sábado, 5 de junio de 2010

OKINAWA EN LA MEMORIA

Jorge Gómez Barata

Era yo un jovencito cuando conocí al “coronel Peláez”, un cubano que formando parte del ejército de los Estados Unidos, había combatido en la II Guerra Mundial y contaba fascinantes historias de aquellos sucesos. A él le escuché un relato sobre la batalla de Okinawa.

Aunque existen reportes anteriores, la historia de las relaciones de los Estados Unidos con Japón comienza en 1853 cuando el presidente Millard Fillmore ordenó al comodoro Matthew Calbraith Perry bloquear los puertos de aquel país para imponerle un tratado comercial. Entonces Okinawa no formaba parte de Japón sino que era una especie de protectorado chino.

En 1879 Japón anexó la Isla a su territorio para, 62 año después, el 8 de diciembre de 1941, un día después del bombardeo a Pearl Harbor, arrastrarla a la guerra que le declararon los Estados Unidos; una guerra que no era suya porque ella no era japonesa pero en la cual, cuatro años después sería escenario de la más encarnizada, sangrienta y costosa batalla de la Guerra en el Pacifico.

La batalla de Okinawa, desplegada a lo largo de casi tres meses fue mayor que la de Normandía, implicó a más de 300 000 efectivos, más de la mitad de los cuales, 100 000 japoneses y más de 70 000 norteamericanos fueron baja. Una cuarta parte de la población nativa pereció en la batalla, muchos de ellos en suicidios colectivos inducidos por las derrotadas tropas japonesas a las que los pobladores de la isla consideraron siempre como ocupantes.

Fue del coronel Peláez de quien primero escuché la afirmación de que la resistencia japonesa en Okinawa llevó al mando norteamericano a la convicción de que, aun en 1945 con la guerra virtualmente perdida, tomar el archipiélago japonés mediante desembarcos aeronavales implicaba un precio demasiado alto, según Truman hasta un millón de hombres, argumento que inclinó la balanza por la opción atómica y selló la trágica suerte de Hiroshima y Nagasaki.

Tan intensa fue la batalla por Okinawa que en ella murieron sus dos comandantes, el general norteamericano Simón Bolívar Jr. Jefe del X Ejército caído bajo fuego de artillería y el general Mitsuri Ushijima que ante la derrota aplicó el código de honor japonés y se hizo el harakiri.

El general norteamericano, tocayo del libertador de América que murió el día después de la victoria en Okinawa a consecuencia de las heridas recibidas en combarte, llevaba el nombre de su padre, también general que había participado en dos guerras, la primera contra México a las ordenes de Ulises Grant y luego en la Guerra Civil norteamericana donde fue hecho prisionero por el propio Grant, que luego sería el décimo octavo presidente de los Estados Unidos. El general Bolívar Jr. que en Okinawa llegó a comandar 180 000 efectivos fue el militar norteamericano de mayor rango caído en combate en la guerra del Pacifico. Al mencionarlo, Peláez se ponía de pie.

En aquella gigantesca y cruenta batalla murió también Ernie Pyle, el más famoso de los periodistas norteamericanos durante la II Guerra Mundial, cuya columna se publicaba en unos 700 periódicos. Se cuenta que durante la Gran Depresión Pyle atravesó el país de costa a costa en 35 ocasiones para escribir las más dramáticas historias de aquella conmoción. En 1940 viajó a Inglaterra para cubrir la Guerra en Europa, estuvo con las tropas norteamericanas en África del Norte, las acompañó en el asalto aliado en Sicilia y fue uno de los 28 corresponsales que desembarcaron con ellas en Normandía.

Según un testigo, en Okinawa Pyle cayó alcanzado por un francotirador en un territorio cubierto por el fuego de una ametralladora. Durante horas, los jóvenes soldados que lo adoraban porque gracias a él, el país los conocía y el gobierno les había aumentado el sueldo (Ley Pyle) intentaron auxiliarlo o rescatar su cadáver. Cuando finalmente la ametralladora fue neutralizada y pudieron llegar al sitió donde el reportero había sido abatido, no había un cadáver sino varios. La humilde tarja levantada en el lugar lo cuenta todo: “Aquí la 77ª división de infantería perdió a su mejor amigo…”

Con los años y el fin de los tiempos heroicos de la lucha contra el fascismo y el militarismo japonés, Okinawa se menciona por la base establecida allí por los norteamericanos y por los incidentes en torno a ella y, con frecuencia se olvida que esa instalación, como mismo ocurre con Guantánamo, no fue cedida a los Estados Unidos por un gobierno soberano, sino como resultado de una guerra, una derrota y una ocupación militar.

