miércoles, 11 de agosto de 2010

CRISIS NUCLEARES: AYER Y HOY ¿MAÑANA?

Jorge Gómez Barata

Cuarenta y ocho años después, una vez en el Golfo de México y otra en el Golfo Pérsico, una historia de horror se repite. La primera fue la Crisis de los Misiles en Cuba y actualmente el peligro ronda a Irán. La cuestión atómica es el denominador común y el hecho de que la Guerra Fría haya terminado no hace diferencia alguna.

En ambos eventos se acude al bloqueo por naves norteamericanas que con la intención de detener y registrar a los mercantes sospechosos de transportar elementos ligados a la industria o las armas nucleares establecen una barrera. Ayer entorno a Cuba y próximamente frente a Irán.

La Crisis de los Misiles en Cuba fue el más grave de los incidentes político-militares de la Guerra Fría y la única vez que respecto a una situación concreta las armas nucleares estuvieron a punto de ser utilizadas.

La historia comenzó cuando a mediados de 1962 la Unión Soviética propuso a Cuba instalar misiles nucleares en la isla. Fidel Castro ha dicho que la idea no le simpatizó y que accedió en el entendido de que se trataba de una necesidad estratégica del campo socialista, no de la Revolución Cubana. Su condición fue que se hiciera mediante un acuerdo negociado y transparente. Nikita Kruzchov, estuvo de acuerdo con lo primero y no con lo segundo. Su posición fue la de mantener en secreto la operación hasta tanto concluyera el emplazamiento de los misiles.

En Julio de 1962, Raúl Castro, entonces ministro de la FAR viajó a Moscú para examinar el borrador del acuerdo. Con sus observaciones, los soviéticos redactaron una nueva versión que en La Habana en el mes de agosto Fidel Castro reelaboró enviando en nuevo texto a Moscú con el Che Guevara. La parte soviética estuvo de acuerdo en firmar la nueva versión, pero no con hacerla pública. Cuba dejó la decisión en manos de Moscú que optó por la reserva, cosa que según Fidel Castro resultó fatal. “El engaño y el secreto ─afirmó─ fueron graves faltas éticas”.

Una vez adoptados los acuerdos la Unión Soviética no perdió tiempo. Los efectivos de su agrupación coheteril comenzaron a llegar a Cuba en el mes de agosto de 1962. En total 85 mercantes que realizaron 185 travesías trasladaron los cohetes, así como las tropas y los servicios necesarios para su defensa. Era obvio que a 90 millas de estados Unidos semejante operación no podía ser ocultada.

El 14 de octubre de 1962, desde 15 000 metros de altura un avión espía U-2 fotografió las instalaciones coheteriles que eran desplegadas en el occidente cubano. El 16 el presidente Kennedy fue informado y el mismo día formó el Ex Comm, (Comité Ejecutivo del Consejo de Seguridad Nacional) que lo auxiliaría en la toma de decisiones.

El Ex Comm consideró tres variantes: (1) bombardeo masivo sobre las instalaciones coheteriles y la Isla de Cuba. (2) Bombardeo masivo e invasión. (3) Establecer un bloqueo naval, impedir que entrar nuevos materiales nucleares y exigir a la Unión Soviética la retirada de los misiles.

Después de muchas discusiones, el presidente Kennedy ordenó preparar el bloqueo naval contra la Isla y elevar el nivel de alerta de las fuerzas armadas norteamericanas. 20 000 infantes de marina y 40 buques, entre ellos portaaviones, submarinos, alrededor de 600 aviones, cinco divisiones del ejército, casi 200 barcos de guerra, incluidos varios portaaviones y un impresionante cuerpo de paracaidistas fueron movilizados hacía La Florida, Puerto Rico y otros puntos, próximos a Cuba.

El 22 octubre de 1962, en Estados Unidos se anunció que el presidente Kennedy hablaría a la Nación a las siete de la noche. En Cuba a las 5 y 40 de la tarde de ese mismo día Fidel Castro se dirigió al país y llamó a la ¡Alarma de Combate! El bloqueo naval fue establecido y comenzó la etapa final de la Crisis de los Misiles de 1962.

Mientras en los días siguientes las reuniones, intercambios de mensajes y conversaciones se sucedían con una intensidad nunca vista y los dedos acariciaban los gatillos, un número indeterminado de mercantes soviéticos, protegidos por submarinos se aproximaba al cerco tendido por la armada norteamericana alrededor de Cuba.

El momento en que uno de aquellos buques desobedeciera la orden de detener sus maquinas y los destructores norteamericano abrieran fuego contra ellos era el punto de no retorno.

