lunes, 7 de junio de 2010

EL SOCIALISMO REAL EN SU LABERINTO

Jorge Gómez Barata

Económicamente el socialismo real no pudo hacerse justicia. Tal vez todo se debió a que buscó sus respuestas donde no estaban: en la economía. El sistema político es quien crea las condiciones para el despliegue de las fuerzas productivas y el consiguiente auge económico y no a la inversa. El éxito del capitalismo se debe al triunfo del liberalismo y no al revés.

Paradójicamente, la correcta creencia de que la economía constituye la base de la sociedad, condujo a los líderes de los países del socialismo real a una subestimación de las estructuras, de las relaciones y del desempeño político, principalmente respecto a la actividad ciudadana pasando por alto que la participación, la libertad, la democracia y los derechos, aunque se relacionan con elementos materiales, no son bienes ni dependen de la solvencia económica de los individuos y la sociedad.

Si bien las relaciones económicas aportan el sostén material de las estructuras básicas en las diferentes sociedades, son las ideas políticas, religiosas, la lengua y la cultura las que, actuando como sustancia aglutinadora, cohesionan la arquitectura del sistema. Se trata de una compleja dialéctica y de equilibrios formados espontáneamente a lo largo del devenir y de la evolución que, probablemente resulte imposible establecer voluntaria o caprichosamente de otra manera y con otras partes alícuotas.

El asunto se tornó sumamente complicado cuando al convertir a propiedad estatal toda la economía, la tierra, las instituciones educativas, culturales y recreativas, la prensa, la radio y la televisión, no sólo se descargó sobre el Estado enormes responsabilidades, sino que se exageró hasta extremos inauditos su relevancia y su poder, cosa agravada aún más al institucionalizar de modo paraestatal toda la actividad social, incluyendo el movimiento obrero y las organizaciones sociales y profesionales. La idea de que tales instancias eran meras “correas de transmisión” fue asumida como artículo de fe.

De ese modo el mismo esquema que subestimaba la relevancia de la política cuando era ejercida por los individuos, elevó desmesuradamente su jerarquía cuando se trataba de las directivas emanadas desde los círculos de poder. El exceso de politización fue un defecto y no una virtud de aquellas sociedades. En la Unión Soviética llegó a existir no sólo una ideología oficial, sino también un arte y un credo oficial.

A todo ello se sumó una incorrecta percepción del carácter del pensamiento marxista, que fue definido como la única ciencia social válida, equiparando a las investigaciones de Marx en el campo de la economía o la filosofía con juicios coyunturales e incluso comentarios erróneos. La idea de que “La religión es el opio del pueblo” y que la emulación socialista es una “ley de la construcción del socialismo”, adquirieron así la misma jerarquía que la teoría de la plusvalía.

Al trasladar los preceptos del determinismo propios de las ciencias naturales y exactas, según los cuales, dadas ciertas premisas, inevitablemente se producirá un resultado predecible a las ciencias sociales, se originó una visión errada del devenir social que, tomando como modelo lo ocurrido en la Unión Soviética, asumió que, aproximadamente de ese modo se comportaría toda la historia humana.

Nunca el pensamiento sociológico en la Unión Soviética y en ninguno de los países del socialismo real llegó a comprender que aquello que hace científico al marxismo son sus premisas y su método, no las conclusiones que, a partir de lecturas erróneas o interesadas, pueden conducir no sólo a costosos errores teóricos, sino incluso a aberraciones como las que surgieron en el periodo stalinista y estuvieron vigentes hasta la perestroika.

El descubrimiento de Marx acerca de que la economía determina el desarrollo social, es una verdad que opera en sentido histórico y es válida para comprender el tránsito de una formación social a otra. La esclavitud y el feudalismo desaparecieron porque eran económicamente inviables, lo cual no quiere decir que la Revolución Francesa se realizara por los empresarios. Las consignas de Igualdad, Libertad y Fraternidad como tampoco “Todo el poder para los Soviets” no fueron ni son consignas económicas.

Especulaciones académicas aparte, estas confusiones fueron trágicas debido a que hasta los años noventa en los países socialistas, incluida la Unión Soviética, los círculos dirigentes no quisieron admitir que las reformas para perfeccionar el sistema y asegurar su supervivencia no podían ser exclusivamente económicas, sino que necesariamente tendrían que aludir al sistema político.