Al término de la II Guerra Mundial dos de sus iniciadores: Alemania y Japón se convirtieron en países ocupados por los aliados. En Japón la ocupación se prolongó durante siete años. En ese período conducidas por el gobernador militar estadounidense Douglas MacArthur, se llevó a cabo la desmilitarización y la restructuración económica, la reforma agraria y la democratización del país, lo que incluyó una nueva constitución. En 1946 tuvieron lugar las primeras elecciones legislativas de posguerra y en 1951, durante el gobierno de Truman, se adoptó el Tratado de Seguridad y las tropas norteamericanas partieron hacia Corea del Sur.

En virtud del Tratado y no de ninguna decisión soberana de Japón, Estados Unidos mantuvo cierta cantidad de tropas en territorio nipón, las que instaló en bases militares, la mayor de ellas la de Okinawa que continuo siendo hasta 1972 territorio ocupado bajo administración norteamericana, aun cuando en 1954 terminó oficialmente el “estado de guerra”.

Todavía hoy la realidad es que los habitantes de la isla de Okinawa, no sienten que tienen una base norteamericana dentro de su territorio, sino que viven ellos dentro de una base estadounidense. De hecho la isla está plagada de instituciones castrenses o de administración norteamericana que por razones de seguridad no permiten el establecimiento de grandes industrias, no es posible desarrollar el turismo y la presencia foránea limita considerablemente la actividad de las instituciones y menoscaba la autoridad del gobierno local o nacional sobre el territorio.

En estos días Okinawa es otra vez eje de intrigas, mentiras y de peligrosas acciones que involucran a Estados Unidos, Corea del Sur y la República Popular Democrática de Corea y se desenvuelven en torno al hundimiento de la corbeta antisubmarina Cheonan, han provocado la renuncia del primer ministro del Japón y pudieran dar lugar a una cruenta guerra en la cual Okinawa no solo seria protagonista, sino también, presumiblemente blanco. Esa es otra historia.

La Habana, 05 de junio de 2010

Otra provocación israelí

ELSON CONCEPCIÓN PÉREZ
elson.cp@granma.cip.cu

Sus nombres: Dolphin, Tekuma y Leviathan. Son submarinos israelíes construidos en Alemania y equipados con misiles que tienen las cabezas nucleares más modernas con las que cuenta Israel y capaces de alcanzar cualquier objetivo en Irán.

Ahora el proyecto de Tel Aviv es desplegarlos en aguas del Golfo Pérsico, frente a las costas iraníes, de acuerdo con un reporte aparecido en el diario The Sunday Times, que cita una fuente de la unidad de la Marina sionista que desarrollará la operación.

Y no resulta extraña esta maniobra en medio de una gran campaña mediática liderada por Washington con acusaciones a Teherán por desarrollar su programa nuclear con fines pacíficos.

Estados Unidos, por su parte, tiene a la V Flota de su Armada como responsable de las fuerzas navales en el Golfo Pérsico, hacia donde está acelerando su presencia con barcos de guerra a lo largo de toda la costa iraní y con armas antimisiles en cuatro países de la zona. El despliegue militar se está produciendo de forma paralela a la ofensiva emprendida por la Casa Blanca para infligir nuevas sanciones internacionales a Irán. La complicidad es evidente.

Israel, que hace caso omiso al reclamo internacional de que cese su carácter militarista, cuenta con armamento similar propio en la zona.

Valdría la pena reflexionar sobre la región donde aparecerían de pronto estos submarinos israelíes portadores de armas nucleares, por cuanto se trata de mares y tierras saturadas de tensiones y donde una chispa podría hacer arder, no solo el abundante petróleo existente, sino las esperanzas de paz allí y allende los mares.

Los submarinos pertenecen a la Flotilla 7, y aunque ya han visitado en anteriores ocasiones el Golfo Pérsico, ahora el objetivo es mantener una presencia permanente de al menos uno de ellos.

Cada sumergible dispone de entre 35 y 50 tripulantes y están bajo el mando de un coronel con autoridad para lanzar un misil nuclear.

Pueden permanecer unos 50 días sin reabastecerse y a una profundidad de 350 metros durante una semana.

Entre los objetivos de la provocadora operación, Israel no oculta que está el de reunir información de inteligencia e incluso facilitar el desembarco en territorio iraní de agentes del Mossad, el servicio secreto israelí.

Obama Intensifica “Guerra Secreta” y “Operaciones Especiales" a nivel mundial

Venezuela, Bolivia en la mira

Por Eva Golinger

(Foto de Virgilio PONCE)

Una investigación del Washington Post acaba de revelar que el gobierno de Barack Obama ha expandido de manera significativa la guerra secreta contra Al-Qaeda y otros grupos “radicales”.

Según el Post, se han aumentado las operaciones especiales a nivel mundial en presupuesto y cantidad. Hoy, las fuerzas especiales estadounidenses están operando en más de 75 países, cuando hace apénas un año estaban en 60 países. Más de 13 mil fuerzas especiales – militares y civiles, expertos en operaciones de inteligencia, guerra psicológica, asesinato selectivo, misiones de entrenamiento, acciones clandestinas, entre otras tareas – están desplegadas por el mundo; 9 mil de ellas están en Irak y Afganistán.