El Comando Estratégico Norteamericano colocó artefactos atómicos a sus B 52 y ordenó que permanecieran permanentemente en el aire; la armada dislocó los submarinos y portaviones hacia las posiciones de combate, los misiles estratégicos fueron cargados con ojivas y combustible y por primera y única vez, las fuerzas armadas de Estados Unidos en todo el mundo adoptaron la posición de DEFCOM 2, máximo nivel de alerta que precede a la aguerra global.

Las tropas de la Unión Soviética, incluidas las estacionadas en Cuba, parte de cuyo armamento nuclear era ya operativo y las de todo el Tratado de Varsovia adoptaron idénticas disposiciones. En Cuba las Fuerzas armadas Revolucionarias y todo el pueblo estaban listas para combatir. De ese modo el escenario queda listo. Las superpotencias estaban seguras de poder destruirse mutuamente y con ellas condenaban a todo el planeta.

El día 26 de octubre el primero de una larga fila de naves soviéticas llegó a la vista del cerco norteamericano. El destructor que lo echaría a piqué ocupó la posición de combate y su capitán se mantenía en línea, al habla con el presidente de los Estados Unidos a quien comunicó el momento en que la nave soviética detuvo sus maquinas, giró en redondo y emprendió el regreso.

Aunque en aquellos días se discutió si la decisión de detener las naves y retirar los misiles fue adecuadamente negociada y todavía hoy hay personas que estiman que pudo obtenerse más, lo cierto es que en una dimensión histórica, la humanidad fue salvada y pudo vivir otro medio siglo.

Fidel Castro, el único de los estadistas que protagonizaron aquella crisis que sobrevive, con argumentos que ha expuesto exhaustivamente, cree que la humanidad está otra vez a las puertas de eventos semejantes y llama a una movilización mundial para lograr que el presidente de los Estados Unidos haga lo que se hizo entonces y logre que otra vez la humanidad sobreviva a sus demoniacas invenciones nucleares. Según el líder cubano de equivocarse no tendrá oportunidad para rectificar.

La Habana, 11 de agosto de 2010


ESTAR EN CONTRA O A FAVOR

Por Manuel E. Yepe

Una colega cuyo talento y personalidad admiro hace muchos años me envió un mensaje electrónico que motivó esta meditación.

“Perdona que te moleste con algo que a fin de cuentas a quien molestó fue a mí. Tenía en pantalla el noticiero del mediodía mientras revisaba el periódico, que acababa de aterrizar en la terraza. Estaba pues, desconectada del noticiero. En eso levanté la cabeza y vi el rostro de una muchacha joven que estaba siendo entrevistada. Ella mencionó lo que se estaba haciendo en función del próximo Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes e inmediatamente pasó, con mucho énfasis, a declarar que "¡estamos contra la guerra, estamos contra el capitalismo… estamos contra esto y lo otro!” y a partir de tantos “en contra”, sin algún “para qué” me golpeó la preocupación: ¿y porqué no estar por la paz, por el socialismo, por tantas cosas por las que debemos estar y luchar con más fuerza..?

“Tal vez ya por los años he perdido alguna agresividad que me hace pensar --soñar tal vez-- en consignas más positivas que las de estar contra casi todo lo humano y lo profano, y me asalta la idea de que haciendo esa guerra atomizada y generalizada, podríamos estar perdiendo fuerza para construir.

“Me falta lo que hace falta para abordar en blanco y negro un tema como este y se me ocurrió transmitirte el sentimiento”.

No me parece que el tema sea como para abordarlo a la ligera.

Las revoluciones sociales, aquellas que realmente lo son, tienen propósitos constructivos pero necesariamente parten de la destrucción de un modelo injusto. No me imagino cómo podrían ganar fuerza en las masas ideas sociales y políticas constructivas sin la denuncia de los males y las deficiencias que tendrían que ser erradicadas.

La práctica social demuestra que es más fácil denunciar los males y convocar a la lucha contra éstos que construir las virtudes y movilizar a las personas para alcanzar la perfección.

El genio extraordinario de Carlos Marx dotó a la humanidad de un catalogo de argumentos irrebatibles contra las malignidades del capitalismo. El marxismo ha servido a los pueblos para su lucha contra la explotación del hombre por el hombre, por un destino más justo y mejor. Enriquecido por las experiencias de las revoluciones, el marxismo es síntesis de lo más avanzado del pensamiento sociopolítico de nuestro tiempo y base del pensamiento progresista actual. En él hallamos abundantes razones para combatir al capital y algunas reglas o guías de conducta que sirven para identificar en el injusto ordenamiento vigente, sus puntos débiles y proponer uno mejor que sea alcanzable. Cuando estas ideas se ajustan a las necesidades concretas de la situación específica movilizan la acción popular que es imprescindible para lograr los cambios.

