lunes, 23 de agosto de 2010

COMERCIO DE ARMAS: UN DERECHO AL REVÉS

Jorge Gómez Barata


Hubo un tiempo en el que las armas de fuego en poder de la población norteamericana fueron una necesidad; las circunstancias crearon el derecho y ambos dieron lugar a un negocio que lucra con un anacronismo y conduce a la paradoja de que las escopetas, revólveres y pistolas en manos de los estadounidenses ya no son parte de la solución sino de un problema que, favorecido por el TLC ha sido exportado a México.


Debido a la vigencia de fuerzas que se benefician con un multimillonario negocio, cada vez que es promovido el debate en torno a las armas a las que comercialmente, con requisitos mínimos y virtualmente sin control, tiene acceso la población norteamericana, se invoca un derecho consagrado por la Constitución que ejerce un efecto automático y paralizante. Lo extraño es que en un país de leyes, no se examine el asunto y se profundice a la luz de la contextualización del derecho.


Las leyes y las constituciones en el estado de derecho se asumen como lo que son: creaciones humanas concebidas para dar respuesta a situaciones concretas. Los legisladores no redactan sagradas escrituras, sino leyes y constituciones que son aplicadas con la certeza de que el paso del tiempo y los cambios que el progreso supone, plantearan nuevas necesidades en virtud de las cuales unas leyes caerán en desuso, otras serán enmendadas y hará falta nuevas.


La Constitución Norteamericana entró en vigor en 1790 y menos de un año después, para reparar una colosal omisión, se le introdujeron, en bloque, de una vez, las diez primeras enmiendas, conocidas como: Declaración de Derechos. La Segunda de aquellas enmiendas sostiene que: “Siendo necesaria para la seguridad de un Estado libre una milicia bien organizada, no se coartará el derecho del pueblo a tener y portar armas”. Aquella Constitución, la primera y la única que se ha mantenido vigente a lo largo de más doscientos años, fue resultado de circunstancias históricas que explican su contenido.


La fundación del Estado norteamericano fue resultado de un esfuerzo unitario que, mediante la revolución y la negociación, conducidas por una esclarecida vanguardia política, logró integrar las 13 colonias existentes en una Nación. Aquellos enclaves, cada uno de los cuales pudo haber sido un país y que existían, en algunos casos desde hacía más de 150 años atrás, se forjaron a partir de pequeños grupos de colonos que, durante décadas, vivieron aislados los unos de los otros.


A diferencia de lo ocurrido en Hispanoamérica, la colonización en América del Norte, no estuvo respaldada por la presencia de ejércitos de ocupación ni por grandes presupuestos para construir castillos y fortalezas. Los colonos norteamericanos, fueron puñados de hombres y mujeres desperdigados en millones de kilómetros de suelo virgen que, aislados y en condiciones de precariedad extrema fueron sumamente vulnerables.


Cuando Estados Unidos no poseía ejército, policía ni tribunales y el gobierno no estaba en condiciones de proveer la seguridad de los ciudadanos en tan vastos, inhóspitos y hostiles territorios, era lógico que la Constitución de la Nación, consagrara el derecho de sus ciudadanos a poseer y utilizar armas de fuego. Aunque parece ocioso es preciso recordar que las armas del siglo XVIII eran incomparablemente menos letales que las existentes en la actualidad.


La rápida anexión de nuevos territorios, algunos de ellos violentamente arrebatados a los indios y a México, especialmente la Conquista del Oeste fueron procesos excepcionalmente violentos en los cuales, junto a los laboriosos colonos, prosperaron las pandillas de ladrones de ganado, tierras y asaltantes de caminos, de los cuales era preciso defenderse.


Por unas y otras razones, el país se convirtió en un paraíso para los fabricantes y comerciantes de armas que, con el tiempo devinieron formidables grupos de presión, que movilizan inmensos recursos en la labor de lobby destinada a impedir legislaciones que regulen o limiten la libertad de poseer y vender armas. Entre ellas la más poderosa es la Asociación Nacional del Rifle (NRA) fundada en Nueva York en 1871 y que posee casi cinco millones de asociados.