El investigador estadounidense Jeremy Scahill descubrió que la administración de Obama ha enviado equipos élites de fuerzas especiales, bajo el Comando de Operaciones Especiales Conjuntas, a Irán, Georgia, Ucrania, Bolivia, Paraguay, Ecuador, Perú, Yémen, Pakistán, Filipinas. Desde el año 2006, estos equipos clandestinas operan también en Venezuela, Colombia y México.

Planes existen para ataques preventivos o “anticipados” en “numerosos lugares en el mundo”, según el periódico estadounidense. Washington solo espera activar los planes cuando ya una “amenaza” o “complot” haya sido identificado.

Un alto oficial militar del Pentágono afirmó que Obama está permitiendo muchas acciones, estrategias y operaciones que no fueron autorizadas durante el gobierno de George W. Bush. “Tenemos mucho más acceso” para las operaciones encubiertas, explicó otro funcionario del Pentágono.

Este incremento en operaciones especiales, junto al aumento de ataques con aviones no tripulados (“drones”), forma parte de la nueva Doctrina de Seguridad Nacional anunciada por el Presidente Obama la semana pasada. Una de las ventajas de utilizar “fuerzas secretas” para ejecutar misiones de alta importancia estratégica es justamente su naturaleza clandestina, y el hecho de que sus misiones y operaciones no son públicas. Así, Obama puede evitar las reacciones y críticas sobre sus políticas bélicas, mientras implementa la agenda imperial para satisfacer al Complejo Militar Industrial.

MAS DINERO PARA GUERRA

Obama solicitó un aumento de 5.7% para el presupuesto de las Operaciones Especiales para el 2011, para un total de $6.3 mil millones de dólares, además de $3.5 mil millones adicionales para operaciones clandestinas de contingencia. El total del presupuesto de defensa de Washington para el 2011 es de $872 mil millones de dólares, con $75 mil millones más para la comunidad de inteligencia.

INTELIGENCIA Y SUBVERSION

Más allá de las acciones de guerra que realizan las fuerzas especiales, como asesinatos selectivos, secuestro y tortura, son equipos entrenados para también ejecutar misiones de inteligencia, infiltración, subversión y desestabilización. Las fuerzas especiales se entrenan durante años, aprendiendo idiomas y adaptándose a diferentes culturas, para poder penetrar e infiltrarlas de manera clandestina.

A principios del 2009, fue firmada la Doctrina de Guerra Irregular por el Presidente Obama, prioritizando ésta forma de guerra sobre la guerra convencional. En la guerra irregular, el campo de batalla no tiene límites, y las tácticas y estrategias utilizadas son no-tradicionales. La contrainsurgencia y la subversión, además del uso de fuerzas especiales para ejecutar operaciones clandestinas de guerra, son las principales técnicas empleadas para lograr desestabilizar al adversario “desde adentro”.

Dentro de este concepto, fachadas y agencias, como la USAID, el National Endowment for Democracy y Freedom House, entre otras, son utilizadas para canalizar fondos a actores que promueven la agenda de Washington, y también para penetrar a la “sociedad civil” en países estratégicamente importante para los intereses imperiales.

Según otro alto oficial de las fuerzas especiales estadounidenses, citado por Scahill, “El mundo es el campo de batalla, y hemos regresado a este concepto…Estábamos alejándonos de esta visión, pero la administración de Obama la comparte”.

Algunas de las operaciones especiales actuales son conducidas por la Fuerza de Tarea 714, que fue comandada por el General McChrystal, actual comandante de la guerra en Afganistán. Bajo el gobierno de Obama, ésta Fuerza de Tarea ha crecido y su presupuesto ha aumentado en 40%. “Ahora podemos hacer mucho más”, reveló una fuente de las fuerzas especiales. “Ya no tenemos que trabajar desde las embajadas, ni tenemos que coordinar con el Departamento de Estado. Podemos operar desde donde queremos”, afirmó.

Este año, Washington intentó clasificar a Venezuela como un “estado terrorista”, junto a Cuba, Irán, Sudan y Siria. Sin embargo, mantuvieron a Venezuela en una lista de “países que no cooperan con la lucha contra el terrorismo”, para no perjudicar el necesario suministro de petróleo venezolano a Estados Unidos. No obstante, el informe anual de la Dirección Nacional de Inteligencia de Washington, publicado en enero 2010, clasificó a Venezuela como “la principal amenaza” contra Estados Unidos en este hemisferio, señalando al Presidente Hugo Chávez como el “líder anti-estadounidense” en la región.

En los últimos años, Washington ha intensificado sus agresiones y operaciones de desestabilización contra Venezuela, buscando promover un “cambio de régimen” en el país con las más grandes reservas del petróleo en el mundo. No ha duda de que la “Guerra Secreta” de Obama continuará con estos esfuerzos.

evagolinger@gmail.com