No basta con avanzar en la satisfacción de las necesidades materiales manteniendo y justificando la existencia de déficits políticos asociados al mecanismo de participación y a las libertades políticas elementales que, al menos en los países de cultura occidental se consideran básicos y probablemente sean universales.

Ante estas evidencias, ahora se acostumbra a mencionar la experiencia china donde el impetuoso avance de la economía se ha realizado sin apenas modificar el sistema político y las prácticas ideológicas establecida 60 años atrás. En realidad el argumento es inconsistente porque la historia no termina ahora ni el espíritu humano sucumbirá al acto simple de satisfacer necesidades elementales.

En cualquier caso, ahora cuando países emergentes con liderazgos magníficos se plantean el cambio como opción, vale la pena recordar que el orden social requiere de equilibrios que no se pueden soslayar y que el bienestar material es un fundamento imbatible cuando cuenta con los complementos que aporta la riqueza espiritual, la libertad plena, el pluralismo cultural y la democracia.

Con tales elementos, socialismo no sólo se mejorara a sí mismo, sino que probablemente deje atrás el horizonte que el capitalismo presentó como eterno e inmutable. El final es abierto.

La Habana, 07 de junio de 2010

"Con el presidente hay una disputa ideológica, por el rumbo del país". Entrevista con Roberto Lorenzana, diputado del FMLN

Tomado de EL FARO / Por Carlos Martínez y Jimena Aguilar

Publicado el 3 de Junio de 2010.

El ex gerente de la campaña electoral de Mauricio Funes hace un recuento de los puntos de distanciamiento del FMLN con el mandatario: el abismo que los separa no es de forma, sino de fondo, y su partido cree que el gobierno defiende el modelo que el Frente quisiera desmontar.

Desde cuando retó al presidente Funes, asegurando que era capaz de probar corrupción en la entrega de los paquetes agrícolas, había estado en silencio. Meditando, dice, las palabras que ocuparía la próxima vez que hablara sobre el presidente con un periodista. Esta entrevista es esa próxima vez. El Faro tuvo esta conversación con el diputado Lorenzana un día después de la sesión solemne en la que el mandatario expuso los logros de su primer año de gestión.

Lorenzana es vicepresidente de la Asamblea Legislativa y miembro de las comisiones financiera y de agricultura. También asegura ser una especie de miembro honorario de la Comisión Política del FMLN: suele ser invitado por el coordinador general, Medardo González, a participar de las discusiones políticas en la cúpula. También ha sido uno de los efemelenistas más duros con Funes, sin haber sido nunca desautorizado por su partido.

Si sus palabras gozan de todo el consenso partidario del que presume, esta entrevista bien podría ser un parteaguas en las maneras en las que partido y presidente ventilan sus diferencias. El fin de los eufemismos, digamos. Este legislador describe un escenario de suma tensión, donde el FMLN no ha sido sordo a las subidas de tono de Funes. El presidente, dice, no piensa mucho lo que habla; es, a veces, más sumiso que el ex presidente Antonio Saca ante los organismos financieros; se ha rodeado de un grupo de interés del que es parte Gerardo Cáceres, a quien llama el gerente de recursos humanos del gobierno; define las discrepancias con el Ejecutivo como ideológicas y recuerda el caso de cierto ex presidente nicaragüense que se quedó sólo, sin partido, sin bancada...

Ayer su partido habló con voz amable, bonachona, suave, al presidente de la República. A usted le hemos escuchado tonos mucho más combativos al manifestar diferencias con el Presidente... ¿En qué medida usted representa la voz del FMLN?

Yo pensé que no era menos amable que el partido... coincido con la evaluación que se hizo ayer.

¿Sí?

Lo que pasa es que en un colectivo uno coincide en términos generales. Pero no debe ni puede perder la individualidad. Uno, por supuesto, tiene que respaldar las decisiones colectivas, pero no debe perder la individualidad. Entonces yo coincido con el enfqoue del día de ayer, pero por supuesto, tengo puntos de vista, en algunos casos, que al profundizarlos encontraremos énfasis distintos.

¿Por ejemplo?

