martes, 27 de julio de 2010

ENIGMAS ATOMICOS: URANIO (III)

Jorge Gómez Barata

Los intensos debates en torno al programa nuclear de Irán, con potencial para ocasionar un conflicto con armas nucleares, tiene como centro al uranio, una sustancia natural nada rara, excepto por sus espectaculares cualidades para almacenar fabulosas cantidades de energía que puede ser liberada de modo controlado o abruptamente, dando lugar a explosiones nucleares.

Si bien es cierto que con la energía contenida en unos kilogramos de uranio una vivienda pudiera alumbrarse toda la vida y con unas toneladas un buque pudiera navegar treinta años, también lo es que con el material concentrado en una esfera similar a una pelota de beisbol el centro de Hiroshima fue borrado de la faz de la tierra. Comparado con lo que ocurrió allí la tragedia del 11/S parece trivial.

EL URANIO

Como el carbón y el petróleo el uranio, el elemento natural más pesado en la tierra (descubierto en 1789), es un mineral que presente en casi todos los suelos del planeta donde convive con los demás minerales, el agua, las plantas, la fauna silvestre y los seres humanos. Sobre los yacimientos de uranio pueden plantarse huertos y jardines, construirse viviendas y practicar deportes sin que ello ejerza efecto nocivo alguno. A diferencia del carbón o el petróleo que en su estado natural pueden incendiarse, jamás en la naturaleza el uranio provocará una explosión atómica ni nadie será dañado por la radioactividad.

La explicación radica en que en su estado natural, más del 99 por ciento del uranio no es fisionable, es decir no es capaz de producir una reacción en cadena, no da lugar a explosiones ni sirve para producir bombas atómicas.

Lo que hace formidable y a la vez demoniaco al uranio no son sólo sus propiedades naturales sino el “valor agregado” añadido por la mano humana, debido que al enriquecerlo, como mismo ocurre con el petróleo, se obtienen derivados con propiedades diferentes al producto natural.

El uranio es utilizable en armas atómicas cuando en su composición existe al menos un 20 por ciento de isotopos de uranio 235, sustancia que en el estado natural nunca sobrepasa el 0,71 por ciento. Incluso después de enriquecido, cuando es ya uranio 235 prácticamente puro, se necesita reunir una determinada cantidad capaz de sostener una “reacción en cadena” y producir una explosión nuclear.

En el uranio ese proceso se llama de enriquecimiento porque consiste en mediante centrifugación, al altísimas velocidades, gasificar el mineral para separar y reunir los isotopos del llamado 235, que posee las propiedades que lo hacen apto para ser empleado en armas nucleares. El evento mediante el cual el uranio 235 libera abruptamente la energía contenida en su estructura, se llama “reacción en cadena” y es provocado, nunca espontaneo.

Aunque era teóricamente conocida, la reacción en cadena atómica, no pudo ser realizada en la práctica hasta que se inventaron los reactores atómicos, en uno de los cuales, en la universidad de Chicago en 1942 el húngaro Leo Szilárd y el italiano Enrico Fermi, lograron provocar una “reacción en cadena” controlada. Al lograr administrar esos eventos de hecho, Szilárd inventó la bomba atómica; procedimiento que patentó convirtiendo el engendro en propiedad privada, cosa que dicho sea de paso nunca reclamó y con la cual jamás lucró.

No obstante, se trataba de una victoria científica parcial y de un hallazgo teórico porque una bomba atómica no es un reactor, sino un proceso mediante el cual se logra la explosión en el momento y el lugar deseado. En la ruta hacía la bomba faltaban varios elementos, entre ellos determinar la “Masa Crítica” del uranio 235, es decir, saber cuál era la cantidad de uranio 235 capaz de provocar una reacción en cadena y una explosión atómica.

Naturalmente que a tal conclusión no podía llegarse experimentalmente tirando paletadas de uranio en un recipiente hasta que estallara porque de ese modo volaría el laboratorio y todos los científicos. Realizar los cálculos necesarios para determinar que se trataba de unos cincuenta kilogramos cuando aun no existían computadoras fue la tarea confiada al ingeniero Vannevar Bush del Instituto Tecnológico de Massachusetts quien, cuando todavía no existían computadoras, diseñó el soporte y las herramientas matemáticas necesarias.

