pudo dar la alarma y conducir al ejército mejicano hasta el lugar del macabro hallazgo. Todavía es un misterio la cantidad de víctimas que en hechos similares podrían haber sido víctimas y que únicamente están registradas como probable estadística de los que emprendieron el viaje sin llegar a su destino.

Sabemos en general, por las noticias y las pesquisas de las autoridades mejicanas, quienes son los culpables directos de esa monstruosidad. Esperemos que la mano de la justicia les alcance y paguen.

Pero lo que también tenemos que denunciar, es las causas y motivos que llevan a los a cientos de Latinoamericanos diariamente, que sabiendo los riesgos que esta aventura supone, no vacilan en abandonar familia, arriesgar patrimonio e incluso su propia vida para viajar al Norte.

Sin vacilar podemos afirmar que la injusticia social que ha imperado en la casi totalidad de Latinoamérica a incubado por decenios la pobreza y la desesperanza. A las dictaduras militares que gobernaron la región, le sucedieron gobiernos de derecha; que en el caso concreto de El Salvador nos recetaron más de veinte años de neoliberalismo, que privatizo los mejores recursos del Estado, mal negoció Tratados de Libre Comercio que nos puso en desventaja competitiva con esos "socios" y que en la práctica debilito el tejido productivo propio del país y desestimulo nuestra agricultura llevando a la quiebra a muchos agricultores que no tuvieron reales incentivos para producir, ni siquiera para la autosuficiencia alimentaria del país, la dolarización encareció la vida del ciudadano común y únicamente convirtió a El Salvador en destino de ingentes cantidades de dinero "negro" para lavarlo (ya en su oportunidad Schafik Handal, denuncio el que las remesas no justificaban los ingresos reportados).

Es paradójico que siendo El Salvador un país pequeño, el gobierno de Mauricio Funes, haya encontrado más de 400,000 manzanas de tierra cultivable ociosa; y otras tantas regiones del país antaño con diversos cultivos específicos; por ejemplo de café, se han convertido en proyectos de parcelaciones y lotificaciones, ante la quiebra y falta de apoyo institucional para ese rubro. Si esto ha sido así para los pequeños y medianos agricultores, es de imaginar las penurias y la pobreza a la que miles de trabajadores del campo y la ciudad junto con sus familias están expuestos.

Naturalmente que el esfuerzo de la diáspora salvadoreña; que en la actualidad se estima en un tercio de la población; significa en concepto de remesas familiares, un ingente ingreso para el país de divisas "limpias". De allí la complacencia de los gobiernos derechistas con los ríos diarios de salvadoreños que durante años han migrado exponiéndose a peligros que en la actualidad nos reportan casos como el del recién asesinato de las setenta y dos personas en Tamaulipas, México.

Por desgracia, ninguna milagrosa medida va a evitar que la conducta de los pobres en nuestro país, sigan teniendo como única alternativa para forjarse un futuro mejor, el viaje al Norte; como es de reconocer que el gobierno del cambio; es muy reciente y sigue atado para cambiar a corto plazo estos lastres de desesperación y pobreza que llevan a nuestra gente a tomar tales determinaciones.

Se necesita fuertes cambios de timón a la política de Estado para asumir con seriedad la reconstrucción social de El Salvador, en donde los jóvenes tengan fe en su propio futuro dentro de nuestra patria y que el derecho fundamental del trabajo sea un bien útil que dignifique a cada salvadoreño y su familia y que al igual que los ciudadanos de los países del llamado primer mundo, se piense en la migración, no como una necesidad vital de sobrevivencia; sino como un recurso para compartir con otras culturas, otros pueblos y conocer y aprender de ellos. Esto sí sería el sueño de la globalización; mientras eso no suceda, tendremos quizás que entender que la libertad de movimiento para los salvadoreños, es un riesgo de vida, cuando se es pobre.


Hablando en plata y sin tapujos: ¡Cuba cuidado con la Iglesia Católica!

Por Justo Cruz*

Foto © Virgilio PONCE

Hace unos días que acabo de llegar de Cuba y como siempre en los últimos tiempos me siento ante mi ordenador, buscando alguna noticia sobre mi país, una noticia que me aliente, que me llene de optimismo.

Me conecto en internet como se estila en estos tiempos si se quiere tener noticias de actualidad y me encuentro con lo mismo y con los mismos de siempre. Los mismos cuentos, las mismas frases que ya suenan como estribillos de canciones aburridas: que si “los derechos humanos en Cuba”, que si “los prisioneros de conciencia en Cuba”, que si Obama, que si Obispos y Cardenales, que si la Iglesia Católica.

¿Y el pueblo de Cuba qué? me pregunto yo.