Caracterizo al gobierno de Mauricio Funes como un gobierno de cambio. Pero para mí el cambio que se está impulsando es un cambio a medias. Y tiene que ver con dos factores. Uno son los factores objetivos, y otros, los subjetivos. Dentro de los objetivos están las condiciones de la economía nacional e internacional en las que se encontró al país. Las condiciones fiscales son ineludibles a la hora de gobernar. Limitan, por ejemplo, la profundización en la inversión social. También resulta que la estructura gubernamental no se desmonta de la noche a la mañana. Ahí están estructuras que han anidado, ocupando privilegios tradicionales. ¡Ahí están! Y los subjetivos tienen que ver con la voluntad. Hay una diferencia de voluntad.

¿En qué sentido?

En que se quiere profundizar menos el cambio. Nosotros quisiéramos un cambio con mayor velocidad y mayor profundización.

¿Cuáles son esos aceleradores? ¿Transformar la economía? ¿Una reforma fiscal más profunda?...

Antes de eso quisiera hacer un planteamiento general, para luego ir a lo particular. Lo que hay en juego en este momento es una visión sobre la transición. Este es un gobierno de transición, en transición. Uno ve reacomodos, virajes, planteamientos que se cambian. No todo es ideología, política, en esta relación con el gobierno, mucho es sicología, particularmente con el presidente.

Explíquenos eso.

Los factores de la personalidad cuentan. Y uno no puede dejar de tomarlo en cuenta en política. Por ejemplo, hay aspectos que generan reacomodos, como por ejemplo la altísima sensibilidad a la opinión pública del presidente... que no es malo. Esa es una característica del presidente.

¿Altísima sensibilidad a la opinión pública?

Correcto. El presidente, en los últimos tres meses, ha ido cayendo sensiblemente en su aceptación popular. No es una caída que haya generado una catástrofe, pero por la velocidad es sensible. El presidente está, todavía, en una altísima aceptación popular en términos generales. Él observa eso. Y eso está provocando ciertos reacomodos ya.

¿Para bien?

Creo que sí. La teoría electoral normalmente dice que cuando un presidente baja su popularidad, el partido de gobierno baja también en aceptación. De tal manera que para nosotros es muy preocupante que baje. Queremos que se mantenga o que suba más.

Ya les afecta, ¿no?

Teóricamente sí. Ahora, cuál es la realidad según nosotros: el presidente ha bajado de popularidad y el partido ha subido. Sé que hay mediciones distintas, pero según las nuestras, hemos subido. Mitofsky y La Prensa Gráfica han dicho que nosotros hemos bajado. Pero la UCA, la Tecnológica y las nuestras dicen que hemos subido, cuando el presidente ha bajado. Eso tiene que ver con la conducta.

Tiene que ver también, supongo, con que si la gente, cuando ve a Mauricio, ve al partido o no.

Claro, sí. Cuando uno habla de la gente estamos obligados a segmentar. Según nosotros el presidente ha bajado más en sus propios votantes y ha crecido más su aceptación en los votantes de la derecha desde el 1 de junio de 2009 para acá. Por eso no baja mucho. Baja en sus propios votantes, y sube en los votantes de la derecha. Ahora, en términos generales, siempre hay una disminución, como lo han registrado casi todas las encuestas. Eso tiene que ver con los énfasis, porque no basta decir que uno está del lado de los pobres.

O sea, lo atractivo que según usted resulta el presidente Funes para el votante de derecha tiene que ver con que, en la práctica, está dando señales atractivas o seductoras para la derecha...

Es correcto. Y digamos, tal vez es mucho decir exclusivamente el votante de derecha... Hay un votante, también, que se mueve en el limbo y que no necesariamente es un votante de la derecha o de la izquierda. Yo me imagino que hay factores que han generado confianza que también nos ayudan a nosotros. Por ejemplo, su relación con el gobierno de Estados Unidos le dio confianza no solo a gente de derecha, a mucha gente, incluidos votantes de izquierda. Eso lo aplaudió la gente: que haya una transición política estable. Lo aplaudió todo mundo. Nosotros, el votante nuestro, lo esperaba, lo quería, pero el de derecha más bien creía que eso no iba a pasar, que iba a ser traumática la transición...

Bueno, pero tener cercanía con la principal potencia del mundo no es una medida de derecha o diseñada para seducirla. Es una medida, apenas, lógica.

Sí, pero recuerden que ese fue un eje de campaña de la derecha, por eso lo menciono.

Bueno, entonces, ¿qué signos ve como mensajes seductores para la derecha?