Al mismo tiempo, fue preciso levantar las facilidades industriales para, de modo seguro, procesar miles de toneladas de mineral, lograr uranio para luego enriquecerlo hasta obtener cantidades suficientes de un material en el cual los isotopos del uranio 235 estuvieran presentes en un elevado por ciento. En la época de la primera bomba atómica era alrededor del 90 por ciento.

Se cuenta que una de sus primeras conversaciones el coronel Leslie Groves, a cargo de las tareas de intendencia y seguridad del proyecto Manhattan, preguntó a Robert Oppenheimer, director científico:

— ¿Por dónde comenzamos?

Consiga uranio y luego enriquézcalo

Todo el mineral de uranio para crear dos bombas, adquirido en el entonces Gongo Belga, le costó a Groves menos de doscientos mil dólares, mientras la inversión en la planta para refinarlo, edificada en Oak Ridge, Tennessee, alcanzó los mil millones de dólares. Allí, presuntamente se produjo el uranio necesario para crear dos bombas atómicas, la tercera que arrasó a Nagasaki era de plutonio, un material con propiedades parecidas aunque con otra historia.

La única excepción conocida y que hubiera facilitado extraordinariamente las cosas a Oppenheimer y a su equipo fue descubierta en 1972 cuando, en la planta francesa de Pierralatte, al examinar una muestra de mineral natural, se registró una medición que indicaba la presencia inusualmente elevada de átomos de uranio 235.

Ante el extraño fenómeno se abrió una investigación cuyo resultado indicó que para lograr semejante nivel de “contaminación radioactiva” el uranio debió enriquecerse, como mínimo, hasta un tres por ciento, cosa sólo posible de lograr en un reactor o en las entrañas del sol.

La muestra procedía del yacimiento de Oklo en Gabón y los estudios revelaron que allí, unos dos mil años atrás, en un yacimiento excepcionalmente rico, existieron condiciones naturales, que dieron lugar a concentraciones del mineral y a reacciones en cadena por medio de las cuales se produjo un proceso natural de enriquecimiento del uranio contenido en el suelo, sólo alcanzable en plantas industriales de avanzada tecnología. Se trata del único reactor nuclear natural conocido.

El uranio y sus propiedades pueden ser una bendición otorgada al hombre o una maldición. En cualquier caso la naturaleza no es culpable, como tampoco lo es la ciencia. Toda la responsabilidad toca a los hombres y al modo como utilizan los bienes terrenales y sus propios conocimientos. La ciencia y la técnica no son buenas ni malas, buenos o malos son quienes la utilizan y, voluntariamente optan por ser: lo uno o lo otro.

La Habana, 27 de julio de 2010


Reflexiones del Compañero Fidel: La victoria estratégica

Dentro de breves días será publicado el libro en el que, bajo el título de “La victoria estratégica”, narro la batalla que libró del exterminio al pequeño Ejército Rebelde.

Lo inicio con una introducción en la que explico mis dudas acerca del título que le pondría “…no sabía si llamarla ‘La última ofensiva de Batista’ o ‘Cómo 300 derrotaron a 10 000′” que parecería un cuento de ciencia ficción.

Incluye una pequeña autobiografía: “No deseaba esperar que se publicaran un día las respuestas a incontables preguntas que me hicieran sobre la niñez, la adolescencia y la juventud, etapas que me convirtieron en revolucionario y combatiente armado.”

El título que finalmente decidí fue “La victoria estratégica”.

Está dividido en 25 capítulos, contiene abundantes fotos de la calidad posible en aquellas circunstancias y los mapas pertinentes.

Finalmente, se presentan esquemas gráficos sobre los tipos de armas que utilizaron ambos contendientes.

En las páginas finales del capítulo 24 de la narración hice afirmaciones que resultaron premonitorias.

En el último parte que escribí para ser leído por Radio Rebelde el siete de agosto, al día siguiente de concluida la batalla final de Las Mercedes, expresé:

“La ofensiva ha sido liquidada. El más grande esfuerzo militar que se haya realizado en nuestra historia Republicana, concluyó en el más espantoso desastre que pudo imaginarse el soberbio Dictador, cuyas tropas en plena fuga, después de dos meses y medio [de] derrota en derrota, están señalando los días finales de su régimen odioso. La Sierra Maestra está ya totalmente libre de fuerzas enemigas.”

En el libro sobre “La victoria estratégica” se explica textualmente:

“La derrota de la ofensiva enemiga, después de 74 días de incesante combate, significó el viraje estratégico de la guerra. A partir de ese momento la suerte de la tiranía quedó definitivamente echada, en la medida en que se hacía evidente la inminencia de su colapso militar.”

