jueves, 27 de mayo de 2010

REPORTE PARA RADIO HABANA CUBA 28 DE MAYO DE 2010

AUDIO


El próximo martes uno de junio se cumplirá el primer año del gobierno que, con la postulación del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional – FMLN –, llevara a la presidencia a Mauricio Funes, un cambio notable de por sí, rompiéndose con años de control del poder ejecutivo por parte de la derecha salvadoreña, que también convivió con los de la dictadura militar que sojuzgó este país centroamericano.

En las evaluaciones acostumbradas que se hacen por tal motivo resaltan las encuestas de opinión como alguna medida de la expresión del pueblo, al margen de calificar algunas de ellas con más o menos fiabilidad en base a su carácter independiente, tanto de la influencia gubernamental como de los intereses de la aún derecha dominante y sus medios de comunicación.

Destaca una de ellas, y es la de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, UCA, institución privada dirigida por la Compañía de Jesús, y que entre sus indagaciones está la labor del gabinete de gobierno; acá se define que el Ministerio de Educación es el mejor evaluado por la mayoría de la población, a quienes también se ha sumado públicamente la Asociación Nacional de Educadores Salvadoreños, ANDES 21 de junio, que igualmente ha saludado la calidad social de las medidas emprendidas a partir de este año, como la distribución de uniformes, calzado y útiles escolares en las escuelas públicas. Esta acción ha favorecido a más de un millón trescientos mil estudiantes, y aunque ha adolecido de retrasos en algunas poblaciones, ha causado el impacto esperado, sobre todo si se trata de la primera vez que una de estas medidas se ejecuta, y conmueve a una realidad que golpea, como que se haya rescatado a muchos niños que nunca habían asistido a una escuela porque sus padres no tenían los recursos ni tan siquiera para calzar a sus hijos.

Pero los maestros no se quedan ahí en su análisis, y ahondan en reconocer el valor del plan social educativo llamado “Vamos a la Escuela” que ha sido desarrollado bajo la conducción de Salvador Sánchez Cerén, Vicepresidente de la República y Ministro de Educación ad honorem; reconociendo que tal esfuerzo requiere de un mayor compromiso de los maestros hacia los niños y los padres de familia.

Además se reconoce como un gran avance la creación del Consejo Nacional de Educación y la Mesa de diálogo y negociación integrada por gremios y sindicatos, en los que se discuten los problemas del magisterio. Asimismo, tiene gran valor la implementación de las escuelas “de tiempo pleno” que favorecen que los alumnos pasen más tiempo dedicados a su estudio y a otras actividades ligadas al arte, la cultura y el deporte, alejándoles del ocio y abandono parcial al concluir las actividades académicas.

Se trata precisamente de una de las causales de la crisis delincuencial en la que los jóvenes lamentablemente también están involucrados, aunque sobran otras que se están o deberán incluir en los programas de este ministerio y de otras instituciones que buscan superar esta desgracia que abate a los salvadoreños.

Entre otras conclusiones de la encuesta de la UCA destaca la percepción de más del 62 % de los indagados que consideran que los cambios ya han comenzado en El Salvador, y que se ha calificado con 6,78 la administración del señor Mauricio Funes, una valoración muy aceptable según los entendidos. Aún en medio de una realidad inmersa en la crisis económica y la inseguridad, hay indicios de que los salvadoreños no abandonan su fe en el futuro.

Para los amigos de Radio Habana Cuba, reportó desde El Salvador, Centro América, Mario Zavaleta.

ASÍ NOS ESTAMOS APROXIMANDO

Por Manuel E. Yepe

Aunque usted no lo crea, la lucha que libra América Latina hace medio siglo por su segunda y definitiva independencia -que ha ganado fuerzas en los albores del nuevo milenio - pudiera aportar mucho al acercamiento de culturas y sentimientos entre los pueblos de las naciones del sur y el norte de este continente.

La historia ha demostrado que una relación de hegemonía y sometimiento no contribuye al desarrollo de la solidaridad y amistad entre los pueblos, sobre todo si los niveles de desarrollo y bienestar de éstos distan tanto. La humillante subordinación quebranta las posibilidades de colaboración y de asistencia mutua, y constituye un obstáculo para la integración sobre bases justas.

Si se examina el peso de la carga que impone Estados Unidos a su población en aras de propiciar el tipo de relación que garantiza su dominio hemisférico y la obtención del ingreso extraordinario que resulta de la sobreexplotación derivada de ese asimétrico nexo, se advierte que una relación equilibrada entre las partes perjudicaría solo a un reducido número de consorcios transnacionales y beneficiaría a todos los involucrados fundamentales.

El costo que pagan los contribuyentes estadounidenses por los emplazamientos militares y de inteligencia; por las acciones de espionaje y subversión; por los desestabilizadores sobornos a corruptos periodistas, políticos, intelectuales, académicos y militares, por no mencionar los actos de intervención y ocupación militar, garantiza a las corporaciones crecidos dividendos pero no mejora las posibilidades de las menos competitivas economías de los productores pequeños y medianos, ni deriva beneficios sociales o mejor retribución a los trabajadores estadounidenses.