Cuba, ese país que no cesa de ayudar, de brindar su mano amiga, que no deja de contaminar al mundo con médicos y maestros y con todo tipo de ayuda desinteresada, sigue sufriendo la malicia de unos malvados politiqueros que se creen dueños del planeta.

Digo esto porque aunque algunos no lo crean, otros no lo sepan y otros hagan como si no lo supieran, Cuba tiene más médicos y maestros regados por las selvas y ciudades de este mundo que todos los países ricos juntos.

Y yo, sentado frente a mi ordenador, no dejo de asombrarme. Ahora resulta que la Iglesia Católica está empecinada en resolver nuestros problemas. Toma la iniciativa y habla del bienestar para todos los cubanos, “de diálogos entre todos”, “de tolerancia”, “de justicia social” y todas esas “palabritas y frases” que hoy están de moda.

La injusticia social se disfraza, nos corrompe y nosotros que parece que no nos damos cuenta. La Iglesia Católica en Cuba, esa iglesia que todos conocemos, a la que estamos acostumbrados y a la que ya casi estábamos olvidando por su historia llena de contradicciones, ha devenido de “consejera espiritual” a “salvadora terrenal”. La Iglesia más presente que nunca.

Entre las aclaraciones y declaraciones de nuestros queridos Cardenales de hoy y las inundaciones en Pakistán se está perdiendo mi Internet; Ese mundo virtual que se ha convertido en obligada y diaria interacción para muchas personas, entre las que me incluyo yo, se va transformando paulatinamente en algo peligroso que nos está hundiendo cada día más en el lodo de la ignorancia y la manipulación mediática.

Parece que ahora le toca el turno a Pakistán; hay que ayudar, y no quiero que me malinterpreten, estoy muy de acuerdo con cualquier tipo de ayuda a los ciudadanos de este sufrido pueblo. Pero no debemos dejar de reconocer que los países ricos no dejan de hacer de las suyas aún en los momentos mas tristes y difíciles, haciendo como si ayudaran y los países pobres que no les queda más remedio que hacer, como si los hubieran ayudado.

En estos momentos se está hablando de una cifra de casi medio millar de dólares como una ayuda inicial por los daños ocasionados por las inundaciones en Pakistán. Como me hubiera gustado esa misma cantidad para mi país después de los desastres ocasionados por los huracanes Ike y Gustav.

En el año 2008 Cuba fue azotada por unos de los huracanes más violentos de nuestros tiempos. Cientos de miles de casas destruidas incluyendo además, escuelas, hospitales. Y como si los cubanos fueran magos extraterrestres, no se registraron víctimas humanas. El mundo hablaba de Cuba y de la capacidad organizativa de su pueblo para enfrentar catástrofes naturales. Todos hablaban de la solidaridad entre su gente. Embajadores de la ONU ponían a mi Cuba en un pedestal como un ejemplo a imitar en el enfrentamiento a ciclones y huracanes.

Y el pueblo cubano esperando con impaciencia la ayuda que nunca llegó, a pesar de que ese mismo pueblo, no cesa de ayudar a los más necesitados del planeta. En Asia, África, América Latina, hasta en Europa estamos repartiendo un poco, de lo poco que tenemos y que nos queda.

El mismo pueblo de Norteamérica puede constatar los sentimientos solidarios del pueblo cubano. Cuba ha brindado su mano solidaria a Estados Unidos en momentos muy difíciles para su pueblo.

Haití es el ejemplo más actual. Médicos y paramédicos cubanos ya estaban ayudando a este sufrido pueblo antes del terremoto, y ahora cuando ya no se habla de Haití y ya muchos se fueron, los cubanos se mantienen; en silencio, sin que nadie se entere, pero están ahí. Se mantienen y esto es lo que consta, aunque la CNN y la BBC no se den por enterados.

Hoy, casi dos años después del paso de los huracanes todavía tenemos en la provincia de Pinar del Río el 60 % de las viviendas destruidas por los huracanes sin reconstruir, a pesar de los esfuerzos que se realizan por el pueblo y su gobierno en la búsqueda de alternativas a su alcance y la ayuda fraternal de algunos países amigos. Pero la ayuda necesaria no acaba de llegar.

Y yo como cubano que no dejo de preguntarme ¿por qué con otros países sí, y con mi patria no?; ¿Es qué somos tan malos que nos merecemos esta pesadilla?
Es por eso que al sentarme frente a mi computadora y ver esas noticias que no cesan de hablar de la Iglesia Católica con sus Obispos y Cardenales, que se pasean por el mundo hablando de resignación y tolerancia, no dejo de indignarme. Lo primero que debe hacer esta institución es abogar por el cese del bloqueo contra Cuba.

¿Donde está Dios para los cubanos?

