martes, 25 de mayo de 2010

UNA EXTRAÑA CONEXIÓN

Jorge Gómez Barata

Al margen de su eficacia, es francamente difícil imaginar una conexión política más exótica que la eslabonada entre Brasil, Irán y Turquía sobre el fondo de un contencioso nuclear desplegado a lo largo de siete años, con potencial bélico y efectos globales que involucra a Estados Unidos, la Unión Europea, el Consejo de Seguridad y la Agencia de Energía Atómica de la ONU frente a Teherán que, desde dentro del Tratado de No Proliferación, reivindica su legítimo derecho a producir uranio enriquecido. La “mediación” de Brasil y Turquía significa el debut de dos potencias emergentes que reclaman un espacio político ocupado, nada menos que por el “Big Five”.

La elevación del perfil diplomático de Brasil y Turquía, ocurre en un momento en que ambos países son miembros no permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU y por tanto participantes en cualquier votación en torno a Irán, incluso cuando se trate de decidir sobre nuevas sanciones. En un escenario así, de actores que sin tomar partido buscan una solución conveniente para las partes, Brasil y Turquía se verán obligados a elegir. La escogencia no será fácil.

A pesar de lo que Estados Unidos quisiera, la política mundial no es todavía un condado regido por un sheriff, sino un condominio mal administrado. No sólo a Estados Unidos, sino tampoco a Rusia, China y a la Unión Europea les interesa ni les simpatiza que aparezcan nuevos actores internacionales que invadan sus fueros y le disputen el monopolio y la relevancia de que ahora disfrutan. En las ligas mayores de la política, el linaje y la precedencia cuentan.

Hace apenas unos meses, Brasil irrumpió en la política mundial de alto estándar al anunciar la intención de su presidente de mediar en el conflicto del Medio Oriente, cosa acogida por Estados Unidos con un “frio cortes”, mientras que Israel la rechazó porque no busca un acuerdo con los palestinos sino su rendición y para eso no se necesitan mediadores.

Después de la gestión en Palestina y Tel Aviv, el canciller brasileño, Celso Azorín trabajó discretamente, preparó el terreno y, en fecha reciente Lula viajó de nuevo al escenario y en Ankara, en presencia del presidente iraní Mahmud Ahmadineyad y el primer ministro turco Tayyip Erdogan, fue firmado un acuerdo para el intercambio de uranio iraní de baja ley por equivalentes medianamente enriquecidos. De ese modo se dio por resuelto una parte del contencioso y se avanzó en relación a lo más importante que es, crear un clima de confianza que sirva de base para ulteriores avances.

La idea de enviar el uranio iraní al extranjero surgió dos años atrás cuando Rusia y luego Francia se ofrecieron para refinar el uranio de Irán y abastecerlo del combustible nuclear necesario pasa sus necesidades civiles. De ese modo se esperaba inducir al Estado persa a renunciar a su proyecto de desarrollar capacidades para enriquecer su uranio.

Entonces el proyecto no resultó viable, debido a que por razones de principio, cuestiones de seguridad y conveniencias geopolíticas, Irán no estuvo dispuesto, no sólo a renunciar a su derecho a enriquecer uranio, sino a volverse atómicamente dependiente y mucho menos a entregar sus inventarios de uranio enriquecido a países que desde el Consejo de Seguridad han participado en la política de sanciones y no le resultan confiables.

Andando el tiempo, con las opciones agotadas y el juego cerrado, apareció la propuesta de mediación de Brasil, un país tercermundista con un presidente de lujo que, sin limitación ni debate alguno, bajo sus propias condiciones, se incorporó recientemente al selecto club de Estados capaces de realizar por si solos el ciclo completo del uranio: extraerlo en su territorio, procesarlo y enriquecerlo, cosa que sólo media docena de naciones pueden hacer.

Detalles técnicos aparte, el acuerdo consiste en que, en el brevísimo plazo de un mes, Irán enviará a Turquía, en calidad de depósito, 1 200 kilogramos de uranio enriquecido al 3,2 por ciento para, en un año, recibir a cambio 120 kilos de uranio enriquecido al 20 por ciento y que constituye un producto configurado y terminado que no pude ser más enriquecido.