Ahora bien, esta interpretación, tan sencilla y comprensible cuando se aplica al macro nivel –como ha sido en el caso de Cuba- requiere de muchos miles de geniales “adaptadores” en los niveles medios y de base de la conducción revolucionaria.

Particularmente difícil resulta este asunto en la base cuando los procesos revolucionarios llegan a su etapa constructiva del nuevo orden, cuando ya no dependen solamente de la más alta dirección, sino también de múltiples líderes de base.

La experiencia cubana demuestra que, junto a sorprendentes valores que surgen del pueblo para cumplir esta función, y otros que no logran cumplirla por carecer de las condiciones esenciales para ejercer liderazgo, brotan cual plaga oportunistas repetidores de consignas y reglas burocráticas de conducta que ascienden veloces a base de incondicionalidad respecto a los superiores.

Obviamente, no es fácil crear antídotos contra tales males, ni creo que alguien tenga formulas para evitarlos.

Me parece que la atención desde arriba para que el mal no se propague es imprescindible, pero más importante aún es contribuir, de cualquier manera, a crear una conciencia ciudadana contra el oportunismo, que se aprovecha de la organización burocrática de los procesos. Estoy convencido que nuestro socialismo está llamado a perfeccionarse cada vez más hasta hacerse una organización viva, un sistema político con amplia y democrática participación social en todos los niveles.

A nuestra edad, querida amiga, solo podemos aspirar a que los jóvenes protagonistas actuales de la revolución aprovechen, tanto como ellos quieran, nuestra experiencia. Y recomendarles el control social y no el control burocrático como la mejor manera combatir las deficiencias actuales de nuestra sociedad y nuestro proyecto revolucionario, buena parte de ellas nacidas de reminiscencias subjetivas en nuestra generación del orden depuesto.

Sigamos llamando a los jóvenes a que sean auténticos protagonistas de los proyectos que materializan las ideas más avanzadas de este tiempo, aprovechando las experiencias de los revolucionarios que les desbrozaron el camino y les crearon, tanto como les fue posible no obstante los severos escollos interpuestos por el imperio, las magníficas condiciones que ahora tienen para seguir avanzando.

La Habana, Agosto 2010

Hipócrita disculpa a Hiroshima

Robert Fisk

Periódico La Jornada

Miércoles 11 de agosto de 2010, p. 44

Al fin nos disculpamos por Hiroshima... más o menos. Reconocimos el sufrimiento que causaron nuestras bombas... o algo parecido. Obama lució sus credenciales antinucleares en las tierras que fueron el matadero de Hiroshima, pero eso no debe confundirse con pedir perdón.

La presencia de John Roos, embajador estadunidense en Japón, y del representante adjunto británico, David Fitton, fue una extraña aparición en el sitio del primer ataque atómico de la historia.

Contemplamos la ceremonia de los sobrevivientes y reconocimos su sufrimiento, muy al estilo de Tony Blair, y las palabras de nuestra embajada fueron tan falsas como las que pronunciaba el ex primer ministro. Se trata del gesto adecuado en el momento preciso, quisimos decir. ¿El gesto de qué? Después de todo, en realidad no nos disculpamos por los 220 mil muertos de Hiroshima y Nagasaki. Diablos, ¿acaso no ganamos la Segunda Guerra Mundial?

El asunto es éste: si uno va a disculparse por asesinar a civiles, o en el último de los casos, por causar sus muertes, lo debe hacer con rapidez y por razones humanitarias. Esperar demasiado y hacerlo por motivos políticos arruina el efecto. Alemania se apresuró a admitir su responsabilidad por el Holocausto judío y ahora se proclama el mejor amigo de Israel en Europa. Turquía nunca se ha disculpado por el Holocausto armenio de 1915, pero si alguna vez lo hace, ¿le importará a alguien, además de los armenios?

A simple vista es muy sencillo. La mayoría de nosotros, al parecer, piensa que bombardear Hiroshima y Nagasaki fue un crimen de guerra. Yo estoy convencido. Los japoneses ya estaban por rendirse. El césar de los historiadores británicos, AJP Taylor, cita a un alto mando estadunidense: La bomba simplemente tenía que usarse, ya se había gastado demasiado dinero en ella. De no haber sido así, ¿cómo justificar ese gasto enorme? Imagínense las protestas... El alivio que todos los implicados sintieron cuando la bomba acabó de construirse y se lanzó fue inmenso.