En el extremo opuesto de la relación, la subordinación acrece la explotación de los recursos naturales y humanos con tecnologías más avanzadas, pero estrecha la dependencia en términos de mercado. Crece la producción pero se reduce el empleo y aumenta la emigración, paradójicamente reprimida en el país de destino.

La ecuación es simple, si la diplomacia estadounidense renunciara a la violación sistemática de los principios básicos del derecho internacional (no injerencia en los asuntos internos de otros países y respeto a la igualdad soberana de las naciones), por la vía de la colaboración y la asistencia recíproca, el hemisferio entraría en una etapa de armonía e integración hasta hoy desconocida.

Solo los grandes monopolios engendrados por el capitalismo en su más alto nivel de desarrollo llevarían algo que perder. Ellos, junto al complejo industrial militar, acabarían por extinguirse en la medida que el pueblo de los Estados Unidos imponga la extensión de esa política de paz a las relaciones globales de su nación.

No niego que esto parece un cuento de hadas, pero tengo la certeza de que más temprano que tarde los estadounidenses habrán de romper las cadenas del aislamiento en que permanecen encumbrados en un ambiente guerrerista de violencia, miedo, odio, amenazas y represalias que no merece una nación con tantos talentos en todos los campos del saber y una tradición democrática que le ha sido enajenada.

Hace algunos días conversaba con un grupo de los escasos visitantes estadounidenses que logran licencia de su gobierno para viajar a Cuba y se mostraban sorprendidos por la cordialidad con que les recibían en todas partes. Llegaron por sí mismos a la conclusión de que la razón básica era que, desde hace muchos años, los cubanos le habían perdido el miedo a su arrogante y opulento vecino. No se sienten, como ocurre en otros países, explotados, reprimidos y poseídos.

Los cubanos hoy atribuyen la responsabilidad por el bloqueo económico, la prohibición de los viajes de estadounidenses a la isla, las campañas mediáticas de calumnias, las acciones terroristas y demás actos hostiles, al nivel más alto del sistema imperialista, ajeno a la voluntad y los intereses populares y, a veces, hasta de los del gobierno.

La ciudadanía norteamericana, que ha tenido que asimilar de manera estoica una de las más largas e intensas campañas de difamación que recuerda la historia universal contra una nación que es su vecina y, no obstante, prodiga con generosidad al pueblo vilipendiado tantas expresiones sencillas de amistad y solidaridad desde sus medios académicos, estudiantiles, artísticos, religiosos, obreros y de los demás sectores de su población, no podría ser tenido como su enemigo por los cubanos.

Por eso Cuba constituye un caso singular a nivel mundial de país donde jamás en el último medio siglo se ha quemado una bandera estadounidense, ni se grita “yankee go home”, ni se usa la consigna tan extendida globalmente de “Cuba sí, yanquis no!”.

El día que la mayoría de los ciudadanos de esa gran nación acompañe a sus muchos y muy brillantes intelectuales progresistas en la comprensión de la advertencia que hiciera en 1960 el genial sociólogo estadounidense Charles Wright Mills en su libro “Listen, Yankee” (Escucha, yanqui), de que la revolución cubana sería precursora de un nuevo orden de relaciones Norte-Sur en el continente, América estará ingresando en el verdadero mejor futuro de la Humanidad.

La Habana, Mayo de 2010.

Cuba no está sola

MIGUEL BONASSO

ESPECIAL PARA GRANMA

La reacción tenía que venir y vino. Desde fines del 2008, Cuba venía cosechando una serie de éxitos políticos y diplomáticos que tendían a romper el aislamiento a que la viene sometiendo Washington, desde el inicio mismo de la Revolución. Para los ideólogos del bloqueo, estos avances debían ser contrarrestados por una movida mediática en vasta escala, que si bien se inscribe en los lineamientos generales del sitio medieval impuesto a la Isla hace medio siglo, tiene características especiales por una circunstancia lamentada por las autoridades cubanas, que es la muerte del preso común Orlando Zapata Tamayo, convertido en "disidente" y mártir político por los grandes trusts de la comunicación.

Hechos al canto:

1. El 14 de noviembre del 2008, en la XXVII Reunión del Grupo de Río, celebrada en la ciudad mexicana de Zacatecas, Cuba fue incorporada como miembro pleno del citado Grupo.

2. El 3 de junio del 2009, la XXXIX Asamblea de la OEA, reunida en Honduras, dejó sin efecto, por aclamación, la resolución por la que se había expulsado a Cuba del organismo en aquella reunión célebre de Punta del Este, llevada a cabo en 1962. La OEA solicitó además el reingreso de Cuba.