Vaya, por ejemplo, el tema de la telefonía y fíjese que yo no estoy hablando de las diferencias del partido... o sea, de nosotros, dígame, ¿a qué cosas nos hemos opuesto de las propuestas del gobierno y del presidente?

RNPN.

No. Él se opuso a la propuesta nuestra. Es distinto. Los préstamos los hemos votado todos. No hemos dejado de votar por ninguna iniciativa.

¿A dónde va?

Ah, porque lo que pasa es que aquí es bien importante establecer quién tiene la responsabilidad también. Porque se dice: el FMLN no apoya al presidente. No es cierto. El Frente ha apoyado el 100% de las iniciativas del presidente. Es el presidente el que ha reaccionado en contra de algunas iniciativas del partido. Pero, por ejemplo, en el tema de las telefónicas, esa fue una iniciativa nuestra, que corresponde a nuestra plataforma. ¿Dónde se situó el presidente? Del lado de las empresas.

Se situó en el podio de Enade a llamarles irresponsables...

Claro, al lado de las empresas. Y ahí juega la personalidad, la sicología, porque ese tipo de lenguajes es un problema de la sicología.

¿Que ustedes interpretaron cómo?

Ah... que se situó del otro lado. Mire, el estilo es el hombre. Ese es su estilo, su sicología.

Califíquelo...

Él tiene su estilo. Yo no lo voy a caracterizar de ninguna manera. Creo que es un estilo que no piensa muy bien lo que dice. Uno debe de pensar lo que dice. Al menos, yo soy de esos, creo que hablo poco, pero me gusta pensar lo que digo. Uno no puede decir cualquier cosa frente a la opinión pública y después estar diciendo, quizá me equivoqué, quizá se me pasó la mano. Tampoco.

O sea que todas la reacciones que usted ha tenido frente a las posiciones que ha tomado el presidente hasta ahora son premeditadas...

Pues sí, uno tiene que pensar lo que dice. Yo, por ejemplo, cuando el presidente dijo que yo era un irresponsable y cómplice (por señalar politización en la entrega de los paquetes agrícolas), pasé dos días sin hablar...

Ja, ja, ja.

Aquí estaban todos los medios buscándome. A los dos días yo pensé que debía decir algo, porque eso no podía quedar como verdad y creo que se demostró lo contrario. Pero estábamos poniendo ejemplos.

Recuerdo a Norma Guevara diciendo en la plaza pública cuán injusto le parecía el cobro básico de la telefonía y una cuestión injusta es injusta aun con dos dólares menos.

Nosotros decidimos no votar, justamente para no ser incoherentes frente a la gente. Aunque sabíamos que bajarle un poco al cobro era producto de nuestra lucha, pero dijimos: si nosotros votamos por esto, vamos a ser incoherentes. Nosotros en eso no acuerpamos. Por eso no nos ha afectado la caída de la popularidad del presidente, porque nos hemos distanciado en las cosas que le benefician al pueblo: telefonía. Fíjese que la encuesta nuestra, por ejemplo, nosotros medimos: "¿Usted está de acuerdo con la posición del FMLN, en materia de telefonía, o con la posición del presidente?" Casi el 80% dijo que la posición del FMLN.

Claro, ¿quién va a estar de acuerdo con pagar, si la otra opción es no hacerlo?

Medimos también: "¿Usted está de acuerdo con que el FMLN ponga como condición, para aprobar los préstamos de la Diego de Holguín y el Hospital de Maternidad, que se inicie la investigación y que se informe sobre la corrupción?" El 78% estaba de acuerdo con que no votáramos de un solo. El presidente llegó incluso a cuestionarnos. Llegó a decir, incluso, que las diputadas del FMLN quizá no iban a parir a Maternidad, o sea, ¡una cosa gravísima! Sin embargo, nosotros nos quedamos tranquilos. Y la gente nos dio la razón. Por eso digo que este gobierno está en transición: ayer dimos un ejemplo, el presidente asumió la bandera en contra de la corrupción...

Que hasta ahora según ustedes no había asumido...

No, había dicho lo contrario. Había dicho que él no iba a perseguir a los corruptos. Claro, inmediatamente se dio cuenta de que había cometido un error e inmediatamente empezó a decir que lo habían malinterpretado, etcétera... pero no se montó en la bandera. Ahora, con lo de la Diego de Holguín y con lo del hospital de Maternidad, que es tan obvio, el presidente en su discurso se monta. Yo felicito al presidente, porque ha hecho un movimiento en positivo. Ojalá que siga así.