No hubiera sido más justo que la Iglesia Católica antes de dar sermones sobre justicia social y tolerancia entre nosotros los cubanos de aquí y de allá y de no sé donde, condenaran ese perverso e inhumano bloqueo que han impuestos los gobiernos de turno de Norteamérica y sus secuaces, a nuestro querido pueblo. No sería más justo que antes de hablar de tolerancia, se hablara del derecho de cada cubano en Cuba a vivir sin imposiciones y presiones de países ajenos. El pueblo cubano no puede ser tolerante siempre que exista ese bloqueo y esas leyes y resoluciones selectivas que actúan a merced de los intereses de los gobiernos más delincuentes del planeta.

El pueblo cubano tiene y siente necesidades y no les hablo solamente de la malanga, de plátanos y del pedazo de carne de puerco por el que debe luchar cada día la familia cubana para subsistir. Les hablo del derecho que tiene cada damnificado cubano de reconstruir su vivienda, su escuela y su hospital, destruidos por los huracanes. Les hablo del derecho a recibir un medicamento para salvar una vida, al derecho de recibir un crédito bancario sin imposiciones. Les hablo del derecho de mi pueblo a que se le trate con respeto como a los demás países de este jodido planeta.

A mi me gustaría que la ONU algún día se decidiera de una vez y para siempre a interceder por nuestra patria. En el 2006 cuando la WWF llegó a la conclusión de que Cuba era uno de los pocos países del planeta en condiciones de garantizar un desarrollo ecológico sostenible, me llené de optimismo. A fin de cuentas, la WWF es una de las ONGs relacionadas con la protección del medio ambiente más influyente del planeta. En ese momento pensé, ahora si tiene que pasar algo; pero desafortunadamente no pasó nada.

En el año 2009 cuando la ONU volvió a condenar casi por unanimidad el injusto y abominable bloqueo de los Estados Unidos de América y sus lacayos contra Cuba entonces si pensé que esta vez, algo tenía que pasar, de hecho, el bloqueo fue condenado por casi el mundo entero. De 192 miembros, 187 países dijeron NO al Bloqueo con excepción de Palau (una pequeña isla de pacífico con aproximadamente 21.000 habitantes que se ha convertido en una incógnita. Hoy todavía nos preguntamos qué le debe el gobierno de este país a la Casa Blanca). El otro país es Israel (aquí si que todo estamos claros, no podría ser de otra manera, una mano lava a la otra y las dos siguen jodiendo).

Y para seguir hablando de justicia social y de deseos, a mi me gustaría que los gobernantes de la Unión Europea por unos instantes se dignaran a cumplir con honor y responsabilidad la misión que tienen con todos los países del planeta, sobre todo los más necesitados y que no se dejaran guiar o dominar por esos delincuentes del norte de Nuestra América que no dejan de martirizar a nuestro pueblo. Que se decidieran de una vez y por todas a actuar con decoro, que abolieran la Posición Común con respecto a Cuba por ser denigrante, hipócrita e injustificable; que hagan aunque sea el intento de hacer como si ayudaran a nuestro pueblo y les prometo que cada cubano trataría de hacer como si se les hubieran ayudado. Yo sé que estos sería como engañarse así mismo, pero levantaría el ánimo porque tendríamos la sensación, por un momento de que nos trataran como a todos los demás países. Pero lamentablemente, para hacer eso, hay que tener como decimos en buen cubano, cojones…

Durante mi estancia en Cuba y en una conversación con un damnificado en un municipio de una provincia de Pinar del Río, un campesino que lleva más de casi dos años esperando porque le reconstruyan la casa y que vive en una choza sin nada, me decía: “me le dices a tus europeos que lo que le falta a Europa para ayudar a Cuba son cojones”.

En este punto quisiera hacer un alto y pedir comprensión por esta palabra tan dura como tan cubana que yo sé que para un español o un latino sonaría un poco fuerte. Sé que hasta cierto punto está un poco fuera de lugar, pero estoy seguro que es la palabra adecuada. Es que después de tantos bloqueos y marañas, de tantas injusticias e inmoralidades no hay una palabra más adecuada. Y yo le doy la razón a mi amigo pinareño. No cabe otra palabra, porque para ayudar a Cuba, para respetar a Cuba y estar de su parte en este mundo gobernado por políticos farsantes, hay que tener cojones.

Es por eso que cuando veo a Obispos y Cardenales paseándose por el mundo hablando de reconciliación nacional, de “justicia”, de “derechos humanos” y de “prisioneros de conciencia”, no dejo de indignarme.

Si vamos a hablar de prisioneros, hablemos entonces en primera línea de nuestros hermanos prisioneros del imperio, hablemos de René, Antonio, Fernando, Gerardo y Ramón, nuestros cinco héroes, hablemos de ellos y exijamos con toda la fuerzas de nuestros corazones su libertad.