“Ese mismo día redacté una carta dirigida al mayor general Eulogio Cantillo, quien dirigió toda la campaña enemiga desde el puesto de mando de la zona de operaciones, asentado en Bayamo. Le confirmé a Cantillo que se encontraban en poder de nuestras fuerzas alrededor de 160 soldados prisioneros, entre ellos muchos heridos, y que estábamos en disposición de establecer de inmediato las negociaciones pertinentes para su entrega. Tras complicadas gestiones, esta segunda entrega de prisioneros se efectuó varios días después en Las Mercedes.

“En el curso de esos 74 días de intensos combates para el rechazo y la derrota de la gran ofensiva enemiga, nuestras fuerzas sufrieron 31 bajas mortales. Las noticias tristes no amilanaron nunca el espíritu de nuestras fuerzas, aunque la victoria nos supo amarga muchas veces. Aún así, la pérdida de combatientes pudo ser muy superior, teniendo en cuenta la intensidad, duración y violencia de las acciones terrestres y los ataques aéreos, si no lo fueron se debió a la extraordinaria pericia alcanzada por nuestros guerrilleros en la agreste naturaleza de la Maestra y por la solidaridad de unos rebeldes con otros. Muchas veces, heridos graves salvaron su vida, en primer lugar, porque sus compañeros hicieron lo imposible por trasladarlos a donde pudieran asistirlos los médicos, y todo a pesar de lo abrupto del terreno y el silbido de las balas en medio de los combates.

“A lo largo de estas páginas he ido mencionando los nombres de los caídos, pero quiero relacionarlos de nuevo a todos aquí para ofrecer de una sola vez el cuadro completo de nuestros mártires, merecedores del eterno recuerdo de respeto y admiración de todo nuestro pueblo. Ellos son:

“Comandantes: Andrés Cuevas, Ramón Paz y René Ramos Latour, Daniel.

“Capitanes: Ángel Verdecia y Geonel Rodríguez.

“Tenientes: Teodoro Banderas, Fernando Chávez, El Artista, y Godofredo Verdecia.

“Combatientes: Misaíl Machado, Fernando Martínez, Albio Martínez, Wilfredo Lara, Gustavo; Wilfredo González, Pascualito; Juan de Dios Zamora, Carlos López Mas, Eugenio Cedeño, Victuro Acosta, El Bayamés; Francisco Luna, Roberto Corría, Luis Enrique Carracedo, Elinor Teruel, Juan Vázquez, Chan Cuba; Giraldo Aponte, El Marinero; Federico Hadfeg, Felipe Cordumy, Lorenzo Véliz, Gaudencio Santiesteban, Nicolás Ul, Luciano Tamayo, Ángel Silva Socarrás y José Díaz, El Galleguito.

“Colaboradores campesinos: Lucas Castillo, otros miembros de su familia, e Ibrahim Escalona Torres.

“Honor y gloria eterna, respeto infinito y cariño para los que cayeron entonces.

“El enemigo sufrió más de mil bajas, de ellas más de 300 muertos y 443 prisioneros, y no menos de cinco grandes unidades completas de sus fuerzas fueron aniquiladas, capturadas o desarticuladas. Quedaron en nuestro poder 507 armas, incluidas dos tanques, diez morteros, varias bazucas y doce ametralladoras calibre 30.

“A todo ello habría que añadir el efecto moral de este desenlace y su trascendencia en la marcha de la guerra: a partir de ese momento, la iniciativa estratégica quedaba definitivamente en manos del Ejército Rebelde, dueño absoluto, además, de un extenso territorio al que el enemigo no intentaría siquiera volver a penetrar. La Sierra Maestra, en efecto, quedaba liberada por siempre.

“La victoria sobre la gran ofensiva enemiga del verano de 1958 marcó el viraje irreversible de la guerra. El Ejército Rebelde, triunfante y extraordinariamente fortalecido por la enorme cantidad de armas conquistadas, quedó en condiciones de iniciar su ofensiva estratégica final.

“Con estos acontecimientos se abrió una nueva y última etapa en la guerra de liberación, caracterizada por la invasión al centro del país, la creación del Cuarto Frente Oriental y del Frente de Camagüey. La lucha se extendió a todo el país. La gran ofensiva final del Ejército Rebelde condujo, con la fulminante campaña de Oriente y de Las Villas, a la derrota definitiva del Ejército de la tiranía y, en consecuencia, al colapso militar del régimen batistiano y la toma del poder por la Revolución triunfante.