Este paso a lo positivo, ¿ustedes lo ven como resultado de lo que llama la hipersensibilidad a la opinión pública?

Es una parte. La otra es lo siguiente: yo creo que aquí lo que está en juego no es una lucha de poder. ¡Aquí el presidente manda, este es un país presidencialista! Él puede quitar a todos los ministros que quiera o ponerlos. Es un gobierno presidencialista. Lo que yo creo que hay es una disputa ideológica. Lo que hay es una disputa por el rumbo.

Entiendo que cuando habla del rumbo lo que nos dice es que están aflorando manifestaciones profundas de diferencias sobre visión, sobre idea de país, sobre qué cosas quieren hacer con el poder.

Mire, yo creo que las diferencias no son pequeñas, son diferencias importantes, que no quiere decir que son diferencias insalvables. Al final es importante ante la gente quién tiene la razón, de acuerdo con los intereses de la gente. Yo creo que, por ejemplo, en estos días esto ha forzado a la búsqueda de algún reacomodo en ambos lados. Del lado del partido ese discurso del día de ayer fue una expresión de voluntad política. Yo creo que son diferencias importantes. Yo creo que Medardo no dijo que fueran diferencias pequeñas, son importantes. Lo que él dice es que nosotros no queremos que sean diferencias insalvables, porque creemos que se pueden resolver. El discurso del presidente ayer también fue mesurado, no solo el que dio en el podio, sino que sus declaraciones posteriores fueron mesuradas, justamente porque toma conciencia de que necesita una plataforma. Ahí está el ejemplo del ex presidente en Nicaragua, Enrique Bolaños: ¡se quedó sin bancada y sin partido! Terminó en una debacle.

Lo que está diciendo es muy grave. Dice que lo que se está jugando el presidente con sus maneras es el respaldo de la bancada y del partido.

Justamente por eso es que el presidente hace un gesto ayer. Y el partido le toma la mano, o sea, que el partido se adelantó a decir que queremos entendimiento. Íbamos a reaccionar al discurso, pero el discurso fue un recuento. Ayer se hizo una valoración po-lí-ti-ca, en términos generales.

¿Debemos entender que el discurso de ayer de la bancada del FMLN, es un discurso pensado para limar asperezas, un gesto de amabilidad?

No todo lo que ahí se dijo tiene que ver con eso. Hay otras cosas... por eso digo que este es un cambio a medias. ¡Hay cosas que han cambiado que son positivas! Estábamos evaluando la gestión y no estrictamente la relación con el presidente, pero no podemos dejar de hablar de las cosas que nosotros aplaudimos, donde en el tema educación, en el tema salud, se ha puesto un punto de partida.

Rumbo. Usted decía que las diferencias son de rumbo... caracterice esa discrepancia.

Digo que no es una disputa de poder, sino de rumbo, ideológica, por lo tanto. Por eso es que yo no estoy de acuerdo cuando se dice que hay que renunciar a la ideología, porque en nombre de una renuncia a la ideología yo puedo asumir una posición de derecha. En la historia hay muchos ejemplos de eso.

¿No comparten entonces lo que dijo el presidente de quitarse la camisa partidaria?

Hay un principio filosófico y marxista, por cierto, que establece que lo general está por sobre lo particular. Que, digamos, lo nacional está sobre lo partidario. Nosotros coincidimos con eso. Ahí hay una diferencia y eso creo que vale la pena decírselo al presidente: nosotros le tomamos la palabra, pero hay que ir más allá. No solamente se trata de subordinar el interés de los partidos al interés nacional, sino también el interés de los grupos, porque este Movimiento por el Cambio es un grupo de interés. ¡Es un grupo de interés! Que es, a mi juicio, el grupo de interés con el que nosotros también somos aliados, que tiene la hegemonía en el gobierno. Esa es la realidad.

¿Habla del grupo de la familia Cáceres?

Ese grupo. Ahí está incluso la gerencia de recursos humanos del gobierno.

¿La gerencia de recursos humanos del gobierno?