Condenemos a esa turba de políticos malhechores por no tener el valor de actuar con justicia, condenemos el terrorismo y a los terroristas. Y cuando hayamos logrados nuestros objetivos que ya se han convertido en algo vital, entonces podríamos ocuparnos de “los otros” aunque se trate de una partida de vividores vende patria, epicúreos de mal agüero que confunden ideales y principios con modos de vidas e intereses decadentes.

El pueblo de Cuba necesita de nuestro apoyo; sabemos que con Cuba siempre será difícil, pero sin Cuba será peor si deseamos un mundo más justo.

Nota: Cuando hablo de la Iglesia Católica me refiero a aquella por la que no debemos ni podemos estar orgulloso, que no es toda. Con nuestros Obispos y Cardenales pasa lo mismo. Mi respeto para aquellos de buenas intenciones que son muchos, esto lo digo con respeto.

Berlín, 1º de Septiembre de 2010.


* Cubano residente en Alemania y Coordinador de Cuba Si www.cuba-si.org


El Tea Party: el mismo perro con diferente collar (I)

Andrés Gómez, director de Areítodigital

Durante el último año y medio se oye y se lee constantemente de un “nuevo” movimiento político de la ultra derecha: el tristemente célebre movimiento Tea Party.

El nombre Tea Party se refiere a la acción tomada por los colonos angloamericanos que vivían en la ciudad de Boston y que en 1773 (tres años antes de la declaración de independencia de las treces colonias británicas en la América del Norte que entonces conformaron los Estados Unidos) decidieron protestar la imposición de nuevos impuestos a estas colonias por parte del gobierno británico lanzando al agua un cargamento de té –uno de los artículos de reciente imposición tributaria- que estaban en un barco anclado en ese puerto. Dando así comienzo público a un movimiento de protestas en contra del proceder abusivo e inconsulto del gobierno británico con sus colonias en Norteamérica que culminara con la independencia de trece de aquellas.

De estos hechos y tradición dicen los ultra reaccionarios que dirigen el movimiento Tea Party son ellos sus continuadores.

La crisis estructural que sufre el sistema económico de Estados Unidos, así como su inepto, corrupto y abusivo sistema político, no hay duda, merita la repulsa y el llamado a su radical reforma pero, ¿quiénes son éstos y éstas que ahora como dirigentes y activistas de este movimiento dicen reclamarlo? ¿Es nuevo este movimiento en Estados Unidos y que es lo que exigen?

Nuevo no es. En realidad representa al sector estadounidense más reaccionario en lo moral, en lo social, en lo político y en lo económico que es consustancial con la república desde sus inicios. Pero, en este trabajo, por obvios motivos de espacio y objetivos, con el propósito de constatar su existencia a un tiempo anterior al presente, solamente nos remontaremos a la mitad del pasado siglo.

Sin mucha dificultad se puede hilvanar un continuo desarrollo de este movimiento ultra reaccionario desde los años cuarenta del siglo XX. La primera gran crisis política en la que éste se manifestó se concretó en 1948, a raíz de las elecciones presidenciales y generales de ese año, cuando el sector de ultra derecha segregacionista del Partido Demócrata, basado fundamentalmente entonces en el Sur, se separó de éste y fundó un nuevo partido político con el nombre de States´ Rights Democratic Party (Partido Demócrata de los Derechos de los Estados).

Su candidato presidencial fue Strom Thurmond, político de infausta memoria que desde entonces y después como senador por el estado de Carolina del Sur fuera dirigente en esa Cámara de una tendencia opuesta al progreso y la justicia social y económica de la gran mayoría del pueblo estadounidense.

Este movimiento Tea Party es el mismo perro con diferente collar que aquel que concretaron aquellos frenéticos segregacionistas de entonces. Además el collar no es muy diferente.

Entonces, aquellos dirigidos por Strom Thurmond --Dixiecrats se hacían llamar-- reclamaban, “la protección de su modo de vida sureño (Southern Way of Life) en contra de la opresión del gobierno federal”, y exigían limitaciones a las atribuciones del poder asumidas por el gobierno federal y que mantenían pertenecían constitucionalmente a cada uno de los Estados de la Unión.

Por cierto que lo que ellos llamaban su “Southern Way of Life”, era un eufemismo por una feroz tiranía racista que mantenía a millones de afroamericanos que vivían en los estados sureños en la más infamente sujeción moral, social, política y económica.

¿Y qué es lo que hoy públicamente reclaman los que dirigen el movimiento Tea Party? Son tres los pilares de sus exigencias, que así encubren hoy sus pretensiones de siempre: responsabilidad fiscal, la libertad del mercado (Free Markets) y… un gobierno federal constitucionalmente limitado.

En próximos artículos continuaré esta sugestiva crónica. //

Miami, 1 de septiembre de 2010