La Asociación Nacional del Rifle, que hasta hace poco fue el organismo rector de los deportes con armas de fuego en los Estados Unidos, dedica importantes recursos a la promoción de las armas, cuenta con programas de radio, espacios en televisión y sitios en Internet, organiza cursos para todas las edades con especial énfasis en los niños, jóvenes y mujeres, promueve competencias locales y nacionales y respalda a las agencias privadas de seguridad.


No sólo por su solvencia económica, sino por la relevancia de sus asociados la NRA es la más influyente de las organizaciones norteamericanas de cabildeo con especial impacto en el Congreso y la Casa Blanca.


A la luz de la comprensión científica del Derecho y del sentido común es absurdo que, dos siglos después, cuando han desaparecido las causas y condiciones que dieron lugar a la norma constitucional que protege la tenencia de armas de fuego, todavía se le invoque y se le manipule para sostener un negocio que, en lugar de contribuir a la seguridad ciudadana atenta contra ella.


Amparándose en un precepto ostensiblemente anacrónico superado por el tiempo y por las circunstancias, en Estados Unidos se mantienen prácticas excesivamente liberales para la tenencia y el uso de armas de fuego, que permiten el lucrativo negocio de las armas.


Amparados en esas reglas, legitimas en épocas de Búfalo Bill, Wyatt Earp y Jesse James, no sólo millones de ciudadanos poseen armas de fuego, sino que también acceden a ellas todo el espectro de asesinos y delincuentes, narcotraficantes, tratantes de blancas y a contrabandistas que en calidad de mayoristas, las exportan a México donde fomentan el crimen, paradójicamente protegidos por la más antigua y avanzada de las constituciones liberales.


A pesar de sus meritos, la Constitución de Estados Unidos, que ha estado vigente por más doscientos años, ha sido enmendada en 27 oportunidades. El hecho de que un precepto haya sido plasmado en la Constitución, no significa que deba ser observado por toda la eternidad. Las leyes y las constituciones son transitorias, lo que es eterno es la justicia y el derecho.


La Habana, 23 de agosto de 2010


“Ecuador sigue en la lucha indesmayable de su segunda y verdadera independencia”: Universi Zambrano

Desde la izquierda, Wladimir Ruiz Tirado, encargado de Negocios de la Embajada de Venezuela; Universi Zambrano, embajador de Ecuador y Roberto Victoria, embajador de República Dominicana. Foto Diario Co Latino/Melvin Rivas.


Erick Vladimir Colocho
Redacción Diario Co Latino


Universi Zambrano habla de su patria, el Ecuador, con una facilidad y conocimiento que solo un hombre con una lista nutrida de estudios, como él, lo puede lograr. Su tono efusivo al mencionar a los héroes de la independencia ecuatoriana hacen notar a Zambrano un hombre orgulloso de su tierra natal.

Acompañado del encargado de negocios de Venezuela y el embajador de República Dominicana, Universi Zambrano, quien funge como embajador en nuestro país, brindó una charla magistral en la Universidad de El Salvador en la cual expuso todo el proceso ecuatoriano, desde su independencia, hasta la actualidad. Recordando paso a paso el proceso de emancipación, el diplomático ecuatoriano, fue memorando todas las gestas y héroes de la independencia; así como los procesos políticos y sociales pos independentista hasta llegar al ecuador de hoy, que, a palabras del embajador, tiene “la mejor constitución de Latinoamérica”.

“Me llené tanto de orgullo cuando embajadores de México, Argentina, Brasil y Perú reconocían que, dentro del derecho constitucional americano, no había un instrumento jurídico tan adelantado como el nuestro. Que condene el intervencionismo, que proclame el derecho de libre determinación de los pueblos, que condena todo género de bloqueo contra un país soberano”, destacó el diplomático.