Sí. ¿Quién puso al presidente del RNPN? El señor Fernando Batlle ha sido un gerente de Puntual (empresa de cobros de Gerardo Cáceres). Sus cualidades yo las respeto, respeto sus características, ¡pero él es un gerente de Puntual!... Gerardo Cáceres. Yo no digo que Batlle no tiene cualidades. Ojalá que haga el mejor papel posible, pero responde a un interés particular de un grupo. Si vamos a renunciar a los intereses del partido, también renunciemos a los intereses de grupos. Porque ese es un grupo de interés.

Vamos a hablar de este punto más adelante, pero nos desviamos de nuevo.

Pero no es malo desviarse un poco... je, je, je...

Estábamos hablando de rumbo y usted decía que en nombre de despojarse de la ideología uno acaba en la derecha.

Primero hay que puntualizar. Nosotros no estamos proponiendo el cambio de sistema. Aquellas son miradas de largo plazo, no miradas para cinco años. Entonces para dejarlo claro, en primer lugar, lo que sí estamos proponiendo es un cambio de modelo, del modelo que fracasó. Y a mi juicio, en la conducción estratégica del gobierno no está el FMLN, sino está un núcleo, un centro ideológico, como lo dijo hoy Carlos Cáceres en la entrevista en TCS: que hay un centro ideológico, dice, que se montó en la base del FMLN, así lo dijo hoy. Ese centro ideológico, a mi juicio, no está por un cambio de modelo.

¿Qué implica, en términos prácticos, cambiar el modelo?

Ah, bueno, hay una serie de cosas. Es un cambio que mejoraría las cosas, sin duda. Me voy a salir un poco del tema, de nuevo. ¿Si nos equivocamos con la candidatura de Mauricio Funes? No nos equivocamos. A mi juicio fue correcta la decisión.

Ya que nos salimos del tema, recuerdo las palabras de Schafik Hándal, hablando precisamente de la posibilidad de convertir a Mauricio Funes en candidato presidencial. Y respondió Schafik: "Mauricio nos quería ocupar de escalera y nosotros no somos un partido escalera". A un año de la presidencia de Mauricio Funes, ¿no se imagina usted a Schafik diciendo: "¡Se los dije, se los dije!"?

Vaya, yo respeto la opinión de Schafik, pero la política es más complicada que eso. O sea, yo lo que creo es que no nos equivocamos. Primero porque para cambiar el rumbo hay que ganar las elecciones y para eso se necesitaba a una figura que tuviera alta aceptación popular y Mauricio la tenía, y por supuesto que tiene un antecedente de participación en la vida democrática del país. Por eso yo creo que no nos equivocamos, porque era difícil ganar con otra candidatura. Si me preguntan: "¿Y qué es mejor: Rodrigo Ávila o Mauricio Funes?" No, pues, por supuesto que yo me quedo con los ojos cerrados con Mauricio Funes. Estuviéramos en el peor de los mundos. Nosotros estuviéramos quizás igual a Arena, matándonos entre nosotros, viendo quién tiene la culpa, a saber si hubiera otro movimiento renovador. Pero yo quiero volver a que no he terminado la respuesta de lo del rumbo.

Hablaba de cambiar el modelo.

Esta conducción estratégica del gobierno no quiere cambiar el modelo, sino que quiere hacer cambios, que también benefician a la gente, pero que no cambian el modelo. Vaya, te voy a poner un par de ejemplos. Los que impulsan este modelo uno es el Fondo Monetario Internacional (FMI). Una condición del FMI es que se elimine el subsidio al gas para reducir el gasto social. O sea que el peso de la crisis caiga en los mismos y esa es línea del modelo, que el gobierno, al menos lo que hemos escuchado de Álex Segovia y del ministro de Economía, quiere impulsar.

Entiendo que si menciona este tema es porque ustedes encuentran en él una expresión importante que habla del rumbo que el gobierno ha decidido tomar.

Si de lo que se trata es de reducir el gasto fiscal, no le voy a quitar a todas las capas medias y a los sectores populares el subsidio porque este es un impacto a las capas medias. El FMLN tiene preocupación de las capas medias.

Perdón, pero pienso en los ejemplos que nos ha puesto y no encuentro aún síntomas de una diferencia ideológica importante, posiblemente porque a estos temas técnicos no les doy la dimensión que ustedes le dan.