Según se cree, el compromiso involucra alrededor de la mitad del uranio físico con que cuenta Irán que obviamente, de ninguna manera, pondría en manos ajenas la totalidad de sus inventarios; tampoco el acuerdo significa que desmantelará las facilidades tecnológicas que ha creado para enriquecer el mineral, ni que renunciará a su derecho a hacerlo.

Por estas razones y porque a los norteamericanos no le basta con resolver el contencioso de la refinación del mineral atómico, sino que quisieran humillar a Irán y dejarlo a merced de Israel, el acuerdo no es reconocido como solución para Estados Unidos, el Consejo de Seguridad+Alemania que únicamente se conforman con la total renuncia de Irán a producir uranio enriquecido, imposición arbitraria que contradice la letra y el espíritu del Tratado de No Proliferación.

Nadie debiera extrañarse de que Estados Unidos no considere sustantivo el acuerdo alcanzado; para los norteamericanos nada que haga Irán, excepto rendirse será suficiente. Lo realmente extraño fue que la nación persa estuviera dispuesta a deshacerse de la mitad del uranio levemente enriquecido que posee a cambio de una vaga promesa de que será resarcido un año después, período en el que, en el Medio Oriente, pueden ocurrir demasiadas cosas.

Lo que ocurrirá ahora es que a contrapelo del acuerdo, cuyo texto fue oficialmente entregado ayer a la Organización Internacional de la Energía Atómica, seguramente el Consejo de Seguridad adoptará nuevas sanciones, que empujarán a Irán a un endurecimiento de sus posiciones y a la denuncia de lo acordado en Ankara y todo volverá a la posición inicial, excepto que los riesgos de una conflagración bélica serán mayores.

Si bien el fracaso de lo acordado puede favorecer a las posiciones más radicales y legitimar la intransigencia de las partes, en un escenario así no habrá ganadores; por el contrario todos serán perdedores, especialmente los pueblos del Medio Oriente, particularmente el pueblo persa, blanco de la política discriminatoria y agresiva de los Estados Unidos.

Para quien habrá un verdadero dilema es para Brasil que no puede evadir su destino. O se decide a abrir el juego y asumir el liderazgo de una América Latina que aspira a la unidad y a la integración y asume las complejidades de una confrontación con Estados Unidos, o se resigna a la mediocridad de las potencias de segundo orden. Tal vez para el gigante sudamericano haya también un destino manifiesto. Veremos.

La Habana, 25 de mayo de 2010

Funes y el FMLN

Por Ricardo Ribera

Tomado de El Faro, publicado el 23 de mayo de 2010

En cualquier democracia normal quienes aspiran a la Presidencia son militantes de un partido, generalmente con una larga trayectoria en el mismo ya que es la forma como usualmente se hace una carrera política. Tanto en Estados Unidos como en países europeos, considerados como modelos de democracia política, sería inconcebible que el presidente no fuese miembro de un partido político. Es más, casi siempre es también el líder de su instituto político, al menos desde que surge su candidatura hasta que culmina su mandato. Puede haber luchas internas en el partido de gobierno, sectores que se distancian o critican la labor del Ejecutivo, pero nunca al grado de poderse confundir con la oposición. Lo mismo el gobernante: puede llegar a acuerdos con la oposición, pero jamás en maniobras contra su propio partido. Eso sería cometer suicidio político.

En El Salvador, bien sea por inmadurez política, bien sea por afán de originalidad, las cosas funcionan distinto. Calificamos de democrático a nuestro sistema político, pero debe reconocerse que nuestra democracia de “normal” tiene muy poco. Desde años anteriores se venía insistiendo en que la población aceptaría votar por el FMLN sólo si éste llevaba de candidato a un independiente. En 2004 el Frente hizo todo lo contrario, buscó la presidencia con un líder histórico, Schafik Hándal. Y perdió. En cambio Arena buscó su candidato en la cúpula empresarial y optó por Elías Antonio Saca, alguien sin mayor pasado en el partido. Y le resultó. Por eso, para las elecciones de 2009 el partido de izquierda se había convencido de que, para asegurar el triunfo, nada mejor que un candidato ajeno al partido y con popularidad propia. El comportamiento del electorado y los analistas políticos así lo aconsejaban. Y el resultado electoral pareció confirmarlo. Fue acertado.