Para Zambrano, la independencia del Ecuador, hace dos siglos, no constituye más que la liberación del pueblo ecuatoriano del “yugo español”; sin embargo, considera, que se tiene que lograr la segunda y verdadera independencia y que para eso está luchando el gobierno ecuatoriano. “Lo que se dio en Pichincha el 10 de agosto de 1809 fue, únicamente, la liberación del yugo español; pero, ahora, estamos enfrentando al gigante de las 7 leguas, luchas más duras, más difícil y más peligrosas que lo que afrontaron nuestros próceres y pensadores, liderados por Simón Bolívar y todos los grandes hombres que han luchado por la libertad de nuestra América Morena”, expresó el embajador, en el cierre de su exposición.


La Cátedra continúa

Esta charla magistral está enmarcada dentro del diplomado “Cátedra Bicentenario de la Independencia de Nuestra América Simón Bolívar” que se encuentra brindando la Universidad de El Salvador a personas pertenecientes a diferentes sectores sociales del país.


El diplomado Simón Bolívar tendrá una duración de 6 meses, tiempo en el que se realizarán 19 charlas que estarán precedidas por diferentes académicos, actores políticos y sociales tanto nacionales como del extranjero.


José Ángel Reyes, uno de los asistentes, y coordinador del movimiento Amigos por el Cambio, aseguró que este tipo de actividades sirven para “enriquecer los conocimientos en términos políticos para comenzar actuar como sociedad civil con una mayor atingencia de nuestros actos alrededor del tema social y el tema político, especialmente”.


La siguiente cátedra del diplomado será impartida el próximo jueves por el diputado del FMLN, Sigfrido reyes, donde abordará el tema de “Independencia, soberanía y autodeterminación de América Latina”.


LA CORRUPCIÓN DE LA DEMOCRACIA

IGNACIO RAMONET

LE MONDE DIPLOMATIQUE

El "caso Bettencourt" que zarandea Francia con su vendaval de arrestos, odios familiares, cheques ocultos, grabaciones furtivas, fechorías fiscales y donaciones ilegales al partido del Presidente Nicolas Sarkozy, está hundiendo el país en una profunda crisis moral.

Liliane Bettencourt, una de las mujeres más ricas del planeta, poseedora de una fortuna de 17.000 millones de euros y propietaria del imperio de cosméticos y perfumes L'Oréal, se halla en el epicentro de un alucinante culebrón devenido asunto de Estado. Unas conversaciones robadas en su domicilio revelaron que el ministro de Trabajo, Eric Woerth, usó su influencia (cuando era ministro del Presupuesto, y por consiguiente responsable de la administración fiscal) para obtener que su esposa, Florence, fuese contratada por la multimillonaria -con un salario anual de 200.000 euros- para administrar su fortuna... De paso, Eric Woerth, que también era tesorero del partido del Presidente, percibió presuntamente donaciones de decenas de miles de euros (1) para financiar la campaña electoral de Sarkozy... A cambio, se sospecha que el ministro hizo la vista gorda sobre una parte del patrimonio oculto de la dueña de L'Oréal: por ejemplo, varias cuentas millonarias en Suiza y una isla en las Seychelles valorada en unos 500 millones de euros...

Este asunto, de por sí bochornoso, adquiere mayor morbo en la medida en que Eric Woerth es el encargado de conducir la dura reforma de las jubilaciones que castigará a millones de asalariados modestos. En un ambiente de fuertes tensiones sociales y de motines de desclasados en los guetos urbanos, el "caso Bettencourt" está reactivando el viejo litigio entre las elites y el pueblo común. "El clima de la sociedad, advierte el filósofo Marcel Gauchet, se halla hoy impregnado de revuelta latente y de un sentimiento de distancia radical hacia los dirigentes" (2).