“En la contraofensiva victoriosa de Diciembre de ese año, se decidió el triunfo con alrededor de 3000 hombres equipados con armas arrebatadas al enemigo.

“Las columnas del Che y de Camilo, avanzando por las llanuras del Cauto y de Camagüey, llegaron al centro del país. La antigua Columna 1 de nuevo entrenó más de mil reclutas en la escuela de Minas del Frío, y con jefes que surgían de sus propias filas, tomaron los pueblos y ciudades en la carretera central entre Bayamo y Palma Soriano. Nuevas tanquetas T-37 fueron destruidas, los tanques pesados y la aviación de combate no pudieron impedir la toma de ciudades cientos de veces mayores que el pobladito de Las Mercedes.

“En su avance, a la Columna 1 se le unieron las fuerzas del Segundo Frente Oriental Frank País. Así ocupamos la ciudad de Palma Soriano el 27 de diciembre de 1958.

“Exactamente el 1ro. de enero de 1959 -la fecha señalada en carta a Juan Almeida antes de iniciarse la última ofensiva de la dictadura contra la Sierra Maestra-, la huelga general revolucionaria, decretada a través de Radio Rebelde desde Palma Soriano, paralizó al país. El Che y Camilo recibieron órdenes de avanzar por la carretera central hacia la capital, y no hubo fuerzas que hicieran resistencia.

“Cantillo, en reunión conmigo, con Raúl y Almeida reconoció que la dictadura había perdido la guerra, pero poco después desarrolló en la capital maniobras golpistas, contrarrevolucionarias y pro imperialistas e incumplió las condiciones pactadas para un armisticio. A pesar de ello, en tres días estaban a nuestra disposición las cien mil armas y los barcos y aviones que poco antes habían apoyado y permitido la fuga del último batallón que penetró en la Sierra Maestra.”

Un incansable equipo del personal de la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado, diseñadores del grupo Creativo de Casa 4, bajo la dirección de la ayudantía; con la cooperación del cartógrafo Otto Hernández, el General de Brigada Amels Escalante, el dibujante Jorge Oliver, el joven diseñador Geordanis González, bajo la dirección de Katiuska Blanco, periodista y escritora brillante e incansable, son los actores principales de esta proeza.

Pensaba que este libro tardaría meses en publicarse. Ahora sé que a principios del mes de agosto estará ya en la calle.

Yo, que trabajé meses en el tema después de mi grave enfermedad, estoy ahora animado para seguir escribiendo la segunda parte de esta historia que se denominaría, si el equipo no sugiere otro nombre, “La contraofensiva estratégica final”.







Fidel Castro Ruz

Julio 27 de 2010

11 y 20 a.m.

Huelga de hambre en México

Por Lorenzo Gonzalo*

Fotos © Virgilio PONCE

Cayetano Cabrera y Miguel Angel Ibarra, son trabajadores de la empresa Luz y Fuerza del Centro, una unidad mexicana de producción eléctrica.

El gobierno ordenó cerrarla por dificultades presupuestarias. Ante la cantidad de trabajadores que quedarán desplazados, el Sindicato Mexicano de Electricista se opuso y estableció una demanda contra el gobierno. La Corte Suprema ha rechazado las peticiones del sindicato y como consecuencia de estas negativas y las pocas esperanzas para de recuperar sus empleos, ambos trabajadores se declararon en huelga de hambre. Diferentes protestas sindicales se han producido, pero la más grave de todas son las de Ibarra y de Cayetano, quienes han permanecido en huelga de hambre durante tres meses.

Las huelgas de hambre han sido tradicionales armas de protestas políticas, durante el Siglo XX.

Como consecuencia de una huelga semejante, murieron en una cárcel irlandesa 10 luchadores nacionalistas. La Reina de Inglaterra y el gobernante de turno Margaret Thacher, decidieron dejarlos morir. Literalmente hablando los dejaron morir, porque en verdad sólo pedían ser reconocidos como presos políticos, condición legal que bien hubiese podido ser negociada de varias maneras y en segundo lugar, porque la actitud del gobierno fue dejarlos sin apoyo. Incluso, una de las declaraciones de Thacher fue decir que no se les prestaría atención alguna y que si la decisión de ellos era la morir, el gobierno no interferiría en manera alguna. La actitud indolente e inhumanitaria del gobierno británico, contribuyó a exacerbar el ánimo de lucha de los combatientes nacionalistas, quienes finalmente murieron por inanición.