¿Fue realmente un acierto? Al día de hoy, en las filas del FMLN este interrogante encuentra respuestas variadas. Los desencuentros entre el presidente y su partido se han ido acumulando, cada vez más graves. Durante los primeros meses las diferencias eran más bien por matices, de importancia simbólica, como ciertas descalificaciones presidenciales a funcionarios del Frente. Mauricio Funes se desmarcaba de quienes pronosticaban que sería un mero títere de la cúpula partidaria. También imponía su propio acento, por ejemplo, de una mayor cercanía con Lula que con Chávez. La controversia era entre una estrategia para el corto plazo – los cinco años de este gobierno – diferente a la de mediano y largo plazo del partido: era comprensible y no preocupante. Ni a uno le interesaba abrazar el ideario y horizonte estratégico del partido, ni a éste quedar limitado a las tareas y retos de la primera etapa del cambio.

Pero desde fines de 2009 y lo que llevamos del presente año, los temas y contenidos de las diferencias son de mayor calado. Al distanciamiento con Venezuela y los países del ALBA se ha sumado una cercanía, excesiva para el partido de izquierda, con el presidente Obama. Agudizó la controversia la postura gubernamental frente a la crisis de Honduras. Si la prudencia inicial era comprensible, no lo ha sido que el mandatario salvadoreño se haya convertido en el valedor principal del gobierno de Porfirio Lobo y de su pretensión de verse reintegrado en la comunidad internacional. Para la izquierda no es aceptable, pues se da en medio de una criminal represión de opositores, con el ex-presidente Zelaya en el exilio, mientras los golpistas siguen sueltos y sin castigo. A pesar de los esfuerzos estadounidenses por lograr su reincorporación Honduras sigue fuera de la OEA. La docena de países agrupados en Unasur forzaron su exclusión de la reciente cumbre Unión Europea/América Latina. La postura de Funes coincide, no con la de Lula, sino con la de Hillary Clinton. En el país, la derecha y la ANEP le aplauden por eso, mientras el movimiento social, sindicatos, iglesias y ONGs repudian esa actitud.

Fue desconcertante en febrero la destitución fulminante de la Secretaria de Cultura y de su equipo de directores. Más lo ha sido la renuncia del Ministro de Agricultura en mayo, acompañada de graves acusaciones al presidente de estar impulsando oscuros pactos legislativos con partidos de derecha a cambio de cederles que hagan clientelismo con el reparto de paquetes agrícolas. Los desmentidos del presidente no han aportado claridad, ni pruebas, que permitan despejar las dudas. Tampoco ayudó a sostener la confianza de la izquierda efemelenista aquella desafortunada declaración presidencial, no corregida, cuando dijo “a mí no me interesa perseguir a los corruptos”.

Más grave ha sido, sin duda, que el presidente se negara a sancionar las reformas a la Ley del RNPN, aprobadas por los diputados del FMLN con el apoyo de los de GANA. Las observaciones presidenciales le han permitido a la derecha reagruparse como bloque y propiciar una derrota legislativa del partido “de gobierno”, que lógicamente ha dolido. Funes esgrime razones de carácter formalista, cuando el fondo de la cuestión es si se podrá tener un padrón electoral finalmente depurado y evitar que la derecha repita maniobras de fraude como las comprobadas en el pasado. El presidente demuestra desconfiar del partido que lo llevó de candidato, pero exige del partido que confíe en que él hará una buena escogitación, no estando amarrado a una terna. Si no se hace para que la confianza sea mutua, lo único que se comparte es la desconfianza. Es la espiral en la que se ha ido cayendo.

La última iniciativa insólita surgida de Casa Presidencial es el parto del Movimiento Ciudadano por el Cambio, MCC. ¿Para qué y por qué? Es confuso. Tanto insistir en ser el presidente “de todos los salvadoreños” y no de un partido, ni de quienes votaron por él, ahora se convierte en el líder e impulsor de una naciente fuerza política. No importa si partido o movimiento, la aspiración es hacer del MCC una fuerza, un actor con presencia territorial, en competencia y disputa con el propio FMLN. Se afirma que para apoyar al presidente, se dice que para presionar a que cumpla las promesas. Si mantiene la popularidad ¿para qué el apoyo? Si tiene la voluntad ¿para qué la presión? Si no se va a convertir en partido y no competirá electoralmente ¿cómo puede servir a la gobernabilidad?