Francia no es la única democracia carcomida por la corrupción de algunos políticos y por la permanente confusión que muchos de ellos mantienen entre cargos públicos y beneficios privados. Está aún fresco en las memorias el escándalo de los abusos de los gastos parlamentarios a expensas de los contribuyentes, ocurrido en el Reino Unido y que, junto con otras causas, provocó el descalabro de los laboristas en las elecciones del 6 de mayo pasado. O el de la Italia de Silvio Berlusconi en donde, casi veinte años después de la operación mane pulite que decapitó a gran parte de la clase política, la corrupción, a modo de metástasis, vuelve a extenderse ante la impotencia de una izquierda paralizada y sin ideas. El Tribunal de Cuentas italiano, en su último informe, establece que los delitos de corrupción activa de los funcionarios públicos aumentaron el año pasado en más de 150% (3). Y qué decir de España, agobiada por los múltiples casos de corrupción de cargos públicos asociados a los "señores del ladrillo" enriquecidos por las delirantes políticas urbanísticas. Sin hablar del esperpéntico "caso Gürtel" que sigue coleando.

A escala internacional, la corrupción alcanza hoy, en la era de la globalización neoliberal, una dimensión estructural. Su práctica se ha banalizado igual que otras formas de criminalidad corruptora: malversación de fondos, manipulación de contratos públicos, abuso de bienes sociales, creación y financiación de empleos ficticios, fraude fiscal, disimulo de capitales procedentes de actividades ilícitas, etc. Se confirma así que la corrupción es un pilar fundamental del capitalismo. El ensayista Moisés Naím afirma que, en los próximos decenios, "las actividades de las redes ilícitas del tráfico global y sus socios del mundo ‘legítimo', ya sea gubernamental o privado, tendrán muchísimo más impacto en las relaciones internacionales, las estrategias de desarrollo económico, la promoción de la democracia, los negocios, las finanzas, las migraciones, la seguridad global; en fin, en la guerra y la paz, que lo que hasta ahora ha sido comúnmente imaginado" (4).

Según el Banco Mundial cada año, en el planeta, los flujos de dinero procedentes de la corrupción, de actividades delictivas y de la evasión de fondos hacia los paraísos fiscales alcanza la astronómica suma de 1,6 billones de euros... De ese montante, unos 250 000 millones corresponden al fraude fiscal realizado anualmente sólo en la Unión Europea. Reinyectados en la economía legal, esos millones permitirían evitar los actuales planes de austeridad y ajuste que tantos estragos sociales están causando.

Ningún dirigente debe olvidar que la democracia es esencialmente un proyecto ético, basado en la virtud y en un sistema de valores sociales y morales que dan sentido al ejercicio del poder. Afirma José Vidal-Beneyto, en su libro póstumo y de indispensable lectura, que cuando, en una democracia, "las principales fuerzas políticas, en plena armonía mafiosa, se ponen de acuerdo para timar a los ciudadanos" (5) se produce un descrédito de la democracia, una repulsa de la política, un aumento de la abstención y, más peligroso, una subida de la extrema derecha. Y concluye: "El gobierno se corrompe por la corrupción, y cuando hay corrupción en la democracia, la corrompida es la democracia".


Reflexiones del Compañero Fidel: Estoy listo para seguir discutiendo

Observaba hace dos días a Vanessa Davies en su programa “Contragolpe” del canal 8, Venezolana de Televisión. Dialogaba y multiplicaba sus preguntas a Basem Tajeldine, venezolano inteligente y honesto que transpiraba nobleza en su rostro. En el momento en que encendí el televisor se abordaba mi tesis de que sólo Obama podía detener el desastre.

De inmediato, a la mente del historiador venía la idea del inconmensurable poder que se le atribuía. Y es así, sin duda alguna. Pero estamos pensando en dos poderes distintos.

El poder político real en Estados Unidos lo ostenta la poderosa oligarquía de los multimillonarios, que gobiernan no sólo a ese país sino también al mundo: el gigantesco poder del Club Bilderberg que describe Daniel Estulin, creado por los Rockefeller, y la Comisión Trilateral.

El aparato militar de Estados Unidos con sus organismos de seguridad, es mucho más poderoso que Barack Obama, Presidente de Estados Unidos. Él no creó ese aparato, ni tampoco el aparato lo creó a él. Fueron las excepcionales circunstancias de la crisis económica y la guerra los factores principales que llevaron a un descendiente del sector más discriminado de Estados Unidos, dotado de cultura e inteligencia, al cargo que ocupa.