Telefonía, ¿dónde nos situamos cada quién? Él ha hablado... hoy se montó en el tema de la anticorrupción pero lo que había dicho era una cosa distinta.

¿Eso era una de las cosas más graves que ustedes…?

... O sea, eso es un tema de modelo también: desmontar esas estructuras. Bueno, en el tema de la semilla. Nosotros estamos de acuerdo con que se reparta semilla, que por supuesto que tampoco es la solución. Pero el clientelismo político, no. Miren, ¿para qué sirve la semilla? Para sembrar la tierra, no para comprar voluntades.

Pero haciendo de abogado del diablo, de lo que está acusando al presidente es de corrupción y no de discrepancias ideológicas, porque la corrupción no tiene ideología.

Yo estoy hablando de un manejo político inadecuado de un incentivo que tiene otros fines. También hay, por ejemplo, dentro del ejercicio del poder que se está arrancando una actitud, a mi juicio, demasiado sumisa frente al FMI. Y nosotros debemos de espadear con los organismos internacionales. Pero aún Saca sorteaba algunas cosas con los organismos internacionales. ¿Y este gobierno por qué no lo puede hacer? Dígame usted, ¿hay interés en elevar la regulación en los servicios públicos?

Ayúdeme a explicarlo de forma sumaria al lector. ¿Cómo se llama esa diferencia de visión entre ustedes y el presidente?

Es que nosotros creemos que hay que iniciar el desmontaje del modelo neoliberal, y este grupo no quiere desmontar el modelo. Quiere hacer cambios, que siempre son positivos, repito, porque es mejor Mauricio que Rodrigo, pero no quieren desmontar el modelo, quieren continuar con el modelo neoliberal, un modelo que ha fracasado aquí y en el mundo. Y no hablo del cambio del sistema, porque no estamos hablando del cambio del sistema, no está planteado ni en este gobierno y posiblemente no esté planteado en futuros gobiernos, hablando de dos o tres generaciones. O sea, el tema del socialismo es otra cosa. No estoy hablando de eso, porque fácilmente lo pueden llevar a uno por ahí, "que estos quieren el comunismo", y no.

Pero eso lo dijo, con esas palabras, exactamente, José Luis Merino y nadie ha salido a desmentirlo... "Vamos hacia el socialismo", dijo...

Sí, si nosotros tenemos nuestros fines, nuestras metas estratégicas, son nuestras miradas de largo plazo, pero no estamos construyendo socialismo, no está en el programa ni creo que esté en el próximo programa de gobierno. Eso tiene que ver con otras condiciones.

Hablemos de las camarillas de poder. Usted caracteriza al nuevo grupo de amigos del presidente como un grupo de interés. A su juicio, este grupo de interés, ¿está influenciando de forma reprochable al gobierno en aras de la persecución de los intereses de ese grupo?

Mire, yo lo que quería decir es que si vamos a subordinar el interés de los partidos al interés nacional, también hay que subordinar el interés de los grupos. Y yo, por ejemplo, no creo que sea conveniente que gente que esté ahí se beneficie del gobierno. Eso no es conveniente.

¿Quiénes?

No quiero dar ningún ejemplo, pero debe ser un compromiso..."No me voy a beneficiar del Estado".

¿Y eso no está ocurriendo?

Tampoco lo estoy diciendo. O sea, la vida que nos demuestre eso. Yo quisiera que el presidente diga: "Yo le pido a los partidos que se subordinen al interés nacional, y a los grupos también". A su propio grupo también.

¿Usted cree que eso está ocurriendo?

No, no lo estoy diciendo, pero ese compromiso debe asumirse.

Pero si debe asumirse es porque algo está pasando...

Me imagino que ustedes tienen alguna información...

La información que tenemos está publicada. Por ejemplo, “Mecafé” ganó montón de licitaciones y no sé si a eso se refiere.

No, o sea... ustedes han puesto el ejemplo. Ese es un ejemplo y a saber si habrá otros ejemplos.

Para el FMLN, el surgimiento de este nuevo grupo alrededor del presidente, ¿qué escenarios abre?

Hemos conversado con ellos antes. Uno debe hablar con todo mundo. También ahí hay gente que juega un papel importante y tampoco es que nosotros vemos en blanco y negro las cosas.

Usted ha dicho incluso que dentro de ese grupo está “el gerente de recursos humanos del gobierno”, Gerardo Cáceres.