En el caso de los mexicanos, la huelga de hambre en curso, está de cierto modo dentro de la racionalidad tradicional de las huelgas, las cuales normalmente se hacen para llamar la atención, pero nunca con el interés de morir. El lado peligroso de semejante decisión es que los huelguistas muchas veces entran en una espiral de no retorno y se apodera de ellos un impulso suicida, con resultados impredecibles. Este es el caso de algunos huelguistas de hambre que plantean reclamos a los gobiernos que por seguridad de mando no pueden ser concedidos. No interpretar correctamente la realidad y llegar a extremos, puede conducir a desenlaces fatales, a menos que se trate de verdaderos dirigentes políticos, concientes de sus objetivos y del manejo correcto que deben darle a la simbología de la huelga.

Los huelguistas mexicanos, aunque llevan muchos días en la protesta, beben agua a intervalos y además ingieren azúcar y miel.

No entraremos a analizar el pedio de los huelguistas, las circunstancias del caso y la racionalidad de lo exigido. Sólo diremos que se trata de un asunto laboral, relacionado con una empresa estatal clausurada por el propio estado por razones de ineficiencias financieras. La ineficiencia se produce porque los gastos salariales son excesivos, no tanto por la cantidad de trabajadores, como por la magnitud desproporcionada de los beneficios que reciben, los cuales comparados con la media nacional e incluso dentro del propio sector eléctrico, son excesivos. Este parece ser el panorama objetivo del caso.

Pero lo que nos mueve a destacar los acontecimientos en la capital mexicana, no es tanto las razones o sin razones de la huelga de hambre de dos personas, como el hecho de que su ocurrencia data de tres meses y sin embargo, la prensa europea y la local de Miami, no se había referido a ella. A estas altura y habiendo perdido musculatura uno de ellos, la prensa prácticamente sigue sin mencionarlos.

Como contraste debemos destacar que esa misma prensa llenó los cintillos de sus páginas principales, cuando un preso cubano de apellido Zapata, se declaró en huelga de hambre reclamando que le pusieran en su celda un televisor, le dieran un teléfono celular y otras comodidades más. Este pedido de Zapata, quizás en Estados Unidos podría tener cierta lógica en determinados casos, pero en un país con escasez de alimentos, donde un alto porcentaje de la población no tiene televisores y sólo un millón de personas de un total de once millones, tienen teléfono celular, resulta totalmente descabellado. Más importante que lo anterior es la seguridad penal que supone controlar a los reclusos y donde facilitar la comunicación incontrolada del reo con el exterior puede ser de gravedad para la seguridad de las autoridades.

Pero la prensa obviando el más elemental sentido de la lógica y las realidades, le prestó una cobertura sobredimensionada a aquella huelga de ese preso cubano, simplemente porque se trataba de Cuba, el país bajo la permanente lupa de Estados Unidos y sus empleados a sueldo.

Ibarra y Cayetano son un buen ejemplo para destacar el trabajo de una prensa desligada de los asuntos sociales y comprometida únicamente con intereses políticos, casi siempre de dudosa moralidad.

Ibarra y Cayetano merecen un lugar en la prensa todos los días en primera plana, porque piden trabajo, racionalidad del estado en el manejo de su empresa y comprensión para las familias de los miles de trabajadores que dependen de sus ingresos.

No podemos pedirle al gobierno mexicano que solucione el caso por arte de magia, violando sus propias leyes y mucho menos perjudicando a otros trabajadores, pero sí esperamos que se aplique la razón. De Ibarra y Cayetano también confiamos en que tengan un comportamiento similar. Al menos sabemos que la intención no es morirse, como lo demuestra la ingestión prudente de agua y cierto alimento.

Las luchas sociales no triunfan por las cantidades de muertos que ocasiona su historia, sino por la tenacidad de los vivos que la sobreviven. Sus muertos deben ser siempre ocasionales y fortuitos, nunca la decisión volitiva que priva de esfuerzos a la lucha y alimenta la ambición de los pícaros.

Para las personas ajenas a la problemática cubana, cautivos de una prensa que no informa objetivamente, presentando los acontecimientos en su real dimensión, es importante que mediten sobre los procedimientos de la media en relación a Cuba.