¿En qué radica el poder de Obama en este momento? ¿Por qué yo afirmo que la guerra o la paz dependerán de él? Ojalá el intercambio entre la periodista y el historiador sirva para ilustrar el asunto.

Lo diré de otra forma: la famosa maletica con las claves y el botón para lanzar una bomba nuclear surgió con motivo de la terrible decisión que esto implicaba, el carácter devastador del arma, y la necesidad de no perder una fracción de minuto. Kennedy y Jruschov pasaron por esa experiencia, y Cuba estuvo a punto de ser el primer blanco de un ataque masivo con tales armas.

Todavía recuerdo la angustia reflejada en las preguntas que Kennedy le indicó hacerme al periodista francés Jean Daniel, cuando supo que vendría a Cuba y se reuniría conmigo. “¿Castro sabe lo cerca que estuvimos de una guerra mundial?”. Le indicó regresar de nuevo a Washington para conversar con él. Es una historia que se conoce bien.

Resultaba tan interesante el tema que lo invité a salir de La Habana, y estábamos abordando el asunto avanzada ya la mañana, en una casa próxima al mar de la famosa playa de Varadero.

Nadie tuvo que contarnos nada, porque de inmediato me avisaron del atentado y sintonizamos una radioemisora de Estados Unidos. En ese mismo instante se informaba que varios disparos habían herido de muerte al Presidente de Estados Unidos.

Manos mercenarias habían llevado a cabo el homicidio.

Para la derecha de Estados Unidos, incluyendo los mercenarios de la CIA que desembarcaron en Girón, no era lo suficientemente enérgico con Cuba.

Ha transcurrido desde entonces casi medio siglo. El mundo cambió, mucho más de 20 mil armas nucleares fueron desarrolladas, su poder destructor equivale a casi 450 mil veces el de la que destruyó la ciudad de Hiroshima. Cualquiera tiene derecho a preguntarse: ¿para qué sirve el maletín nuclear? ¿Puede acaso un Presidente dirigir algo tan sofisticado y complejo como una guerra nuclear?

Tal maletín es algo tan simbólico como el bastón de mando, que se mantiene en manos del Presidente como pura ficción.

El único hecho significativo es que en Estados Unidos hay una Constitución, la cual establece que sólo existe una persona en el país que puede dar la orden de iniciar una guerra, lo cual es ahora más importante que nunca, ya que una guerra nuclear mundial puede desatarse en un minuto y durar tal vez un día.

Entonces puedo hacer varias preguntas. ¿Puede alguien más que no sea el Presidente dar la orden de iniciar una guerra? ¿Necesitó otra facultad el propio Kennedy para atacar Girón y después desatarla en Vietnam? ¿Johnson para escalarla? ¿Nixon para bombardear demoledoramente ese país? ¿Reagan para invadir Granada? ¿Bush padre para atacar el 20 de diciembre de 1989 las ciudades de Panamá, Colón, demoler el barrio pobre de El Chorrillo, y matar allí millares de personas pobres? ¿La necesitó Clinton para atacar Serbia y crear Kosovo? ¿Bush hijo para la atroz invasión de Irak? Menciono por su orden solo varias de las fechorías más conocidas del imperio. Obama hasta hoy no ha hecho más que recibir la herencia.

El viejo pensamiento no se adapta fácilmente a las nuevas realidades.

Pues bien. He planteado la idea, no de que Obama sea poderoso o superpoderoso; él prefiere jugar básquet o pronunciar discursos; le han otorgado además el Premio Nobel de la Paz. Michael Moore lo exhortó a que ahora se lo ganara. Tal vez nunca nadie se imaginó, y él menos que nadie, la idea de que en esta etapa final del año 2010, si acata las instrucciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, a lo que tal vez lo exhorte con firmeza un surcoreano llamado Ban Ki-moon, será responsable de la desaparición de la especie humana.

Estoy listo para seguir discutiendo sobre el tema.











Fidel Castro Ruz
Agosto 22 de 2010
12 y 26 p.m.