Sí... miren: crear un movimiento social, aglutinar grandes contingentes de gente, no es cosa fácil. Yo entiendo que a partir del fracaso de Ahuachapán ellos han suspendido dos actividades: la de Chalatenango y la de San Miguel. Posiblemente entienden que se deben seguir soportando en la base del FMLN, porque, ¿en qué aguas van a pescar?

En las del Frente.

Quitarle la gente al Frente no es tan fácil... no es tan fácil. Yo creo que se van a quedar como un fenómeno mediático.

¿Ustedes creen que tienen intención de formar un partido?

No creo que tengan capacidad. Puede haber, pero aglutinar grandes contingentes de gente, dígame, ¿con qué ideología? ¿De izquierda o de derecha?, si dicen que no tienen ideología. Tienen que tener ideología, posicionarse frente a los problemas, estoy aquí o estoy allá. "Pero yo no soy nada, o sea, yo no tengo color", y eso frente a la gente no es nada.

¿Usted es de izquierda, Roberto?

Yo soy de izquierda.

¿Mauricio Funes es de izquierda?

En la realidad salvadoreña creo que él ha sido de izquierda.

¿Y ahora?

A la gente hay que juzgarla por su conducta. Entonces puede ser que en la vida él cambie, porque él hoy está diciendo que no asume posición partidaria, pero él mismo dijo antes, recuerdo, que decía que era un periodista de izquierda. Lo dijo varias veces. No sé si su conducta va a ser coherente con su historia.

Al cabo de un año el presidente pareció terminar con cuatro o cinco partidos de gobierno: todos los partidos se presentan como los auténticos respaldos del presidente y de alguna manera ustedes siguen siendo una fracción solitaria.

Es que mire, la Asamblea es siempre... es un ejercicio de gana y pierde. ¿Quién ganó: el presidente o el FMLN por el pleito de las telefónicas?

El presidente.

Políticamente lo ganamos nosotros.

¿Por sus números de encuestas?

Aquí el punto es con quién está el pueblo. O sea, porque nosotros no vemos a corto plazo, vemos a largo plazo. Si el pueblo nos da la espalda dejamos de ser lo que somos. Entonces a mí no me preocupa perder una votación como esa, pero me preocupa cuando el pueblo le da la espalda a uno.

¿Cómo interpreta usted el afán oficialista de partidos como Gana, PDC o PCN? Son partidos de derecha, compitieron tras la candidatura de Rodrigo Ávila y ahora estos partidos son muy anuentes al presidente. Algunas veces más anuentes que ustedes.

Cualquier presidente está obligado a construir las correlaciones que él necesita para conseguir sus propósitos. O sea que el presidente se reúna con los partidos eso no es malo en sí mismo. El dato de la realidad es que hay varios acuerdos sin el Frente y a veces en contra del Frente. Ese es un dato de la realidad que nosotros lo registramos y lo registra la gente también.

¿Cómo lo digieren?

La realidad no siempre es como uno la desea. Ojalá que así fuera, pero no siempre es así. Por eso es que la realidad hay que cambiarla. Eso de que a veces uno debe acomodarse a la realidad, no estoy de acuerdo. Hay que cambiarla.

Cuando ustedes dan una entrevista como esta, que tiene un potencial de polémica obvio, ¿piden autorización al partido?

No, no siempre.

¿En esta ocasión Medardo González sabe que nos iba a dar esta entrevista?

Lo que pasa es que nosotros tenemos, si se quiere, una libertad que tiene ciertos parámetros, en el sentido de que si hay una cosa en que no estamos de acuerdo, pues seguramente me van a desautorizar. Hasta ahorita no me han desautorizado. Yo sé que mucha gente en el partido comparte muchas opiniones críticas.

¿Por qué decidió hablarnos con esta claridad? Usted decía que mide los momentos y sus palabras. Háblenos de sus valoraciones para darnos esta entrevista.

Es que usted me convenció...

No: en serio.

Es que no he hablado estos días, porque esa fue una decisión del partido: no hablar. Arena ha estado haciendo un balance desde hace una semana y nosotros decidimos hacerlo después del primero. Por supuesto que hablar tiene riesgos: pude haber dicho algunas cosas que no necesariamente... yo creo que el partido las comparte todas. Lo que no necesariamente comparte es que se digan.