Atacar Hiroshima y Nagasaki evitó que los aliados ejecutaran una muy sangrienta invasión terrestre contra Japón, según una tesis que hoy suena a mentira. El almirante inglés Louis Mountbatten aseveró: si la bomba mata japoneses y ahorra muertos en nuestras filas, desde luego estoy a favor de no matar innecesariamente a nuestros hombres. Soy responsable de tratar de matar a cuantos japoneses pueda. La guerra es una locura, pero lo sería aún más si sacrificáramos a nuestro bando por salvar japoneses.

Esta declaración evita cuidadosamente mencionar el hecho de que los soldados japoneses –si bien eran sádicos y brutales– mataban soldados, mientras los hombres de Mountbatten asesinaban a civiles japoneses. ¿Y cuándo va a disculparse Japón por Pearl Harbor?

Hay un asunto mucho más grave, dado que la mayoría de las víctimas eran civiles y fue un crimen de guerra casi de las dimensiones del Holocausto, al grado de que un historiador especialista se suicidó cuando cayó en la cuenta de ello: ¿por qué Japón no se ha disculpado por el asesinato y violación de tal vez un millón de pobladores de China en el ataque de Nanking, la capital de la China nacionalista antes de que nuestraSegunda Guerra Mundial estallara? En vista de esto y de Pearl Harbor, ¿por quétenemos que ser los primeros en disculparnos y no los japoneses?

Cuando visité el santuario sintoísta para criminales de guerra, en Tokio, noté que entre peores eran los crímenes de los que ahí eran honrados, menos explicaciones en inglés había bajo sus retratos. Allí se resguarda una locomotora restaurada, la que tiró del primer ferrocarril que usó la vía férrea de Birmania (hoy Myanmar), llevando las cenizas de soldados japoneses muertos en batalla. Pero entre los constructores de esa vía estuvo el comandante de la marina real Jim Feather, que fue rescatado del buque Repulse, hundido por aviones japoneses en 1941, pero más tarde tomado prisionero, cuando cayó Singapur. Pese a estar herido y enfermo, se le obligó a trabajar en la construcción. Medía un metro 80 centímetros, pero en sus últimos días sus compañeros podían llevarlo en hombros como a un niño. Murió en algún momento de 1942. Jim era el hijo de Freda, la hermana de mi papá. ¿No merece la familia Fisk también una disculpa?

¿De qué serviría? En 1997, Tony Blair reconoció el sufrimiento de las víctimas irlandesas de la hambruna, y pudo haber dicho que que el gobierno británico no cuidó entonces de suspropios ciudadanos irlandeses. Nótese que no hubo disculpa, aunque la hambruna ocurrió casi 150 años antes.

Asimismo, los británicos esperaron casi 30 años para decir que lamentaban la matanza de 14 irlandeses desarmados a manos de paracaidistas ingleses durante el Domingo Sangriento. De haber dicho la verdad entonces –y admitir que habían disparado contra civiles inocentes– la guerra civil en Irlanda del Norte habría sido menos sangrienta y estarían vivos hombres, mujeres y niños que llevan largo tiempo muertos. Pero no: tuvimos que mentir y así ayudar al sargento de reclutamiento del Ejército Republicano Irlandés.

En cuanto a Hiroshima y Nagasaki, existe otro argumento bastante hipócrita. Nuestros enemigos del Eje habían bombardeado Pearl Harbor, Coventry y Belgrado, matado a judíos en Europa y a prisioneros de guerra en Asia: si alemanes y japoneses hubiesen tenido la bomba atómica ¿habrían vacilado en usarla contra nosotros? Además, ¿no es cierto que matamos a más alemanes al incendiar Colonia que en Hiroshima, con la bomba atómica? ¿Nos vamos a disculpar con los coloneses por eso?¿Que hay de la carnicería masiva cometida por la Real Fuerza Aérea en Hamburgo y Dresde?

Bueno, en cierta forma nos disculpamos por destruir la ciudad medieval en febrero de 1945, pues la cruz que corona la catedral restaurada fue hecha por el hijo de uno de los pilotos de Lancaster que bombardearon Dresde. Pero eso ocurrió tanto tiempo después del hecho que cuando la cruz fue colocada miles de neonazis modernos protestaron en torno de fosas comunes y afirmaban que el ejército de Gran Bretaña era el verdadero criminal de guerra.