Lo más grave. La definición ideológica del MCC es no tener definición ideológica. “Ni de derecha, ni de izquierda”, sino todo lo contrario. Sin ideología se carece de horizonte y de referentes para darse un programa que no sea meramente coyuntural. En política la falta de ideología lleva a un solo derrotero: el oportunismo. Se navega entonces al vaivén de las coyunturas. Sin definición ideológica tampoco habrá rumbo definido.

El FMLN tiene experiencia acumulada. También acumuló sabiduría y madurez en sus tres décadas de historia. Tiene organización, disciplina, solidez ideológica, proyecto, visión estratégica y capacidad táctica. Está sorteando con bastante solvencia el complicado escenario nacional. Con la derecha fragmentada y sin perspectiva a mediano plazo, sería fácil si consiguiera una mejor sintonía con el presidente. Falta comunicación ha diagnosticado su secretario general. Es decir, hablar los problemas, pues es obvio que sí hay problemas.

También al presidente le resultaría más sencillo. Pero el mandatario está sujeto a presiones e influencias. También a tentaciones que provienen de su misma personalidad. Tiene potencial para llegar a ser un estadista de altos vuelos. Pero no si se aísla. Si lo hace podría quedar reducido a ser simple personaje de transición. La historia seguirá avanzando más allá de Mauricio Funes y el pueblo persistirá en su ideal de cambio más allá del actual gobierno. Ojalá el presidente se fije menos en los índices de popularidad, que pueden ser sólo un espejo engañoso, y en los cuatro años que le quedan concentre su atención en ser un presidente popular, en el sentido de ser un verdadero presidente del pueblo. El año pasado nació esa esperanza y empezó el cambio. No hay derecho a equivocarse.

Comienza XV Festival Internacional de Poesía de La Habana

Programado hasta el próximo domingo y con subsedes en las provincias de Cienfuegos, Villa Clara, Sancti Spíritus, Pinar del Río y Ciego de Ávila, el evento está dedicado a la poesía de los pueblos bolivarianos en el bicentenario del inicio de las luchas por la independencia de América, y a los centenarios de José Lezama Lima y Miguel Hernández

Kaloian Santos Cabrera
kaloian@juventudrebelde.cu
24 de Mayo del 2010 23:18:32 CDT

Más de un centenar de delegados provenientes de 40 países se han juntado en varias ciudades de nuestro país para intercambiar poemas, regalar estrofas, compartir conferencias literarias y escuchar lecturas donde el verso reina. Y es que el XV Festival Internacional de Poesía de La Habana, programado hasta el próximo domingo y con subsedes en las provincias de Cienfuegos, Villa Clara, Sancti Spíritus, Pinar del Río y Ciego de Ávila, quedó oficialmente inaugurado ayer.


A la cita han acudido personalidades extranjeras como el poeta y líder mozambicano Marcelino dos Santos, Murah Abdel Razek Duha, presidente de la Unión de Escritores Palestinos, Fernando Rendón, presidente del Festival Internacional de Poesía de Medellín, Colombia y los argentinos Graciela Araoz y Osvaldo Aguirre, presidentes de los festivales de poesía de Buenos Aires y Rosario, respectivamente.


Por su parte, la delegación cubana está integrada por jóvenes escritores de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) y Premios Nacionales de Literatura como Miguel Barnet, Nancy Morejón, César López, Pablo Armando Fernández y Reynaldo González.


El evento está dedicado a la poesía de los pueblos bolivarianos en el bicentenario del inicio de las luchas por la independencia de América, y a los centenarios de José Lezama Lima y Miguel Hernández. Precisamente alrededor del autor de Paradiso se ha organizado un seminario bajo el título José Lezama Lima, ese misterio que nos acompaña, el jueves 27, en el Teatro del Museo Nacional de Bellas Artes. Y, un día antes, para el poeta de Orihuela se ha armado un concierto homenaje en el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau.


Otras actividades programadas son el Encuentro Mundial de Poetas por la paz en defensa de la humanidad, y el Encuentro de Festivales de Poesía de Nuestra América y Visiones del Bicentenario de América; la acción poética Palabra del mundo: Lectura simultánea en cien ciudades; el foro ecológico en Las Terrazas y el Laboratorio de Escrituras para jóvenes escritores de América, entre otras.