Si una huelga de hambre en un país dado, tuviera la importancia que se le ha dado a las dos huelgas de hambre ocurridas en Cuba en los últimos tiempos, es de suponer que la huelga de estos dos trabajadores mexicanos, merecen la primera plana de los periódicos todos los días. Sobre todo, más que destacar la actitud exagerada de la protesta, a través de un procedimiento que puede conducir a la muerte, deben enfrascarse en un análisis profundo de lo sucedido con la compañía estatal Luz y Fuerza del Centro.

Pero el problema de la prensa no es la verdad, sino destacar las razones que mueven a los intereses de Washington. De aquí la incoherencia que observamos en la forma que presentan las informaciones y la algarabía que desatan, cuando se trata de cualquier asunto relacionado con Cuba.

Miami, 23 de Julio del 2010

*Lorenzo Gonzalo, periodista cubano residente en los EEUU y subdirector de Radio Miami (www.radio-miami.com)


Uribe: función de despedida

Por Atilio A. Boron

Incondicional peón del imperio, Alvaro Uribe se despide de la presidencia de Colombia con una nueva provocación: la denuncia de la existencia de campamentos de las FARC en territorio venezolano. Ni lerdo ni perezoso, el Departamento de Estado salió a respaldar sin reservas la acusación formulada por Bogotá en la OEA, alentado por la supuesta “contundencia” de las pruebas presentadas por Uribe que denuncian al gobierno de Hugo Chávez por permitir la instalación de campamentos de la FARC y la realización de diversos programas de entrenamiento militar de unos 1500 efectivos de la guerrilla en territorio venezolano. El vocero del Departamento de Estado, Philip Crowley, declaró con singular insolencia que “Venezuela ha mostrado una conducta desafortunada e insolente” con su vecino y amenazó que si ese país “no coopera, Estados Unidos y los demás países obviamente lo tomarán en cuenta.” En la misma línea se manifestó el subsecretario adjunto para América latina, Arturo Valenzuela, declarando que la denuncia hecha por Uribe era “muy seria.” Ambas declaraciones hablan elocuentemente sobre el talante moral de ambos funcionarios.

Fueron los administradores imperiales quienes le pidieron a Uribe una última “prueba de amor” pocos días antes de abandonar la presidencia. Como es de público conocimiento, el prontuario que la DEA, la CIA y el FBI han venido construyendo sobre Uribe por sus íntimas y prolongadas vinculaciones con los narcos no le permite desobedecer ninguna orden originada en Washington, so pena de correr la misma suerte que el ex presidente panameño Manuel A. Noriega y terminar sus días en una cárcel de máxima seguridad de los Estados Unidos.

Miente Uribe porque, en primer lugar, si las FARC controlan cerca del 30 por ciento del territorio nacional (como el propio gobierno colombiano lo ha reconocido más de una vez) no se entiende qué sentido puede tener distraer nada menos que 1500 hombres del teatro de operaciones en Colombia y organizar 85 campamentos guerrilleros en Venezuela. Es en la propia Colombia donde la crisis y putrefacción del Estado oligárquico permite que amplias franjas de su territorio, especialmente en las zonas selváticas, estén controladas por la guerrilla, los narcos y los paramilitares. Diversas autoridades ecuatorianas comentaron luego del ataque que las fuerzas colombianas realizaron en su territorio que Ecuador no limita al norte con Colombia sino con una tierra de nadie controlada por las organizaciones descriptas más arriba. Con una necedad sin límites Uribe acusa a sus vecinos de no hacer lo que él mismo ha dado sobradas muestras de ser incapaz de hacer: controlar su propio país. Cerrando los ojos ante esta realidad Estados Unidos se monta sobre esta falaz denuncia para, desde allí, acosar al gobierno bolivariano por su falta de colaboración en la lucha contra el narcotráfico, obviando el molesto hecho de que el mayor exportador mundial de cocaína –y, ahora, de narcotraficantes– es la Colombia militarizada por Uribe y devenida gracias a su invalorable colaboración en un protectorado norteamericano.

Ante semejante cuadro de descomposición política, denunciar que las FARC se instalan en Venezuela –¡y para colmo con el aval y la complicidad del gobierno de Hugo Chávez!– es una vulgar engañifa al servicio del imperio que carece por completo de entidad como para ser tomada mínimamente en serio.