Aún ahora, no tenemos la menor intención de disculparnos con los iraquíes por nuestra invasión ilegal en 2003. Hace unos días, el ministro laborista de las sombras, Ed Miliband, anunció, en lo que interpreté como una trampa antropológica, que es tiempo de dejar eso atrás y avanzar, y más vale que no mencionemos el arrogante pronunciamiento de Blair ante la investigación de Chilcot.

Con todo, es fascinante recordar lo que en su momento se dijo de Hiroshima pues hoy podríamos decir las mismas palabras. Esta absoluta violencia contra la humanidad no es guerra, ni siquiera es asesinato. Se trata de nihilismo puro. Podemos incluso quedar estupefactos ante un periódico que opinó que era posible legitimar el uso de la bomba atómica porque era imposible juzgar la moralidad del bombardeo a partir del tamaño que tenía la bomba que se usó. Por lo tanto, para dicho diario, la matanza fue enteramente legítima.

La primera cita proviene de una estación de radio del imperio japonés en el Singapur ocupado. La segunda fue un argumento publicado en una edición de 1945 de un periódico que entonces se llamaba Manchester Guardian. Vale recordar la forma en que la poeta Vita Sackville-West reaccionó a Hiroshima. Su esposo, Harold Nicholson escribió en su diario que Vita está encantada con la bomba atómica. Ella piensa que significa el principio de una nueva era...

Bueno, de hecho lo fue, supongo. El periodista estadunidense John Hersey reveló el terrible sufrimiento de la gente de Hiroshima. A diferencia de Wikileaks, no intervinieron computadoras para obtener información, sino que fue a la ciudad para descubrir la verdad, y desde entonces el nombre de la localidad es un símbolo de culpa para la humanidad y con justa razón.

Esto obliga a preguntar si nuestroscrímenes contra la humanidad prescriben o tienen fecha de caducidad. Blair ofreció su mediocre disculpa a los irlandeses siglo y medio después de que los británicos exportaron todos los alimentos de Irlanda en vez de alimentar a la población, lo que causó que hombres y mujeres fallecieran en las zanjas por tratar de alimentarse con hortigas espinosas.

Estadunidenses y australianos han ofrecido disculpas a sus pueblos originarios. ¿Pero qué hay de Cromwell (Inglaterra) y Drogheda (Irlanda)? ¿O la Guerra de los Treinta Años o la Guerra de Cien Años? ¿O el saqueo de Roma, el crimen de guerra de los godos (¡Pobre Angela Merkel!)? ¿O la destrucción de Cártago a manos de los romanos? ¿O la muerte de Jesús?

Supongo que la historia del imperio romano implica que Berlusconi tiene que disculparse, no obstante, muchísimos católicos pasaron siglos viviendo en su mundo antisemita y culpando de todo a los judíos. ¡Pobre Benjamin Netanyahu!

En general, este asunto de las disculpas es bastante tramposo. El teatro en Hirsoshima tuvo el objeto de enaltecer la imagen de un presidente cada vez más pagado de sí mismo, no porque exista verdadera preocupación por el sufrimiento, ni por el daño físico ni por el dolor humanitario. Puede decirse que fue un paso en la dirección correcta. Pero aún así fuera, llegó demasiado tarde.

© The Independent

Traducción: Gabriela Fonseca


NO GUERRA CON IRAN

Unimos nuestras voces a las de tantos millones de seres humanos que desde casi todas partes de nuestro planeta se han sumado a los repetidos llamados a la paz y no guerra contra Irán hechos por el máximo líder de la revolución cubana, Fidel Castro.

También al unísono con muchas culturas solicitamos al Presidente Estadounidense Barack H. Obama que usando su sabida inteligencia, ecuanimidad y principios, y honorando su titulo de Premio Nobel de la Paz, no apriete el gatillo del poderoso y devastador arsenal a su disposición contra el país Persa que podría tener consecuencias de dimensiones incalculables.

Además apelamos a la sabiduría del presidente norteamericano para que no escuche ni se deje arrastrar por la soberbia desmesurada y arsenal de odio sin límites acumulado por muchos de los líderes israelitas.

En este respecto asimismo pedimos al Presidente Obama que no escuche a sus egotistas generales guerreristas y mucho menos a su inmadura Secretaria Clinton. Hace unas semanas La Clinton apareció por C-SPAN TV frente a una audiencia de puros sionistas donde de manera irrebatible y vehemente repetidamente afirmó que sin titubeos e inquebrantablemente su país siempre apoyaría a Tel-Aviv.

Latinos sin Fronteras,

Los Ángeles. 8/11/2010