3. Desde principios del 2009 hasta el presente, doce presidentes latinoamericanos efectuaron visitas de estado a La Habana: Martín Torrijos (Panamá); Rafael Correa (Ecuador); Cristina Fernández de Kirchner (Argentina); Michelle Bachelet (Chile); Álvaro Colom (Guatemala); Raúl Leonel Fernández (República Dominicana); Fernando Lugo (Paraguay); Daniel Ortega (Nicaragua); Evo Morales Ayma (Bolivia); Hugo Chávez (Venezuela); Luiz Inácio Lula da Silva (Brasil) y el luego derrocado presidente de Honduras, José Manuel Zelaya.

4. El 28 de octubre del 2009 la Asamblea General de la ONU volvió a votar, por mayoría récord, una resolución contra el embargo (bloqueo) impuesto por Estados Unidos a Cuba. El resultado es concluyente: 187 países a favor de la resolución; tres en contra: Estados Unidos, Israel y Palau; dos abstenciones: las Islas Marshall y los Estados Federados de Micronesia y ninguna ausencia.

Demasiados logros trascendentes para dejarlos pasar sin intentar contrarrestarlos con una campaña sucia, tendiente a presentar a Cuba como un país siniestro que tortura, asesina o deja morir a los prisioneros políticos. La ocasión se les presentó con la muerte del preso Orlando Zapata Tamayo, sentenciado por delitos comunes. Zapata Tamayo había iniciado una huelga de hambre reclamando cocina y teléfonos propios en su celda y, a pesar de los cuidados que le prodigaron en los mejores hospitales de Cuba, contrajo una neumonía y murió.

No tengo dudas de que médicos y médicas, enfermeros y enfermeras, hicieron lo imposible para salvarle la vida. Conozco de manera personal y directa la entrega de los médicos cubanos a su tarea humanitaria y no le encuentro parangón con ninguna otra en el mundo. No es casual que mientras se producía la muerte de Zapata Tamayo, lamentada por el propio Raúl Castro, cientos de médicos cubanos salvaban vidas en Haití. Algo que han hecho durante décadas en los escenarios más dramáticos de Asia, África y América Latina, sin esperar otra recompensa que el reconocimiento de los condenados de la Tierra.

Así ocurrió con el gran terremoto de Paquistán, donde fui testigo directo de un hecho conmovedor: el propio Fidel Castro organizando y dirigiendo la misión humanitaria, que se quedó en las heladas montañas, cuando ya se habían marchado todas las organizaciones occidentales de ayuda, hasta alcanzar un récord sin precedente para un país sin recursos: la atención de 300 000 paquistaníes en apenas cuatro meses.

Ninguno de estos honrosos antecedentes fue tenido en cuenta por el Parlamento Europeo, cuando el 11 de marzo pasado condenó a Cuba por "la muerte evitable y cruel del disidente preso político Orlando Zapata Tamayo". Mal debe andar la democracia europea cuando los eurodiputados violan el principio de no intervención y autodeterminación de los pueblos, instando a las instituciones europeas "a que den apoyo incondicional y alienten sin reservas el inicio de un proceso pacífico de transición política hacia una democracia pluripartidista en Cuba". Un llamamiento directo a que las embajadas europeas en La Habana financien y solapen toda clase de actividades subversivas contra el Gobierno cubano.

Una vez más los socios europeos de Estados Unidos le han hecho la tarea sucia. Así como proclamaron la "Posición Común" contra La Habana, cuando Washington lanzaba la ley Helms-Burton, ahora se pusieron a la cabeza de la propaganda anticubana, para que "la mano que mueve la cuna" permanezca en la sombra.

Como se sabe por algunos viejos documentos norteamericanos, parcialmente desclasificados en los 90, Washington se ha propuesto desde hace medio siglo fabricar y financiar una oposición, de manera encubierta, sin dar la cara. Así fue ordenado por el entonces presidente Dwight Eisenhower en 1960: "es preciso mantener oculta la mano de Estados Unidos".

El documento de Estrasburgo sirve a esos fines y ratifica la añeja complicidad entre Europa y Estados Unidos. Las viejas potencias, que mantienen enclaves coloniales como las Malvinas, no vacilan en predicar moral con la bragueta abierta. No solo se negaron a condenar los crímenes de lesa humanidad perpetrados contra Iraq y Afganistán, que ya han causado un millón de muertos, o las torturas y vejámenes comprobados en las cárceles de Abu Grahib y la Base de Guantánamo, sino que también han prestado sus propios territorios —como lo hizo Suecia— para vuelos secretos de la CIA en que llevaban personas secuestradas. Tampoco la Eurocámara condenó el sangriento golpe de Estado en Honduras, que ya ha costado más de 300 vidas, o el hecho inadmisible de que Cinco cubanos, que luchaban contra el terrorismo, sigan presos en Estados Unidos, mientras el gobierno norteamericano mantiene en la impunidad al tenebroso Luis Posada Carriles, autor del atentado terrorista contra el avión de Cubana de Aviación.

La clase política y los grandes medios de Europa (con escasas excepciones) han mantenido y aumentado su prédica anticubana hasta este momento; es bueno que tomen nota de una determinación común de las grandes mayorías de América Latina: Cuba no está sola, porque en buena medida todos los latinoamericanos somos Cuba.