En segundo lugar, ¿cómo olvidar que Uribe fue el hombre que mintió alevosamente cuando sus fuerzas, apoyadas por las de Estados Unidos, incursionaron en territorio ecuatoriano aduciendo que iban en persecución de una columna de las FARC. Las pruebas demostraron que los guerrilleros a los que supuestamente se perseguía luego de un enfrentamiento ocurrido en territorio colombiano estaban durmiendo –vestidos inclusive con pijamas– al momento de producirse el ataque y que, en consecuencia, lo que tuvo lugar en Santa Rosa de Sucumbíos no fue un combate sino lisa y llanamente una masacre indiscriminada.

Tercero, ¿cómo se le puede creer a un hombre que desde la presidencia convalidó la acción de los paramilitares y del terrorismo de Estado? El 16 de febrero de este año la unidad de Justicia y Paz de la Fiscalía colombiana publicó un informe en el que se revela que algo más de 4000 paramilitares de las AUC, las Autodefensas Unidas de Colombia, aseguraron haber perpetrado 30.470 asesinatos en el período comprendido desde mediados de los ochenta hasta su “desmovilización” en 2003-2006. Agréguese a esto que tan sólo en el año 2009 los paracos y las “fuerzas de seguridad” asesinaron a 40 sindicalistas, convirtiendo a Colombia en el país más peligroso del mundo para ese tipo de actividad.

Cuarto, el denunciante es nada menos que el responsable intelectual y político de la masacre serial conocida con el nombre de “falsos positivos”. Durante los tres últimos años de gobierno de Uribe se comprobó que –ante el acoso del gobierno para que mostrara resultados concretos en la lucha contra la guerrilla– el ejército diseñó y ejecutó un plan criminal: recorrer las comunidades y aldeas más pobres del país ofreciendo trabajo a la enorme masa de desocupados y reclutando a un elevado número de indigentes, campesinos indefensos y jóvenes marginados, que luego eran asesinados a sangre fría y a sus cadáveres se los hacía pasar como pertenecientes a guerrilleros ejecutados en combate para cobrar la recompensa establecida por el gobierno u obtener estímulos o ascensos en su carrera militar. Según estimaciones muy conservadoras estos crímenes de Estado superan los mil casos.

Como ocurrió con todos los terrorismos de Estado que asolaron la región, los crímenes de lesa humanidad cometidos tenían también un trasfondo económico. En el caso de la Colombia de Uribe, entre las corruptas fuerzas armadas, los paramilitares y el narco se repartieron millones de hectáreas que en su desesperado éxodo dejaban tras de sí los campesinos desplazados por los bombardeos y masacres indiscriminadas a que estaban sometidos. La cifra de los campesinos desplazados ascendería a 4.500.000 y sus tierras –por lo menos unos seis millones de hectáreas– fueron luego transferidas, con gran provecho para los encargados de desalojarlos, a los terratenientes y el agronegocio, auspiciantes y cofinanciadores del paramilitarismo.

Este es el hombre que hoy levanta su dedo acusador en contra de la revolución bolivariana. Es evidente que lo suyo es una maniobra más, dictada por los estrategas del imperio, para acosar al gobierno de Hugo Chávez y para legitimar la violenta militarización de la política exterior norteamericana. Por eso Washington insiste en desplegar su impresionante dispositivo militar: allí están las siete bases en Colombia; en Aruba y Curazao, a pocos kilómetros del litoral marítimo venezolano; en El Salvador y en Honduras y, ahora, la autorización para introducir nada menos que 7000 marines y toda clase de armamento en la vecina Costa Rica. Por eso también la Cuarta Flota. El gobierno de Uribe cumple así un servicio de extraordinaria importancia tratando de crear las condiciones que justifiquen la intervención militar norteamericana en América del Sur y, en lo inmediato, mantener viva la tensión entre Colombia y Venezuela luego del recambio presidencial y perjudicar las chances electorales de Chávez.

Preocupado por su futuro y agobiado por el espectro de Noriega pudriéndose en una cárcel gringa, Uribe se esmera hasta el último día de su mandato para mostrar su total sumisión a los dictados de los imperialistas. Por eso es importante desenmascarar y denunciar al denunciante, y exigir la pronta intervención de la Unasur para desbaratar los planes de Washington en nuestra América. Este no es un tema para la OEA, que además no supo manejar la provocación uribista, sino para la Unasur, que será puesta a prueba con este incidente.

*Politólogo.